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Casi
puedo decir que fui amigo de nuestro
gran director Roberto Blanco. Al menos
estuve cerca del círculo de sus íntimos,
de los que nos gustaban sus palabras y
sus pausas en las mejores tardes del bar
Potín, al lado del Teatro Mella, cuartel
general de algunos de los mejores
espectáculos del maestro. Una vez
—cuando ya él no apuraba líquidos
espirituosos y yo no me había jubilado
de esa resbaladiza práctica— le comenté
algo sobre las libaciones del Potín.
Roberto me recordó: “Bebimos alegremente
en ese lugar y por los ahís”.
Si se
tratase de un límpido escritor,
seguramente conociese completa la obra
de Blanco. Pero estamos hablando de un
hombre de la escena, en tiempos y
circunstancias en que no existía ni el
insuficiente pero válido alivio del DVD.
Los más jóvenes entre sus fans nos
quedamos sin ver algunas de sus mejores
puestas en escena. María Antonia
—ese extraordinario texto de
Hernández Espinosa que Roberto amplificó
como nadie— regresó a finales de los 80.
Los que asistieron al estreno en el 67
echaban de menos cierto esplendor en los
papeles secundarios o el latido
coreográfico de aquel espectáculo que
vindicaba al negro como personaje
dramático.
A su
diálogo con el Diario de campaña
del fundador Martí, sí volvió el
virtuoso de la escena en varias
ocasiones y siempre con una motivación
nueva, un impulso inédito, una
enseñanza.
Los más viejos también hablaban
maravillas de Divinas palabras,
en la que Blanco asumió a Valle Inclán
como nunca se había hecho en Cuba. A ese
montaje sí que no volvió el maestro,
aunque a menudo lo mencionaba entre
copas o frente a su café hogareño. Ahora
en Murcia el abnegado César Bernardo, de
la Escuela de Arte Dramático de esta
región, me ha permitido entrar en
contacto con el texto completo de Valle,
a través de una visión a la vez clásica
y juvenil. Además del disfrute estético,
César y sus sudorosos alumnos me
permitieron imaginar cómo sería la
apropiación de Roberto, tan culto y
universal, pero rotundamente cubano. En
La Habana llamé a otro clásico amigo.
Estorino me lo confirmó: “Sí, sí,
Divinas palabras le quedó precioso.
Ya no se puede hablar con nadie del
elenco. Me parece que todos están
muertos”. Y de ambos lados de la línea,
se hizo un pequeño, nada solemne, pero
sincero silencio. |