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La Habana

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Cuba abraza una vez más el Olimpo Panamericano

Harold Iglesias • La Habana
Fotos: Jorge Luis baños

Grecia, siglo IX antes de nuestra era, los atenienses reunidos todos en las inmediaciones del Partenón para ovacionar al campeón olímpico del Pancracio. Río de Janeiro, julio del 2007, 11 millones de cubanos siguen ante sus telerreceptores la actuación de Sergio Álvarez, quien se convirtió en el primer medallista dorado de la delegación cubana.
 


Recibimiento a la primera avanzada de la delegación cubana

Sergito sintió la satisfacción de iniciar, por novena ocasión el ascenso de Cuba hacia el Olimpo deportivo del continente, condición que la Isla ostenta desde los VI Juegos, celebrados en el año 1971 en Cali, Colombia, con un alto en La Habana´91, única oportunidad en la que los exponentes del músculo antillanos acariciaron la cima de América, luego de conquistar 140 cetros.

En la cita cafetera los forzudos caribeños contribuyeron con siete títulos, 17 plateadas, y cuatro bronceadas. En el gigante suramericano, los halteristas del patio tomaron por asalto la palanqueta del Complejo Riocentro, adueñándose de cinco de las seis divisiones en concurso e implantando seis récords para la competición.

Precisamente Álvarez encabezó ese performance, con sus cotas de 120 kilos en el arranque, 151 en el envión y total de 271. Mas no ha sido el levantamiento de pesas la única disciplina donde el eco de nuestro Himno Nacional, estremeció las paredes de las instalaciones.

Eso fue lo sucedido en Ciudad del Rock y en el Maracanazhino, sedes respectivas del béisbol y el voleibol. El béisbol, hasta los más pequeños saben que es la médula de todo evento múltiple en el que Cuba incursiona, y no podía hacer menos que alzarse con el trofeo de campeón.

No pocos se desanimaron con la derrota ante Panamá en el debut, segunda en los últimos eventos en que ambas escuadras han coincidido, pero vino el resurgir como ave Fénix de nuestros peloteros, y el vigoroso aleteo de Mayeta, Palma y Lazo, únicamente se detuvo al ver la presea dorada en su pecho.


Representantes del equipo de béisbol, campeón  panamericano

El voleibol, alteró el ritmo cardiaco de millones de personas a lo largo de la geografía continental, pues muchos conocen de la rivalidad existente entre cubanas y brasileñas, y para refrescar la memoria de los amantes del deporte de la malla alta les menciono la semifinal de los Juegos Olímpicos de Atlanta´96, un verdadero combate a la usanza de los púgiles griegos.

Similar imagen dejaron esta vez las cubanas en la final de Río, tras su triunfo tres sets por dos ante las locales, en un rompecorazones que clasifica entre los mejores partidos de la historia del voleibol mundial.

El bregar de la comitiva de la Isla, que bajo el lema de Cuba, ideas, honor y dignidad, busca ratificar su condición de segundos del continente americano, no se detuvo, pues a los triunfos de disciplinas históricas como la pelota y el voly se unieron el judo y el taekwondo, milenarias artes marciales que llegaron al caribe provenientes del continente asiático.

Nuestros deportistas haciendo caso omiso al origen de ambas especialidades, comandaron las acciones en los tatamis: los taekwondocas se ubicaron segundos por países, tras su cosecha de dos títulos y tres terceros lugares, únicamente superados por México, nación que conquistó tres metales áureos y que se codea con la elite mundial.

Por su parte los judocas, con la estelar Driulis González llegando a la edad de 33 años a su cuarto panamericano en la cúspide, conquistaron el máximo honor, en una justa matizada por la encarnizada rivalidad con los brasileños, al punto de que solo una corona separó a las dos naciones: cinco la escuadra antillana por cuatro la auriverde.

Sobresaliente la actuación de los hombres, quienes a pesar del poderío de los locales demostraron estar a la altura de la competición, con dos oros, igual número de platas y un bronce.

Pero la constancia y empuje del movimiento deportivo cubano sobrepasó los límites de los colchones y se fue hasta la pista del Velódromo Barra Tijuca.

Allí nuestros pedalistas hicieron la hombrada, pues solo compitieron en la pista, y de ella sacaron cuatro oros. El bólido Julio César Herrera, campeón del kilómetro contra reloj en Winnipeg 1999, llevó la voz cantante entre los sprinters, luego de alcanzar la doble corona en la velocidad, individual y por equipo.

Las féminas también hicieron lo suyo, con una dupla de González formidable: Yoanka no dio margen ni a la colombiana María Luisa Calle ni a la azteca Belem Guerrero en la carrera por puntos, mientras que Yumari se apropió del Parque Flamengo, escenario de la ruta.

Certeros disparos y enérgicas paletadas igualmente han dado su aporte hasta la fecha, con nombres que resultan familiares para la afición cubana, como los remeros Mayra González y Yohennis Hernández y los tiradores Eglis Cruz y Leuris Pupo, todos doble monarcas en Juegos Panamericanos.

Así se comporta Cuba en el entorno competitivo carioca, donde para reeditar la segunda posición histórica necesitarán alcanzar alrededor de 75 cetros, y donde seguramente más de un brasileño ha tenido que bailar y bailará de hecho al compás del son.  

 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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