En contraste con la tranquilidad
idílica y caribeña de la "platinada"
costa occidental de Barbados, el mar
en Bathsheba, en la costa oriental,
es feroz, azotado por el magnífico
Atlántico que desaparece de la
vista, tragado por el lejano
horizonte. Con su nombre bíblico, su
pequeño embrollo de edificaciones y
unos pocos barcos de pesca
encallados en la playa, Bathsheba ya
no puede ser eliminada de los
lujosos sitios de interés para
vacacionistas de Occidente.
Allí, con los vientos alisios que
agitan las olas, hacen cimbrar los
árboles, desordenan papeles y
cabellos, es sencillo entender los
imperativos de "una posesión
espiritual del paisaje en el que
vives [...] en el que conoces el
ritmo del viento [...] el olor del
mar [...] la textura del peñasco y
la roca", y que "estos no son
objetos que existen fuera de ti:
forman parte de tu conciencia".
Incluso tiene más sentido hallar al
hombre que escribió estas palabras y
que habita en tal sitio. Cuando
visite a Barbados, encontrará a
George Lamming, novelista, activista
cultural y un hombre mayor respetado
en la región, en el modesto hotel
Atlantis, construido originalmente
en 1884 y que nuevos y jóvenes
dueños rescataron de forma atrayente
de la elegante ruina.
Con poco más de setenta años,
Lamming tiene la energía de un
hombre con la mitad de su edad. Es
tan feliz encaramándose, sin ayuda,
en las rocas bajo el Atlantis para
complacer a un fotógrafo como cuando
se sienta conmigo en el ventilado
vestíbulo del hotel a pasar revista
a más de medio siglo dedicado a la
escritura, a su esfuerzo por
construir una "casa regional" y a
luchar prolongadamente contra "la
rancia atadura de la pobreza, la
ignorancia y el miedo".
Ahora el Caribe puede ostentar tres
Premios Nobel de literatura (SaintJohn
Perse, Guadalupe, 1960; Derek
Walcott, Santa Lucía, 1992; y sir
Vidia Naipaul, Trinidad, 2001). Sin
embargo, fue el instantáneo éxito de
In the Castle of My Skin, la
primera novela de Lamming, publicada
en 1953, lo que probablemente reveló
la literatura caribeña al mundo
angloparlante.
In the Castle of My Skin,
exaltada por su tratamiento de "una
sociedad en transición y de una
niñez individual", fue el fruto de
los primeros años de la vida de
Lamming, quien recuerda: "En el
solitario y helado corazón de
Londres, a la edad de veintitrés
años, traté de reconstruir el mundo
de mi niñez y la primera etapa de mi
adolescencia. Era, además, el mundo
de toda una realidad caribeña."
Criado por su madre en Carrington
Village, que le sirvió de modelo
para crear el Creighton Village de
su novela, Lamming experimentó la
pobreza, la ignorancia y el miedo
que caracterizaba a la sociedad del
pequeño pueblo barbadense sometido
al régimen colonial británico: "un
terror mental, un ejercicio diario
de automutilación."
Todavía era un muchacho cuando
presenció los disturbios obreros de
1937, momento en que los negros
desafiaron un statu quo
semifeudal y en el que murieron
catorce personas y quinientas fueron
arrestadas al intentar establecer el
movimiento laboral y una naciente
voluntad política, necesarios para
la independencia venidera.
La madre de Lamming era una
doméstica temerosa de Dios, muy
trabajadora, decidida a que su hijo
escapara de las restricciones de la
vida pueblerina y tomara la única
vía posible para los negros pobres:
la educación. Cuando el joven George
ganó una beca para el prestigioso
Colegio Combermere, se encaminaba
hacia la libertad y a un mundo
alejado de Carrington; aun así,
nunca olvidaría sus raíces
"campesinas" o el lugar en el que
"está enterrado su cordón
umbilical".
En la introducción a la edición
norteamericana de 1983 de In the
Castle of My Skin,
Lamming apuntó:
“La novela ha tenido una función
peculiar en el Caribe. La
preocupación del escritor ha estado
enfocada básicamente en los pobres,
y la ficción ha servido como una vía
para reintegrar estas vidas -este
mundo de los hombres y mujeres de
abajo- a un apropiado estado de
atención: hacer de su realidad la
preocupación suprema de toda la
sociedad. Pero junto con este deseo,
estaba también el reconocimiento del
escritor de que ese mundo, a pesar
de su larga historia de privaciones,
representaba el vientre de donde
provenía y la reserva colectiva más
rica de experiencia de la que podría
brotar la imaginación creadora.”
En la
madura novela Season of Adventure
(1960), ubicada en la imaginaria isla de
San Cristóbal, en los albores de la
independencia, Lamming se ha
identificado tanto con el pueblo que
interviene en la narración con su propia
voz, comparándose con uno de los
principales protagonistas de la novela,
el asesino político Powell.
Este
puede ser un error en la ficción, pero
aporta sutilezas invaluables en la
historia personal de Lamming y en su
filosofía:
“Hasta la edad de diez años, Powell y yo
habíamos vivido juntos con el mismo
afecto de dos madres. Powell tenía mis
sueños; y yo había vivido su pasión. Con
edades idénticas, y paso a paso, Powell
y yo estudiamos en la misma escuela
primaria.
Y
entonces llegó la separación. Yo obtuve
una beca pública que fue el inicio de mi
peregrinación a otro mundo, un mundo
cuyas raíces eran las mismas, pero cuyo
estilo de vida era completamente
diferente al que conocía mi niñez. Me
había otorgado un privilegio que ahora
eliminaba de mi futuro a Powell y todo
el pueblo. Había vivido tan cerca de
Powell como mi piel de la mano que
oscurece. Y aun así olvidé el pueblo
como los hombres olvidan una guerra, y
me abracé a ese mundo nuevo que era tan
reciente e insignificante al lado de la
importancia de lo que había sucedido
antes. Instintivamente, me aferré a ese
nuevo privilegio; y a pesar de todo mi
esfuerzo, no estoy libre de su abrazo
hasta hoy.
Creo
profundamente que los locos impulsos que
llevaron a Powell a esta derrota
criminal fue [sic], en gran
medida, un acto mío. No lo vaya explicar
hablando del medio; ni puedo permitir
que mi debilidad moral transite hacia
una conciencia extranjera denominada
imperialista. Iré más allá de mi tumba
sabiendo que soy responsable de lo que
le ocurrió a mi hermano.”
El
tiempo que Lamming pasó en el Colegio
Combermere lo introdujo en el mundo que
existía fuera de Carrington, gracias a
la biblioteca de su profesor de inglés
Frank Collymore, escritor y redactor
fundador de Bim, influyente
revista literaria y caribeña. Lamming
devoró Outline of Hiswry y
Science of Life de H. G. Wells, así
como a Conrad, la poesía de Hardy y
autores tan diversos como Goethe, Gide y
Jane Austen.
En
1946, después de terminar el Colegio y
al suspender los exámenes para el
servicio público en Barbados, Lamming
viajó a Trinidad, donde durante los
próximos cuatro años enseñó en un
internado venezolano, lo que constituyó
un gran adelanto: "Trinidad fue un
momento decisivo para mí en mi
concepción del Caribe. Sin ella, nunca
habría tomado conciencia de
Latinoamérica", admite de buena gana.
El
gran poeta cubano Nicolás Guillén,
paladín de la presencia africana y la
soberanía cultural en la región, era
lectura obligada en la academia
venezolana. Lamming también estuvo en
contacto por primera vez con la
presencia de las poblaciones hindúes
dentro de la cosmopolita sociedad
trinitaria.
Estas
fueron importantes influencias en la
formación de un joven que ahora escribía
poesía, pedía colaboraciones para Bim
y se codeaba con personajes como el
novelista guyanés Edgar Mittlehozer,
quien encabezaría la extraordinaria
producción literaria del Caribe
anglófono en la siguiente década.
Para
el muchacho de diecinueve años que ya
había decidido que "no solo iba a ser
escritor, sino que la escritura sería mi
modo de vida", Mittlehozer fue su modelo
a imitar y su inspiración:
“Lo
que admiré a ese hombre solo pueden
comprenderlo quienes saben lo que
significa que el futuro te pida que
crees un estilo personal de vida. Fue la
pura valentía de Mittlehozer, la
intransigente desnudez del hombre ante
la miseria espiritual y la atroz falta
de compasión que caracterizaba a Port of
Spain, lo que me llevó al único deber
esencial que constituiría mi vida.”
Aquella fue una época apasionante en
Trinidad, a pesar de la grosera
superficialidad que después de cincuenta
años es aún el sello de la burguesía de
Port of Spain. Beryl McBurnie, decana de
la danza caribeña, estaba fundando su
Little Carib Theatre, que habría de
convertirse en un centro regional para
la investigación y la promoción de la
cultura autóctona, que forjaba una
conciencia caribeña en oposición a la
colonizada.
El
campesino que existía en Lamming
disfrutaba la ironía de observar a
"bailarines de clase media que se
iniciaban en las raíces africanas". Una
actuación del cantante norteamericano
Paul Robeson en el Little Carib sigue
siendo un recuerdo entrañable: "Habló de
su vida entre canción y canción. Era una
manera muy efectiva de describir la
condición política y material de los
negros, y terminó con 'I've Known Rivers'
de Langston Hughes."
En
1948, el doctor Eric Williams,
intelectual e historiador caribeño,
regresó "a sentar cabeza" en Trinidad y
a emprender una carrera política que lo
llevó a dirigir a su país hacia la
independencia. Fue Williams quien
"plantó las semillas de la región que
tenían una historia que incluía a todo
el archipiélago", y le dijo a Lamming:
"No puedes ser escritor sin conocer a
Guillén y a Césaire", las voces
autóctonas innovadoras de Cuba y
Martinica.
Vivir
en Belmont, barrio al este de Port of
Spain para la clase obrera, donde los
esclavos africanos liberados se habían
establecido a finales del siglo XIX, así
como los inmigrantes de islas vecinas en
el XX, y donde el recuerdo africano
sobrevivió en un laberinto de caminos
torcidos, era para Lamming "el
intercambio creativo más fértil".
Lamming se relacionó con los escritores
Clifford Sealy, Willie Richardson y
Cecil Herbert, y con el antropólogo
Andrew Carr.
“Nos
encontrábamos en las mañanas de domingo,
bebíamos y hablábamos de historia y
política... eran seminarios... fue un
período definitorio para mi desarrollo
como caribeño... era una familia de
islas, solo los niños habían nacido en
Trinidad, los padres eran de Granada,
San Vicente. En la época en que fui a
Inglaterra, el cosmopolitismo regional
de Trinidad había plantado firmemente en
mí las simientes de ser caribeño.”
Lamming viajó a Inglaterra en 1950 en el
mismo barco en que iba otro joven
escritor, el trinitario Samuel Selvon.
Lo demás es parte de la historia
cultural del Caribe.
Terminada en 1951 y publicada en 1953,
In the Castle of My Skin ubicó a
Lamming en el mundo literario (ganó en
1958 el Premio Somerset Maugham y fue
seleccionada por Jean-Paul Sartre para
su colección Les Temps Modernes) y fue
"un poderoso ejemplo para una generación
de escritores africanos y caribeños de
cómo los colonizados podrían explorar la
tradición literaria, vista como una
empresa metropolitana, para la
imaginación de su propia experiencia".
El poeta barbadense Edward Kamau
Brathwaite y el novelista kenyano Ngugi
wa Thiong'o aseguran que la novela fue
una inspiración en el vuelco inaugural
de sus carreras literarias.
Asimismo, Lamming contribuyó a la
publicación de otro clásico caribeño:
Beyond a Boundary de C.L.R. James.
Recuerda: "Iba por la calle Charing
Cross cuando un hombre me detuVo; sus
manos temblaban. Era C.L.R. James.
Fuimos a tomar un café y nos hicimos
amigos."
James
había enviado el manuscrito al
comentarista de cricket John Arlott, a
quien le había sido imposible interesar
a un editor. Sacando provecho de su
reputación, Lamming preparó las
presentaciones necesarias, de paso
ayudaba a un mentor a quien le atribuye,
junto con Eric Williams, el mérito de
"descolonizar la vida intelectual de la
región".
Con
su literatura y sus frecuentes críticas
severas a la manera en que las
sociedades del Caribe se desarrollan, el
propio Lamming ha contribuido
significativamente a la inconclusa tarea
de la descolonización. Para él, "el
valor central e influyente de la
imaginación creativa es que funciona
como una fuerza civilizadora y
humanizadora", y describe sus novelas
como "el despliegue de una obra".
Lamming recorre el desarrollo del Caribe
moderno partiendo del mundo infantil en
el Barbados colonial hasta el de los
jóvenes en Inglaterra en The
Emigrants (1954), regresando a San
Cristóbal, la isla ficticia del Caribe,
en víspera de la independencia en Of
Age and Innocence (1958), al
inminente desplome de la república en
Season of Adventure (1960) Y a las
alegorías de Uftter Wtth Berries
(1971) Y Natives of My Person
(1972), que exploran cómo "quinientos
años de expansión europea influyen en
las personas".
Con
su sentido de la historia y del
compromiso político, su evolución de la
conciencia caribeña comienza con la era
del descubrimiento, mientras que el tema
de Próspero / Calibán es, como la
Ceremonia de las Almas haitiana, motivo
central de su obra.
Esta
ceremonia, que él presenció cuando
visitó a Haití en 1956, se celebra cada
siete años "para resolver querellas
pendientes (entre los muertos y sus
parientes vivos) con el fin de que los
muertos sean liberados en la eternidad".
Para Lamming, la ceremonia se convirtió
en una potente metáfora de "la necesidad
de reconciliación del pasado con cada
momento de la existencia consciente".
Aunque no ha publicado ninguna novela
desde la década del setenta, Larnming ha
apoyado con firmeza con su voz y
autoridad la formación de una soberanía
regional, cultural y política. No por
azar fue asesor cultural de Maurice
Bishop durante la infortunada revolución
de Granada, o ha definido las
revoluciones haitiana y cubana como
etapas definitorias en el
establecimiento de una identidad
caribeña.
Crítico de la intelectualidad regional
("que vive y trabaja en un mundo de
privilegio... que permanece atrapada
dentro del estilo dominante occidental")
y del separatismo de la "nueva burguesía
política y técnica" ("existe una
enfermedad mental que toma la forma del
paciente lacerando deliberadamente su
cuerpo. Esta es la semejanza más idónea
que puedo encontrar para el efecto
producido en nuestra zona por la
política de independencia separada"),
Lamming conserva "un escepticismo
optimista".
Está
convencido de que, aunque "las
probabilidades son escasas, los recursos
intelectuales y creativos están
presentes", pero admite: "El reto
consiste en cómo insuflarlos dentro de
una fuerza creativa de resistencia,
dentro de un cuerpo de componentes de
diferentes generaciones que juzguen
críticamente las influencias externas."
Al
examinar lo que considera la
"restauración creadora de esta región",
cita la obra de todo un grupo de mujeres
caribeñas que han "dado respuesta al
canon antillano de las décadas del
cincuenta y del sesenta". Su lista
incluye a las novelistas Jamaica Kincaid,
Simone Schwartz- Bart, Maryse Condé y
Olive Senior; las poetisas Nancy Morejón
y Lorna Goodison y las pensadoras Sylvia
Wynter y Rhoda Reddock.
¿Y el
distinguido anciano? Pues él tampoco ha
dejado de escribir, y con entusiasmo
comienza a resumir la novela que ha
estado escribiendo durante los últimos
cinco años. Utilizando su motivo
favorito de la Ceremonia de las Almas
haitiana, Lamming, como Alejo Carpentier
en El arpa y la sombra, evoca a
Colón desde la tumba. Esta vez el
descubridor es juzgado por un houngan
vodú.
Cuando indiscretamente le pregunto por
una fecha de publicación, Lamming sacude
su espesa y despeinada cabellera blanca
y sus ojos danzan maliciosamente: "Ahí
está el problema; nunca se termina."
Y lo
dejo con el furioso mar de Bathsheba.
1 La primera versión española de
esta novela fue publicada con el
título de En el castillo de
mi piel por la Casa de las
Américas en 1979.
(N. del E.)
Tomado de
Caribbean Beat, Port of
Spain, no. 55, mayo-junio, 2002,
pp. 40-45.
Cortesía de la
revista Anales del Caribe
El legendario
escritor barbadense George
Lamming es un emblema de la
literatura caribeña
contemporánea y asesor principal
del Centro de Estudios del
Caribe de la Casa de las
Américas.
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