Año VI
La Habana

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de 2007

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Leo Brower: Entre el máximo rigor
y la pura alegría de la música como juego

Ciro Benemelis Durán • La Habana
Fotos: Farah Gómez

 

A lo mejor alguien piensa que decir unas palabras sobre el hombre excepcional al cual me voy a referir, es una osadía, un atrevimiento de mi parte y no dudo que algunos piensen que es una herejía. Podría haber buscado un poeta, un escritor o a un intelectual renombrado que con cualquier palabra, por simple que pareciera, sería suficiente.

Entonces recordé con nuestro Apóstol que “para rendir tributo, ninguna voz es débil”.

Decidí ser atrevido y no dejarles a otros el privilegio.

Me costó bastante trabajo, porque ese hombre es mi amigo, mi gran amigo. Y parto de la convicción de que los amigos no tienen defectos. No digo verdadero, porque es obvio.

Puede haber socios, conocidos, aceres, ecobios, incluso compañeros; pero un amigo es un amigo.

Ese hombre–amigo  tiene una obra artística extensa, aún en su corta vida:

ü     Decenas de los más afamados guitarristas del mundo han interpretado y grabado sus creaciones.

ü     Ha dirigido más de 60 orquestas sinfónicas en el planeta.

ü     Una extensa lista de grabaciones, trabajos teóricos y clases magistrales.

ü     Varios Premios Nacionales e Internacionales que incluyen la Orden Félix Varela que otorga el Consejo de Estado, el Premio Nacional de Música, varios premios Cubadisco: su Gran Premio y el Premio de Honor.

ü     Y más de 120 obras realizadas para el cine.

Entonces es un amigo famoso.

No es una fama ganada con concesiones, oportunismos, simulaciones, ni por obra y gracia del comercio y la publicidad, eso que a veces equivocadamente llamamos “promoción” o comunicación” y para estar más “alante” marketing.

Es una fama ganada por rigor, por talento, por reputación, por propia honra, que son sinónimos de ella.

Entonces me cuesta más trabajo hablar de él, porque mi amigo es tímido, aunque no modesto. La modestia llevada y traída, si no es, hiere.

Prefiero decir que es un hombre sencillo, al que lo verdadero le sale del alma. De eso que los sicólogos llaman alma y que no es más que el recóndito lugar en que se unen sentimiento y razón.

Su frase clave es “yo creo”; y su palabra, “trascendencia”.

Es el amigo que le hizo una canción sinfónica a la gesta de la Revolución, y nos ratificó que la vida es una Espiral Eterna, en que volver al punto de partida es renacer y rehacer con lo mejor del pasado convertido en presente y proyectado hacia el futuro y que “La tradición se rompe, pero cuesta trabajo”.

Es el amigo que nos revela que el hombre no debe  dejar de jugar como un eterno niño y que nos alerta que el hombre que trabaja y que juega, son casi idénticos.

Nos propone que hay que rescatar el concepto de que el trabajo, creador del hombre, debe ser un placer y un divertimento, que nos eleve a la espiritualidad y que esta sea también creadora del hombre y sus valores humanos y que el trabajo, nuestros cantos y nuestros bailes, hagan nuestras regiones más transparentes.

Qué bueno que ese amigo no ha perdido la niñez, porque hubiera perdido los otros colores, la imaginación infantil, que es la más pura y la franqueza infantil que es la más transparente y honrada.

Él mismo dijo: “Si de secretos profesionales se hablase, el mío ha sido hallar un verdadero equilibrio entre el máximo rigor y la pura alegría de la música como juego”.

A ti, amigo, queremos dedicar este pequeño homenaje, en este Cubadisco que ayudaste a crear y que dedicamos a la Música en el Cine, porque nos descubriste que la música es también imagen. Y a la canción necesaria que en ti se hace imprescindible.

Rabindranath Tagore escribió: “Cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, pero cuando el hombre canta, Dios lo ama”.

A ti, Leo Brouwer, los dioses te adoran.

Gracias.  

Mayo 21-2007

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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