Año VI
La Habana
2007

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Hay Mujeres

Andrés D. Abreu • La Habana
Fotos: del autor y Ricardo Rodríguez

A Farah,
Deborah
y Jeanette

A Jeanette Chavéz la conocí dándole candela a un pobre piano en medio del  parque Mariana Grajales de la avenida 23. Por aquellos tiempos no muy lejanos, la menuda muchachita, que vertía fuel oil  y luego quemaba aquel simulacro povera de objeto musical, estudiaba en San Alejandro y con aquella incendiaria acción se ganó el premio  del Primer Festival Nacional de Escultura Efímera organizado por el Centro Experimental de Artes Visuales.

No supe más de ella hasta la primavera del pasado año cuando en una sala de Luz y Oficios descubrí su nombre en la ficha de la pieza ganadora del Salón de la Ciudad. De aquella primera Alegoría de la existencia que me permitió conocerla en el Vedado del 2003 al Cambio de estado que me hizo recordarla en La Habana Vieja del 2006 había crecido bastante la profundidad sociológica de la artista que ya andaba haciendo de las suyas por el Instituto Superior de Arte.

Pero no fue hasta unos meses después, casi arribando el 2007, que volví a encontrarme personalmente con la intrépida jovencita.  Andaba yo conquistando frescas obras audiovisuales para los proyectos Cubanos Convertibles y Salle Zéro y me fui hasta Miramar a la sede del Museo de la Marcha del Pueblo Combatiente dónde transcurrían unas sesiones de la Cátedra de Arte Conducta, proyecto pedagógico que dirige la artista Tania Bruguera, allí estaba Jeanette, igual de llamativamente inquieta y menuda pero con otros sorprendentes trabajos en la mochila que cargaba su espalda y muchas más ideas en esa ingeniosa cabeza que enterró en otro de sus performance y de la cual a menudo se arranca un cabello para enviarlo de viaje de ida y vuelta a París u otros soñados lugares del Universo.

Apenas hace unos días volví al Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de Luz y Oficios y el olor a flor y muerte que escapaba de una habitación oscura con una puerta entreabierta me llevó a cometer la imprudencia de descubrir algo que aún estaba velado al público. Indagué y nuevamente la suspensión de mis sentidos había sido víctima de la misma mujercita y su atrayente y perturbadora visualidad. Regresé el día de la inauguración y completé el recorrido por Estado ausente, su nueva propuesta de alucinación y reflexión artística. Le di un beso y le prometí esta mirada que hubiese querido escribir mucho más conceptual y semiótica, pero antes de enfrentarme a la pantalla en blanco tal vez erré al echar a rodar unos ficheros MP3 con música de Sabina.

 

 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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