Año VI
La Habana
2007

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El trío imprescindible
Josefina Ortega • La Habana
 

El célebre Loquito, de Nuez, llega a la cincuentena.
 


El Loquito

Como otros personajes del periodismo grafico —Liborio, de Ricardo de la Torriente, y El Bobo, de Eduardo Abela—, se hizo de un lugar en el parnaso cubano.

El trío encabeza buena parte de la imaginería popular, no sólo porque es difícil prescindir del referente con que reflejaron el humor político que se hizo en Cuba en el siglo XX, sino porque aún permanecen en el refranero actual de la oralidad del cubano.

Hoy, cuando se quiere criticar la falta de responsabilidad de algún funcionario indolente en el manejo de “los dineros del pueblo”, el cubano dice «no le importa, porque eso lo paga Liborio».


Liborio

Si en cambio, se quiere significar la critica con un sarcasmo lleno de ingenuidad, algunos dicen «¡habló el bobo!»

Cuando se quiere decir algo estableciendo una parábola, con un gesto o esgrimiendo un objeto, muchos lo advierten con la frase «hacerse el loquito».

Pero el Loquito —el más joven de los tres personajes— ahora llega a la cincuentena y lo celebraron con un cumpleaños en la galería Villa Manuela, con la promesa de que el convite estará abierto por unos cuantos días.

Sin embargo, para muchos —incluyendo unos cuantos que ya peinan canas— antes de pasar por el agasajo virtual, debía ser (re)lectura obligada del magnifico texto Caricatura de la República, de la doctora Adelaida de Juan.

Tal vez algunos lo crean una exageración, pues acercarse a la muestra de Nuez es disfrutable en el goce estético que produce acercarse a los 58 dibujos en que aparece la imagen del  agudo personaje, y que según afirmó el mismo creador,  se le ocurrió un día, al pasar en un ómnibus frente al Hospital de Dementes de Mazorra.

Pero hay ciertos códigos visuales que cualquiera no avisado puede pasarlo por alto mirando al ser un tanto bizco, de  nariz afilada y  con un gorro de papel periódico, que a partir de 1957 comenzó a aparecer en el periódico ZIG-ZAG como ejemplo de caricatura política en los peores tiempos de la dictadura batistiana.

Y tal aserto vale para entender la esencia que igual caracteriza a las obras realizadas por de la Torriente y Abela.


El bobo

De la Enmienda Platt, a la infamia politiquera en el senado de la república chambelonera, y de ahí a la salida tangencial en el significado de una sierra de carpintero, hay un puente que de Juan sistematiza y nos entrega de modo claro.

Incluso en no pocos casos habrá que recurrir a los libros de historia para entender la gracia de chiste y disfrutar de la aleccionadora forma de trasmitir el mensaje.

Para facilitar ese camino que lleva al conocimiento está también el libro de Adelaida de Juan.

Y si entre los de la tercera edad es una especie de directorio del recuerdo de las diversas maneras de accionar la lucha a mediados del siglo pasado, para las nuevas generaciones, representa la advertencia de que una nueva estética precisa no de una nueva ética, sino una ética consecuente con principios humanistas.

Y esa es una de las principales vigencias de los tres personajes y de las tantas historias que reflejan, y que en opinión de Adelaida de Juan muestran “la lucha revolucionaria de sus épocas respectivas”.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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