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Se
dice que en sus archivos estuvo el único
ejemplar que existió de El Cocuyé,
compuesto, para gran orquesta —70
integrantes, entre los que se hallaban
ejecutantes de instrumentos de origen
africanos haitianos y cubanos—, y que
poco antes de estrenarse la pieza fue
clausurada la emisora.
Y la
emisora era nada más y nada menos que
MIL DIEZ, aquel proyecto que con el
nombre de Radio Popular Onda Colectiva,
“La emisora del pueblo” inició uno de
los frutos más ambiciosos en la
historia de la radio cubana.
De
Radio Popular Onda Colectiva, “La
emisora del pueblo”, al definitivo Radio
MIL DIEZ, transcurrió un curioso
proceso de causalidades y casualidades.
El
Partido Unión Revolucionaria Comunista
al empeño de tener imprenta y periódico
propios, sumó el de tener una emisora
exclusiva, como modo de accionar la
propaganda política y de la no menos
importante difusión de la verdadera
cultura, extendiéndola al pueblo.
Según
se afirma, no era difícil comprar una
planta radiofónica en la década de los
40, en un país que poseía entonces una
treintena de emisoras solo en la
capital; según un censo había en Cuba
112 688 aparatos de radio, con un
potencial de radioyentes de tres
millones de cubanos.
En el
especto radiofónico coexistía lo mismo
una pequeña radio eminentemente
comercial, de poca potencia y alcance
barrial, que una emisora de gran alcance
y con perfil más abarcador.
Ese
era el caso de CMCX Radio La Casa Lavín1,
que en 1943 transmitía por los 1010
kilociclos —en los años 30 era la
frecuencia de CMCU Radio García Serra—,
con la ventaja de poseer el único canal
libre internacional. Era poseedora de un
derecho de transmisión, que no podía ser
bloqueado ni interferido por otras
emisoras del mundo que tuvieran la misma
frecuencia y a las que los convenios
internacionales obligaban a usar antenas
direccionales para no afectar a la
cubana.
Y a
Radio Lavín fueron gentes del Partido a
gestionar su compra.
El
canal no había representado beneficio
económico para los dueños en tanto no
era línea comercial y no generaba
ganancias. Radio Lavín estaba en el
“centro del dial”, con la enorme ventaja
que significa, a la hora de acaparar
potenciales oyentes, que la agujita
tenga que pasar por el punto, al ir de
un lado al otro del cuadrante.
La
ubicación de la emisora, en la calle
Reina 314, era por demás, lugar bastante
céntrico, incluso para La Habana de hoy,
lo que la hacía aún más apropiada.
No
obstante el ramillete de emisoras con
que contaba La Habana, sus dueños
pusieron el muy buen precio de 75 mil
pesos2. Por colecta popular
se comenzó una campaña el 23 de febrero,
desarrollada en tiempo récord, para
recaudar el dinero.
En
definitiva el Partido Unión
Revolucionaria Comunista estaba
comprando dos emisoras en una. La CMCX,
de onda larga, con frecuencia en los
1010 kilociclos y 10 kilowatts de
potencia, y COCX, de onda corta, en la
bande de 31 metros y un kilo de
potencia.
Ibrahím Urbino, famoso locutor de la
época —y uno de los grandes que ha dado
la radio cubana según muchos— fue
designado como el director de general
del naciente proyecto: “construiremos
una organización radial –dijo en el acto
inaugural, el 10 de marzo de 1943— de
verdad al servicio del pueblo (…) a
favor de la mejor cultura y del más sano
e instructivo recreo para nuestras
masas”.
No
fueron palabras demagógicas.
El
primero de abril de 1943, se lanzó al
aire la primera programación diaria, de
18 horas con el lema “Todo lo bueno al
servicio de lo mejor: el pueblo.”
Poco
después el nombre oficial fue el MIL
DIEZ, por la frecuencia que usaba. Junto
con la COCO, propiedad de Casas Romero
—que optó por la obra "El mambí", del
propio Casas Romero— la MIL DIEZ escogió
para su identificación un tema cubano,
en contraste con el resto de las plantas
de radio donde proliferaban los temas
extranjeros. La pieza cubana, "La
Bayamesa" —aquella compuesta por Luaces,
Castillo y Carlos Manuel de Céspedes, El
Padre de la Patria— fue la elegida.
La
copiosa información que reúne Oscar
Luis López en su La radio en Cuba —sobre
todo desde la página 295, hasta más allá
de la 320—, dan fe de la extraordinaria
labor que realizó el staff de la planta,
los colaboradores y otros muchos que
incidentalmente hicieron parte de labor
por hacer llegar al pueblo lo mejor de
la cultura cubana y universal.
Entre
otras acciones culturales de anchuras
fundacionales3, la emisora
creó una orquesta —bajo la batuta de
Enrique González Mántici—, por la que
pasarían muchos músicos de reconocido
prestigio y que de sus primeros 16
músicos, llegaría a tener 30
ejecutantes.
Oscar
Luis López se pregunta sobe el paradero
de aquellas partituras —y otras—
desaparecidas lamentablemente desde el
día en que clausuraron la MIL DIEZ.
“…Por
sobre toda divergencia, por sobre toda
oposición a su estilo, que era el del
movimiento político que la creara
—admitió López en la obra anteriormente
citada—, se impone el hecho de que fue,
en su tiempo, la expresión radiofónica,
alta y calificada, de la independencia y
de la soberanía nacionales, del
antifascismo, del socialismo, el
comunismo y de internacionalismo
proletario.”
“Pero, a la par, constituye, la
reestructuración revolucionaria de la
organización radial, trasformación del
tono y del estilo de expresión y del
empleo de los medios técnicos
radiofónicos, cuyos modelos importados e
impuestos como lo único superior,
procedía, como hemos dicho, del mercado
norteamericano y su esquema mercantil.”
Notas:
1 Su antecesora fue la
CMX, también fundada por la familia
Lavín y situada en La Habana Vieja:
Difusora fundamentalmente de sones,
guarachas, tangos y el trabajo de
trovadores CMX tenía, según dicen, gran
audiencia en horas de la mañana.
2
Según OLL, los
precios en la compraventa de emisoras
inmediatamente se dispararon, elevándose
a varios miles de pesos.
3 La lista de artistas
exclusivos, que luego serían gloria de
la cubanidad es extensa e inscribe lo
mismo a los tríos Matamoros y
Calongué, que a Miguelito Valdés, Elena
Burke, Zoila Gálvez y María Cervantes,
por solo citar a varios del ámbito
musical. |