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He
leído en el Diario Juventud Rebelde de
ayer jueves siete de junio, que el
próximo domingo será homenajeado, en el
Salón Rosado de la Tropical, el Conjunto
Gloria Matancera, con motivo del 80
cumpleaños de la agrupación. Cualquier
acto de merecido reconocimiento a las
instituciones musicales populares del
país es acto encomiable, solo que en
este caso es justo hacer precisiones.
En
puridad el Conjunto no cumple ocho
décadas de fundado, porque se constituyó
como tal en el año de 1944. Creo de
obligado respeto remitirse a los
orígenes, que son la raíz de lo
presente.
Sucede que el 3 de junio de 1927 el
cantante Juan Manuel Díaz Clemente
―con
solo 22 años―
fundó el Septeto Gloria Matancera, como
es natural allí en la Ciudad de los
puentes. Integraron también su plantilla
pionera tres hermanos suyos. Carlos en
el tres, Eliseo en el güiro y Heliodoro
en maracas y voz. A ellos se unieron
entonces el trompetista Aurelio
Hernández, el contrabajista Mario Coll y
José Luis González en el bongó y las
pailas. Tómese en cuenta que la Gloria
se funda el mismo año que el Nacional,
es decir, en pleno período de
perfilación definitiva del son cubano.
Es una prueba magnífica de que, sin
negar la furia septetera capitalina, en
otras provincias del país como Las
Villas y Matanzas, hubo bien temprano
muy buenas agrupaciones de este tipo.
Es
fácil comprender que enseguida se
hicieron muy populares en todos los
salones matanceros que ya le daban
cabida al floreciente son cubano, y
también que cuatro años después de
fundado el septeto, Juan Manuel Díaz
Clemente decidiera venir a probar suerte
a La Habana con su Gloria Matancera. Un
acto de verdadera temeridad, suponiendo
que en esta ciudad septetos como el
Habanero, el Nacional o el Boloña,
estaban campeando por su respeto. Lo
cierto es que vinieron a buscar su
espacio en la mayor ciudad de Cuba y lo
obtuvieron, dando prueba otra vez de su
altura estética.
Ya
tenido como propio en la capital, y a la
distancia de diez años de fundado, el
Septeto La Gloria Matancera comenzó a
grabar sus primeros discos. Se puede
apreciar en ellos piezas con muy precisa
delineación de los instrumentos, así
como de las voces y una sabrosa manera
de tocar un repertorio aportado muchas
veces por Juan Manuel Díaz Clemente,
como los sones “Vengo arrollando” y “La
Cumbre”.
Como
ya escribí arriba la Gloria se convirtió
en conjunto en 1944, según imposiciones
de la moda de esa década y todavía
regenteado por su director fundador.
Progresivamente la agrupación fue
metabolizando las posibilidades de mayor
volumen sonoro de este formato, de tal
manera que a las puertas de la década
del 50 del siglo pasado, estaba entre
los preferidos. Es justo la época en que
por la Gloria transitan voces tan
apreciadas como Laíto Sureda, Paulina
Álvarez, Abelardo Barroso, Merceditas
Valdés y hasta el entrañable boricua
Daniel Santos.
A través de los años, con menor o mayor
bonanza, se ha mantenido en pie la
gozosa y luchadora bandera de la Gloria
Matancera. Quienes amamos la auténtica
música cubana agradecemos a todos los
que lo han hecho posible, y ahora mismo
en especial a Tillo, su director actual;
pero sin duda, sería un hermoso acto de
respeto a los mayores, que el domingo 10
de junio, cuando a las tres de la tarde
se dé inicio al homenaje en el Salón
Rosado de la Tropical, se haga una
evocación a los jóvenes que en 1927
fundaron el Septeto Gloria Matancera. |