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A Farah,
Deborah
y Jeanette
A
Jeanette Chavéz la conocí dándole
candela a un pobre piano en medio del
parque Mariana Grajales de la avenida
23. Por aquellos tiempos no muy lejanos,
la menuda muchachita, que vertía fuel
oil y luego quemaba aquel simulacro
povera de objeto musical,
estudiaba en San Alejandro y con aquella
incendiaria acción se ganó el premio
del Primer Festival Nacional de
Escultura Efímera organizado por el
Centro Experimental de Artes Visuales.
No
supe más de ella hasta la primavera del
pasado año cuando en una sala de Luz y
Oficios descubrí su nombre en la ficha
de la pieza ganadora del Salón de la
Ciudad. De aquella primera Alegoría
de la existencia que me permitió
conocerla en el Vedado del 2003 al
Cambio de estado que me hizo
recordarla en La Habana Vieja del 2006
había crecido bastante la profundidad
sociológica de la artista que ya andaba
haciendo de las suyas por el Instituto
Superior de Arte.
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Pero
no fue hasta unos meses después, casi
arribando el 2007, que volví a
encontrarme personalmente con la
intrépida jovencita. Andaba yo
conquistando frescas obras audiovisuales
para los proyectos Cubanos
Convertibles y Salle Zéro y
me fui hasta Miramar a la sede del Museo
de la Marcha del Pueblo Combatiente
dónde transcurrían unas sesiones de la
Cátedra de Arte Conducta, proyecto
pedagógico que dirige la artista Tania
Bruguera, allí estaba Jeanette, igual de
llamativamente inquieta y menuda pero
con otros sorprendentes trabajos en la
mochila que cargaba su espalda y muchas
más ideas en esa ingeniosa cabeza que
enterró en otro de sus performance y de
la cual a menudo se arranca un cabello
para enviarlo de viaje de ida y vuelta a
París u otros soñados lugares del
Universo.
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Apenas hace unos días volví al Centro
Provincial de Artes Plásticas y Diseño
de Luz y Oficios y el olor a flor y
muerte que escapaba de una habitación
oscura con una puerta entreabierta me
llevó a cometer la imprudencia de
descubrir algo que aún estaba velado al
público. Indagué y nuevamente la
suspensión de mis sentidos había sido
víctima de la misma mujercita y su
atrayente y perturbadora visualidad.
Regresé el día de la inauguración y
completé el recorrido por Estado
ausente, su nueva propuesta de
alucinación y reflexión artística. Le di
un beso y le prometí esta mirada que
hubiese querido escribir mucho más
conceptual y semiótica, pero antes de
enfrentarme a la pantalla en blanco tal
vez erré al echar a rodar unos ficheros
MP3 con música de Sabina. |