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El célebre Loquito, de Nuez, llega a la
cincuentena.
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El Loquito |
Como otros personajes del periodismo
grafico —Liborio, de
Ricardo de la Torriente, y
El Bobo, de
Eduardo Abela—, se hizo de un lugar en
el parnaso cubano.
El trío encabeza buena parte de la
imaginería popular, no sólo porque es
difícil prescindir del referente con que
reflejaron el humor político que se hizo
en Cuba en el siglo XX, sino porque aún
permanecen en el refranero actual
de la oralidad del cubano.
Hoy, cuando se quiere criticar la falta
de responsabilidad de algún funcionario
indolente en el manejo de “los dineros
del pueblo”, el cubano dice «no le
importa, porque eso lo paga Liborio».
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Liborio |
Si en cambio, se quiere significar la
critica con un sarcasmo lleno de
ingenuidad, algunos dicen «¡habló el
bobo!»
Cuando se quiere decir algo
estableciendo una parábola, con un gesto
o esgrimiendo un objeto, muchos lo
advierten con la frase «hacerse el
loquito».
Pero el Loquito —el más joven de los
tres personajes— ahora llega a la
cincuentena y lo celebraron con un
cumpleaños en la galería Villa Manuela,
con la promesa de que el convite estará
abierto por unos cuantos días.
Sin embargo, para muchos —incluyendo
unos cuantos que ya peinan canas—
antes
de pasar por el agasajo virtual, debía
ser (re)lectura
obligada del magnifico texto Caricatura
de
la República,
de la
doctora Adelaida de Juan.
Tal
vez algunos lo crean una exageración,
pues acercarse a la muestra de Nuez es
disfrutable en el goce estético que
produce acercarse a los 58 dibujos en
que aparece la imagen del agudo
personaje, y que según afirmó el mismo
creador, se le ocurrió un día, al pasar
en un ómnibus frente al Hospital de
Dementes de Mazorra.
Pero
hay ciertos códigos visuales que
cualquiera no avisado puede pasarlo por
alto mirando al ser un tanto bizco, de
nariz afilada y con un gorro de papel
periódico, que
a partir de 1957 comenzó a
aparecer en el periódico ZIG-ZAG como
ejemplo de caricatura
política en los peores tiempos de la
dictadura batistiana.
Y tal
aserto vale para entender la esencia que
igual caracteriza a las obras realizadas
por de la Torriente y Abela.
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El bobo |
De la
Enmienda Platt, a la infamia politiquera
en el senado de la república
chambelonera, y de ahí a la salida
tangencial en el significado de una
sierra de carpintero, hay un puente que
de Juan sistematiza y nos entrega de
modo claro.
Incluso en no pocos casos habrá que
recurrir a los libros de historia para
entender la gracia de chiste y disfrutar
de la aleccionadora forma de trasmitir
el mensaje.
Para
facilitar ese camino que lleva al
conocimiento está también el libro de
Adelaida de Juan.
Y si
entre los de la tercera edad es una
especie de directorio del recuerdo de
las diversas maneras de accionar la
lucha a mediados del siglo pasado, para
las nuevas generaciones, representa la
advertencia de que una nueva estética
precisa no de una nueva ética, sino una
ética consecuente con principios
humanistas.
Y esa
es una de las principales vigencias de
los tres personajes y de las tantas
historias que reflejan, y que en opinión
de Adelaida de Juan muestran “la lucha
revolucionaria de sus épocas
respectivas”. |