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A lo
mejor alguien piensa que decir unas
palabras sobre el hombre excepcional al
cual me voy a referir, es una osadía, un
atrevimiento de mi parte y no dudo que
algunos piensen que es una herejía.
Podría haber buscado un poeta, un
escritor o a un intelectual renombrado
que con cualquier palabra, por simple
que pareciera, sería suficiente.
Entonces recordé con nuestro Apóstol que
“para rendir tributo, ninguna voz es
débil”.
Decidí ser atrevido y no dejarles a
otros el privilegio.
Me
costó bastante trabajo, porque ese
hombre es mi amigo, mi gran amigo. Y
parto de la convicción de que los amigos
no tienen defectos. No digo verdadero,
porque es obvio.
Puede
haber socios, conocidos, aceres,
ecobios, incluso compañeros; pero un
amigo es un amigo.
Ese
hombre–amigo tiene una obra artística
extensa, aún en su corta vida:
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Decenas de los más afamados guitarristas
del mundo han interpretado y grabado sus
creaciones.
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Ha
dirigido más de 60 orquestas sinfónicas
en el planeta.
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Una
extensa lista de grabaciones, trabajos
teóricos y clases magistrales.
ü
Varios Premios Nacionales e
Internacionales que incluyen la Orden
Félix Varela que otorga el Consejo de
Estado, el Premio Nacional de Música,
varios premios Cubadisco: su Gran Premio
y el Premio de Honor.
ü
Y
más de 120 obras realizadas para el
cine.
Entonces es un amigo famoso.
No es
una fama ganada con concesiones,
oportunismos, simulaciones, ni por obra
y gracia del comercio y la publicidad,
eso que a veces equivocadamente llamamos
“promoción” o
“comunicación”
y para estar más “alante” marketing.
Es
una fama ganada por rigor, por talento,
por reputación, por propia honra, que
son sinónimos de ella.
Entonces me cuesta más trabajo hablar de
él, porque mi amigo es tímido, aunque no
modesto. La modestia llevada y traída,
si no es, hiere.
Prefiero decir que es un hombre
sencillo, al que lo verdadero le sale
del alma. De eso que los sicólogos
llaman alma y que no es más que el
recóndito lugar en que se unen
sentimiento y razón.
Su
frase clave es “yo creo”; y su palabra,
“trascendencia”.
Es el
amigo que le hizo una canción sinfónica
a la gesta de la Revolución, y nos
ratificó que la vida es una Espiral
Eterna, en que volver al punto de
partida es renacer y rehacer con lo
mejor del pasado convertido en presente
y proyectado hacia el futuro y que “La
tradición se rompe, pero cuesta
trabajo”.
Es el
amigo que nos revela que el hombre no
debe dejar de jugar como un eterno niño
y que nos alerta que el hombre que
trabaja y que juega, son casi idénticos.
Nos
propone que hay que rescatar el concepto
de que el trabajo, creador del hombre,
debe ser un placer y un divertimento,
que nos eleve a la espiritualidad y que
esta sea también creadora del hombre
y sus valores humanos y que el trabajo,
nuestros cantos y nuestros bailes, hagan
nuestras regiones más transparentes.
Qué
bueno que ese amigo no ha perdido la
niñez, porque hubiera perdido los otros
colores, la imaginación infantil, que es
la más pura y la franqueza infantil que
es la más transparente y honrada.
Él
mismo dijo: “Si de
secretos profesionales se hablase, el
mío ha sido hallar un verdadero
equilibrio entre el máximo rigor y la
pura alegría de la música como juego”.
A ti,
amigo, queremos dedicar este pequeño
homenaje, en este Cubadisco que ayudaste
a crear y que dedicamos a la Música en
el Cine, porque nos descubriste que la
música es también imagen. Y a la canción
necesaria que en ti se hace
imprescindible.
Rabindranath Tagore escribió: “Cuando el
hombre trabaja, Dios lo respeta, pero
cuando el hombre canta, Dios lo ama”.
A ti,
Leo Brouwer, los dioses te adoran.
Gracias.
Mayo 21-2007 |