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Luchadores clásicos cubanos
ratificaron supremacía panamericana |
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Frank Marín Vergara
• La Habana |
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Aunque con menos título que en otras
oportunidades, los luchadores cubanos
del estilo grecorromano refrendaron su
hegemonía continental en los XV Juegos
Panamericanos, con sede en la ciudad
brasileña de Río de Janeiro.
Tras las mediocres actuaciones
realizadas la temporada anterior en los
Juegos Centro-caribeños de Cartagena de
Indias y el Campeonato Mundial, en la
urbe china de Guangzhou, la cita carioca
entrañaba un duro compromiso para los
gladiadores clásicos de la Isla.
Con esos desfavorables antecedentes y
una selección muy renovada los
representantes antillanos llegaron a la
Ciudad Maravillosa con el objetivo de
conservar la victoria por colectivos y
restablecer su orgullo en esta ruda
modalidad.
Pese a la ausencia de figuras excelsas
como Filiberto Azcuy, Juan Luis Marén y
Lázaro Rivas, los siete exponentes de
Cuba preservaron el dominio con cuatro
medallas de oro y dos de bronce,
mientras sólo Erick García (96
kilogramos) quedó fuera del podio.
En sustitución del laureado Rivas, el
joven Yagniel Hernández sorteó todos los
obstáculos para imponerse en la compleja
categoría de los 55 kilogramos con una
victoria en semifinales sobre el titular
del Campeonato Panamericano de este año
en El Salvador.
Ese triunfo inauguró el sendero dorado
que luego continuaron los más
experimentados Roberto Monzón (60
kilos), Odelis Herrero (74) y el coloso
Mijaíl López (120).
Para Monzón y López esos éxitos
constituyeron sus segundas coronas en
citas continentales, y aunque ese
desenlace era previsible, ambas tuvieron
una connotación especial, más allá del
mero hecho de ganar.
El primero debió superar en su camino al
cetro a su sempiterno rival venezolano
Luis Liendo, con quien sostiene desde
hace tiempo una enconada porfía que en
los II Juegos del ALBA trascendió el
ámbito deportivo.
Por su parte, el monarca mundial de
Budapest 2005 doblegó en un disputado
combate decisivo al estadounidense
Dremiel Byers, campeón universal en
2002.
A sus 30 años de edad Herrero disfrutó
de su mayor conquista en la arena
internacional, después de pasar varios
años a la sombra del estelar Filiberto
Azcuy, campeón olímpico en Atlanta 1996
y Sydney 2000.
Los cubanos pudieron apreciar en esa
victoria la arista positiva del actual
reglamento de esta disciplina, que
provoca una mayor incidencia del factor
suerte en las peleas y muchas veces
favorece al competidor menos ducho.
La pelea frente a su más serio escollo,
el norteamericano Thomas Dantzler,
transcurrió con la ausencia de acciones
técnicas, pero en el controvertido
sorteo la veleidosa chapa benefició al
caribeño, en favor de quien debe
ponderarse la capacidad defensiva
mostrada.
Sin embargo, para el 84 kilogramos
Yunior Estrada el sistema no resultó tan
benévolo, pues en su duelo semifinal
ante el venezolano Eddy Bartolozzy cayó
víctima del azaroso método y debió
conformarse con el metal de bronce.
La siega cubana se completó con la
presea bronceada obtenida por Alain
Milián (66), quien se vio impotente en
su enfrentamiento contra el
norteamericano Harry Lester, a la postre
triunfador.
Esa actuación de Lester se sumó a los
galardones áureos alcanzados por sus
connacionales Brad Vering (84) y Justin
Ruiz (96) para darle a Estados Unidos
las restantes medallas de oro.
Sin la espectacularidad de la barrida
registrada en Santo Domingo 2003, los
gladiadores cubanos del estilo greco
rubricaron en Brasil un loable desempeño
que podría ayudarles a recuperar la
confianza en sí mismos y representar el
despegue de la nueva generación.
El certamen universal de septiembre
próximo en Bakú (Azerbaiyán) aparece
como otra buena oportunidad de continuar
el ascenso, a menos de 12 meses del
comienzo de los Juegos Olímpicos en
Beijing. |
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