Año VI
La Habana

9 al 15 de JUNIO
de 2007

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Una tarde con George Lamming

Simon Lee • La Habana
Fotos: Kaloian y
Julio Antonio Alvite

 

En contraste con la tranquilidad idílica y caribeña de la "platinada" costa occidental de Barbados, el mar en Bathsheba, en la costa oriental, es feroz, azotado por el magnífico Atlántico que desaparece de la vista, tragado por el lejano horizonte. Con su nombre bíblico, su pequeño embrollo de edificaciones y unos pocos barcos de pesca encallados en la playa, Bathsheba ya no puede ser eliminada de los lujosos sitios de interés para vacacionistas de Occidente. 

Allí, con los vientos alisios que agitan las olas, hacen cimbrar los árboles, desordenan papeles y cabellos, es sencillo entender los imperativos de "una posesión espiritual del paisaje en el que vives [...] en el que conoces el ritmo del viento [...] el olor del mar [...] la textura del peñasco y la roca", y que "estos no son objetos que existen fuera de ti: forman parte de tu conciencia". 

Incluso tiene más sentido hallar al hombre que escribió estas palabras y que habita en tal sitio. Cuando visite a Barbados, encontrará a George Lamming, novelista, activista cultural y un hombre mayor respetado en la región, en el modesto hotel Atlantis, construido originalmente en 1884 y que nuevos y jóvenes dueños rescataron de forma atrayente de la elegante ruina. 

Con poco más de setenta años, Lamming tiene la energía de un hombre con la mitad de su edad. Es tan feliz encaramándose, sin ayuda, en las rocas bajo el Atlantis para complacer a un fotógrafo como cuando se sienta conmigo en el ventilado vestíbulo del hotel a pasar revista a más de medio siglo dedicado a la escritura, a su esfuerzo por construir una "casa regional" y a luchar prolongadamente contra "la rancia atadura de la pobreza, la ignorancia y el miedo". 

Ahora el Caribe puede ostentar tres Premios Nobel de literatura (Saint­John Perse, Guadalupe, 1960; Derek Walcott, Santa Lucía, 1992; y sir Vidia Naipaul, Trinidad, 2001). Sin embargo, fue el instantáneo éxito de In the Castle of My Skin, la primera novela de Lamming, publicada en 1953, lo que probablemente reveló la literatura caribeña al mundo angloparlante. 

In the Castle of My Skin, exaltada por su tratamiento de "una sociedad en transición y de una niñez individual", fue el fruto de los primeros años de la vida de Lamming, quien recuerda: "En el solitario y helado corazón de Londres, a la edad de veintitrés años, traté de reconstruir el mundo de mi niñez y la primera etapa de mi adolescencia. Era, además, el mundo de toda una realidad caribeña." 

Criado por su madre en Carrington Village, que le sirvió de modelo para crear el Creighton Village de su novela, Lamming experimentó la pobreza, la ignorancia y el miedo que caracterizaba a la sociedad del pequeño pueblo barbadense sometido al régimen colonial británico: "un terror mental, un ejercicio diario de automutilación." 

Todavía era un muchacho cuando presenció los disturbios obreros de 1937, momento en que los negros desafiaron un statu quo semifeudal y en el que murieron catorce personas y quinientas fueron arrestadas al intentar establecer el movimiento laboral y una naciente voluntad política, necesarios para la independencia venidera. 

La madre de Lamming era una doméstica temerosa de Dios, muy trabajadora, decidida a que su hijo escapara de las restricciones de la vida pueblerina y tomara la única vía posible para los negros pobres: la educación. Cuando el joven George ganó una beca para el prestigioso Colegio Combermere, se encaminaba hacia la libertad y a un mundo alejado de Carrington; aun así, nunca olvidaría sus raíces "campesinas" o el lugar en el que "está enterrado su cordón umbilical". 

En la introducción a la edición norteamericana de 1983 de In the Castle of My Skin,[1] Lamming apuntó: 

“La novela ha tenido una función peculiar en el Caribe. La preocupación del escritor ha estado enfocada básicamente en los pobres, y la ficción ha servido como una vía para reintegrar estas vidas -este mundo de los hombres y mujeres de abajo- a un apropiado estado de atención: hacer de su realidad la preocupación suprema de toda la sociedad. Pero junto con este deseo, estaba también el reconocimiento del escritor de que ese mundo, a pesar de su larga historia de privaciones, representaba el vientre de donde provenía y la reserva colectiva más rica de experiencia de la que podría brotar la imaginación creadora.”

En la madura novela Season of Adventure (1960), ubicada en la imaginaria isla de San Cristóbal, en los albores de la independencia, Lamming se ha identificado tanto con el pueblo que interviene en la narración con su propia voz, comparándose con uno de los principales protagonistas de la novela, el asesino político Powell. 

Este puede ser un error en la ficción, pero aporta sutilezas invaluables en la historia personal de Lamming y en su filosofía: 

“Hasta la edad de diez años, Powell y yo habíamos vivido juntos con el mismo afecto de dos madres. Powell tenía mis sueños; y yo había vivido su pasión. Con edades idénticas, y paso a paso, Powell y yo estudiamos en la misma escuela primaria. 

Y entonces llegó la separación. Yo obtuve una beca pública que fue el inicio de mi peregrinación a otro mundo, un mundo cuyas raíces eran las mismas, pero cuyo estilo de vida era completamente diferente al que conocía mi niñez. Me había otorgado un privilegio que ahora eliminaba de mi futuro a Powell y todo el pueblo. Había vivido tan cerca de Powell como mi piel de la mano que oscurece. Y aun así olvidé el pueblo como los hombres olvidan una guerra, y me abracé a ese mundo nuevo que era tan reciente e insignificante al lado de la importancia de lo que había sucedido antes. Instintivamente, me aferré a ese nuevo privilegio; y a pesar de todo mi esfuerzo, no estoy libre de su abrazo hasta hoy. 

Creo profundamente que los locos impulsos que llevaron a Powell a esta derrota criminal fue [sic], en gran medida, un acto mío. No lo vaya explicar hablando del medio; ni puedo permitir que mi debilidad moral transite hacia una conciencia extranjera denominada imperialista. Iré más allá de mi tumba sabiendo que soy responsable de lo que le ocurrió a mi hermano.” 

El tiempo que Lamming pasó en el Colegio Combermere lo introdujo en el mundo que existía fuera de Carrington, gracias a la biblioteca de su profesor de inglés Frank Collymore, escritor y redactor fundador de Bim, influyente revista literaria y caribeña. Lamming devoró Outline of Hiswry y Science of Life de H. G. Wells, así como a Conrad, la poesía de Hardy y autores tan diversos como Goethe, Gide y Jane Austen. 

En 1946, después de terminar el Colegio y al suspender los exámenes para el servicio público en Barbados, Lamming viajó a Trinidad, donde durante los próximos cuatro años enseñó en un internado venezolano, lo que constituyó un gran adelanto: "Trinidad fue un momento decisivo para mí en mi concepción del Caribe. Sin ella, nunca habría tomado conciencia de Latinoamérica", admite de buena gana.

El gran poeta cubano Nicolás Guillén, paladín de la presencia africana y la soberanía cultural en la región, era lectura obligada en la academia venezolana. Lamming también estuvo en contacto por primera vez con la presencia de las poblaciones hindúes dentro de la cosmopolita sociedad trinitaria.

Estas fueron importantes influencias en la formación de un joven que ahora escribía poesía, pedía colaboraciones para Bim y se codeaba con personajes como el novelista guyanés Edgar Mittlehozer, quien encabezaría la extraordinaria producción literaria del Caribe anglófono en la siguiente década. 

Para el muchacho de diecinueve años que ya había decidido que "no solo iba a ser escritor, sino que la escritura sería mi modo de vida", Mittlehozer fue su modelo a imitar y su inspiración: 

“Lo que admiré a ese hombre solo pueden comprenderlo quienes saben lo que significa que el futuro te pida que crees un estilo personal de vida. Fue la pura valentía de Mittlehozer, la intransigente desnudez del hombre ante la miseria espiritual y la atroz falta de compasión que caracterizaba a Port of Spain, lo que me llevó al único deber esencial que constituiría mi vida.” 

Aquella fue una época apasionante en Trinidad, a pesar de la grosera superficialidad que después de cincuenta años es aún el sello de la burguesía de Port of Spain. Beryl McBurnie, decana de la danza caribeña, estaba fundando su Little Carib Theatre, que habría de convertirse en un centro regional para la investigación y la promoción de la cultura autóctona, que forjaba una conciencia caribeña en oposición a la colonizada. 

El campesino que existía en Lamming disfrutaba la ironía de observar a "bailarines de clase media que se iniciaban en las raíces africanas". Una actuación del cantante norteamericano Paul Robeson en el Little Carib sigue siendo un recuerdo entrañable: "Habló de su vida entre canción y canción. Era una manera muy efectiva de describir la condición política y material de los negros, y terminó con 'I've Known Rivers' de Langston Hughes." 

En 1948, el doctor Eric Williams, intelectual e historiador caribeño, regresó "a sentar cabeza" en Trinidad y a emprender una carrera política que lo llevó a dirigir a su país hacia la independencia. Fue Williams quien "plantó las semillas de la región que tenían una historia que incluía a todo el archipiélago", y le dijo a Lamming: "No puedes ser escritor sin conocer a Guillén y a Césaire", las voces autóctonas innovadoras de Cuba y Martinica. 

Vivir en Belmont, barrio al este de Port of Spain para la clase obrera, donde los esclavos africanos liberados se habían establecido a finales del siglo XIX, así como los inmigrantes de islas vecinas en el XX, y donde el recuerdo africano sobrevivió en un laberinto de caminos torcidos, era para Lamming "el intercambio creativo más fértil". 

Lamming se relacionó con los escritores Clifford Sealy, Willie Richardson y Cecil Herbert, y con el antropólogo Andrew Carr. 

“Nos encontrábamos en las mañanas de domingo, bebíamos y hablábamos de historia y política... eran seminarios... fue un período definitorio para mi desarrollo como caribeño... era una familia de islas, solo los niños habían nacido en Trinidad, los padres eran de Granada, San Vicente. En la época en que fui a Inglaterra, el cosmopolitismo regional de Trinidad había plantado firmemente en mí las simientes de ser caribeño.” 

Lamming viajó a Inglaterra en 1950 en el mismo barco en que iba otro joven escritor, el trinitario Samuel Selvon. Lo demás es parte de la historia cultural del Caribe. 

Terminada en 1951 y publicada en 1953, In the Castle of My Skin ubicó a Lamming en el mundo literario (ganó en 1958 el Premio Somerset Maugham y fue seleccionada por Jean-Paul Sartre para su colección Les Temps Modernes) y fue "un poderoso ejemplo para una generación de escritores africanos y caribeños de cómo los colonizados podrían explorar la tradición literaria, vista como una empresa metropolitana, para la imaginación de su propia experiencia". El poeta barbadense Edward Kamau Brathwaite y el novelista kenyano Ngugi wa Thiong'o aseguran que la novela fue una inspiración en el vuelco inaugural de sus carreras literarias. 

Asimismo, Lamming contribuyó a la publicación de otro clásico caribeño: Beyond a Boundary de C.L.R. James. Recuerda: "Iba por la calle Charing Cross cuando un hombre me detuVo; sus manos temblaban. Era C.L.R. James. Fuimos a tomar un café y nos hicimos amigos." 

James había enviado el manuscrito al comentarista de cricket John Arlott, a quien le había sido imposible interesar a un editor. Sacando provecho de su reputación, Lamming preparó las presentaciones necesarias, de paso ayudaba a un mentor a quien le atribuye, junto con Eric Williams, el mérito de "descolonizar la vida intelectual de la región". 

Con su literatura y sus frecuentes críticas severas a la manera en que las sociedades del Caribe se desarrollan, el propio Lamming ha contribuido significativamente a la inconclusa tarea de la descolonización. Para él, "el valor central e influyente de la imaginación creativa es que funciona como una fuerza civilizadora y humanizadora", y describe sus novelas como "el despliegue de una obra". 

Lamming recorre el desarrollo del Caribe moderno partiendo del mundo infantil en el Barbados colonial hasta el de los jóvenes en Inglaterra en The Emigrants (1954), regresando a San Cristóbal, la isla ficticia del Caribe, en víspera de la independencia en Of Age and Innocence (1958), al inminente desplome de la república en Season of Adventure (1960) Y a las alegorías de Uftter Wtth Berries (1971) Y Natives of My Person (1972), que exploran cómo "quinientos años de expansión europea influyen en las personas". 

Con su sentido de la historia y del compromiso político, su evolución de la conciencia caribeña comienza con la era del descubrimiento, mientras que el tema de Próspero / Calibán es, como la Ceremonia de las Almas haitiana, motivo central de su obra. 

Esta ceremonia, que él presenció cuando visitó a Haití en 1956, se celebra cada siete años "para resolver querellas pendientes (entre los muertos y sus parientes vivos) con el fin de que los muertos sean liberados en la eternidad". Para Lamming, la ceremonia se convirtió en una potente metáfora de "la necesidad de reconciliación del pasado con cada momento de la existencia consciente". 

Aunque no ha publicado ninguna novela desde la década del setenta, Larnming ha apoyado con firmeza con su voz y autoridad la formación de una soberanía regional, cultural y política. No por azar fue asesor cultural de Maurice Bishop durante la infortunada revolución de Granada, o ha definido las revoluciones haitiana y cubana como etapas definitorias en el establecimiento de una identidad caribeña. 

Crítico de la intelectualidad regional ("que vive y trabaja en un mundo de privilegio... que permanece atrapada dentro del estilo dominante occidental") y del separatismo de la "nueva burguesía política y técnica" ("existe una enfermedad mental que toma la forma del paciente lacerando deliberadamente su cuerpo. Esta es la semejanza más idónea que puedo encontrar para el efecto producido en nuestra zona por la política de independencia separada"), Lamming conserva "un escepticismo optimista". 

Está convencido de que, aunque "las probabilidades son escasas, los recursos intelectuales y creativos están presentes", pero admite: "El reto consiste en cómo insuflarlos dentro de una fuerza creativa de resistencia, dentro de un cuerpo de componentes de diferentes generaciones que juzguen críticamente las influencias externas." 

Al examinar lo que considera la "restauración creadora de esta región", cita la obra de todo un grupo de mujeres caribeñas que han "dado respuesta al canon antillano de las décadas del cincuenta y del sesenta". Su lista incluye a las novelistas Jamaica Kincaid, Simone Schwartz- Bart, Maryse Condé y Olive Senior; las poetisas Nancy Morejón y Lorna Goodison y las pensadoras Sylvia Wynter y Rhoda Reddock. 

¿Y el distinguido anciano? Pues él tampoco ha dejado de escribir, y con entusiasmo comienza a resumir la novela que ha estado escribiendo durante los últimos cinco años. Utilizando su motivo favorito de la Ceremonia de las Almas haitiana, Lamming, como Alejo Carpentier en El arpa y la sombra, evoca a Colón desde la tumba. Esta vez el descubridor es juzgado por un houngan[2] vodú. 

Cuando indiscretamente le pregunto por una fecha de publicación, Lamming sacude su espesa y despeinada cabellera blanca y sus ojos danzan maliciosamente: "Ahí está el problema; nunca se termina." 

Y lo dejo con el furioso mar de Bathsheba. 


[1] 1 La primera versión española de esta novela fue publicada con el título de En el castillo de mi piel por la Casa de las Américas en 1979. (N. del E.) 

[2] En creole, sacerdote. (N. del T.)


Traducción: Osmany Oduardo Guerra
Cotejo: Rubén Casado 

Tomado de Caribbean Beat, Port of Spain, no. 55, mayo-junio, 2002, pp. 40-45. 

Cortesía de la revista Anales del Caribe

El legendario escritor barbadense George Lamming es un emblema de la literatura caribeña contemporánea y asesor principal del Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas.

 

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