Año VI
La Habana

9 al 15 de JUNIO
de 2007

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Coming, coming home.
George Lamming y la piel como castillo

Nara Araújo • La Habana

 

El Caribe es un mar tropical, un mar de aguas cálidas, un mar de corales e hipocampos; es el mar de las lentejas, el vasto mar de los sargazos, donde anidan los vientos que acarician y arrasan. Es el mar andrógino, es el mar y la mar, es Poseidón y es Afrodita, es Olokún y es Yemayá. Del Caribe nos llega la obra de George Lamming, con su energía y su cromatismo, con su infinidad y su vendaval; nos llega con los ecos y cantos de estas tierras, para rescatarlas de la codificación registrada por un discurso equívoco, que las ha convertido en tarjeta postal, en imán edénico, en Tierra Prometida, por la repetición icónica de sus cadencias y sus prodigios.

Para alcanzar el perfil del sujeto caribeño y su definición mejor, la obra de George Lamming desmitifica al Caribe del discurso ilusorio y momificado, del discurso tendencioso cuyo origen se remonta a los tiempos de aquel empecinado empresario genovés que estableció la belleza de estas tierras por encima de la del resto del mundo. Artífice del renacimiento de nuestro espacio, y por lo tanto, un descubridor, Lamming ha sostenido una indeclinable vocación caribeña, que se ha expresado en sus textos creativos y reflexivos, así como en empresas de promoción, difusión y formación de nuestra cultura: revistas, ediciones y aulas.

De manera sustancial Lamming ha contribuido al examen de asuntos concernientes a nuestro entorno, a su presencia vibrante, a nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Pero sobre todo, ha alimentado imaginarios y ha propuesto juicios iluminadores para intentar responder a estas interrogantes: quién soy, cuál es mi relación con el entorno inmediato y cuál, mi nexo con el mundo.

Narrador, ensayista, poeta y académico, Lamming es el intelectual de mayor significación en Barbados, y uno de los más influyentes de nuestra región. En su extenso periplo, de estancias próximas y distantes de su país natal, Lamming ha convertido esas errancias en un ejercicio de aprendizaje, en una fuente de sabiduría, convencido de la efectiva recuperación, desde “los placeres del exilio”, del espacio Caribe, con sus obsesiones y abominaciones.

A lo largo del tiempo, este espacio ha sido nombrado a partir de antiguos mitos y cartografías —las Antillas—, de toponimias y empresas mercantiles —West Indies—, para finalmente asumir la denominación del mar que lo baña, de prestigiada resonancia canibalesca. Este espacio ha sido frontera imperial, objeto de deseo de conquistadores en voraz fagocitosis por establecer lo que Lamming califica como el “primer experimento capitalista allende el mar”, que produjo la balcanización de todo diálogo entre estos codiciados territorios para corresponder así a “las ortodoxias de metrópolis separadas”.

En su relectura de este relato, Lamming apuesta por los condenados de la tierra, por los negros jacobinos, por nuestra América martiana. Para este creador, el Caribe es el resultado, casi único en la historia humana, del encuentro de África, Asia y Europa, y por consiguiente, el control del peso de este pasado singular y su incorporación en nuestro sentido colectivo del porvenir, es tanto una tarea apremiante, como nuestro mayor desafío intelectual.

En este contexto de encrucijadas y de puentes, de islas sin fin y de islas que se repiten, de líneas en fuga, de mar que alumbra a un océano, se ha edificado lo que Lamming con acierto califica como un monumento histórico y filosófico, de conocimiento y poder, así como un vigoroso cuerpo literario, diseñado tanto en la matriz del espacio Caribe, insular y continental, como en sus ramificaciones diaspóricas. Ese cuerpo literario, en todas sus lenguas, constituye un legado a la cultura de la humanidad.

El tejido discursivo, el texto Caribe, tuvo su origen en aquellos primeros inventarios coloniales, “exóticos y excéntricos”, así como en el lamento de los aborígenes, en el grito de los barracones, en Caliban maldiciendo a Próspero. Una vez digerido el resentimiento, el texto Caribe se ha nutrido de un saber ancestral, para descender a los infiernos y develar los arcanos, para explorar los laberintos, mediante una apelación en múltiples sentidos, de formas, lenguajes y registros, invocando a panteones idénticos pero distintos, a Erzulie, Krishna y Oshún, con la certidumbre de que la identidad Caribe no es una esencia icónica, sino un flujo y reflujo, un rizoma, una relación. La mer, la mer, toujour recomencée, el mar, el mar, siempre recomenzando.

Cuando hace más de medio siglo, George Lamming publicaba su primera novela, In the Castle of my Skin, En el castillo de mi piel, abría caminos como Elegguá. Esta novela de juventud desbrozaba senderos, tanto en los territorios de habla inglesa, como en el resto de la región, pues en ella confluían algunos de los tópicos recurrentes del texto Caribe. Por un lado, los temas sociales, en particular la condición colonial y la neocolonial, atravesadas por las instancias de clase, raza y género, y sostenidas por la acción coercitiva de la religión y la escuela, aparatos ideológicos del estado —que vigila y castiga—, en tiempos de crisis del sistema de plantación, ese pilar del texto Caribe. Por la otra, el rescate de la cultura de origen, mediante el empleo del creole, el ritmo, el léxico y las sintaxis de formas dialectales, así como otras variables del habla vernácula: refranes, canciones y poesía oral.

Esta obra, ya un clásico, plena de descripciones poderosas y de atmósferas entrañables, de registros simbólicos y metáforas, modificaba el canon europeo de la novela de formación, el bildungroman, mediante la múltiple focalización del relato que matiza y complementa la mirada del protagonista. Paralela a la historia del niño que se convierte en joven, y que en busca de un destino parte de Barbados hacia Trinidad, se narra el cambio de un pueblo que pasa de un estatus semifeudal, a un sistema capitalista de compra y venta de la tierra, de desalojos y miserias, en el cual los intermediarios entre el colonizado y el colonizador, primero, y entre los explotados y el capitalista, después, comparten el origen racial de la mayoría. El enemigo no solo es el otro, también anida entre nosotros.

A lo largo de su producción ulterior, Lamming muestra su inquietud por lo vulnerable de las sociedades modernizadas y de aquellos que siguen afectados por la impronta de las estructuras coloniales en lo psicológico y lo político. Antídotos a esta afección poscolonial, el desarraigo, la alienación y la violencia, son el realce de la identidad caribeña, la búsqueda del yo en la piel como castillo, y el autodescubrimiento de una temporada de aventura. La confianza de Lamming en la capacidad liberadora de la palabra, en su acción formadora de conciencias, es aliento que sostiene su esperanza de un futuro de respeto a la dignidad humana.

Por esa confianza y ese aliento, y por su dedicación a las letras y al pensamiento del Caribe, la Universidad de La Habana se honra hoy al otorgarle el doctorado Honoris Causa en literatura y al incorporarlo así a la comunidad académica cubana, como una celebración a su magna obra y a su prolífica existencia. Coming, coming home, profesor Lamming, ha llegado usted a su casa. 

Palabras de elogio en ocasión de la entrega del Doctorado Honoris Causa a George Lamming, el 8 de junio de 2007, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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