Año VI
La Habana

1ro al 7
de SEPTIEMBRE
de 2007

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ENTREVISTA CON MANUEL LÓPEZ OLIVA

Frémez: ni ángel ni diablo

Libertad González Oliva • La Habana
Obras de Fremez

 

La muerte de José Gómez Fresquet (Frémez), es un batacazo para la cultura visual cubana. Reconocido maestro del diseño, hacedor de caricaturas, de grabados, revolucionario en no pocos aspectos de la concepción del arte popular, este hombre afable dejó una importante obra plástica y humana. Sobre él, uno de sus amigos  y colega, Manuel López Oliva, conversó con La Jiribilla.

¿Consideras que Frémez entremezcló lo más popular en las artes gráficas con expresiones vanguardistas? 

Como venía del campo de humorismo gráfico (marcado en la

juventud por la modernidad de estilo implícita en la caricatura de opinión desplegada por su tío Fresquito Fresquet y otros en El Pitirre y Zig Zag ),  Frémez llega al mundo de la visualidad con la percepción satírica inherente a su pueblo y una normal relación con lo que tú llamas “expresiones vanguardistas”. Así, cuando ya en la “década prodigiosa” (que para nosotros fue también épica y justiciera) pasa a laborar en el diseño propagandístico y editorial, traía consigo un enfoque normal sobre el uso funcional y significativo de los recursos formales y compositivos aportados a esa manifestación por la constante renovación acaecida en las artes plásticas. De ahí que desde el inicio de su condición diseñística, asumiera lo que le aportaban la pintura, el dibujo, la fotografía y el caudal profesional del diseño, que era avanzado en lo conceptual y en lo tecnológico. Puede afirmarse que los rasgos populares de su psicología personal y el tener que responder a las solicitudes de una etapa de proyectos de inspiración popular, junto al uso lógico de la modernidad de los medios visuales del oficio, hicieron de él desde el inicio una suma de lo popular de la gráfica con la dinámica renovadora de lo artístico. 

¿Qué aportes consideras que le hizo al diseño? 

Los aportes en el diseño a veces son más modos específicos de empleo, que invenciones de estilo. No es lo mismo imaginar en el arte plástico, que hacer lo que es propio de un buen diseñador visual: responder imaginativamente a requerimientos comunicacionales. Esta última, que fue la razón existencial del trabajo en Frémez, lo condujo a opciones interesantes donde se notaba el contacto con las posiciones estéticas nuevas de su tiempo y la búsqueda de una racionalidad atrayente en las propuestas desarrolladas. Podrían señalarse aquí algunos ejemplos al respecto: la síntesis certera en blanco y negro que caracterizó su concepción de diseño para impresión directa en la célebre revista RC; el ordenamiento entre espacios espectaculares y estimulantes sensoriales propio de la exposición del Tercer Mundo concebida en el Pabellón CUBA cuando la Conferencia Tricontinental; esa conjunción muy suya de lo tradicional de la gráfica con el fotografismo inherente al Pop Art, y la tendencia (que para algunos podría ser híbrida) de unir representación sugerente y mensaje evidente dentro de las alternativas que utilizó en las distintas tareas de diseñador que tuvo que asumir. 

¿Cómo valoras su trabajo en diversos puestos de promotor cultural? 

Hablar de Frémez no es referirse a un ángel, ni tampoco a uno de los típicos seguidores de Satanás. Frémez era ángel y diablo a la vez. Por eso todo su hacer en funciones que trascendían los límites de la profesión de artista-diseñador, resultó contradictorio, complejo, desigual. Y es así como debe valorársele.

Pero como creo en la visión martiana de mirar más a la luz del sol que a sus manchas, considero justo decir que Frémez no solo  marcó con su personalidad su trabajo en entidades estatales de la cultura, en talleres y en la Asociación de los artistas plásticos, sino que igualmente convirtió su saber y sus relaciones con esferas de la sociedad en un instrumento mixto  que sobrepasaba fines promocionales del arte, para entrar también en los dominios de la utilidad pública y en las funciones educativas inherente a la cultura visual. 

El aspecto humano de Frémez es el cariz que se tiene en cuenta cuando de él se habla, ¿siempre ha sido así, desde los años 60 cuando estrenó sus armas en el arte? 

En un artista no siempre resulta fácil y preciso referirse a su aspecto humano. La historia está llena de ejemplos de creadores cuya disposición cotidiana como ser humano no siempre ha sido la misma, o ha sido vista de muy diferente modo por gentes que han tenido relaciones de algún tipo por ellos.

 En el caso de Frémez habría que decir que ese "cariz" humano era un componente casi biológico de su ser. Solía ser como era, sin barnices “intelectuales” o comportamientos socarrones, y así tratar a los demás. Era afable y “jodedor” (como se dice a nivel popular) en el trato con los demás, sin distinguir escala social o jerarquía ejecutiva del interlocutor.  Y tuvo siempre una preocupación esencial porque las cosas de la realidad adquirieran cierta belleza y dimensión cultural, lo que hiciera de ellas un importante factor para la formación del gusto y el espíritu de las gentes. Todo eso, y su coincidencia con los vectores positivos del proceso histórico donde todos los cubanos hemos vivido desde 1959, ha valido para que siempre se le reconociera una indudable vestidura y proyección humana. 

¿Qué parte de su obra estimas es más trascendente?

Hubo dos momentos en los cuales Frémez se manifestó con fuerza y acto de permanencia en el arte visual cubano. Cuando frente a criterios retardatarios presentó obras serigráficas en el valioso concurso-exposición de grabado que efectuaba anualmente la Casa de las Américas; y cuando también allí se apareció después con una serie realizada en offset, que de alguna manera completaba su esencial entrega de entonces: darles a los resultados plásticos de la moderna tecnología publicitaria el mismo valor estético y reconocimiento de género que tenían los impresos de la gráfica ya histórica. Aunque él no era el único que lo hizo entonces hubo otros diseñadores cubanos (como Félix Beltrán y los cartelistas del ICAIC) que se inspiraron en propósitos equivalentes, hay que decir que fue José Gómez Fresquet quien asumió el reto de poner las visiones deliberadamente artísticas, hechas en serigrafía y en impresión indirecta, al mimo nivel de función y contemplación que la litografía, el grabado en metal y la xilografía. Eso, que ya tenía curso normal en otros países, lo inauguró él en los medios cubanos de arte de inicios de los años setentas. Las series derivadas de esa línea suya de expresión, cada vez más combinada en términos poligráficos y de imagen, constituyen la credencial estilística que lo fija en la memoria cultural de Cuba, y que de cierta manera explica su labor circunstancial de cuando dirigió el Taller Experimental de Gráfica de La Habana. 

Cualquier otro aspecto que desees abordar.... 

Mi valoración sobre Frémez parte de la vivencia y la observación. Coincidimos en el colonial Palacio del Segundo Cabo, cuando allí radicó el Consejo Nacional de Cultura: en tanto yo laboraba con Margarita Ruiz en la Dirección de Artes Plásticas de esa entidad, él era director de Divulgación y “capitán” de un equipo de valiosos artistas (César Mazola, Rolando de Oráa, Aldo Menéndez, César Leal, Ricardo Reymena y otros) que allí enriquecieron los caminos del diseño cultural. Ya me había correspondido valorar, desde las páginas de Granma, su aporte renovador de lo gráfico exhibido en la nombrada Exposición de La Habana, de Casa de las Américas. Y luego tuve muchas ocasiones de tratarlo; y aunque no siempre coincidí con él ni aprobé lo que hizo, teníamos determinado nivel de comunicación profesional que se basaba en el entendimiento de las interrelaciones posibles entre arte y diseño, en admitir el carácter de servicio que puede tener en la historia la cultura visual legítima, y en creer ambos que la lógica y  planificada acción de colectivos artísticos con sólida formación y estilo era lo acertado en ciertos hechos espectaculares y simbólicos del “arte público”.
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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