Año VI
La Habana

21 al 27 de JULIO
de 2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Mientras se maquillan…*

Axel Li y Jorge Luis Montesino • La Habana

En nuestro país un buen día se dieron los primeros pasos para la llegada de la refrigeración. Como mismo hubo una primera vez para la cinematografía, la fotografía, el teléfono, la barbería, el arte, la electricidad et al. Algo similar ocurrió con aquellas primeras señales de helados —amén de los sabores—, portadores en sí de una función, de un concepto, que se haría mucho más extensivo y cotidiano con el paso de los años: la refrigeración, por supuesto. Hielo, frío, agua congelada, cambio transitorio de estado, sensaciones otras degustativas y hasta táctiles fueron sólo unas de las funciones que tendrían una presencia social con un continuo ascenso a lo más privado: el hogar.


Invitación digital que se hizo circular vía e-mail en el 2006
días antes de la inauguración de la muestra Manual de Instrucciones.
Su imagen parte de la que tiene el plegable con diseño de Jorge Rodríguez.

Refrigeradores y neveras, frigoríficos de petróleo y eléctricos... fueron algunos de los equipos empleados para conservar, refrigerar, preservar esencias líquidas y sólidas indispensables para la vida. Son varias las décadas que nos han acompañado y hasta han ocupado un espacio (reservado) en nuestros hogares. Del no tener al tener resultó ser el móvil de cada hogar, o al menos, el ideal (in)alcanzable.

El frío… entrega señales únicas del espacio al cual pertenece y, por ende, de su(s) dueño(s). Refleja y retrata el sentir y el ser de quien lo emplea. El escucha, todo habla —de origen africano— también resulta aplicable más allá del recibidor, el hall, la sala, los cuartos... donde precisamente se consuman los ejercicios mentales y prácticos que logran nuestro sustento del día a día.

Por ese sentido de preservación es que el cubano inclusive atesora objetos que, para ciertos ojos, pueden constituir rarezas y causar asombros. Hemos heredado vestigios de vida —¿culturales?— que no nos competen, pero resultan estar bien y a veces no ha quedado otra alternativa. Eso sí, de ese gran conjunto el refrigerador doméstico ofrece los mejores signos, porque el de cada casa ha sido el centro de la vida del cubano... desde hace ya un buen tiempo.

Hoy día tal artefacto es demasiado vital. Atesora y preserva, aunque en (muchas) ocasiones sólo sea agua. Pero, agua distinta… que se agradece a otras temperaturas en medio de un clima no tan apacible. Aquí significa más el refrigerador, aquí nos define, nos delata como individuos, como seres que somos: con virtudes y defectos. El refrigerador es la frontera que nos distingue.

Él porta como ningún otro equipo electrodoméstico una de las funciones que generaliza la vida en las casas cubanas: la conservación. En su variante lingüística esta palabra se asocia con subsistencia, mantenimiento, manutención, preservación, entretenimiento, supervivencia y archivo. En su dimensión antropológico-cultural la conservación se verifica en el acto de acaparar, de llenar el espacio. El refrigerador conserva y es a su vez conservado. Ocupa un lugar preponderante en la representación y producción de la noción cubana de espacio.

Nosotros somos conservadores, que es el equivalente a ser cautelosos, vigilantes, guardianes.

En Manual de Instrucciones concurren varios de los más destacados artistas del país, reconocidos a una escala social en alguna que otra manifestación artística. Algunos con menos estudios, otros egresados de nuestras escuelas de arte y unos pocos que ahora mismo continúan con su creación más allá de nuestras fronteras. La mixtura, lo posible y lo diverso —estético y generacional— son maneras que tipifican el hecho artístico de nuestros días.

 Múltiples voluntades e ideas han hecho posible que a lo largo de un año se dieran cita una vez por semana —luego durante casi toda ella— en un mismo espacio como el del Estudio 61: taller que en el más amplio sentido de su extensión acogió y modeló a la vista de vecinos, curiosos, amigos e interesados¿de unos pocos?— este gran conjunto en un tipo de soporte muy atípico para estos menesteres, aunque no extraño.

En la historia más reciente del arte cubano podemos citar ejemplos aislados, como las incursiones de Kcho, Lázaro Saavedra, Guillermo Ramírez Malberti, José Ángel Vincench, Douglas Pérez… Contamos con refrigeradores en una obra, como obra en sí o como parte de una obra, ya sea ésta de tipo escultórico y bidimensional.

Pilares del arte cubano traspasaron por diversas razones los convencionales soportes en un determinado momento. Los que tal vez el día de mañana sean (algunos de) los nuevos pilares hicieron en un mismo tiempo —el de la Cuba de 2005 y meses después— la integración lograda.

Ahora, refrigeradores domésticos de antaño se erigen como el centro mismo y soporte ideal de varios discursos artísticos de pintores, escultores, ceramistas, grabadores, fotógrafos, instalacionistas... en un conjunto meridional y atractivo. Atractivo porque se trató de una voluntad de todos  en un mismo taller. Ya no son casos aislados.

Los artistas aquí representados aceptaron un objeto difícil de rebasar y de ser dominado. Asimismo,  cada uno por igual forcejeó con el que le correspondió… por elección propia. Por consiguiente, nos han dejado su impronta artística en tales cuerpos cotidianos y condenados hoy al reemplazo, con una función específica (la cotidiana) y a la vez que expansiva (la estética) en medio de la circunstancia “doméstica”.

Frente a lo ya proclamado infuncional, la mirada del artista, el sesgo que simboliza para los próximos días: la posible eternidad. Elegir, pero más aún, saber elegir… y con tino, para el bien decir.

Tenemos, pues, bastante con nuestro Manual de Instrucciones. Tenemos parte de la espiritualidad nacional, la historia y el porvenir. Además de superficies, exteriores, interiores... un número considerable de las direcciones posibles del soporte en sí.

En un intento generalizador las obras nos quedan dispuestas en varios grandes grupos: como homenaje al refrigerador, como metaforización sobre las funciones del refrigerador, como el testimonio y registro de lo social y cultural, como la visualidad figurativa y/o cromática… En algunos casos fueron plenamente agotadas y aprovechadas las posibilidades estético-artísticas. En otros, el intento resultó insuficiente.

El objeto (nos) dominó, la experiencia (nos) lo alertó. 

* Palabras para el plegable de la exposición Manual de Instrucciones que, en el contexto de la IX Bienal de La Habana (27 de marzo- 27 de abril de 2006), estuvo en exhibición en el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), ubicado éste en uno de los antiguos inmuebles de La Habana colonial, que antes fungió como convento y en la actualidad se consagran sus áreas a la restauración de obras artísticas. Aunque la muestra colectiva Manual de Instrucciones rebasó temporalmente el marco de esta bienal internacional.

 

Galeria de fotos  tomadas en el 2006 durante la exhibición en el CENCREM
de la muestra colectiva «Manual de Instrucciones».

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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