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Decir Frémez en el contexto de las artes
plásticas cubanas es decir estilo,
fuerza, originalidad, marca definitoria.
Cuando aún la noticia de su muerte causa
el asombro de lo inesperado, asomarse a
la obra de Frémez, a su dominio de casi
todas las técnicas de expresión de las
artes plásticas, a su modo de asumir
símbolos inusuales y transformarlos en
íconos con la fuerza de un grito, es
hablar de una cátedra del diseño y la
cartelística cubana.
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La formación de José Gómez Fresquet en
la publicidad le abrió tempranamente
horizontes que para otros creadores de
la plástica en la Isla tardaron en
develarse. La ingenuidad no fue nunca
atributo de su creación, por el
contrario, Frémez jugaba conscientemente
con los sentidos que sus textos visuales
podían crear. Con su figura desgarbada y
su caminar peculiar, Frémez andaba
siempre un paso delante de sus
contemporáneos, resemantizaba signos, se
apropiaba de la serigrafía cuando esta
aún era discriminada como arte, y usaba
sin resquemores la técnica digital que
para muchos otros creadores constituía
una suerte de umbral infranqueable.
Director de fotografía y diseño
de la revista Cuba;
del Taller
Experimental de Gráfica de La Habana,
vicepresidente de la Asociación de
Artistas Plásticos de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC),
ilustrador de portadas de libros,
diseñador de revistas, Frémez era de los
hombres que asumían el reto como un
estilo de vida, en sus propias palabras
combinaba todas estas maneras de hacer
porque era "otra
forma de participar en la vida del país,
de definir la otra mirada. Si ves la
vida desde una acera te pierdes lo que
está pasando en la otra. La acera donde
te paras es importante, pero tienes que
estar cruzando la calle. Tengo que
participar, no puedo estar en mi casa
viendo la cultura y la vida del país de
lejos. O participo o no estoy".
Frémez se reconocía a sí mismo por su
manera de decir y hacer como un artista
incómodo y se enorgullecía de ello, "soy
la rueda cuadrada" decía. El mismo
sentido del humor que le permitió hacer
caricatura y sátira y trabajar varios
años en la revista El Pitirre, lo
acompañó siempre de algún modo aun hasta
en sus obras más dramáticas. Su manera
de asumir el arte, libre de
esquematismos, fue una constante que lo
acompañó hasta el final.
Ampliamente reconocida es la impronta
que dejó Frémez en los primeros años de
la revista Revolución y Cultura y
hace poco tiempo, cuando se le pidió que
valorara el diseño de la revista La
Gaceta a propósito de cumplirse los
40 años de esta publicación, Frémez
decía que no podía enjuiciar
objetivamente algo de lo que era juez y
parte, pues tenía con ella, según sus
propias palabras, algo cercano a un
matrimonio.
También con La Jiribilla mantuvo
Frémez una relación especial, desde que
en los primeros años de la revista
asesoró su sección de artes plásticas y
brindó críticas constructivas sobre la
visualidad del sitio en general. Fueron
muchas las felices ocasiones en que la
entrega de un premio o el montaje de una
exposición resultaron en una entrevista
con nuestros periodistas, a las que
accedía siempre gustoso, y alguna que
otra vez visitó nuestra redacción para
compartir anécdotas de sus inicios en
las artes plásticas y aquella etapa
dorada del cartel en los 60.
Uno de los más talentosos artistas
gráficos cubanos, maestro de diseñadores
y dibujantes, Frémez recibió en 2005 el
Premio Nacional de las Artes Plásticas y
Eduardo Muñoz Bachs de Diseño Gráfico.
Obras suyas como la clásica "La modelo y
la vietnamita" trascendieron los límites
de la Isla para ganarle un lugar en la
gráfica universal, no solo por la
excelencia del estilo sino por lo
radical de su percepción y su compromiso
social siempre en pie de guerra.
En su última entrevista para La
Jiribilla en enero de 2007 afirmó: "Ser
diseñador me da la posibilidad de
sintetizar la imagen, tengo como primera
naturaleza decir las cosas claras para
que no quede ambivalencia. (…) Es un
mensaje que hay que dar ya y no se puede
ser reticente; esa es la base de toda mi
obra." |