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Si Barbados, en el mapa espiritual del
Caribe, es mucho más que esa isla de 34
kilómetros de largo por 23 de ancho
situada en uno de los extremos
occidentales de las Antillas Menores, se
debe en buena medida a la obra de George
Lamming, quien comparte con el múltiple
Edward Kamau Brathwaite el patriarcado
de las letras de esa nación.
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En la literatura antillana de expresión
anglófona suelen ubicarse la novela
En el castillo de mi piel y el
volumen de ensayos Los placeres del
exilio entre los clásicos de la
región, una jerarquía compartida con
títulos como Los negros jacobinos,
del trinitario C.L.R James; El ancho
Mar de los Sargazos, de la
dominicana Jean Rhys; Brother Man,
del jamaicano Roger Mais; El dragón
no puede bailar, del trinitario Earl
Lovelace; El palacio del pavorreal,
del guyanés Wilson Harris; la trilogía
The Arrivants, del barbadense
Edward Kamau Brathwaite; A House for
Mr. Biswas, del trinitario V.S.
Naipaul; y Omeros y The Arkansas
Testament, del también trinitario
Derek Walcott.
El propio Lamming aprendió prontamente
que Barbados era solo un eslabón de un
vasto universo cultural fundado en el
mare nostrum caribeño.
Él mismo se ha referido a esa
experiencia en los siguientes términos:
“Mi relación particular con el Caribe
tuvo mucho que ver con mi estancia en
Trinidad. La experiencia de Trinidad
hizo que advirtiera la existencia de un
área cultural a la que pertenecía y no
se limitaba a Barbados. En ese entonces
Eric Williams no estaba de lleno metido
en la política, pero indudablemente
recibí de él una influencia seminal en
la percepción de una noción histórica
del Caribe. Habíamos crecido sin tomar
en cuenta esa dimensión”.
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Lamming recibe el
Doctorado Honoris Causa en
Literatura,
en el Aula Magna de la
Universidad de La Habana |
Williams, quien llegó a ser Primer
Ministro de Trinidad y Tobago después de
la plena independencia de ese país,
había escrito ya en los años 40 dos
ensayos fundamentales para entender la
historia de la región: Aspectos
económicos del comercio de esclavos y la
esclavitud en las Indias Occidentales y
Capitalismo y esclavitud.
“Hago siempre la observación —prosigue
Lamming— acerca de que la primera vez
que oí hablar del poeta cubano Nicolás
Guillén y del poeta martiniqueño fue a
Williams, quien me decía: si usted va a
ser escritor debe conocer a esos
hombres”.
Durante su estancia londinense hizo otro
descubrimiento: la lectura de Los
jacobinos negros, de James, que
mostró, como nunca hasta entonces se
había hecho,
el verdadero carácter de la lucha
independentista haitiana e inauguró un
nuevo rumbo en la historiografía del
ámbito anglófono sobre el Caribe, puesto
que al fin los esclavos fueron
reflejados como sujetos del cambio
social.
“Aquella resultó una lectura iluminadora
—confiesa— en tanto ayudó a abrir mi
entendimiento hacia los orígenes de la
rebeldía aportada por los africanos
trasplantados a la fuerza a nuestras
tierras”.
Toda la obra de Lamming se halla marcada
por ese sentido de la responsabilidad
hacia sus raíces. Por ello, cuando se le
pregunta cómo debe encarar su ejercicio
un escritor de la región, responde:
“Cada
escritor del Caribe lleva consigo el
peso de la presión de la historia. El
Caribe nunca ha estado en la periferia
de los acontecimientos globales más
importantes. Ha sido la causa y el
escenario de muchas confrontaciones de
carácter global, y eso no lo puede
desconocer un escritor del área”.
Su coherencia intelectual,
espiritualmente enraizada, hace de
Lamming un hombre que pueda decir, como
su colega martiniqués Edouard Glissant,
ante cualquiera de sus amadas islas: “La
Tierra entera... está aquí en mis ojos". |