Año VI
La Habana

8 al 14
de SEPTIEMBRE
de 2007

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Causas sin azares

Pedro de la Hoz • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

Ante la obra de Pedro Pablo Oliva, el espectador nunca debe confiar del primer golpe de vista. Detrás del mundo fabular, de las aparentes alegorías, del goce provocado por el equilibrio armónico de las formas, su pintura nos revela tramas sutiles que trascienden el impacto emocional, meramente gustativo, y nos conducen a la especulación reflexiva.

Nada es casual en la superficie de sus cuadros. Observemos, para empezar, esas obras suyas donde el hombre se enfrenta a su destino: una y otra piedra descomunal sobre su cabeza. Puede ser un ángel, solitario en la cima de una montaña, como en un memorable óleo de 1996, o una pareja de diminutos enamorados. Mientras Salomón, el singular personaje de Santiago Chago Armada, se debatía ante las disyuntivas de la existencia, las criaturas de Pedro Pablo sienten sobre sí todo el peso de esa angustia y al mismo tiempo incitan a sobrellevarla. Nueva versión de los trabajos de Sísifo, un hálito prometeico recorre estas figuraciones matizadas en su intencionalidad por una atmósfera lírica que el artista nunca abandona.

Al fin y al cabo el artista suscribe: “Amo las espacios donde el hombre se encuentra con él mismo, cuando viaja con gozo por el tortuoso cauce del pensamiento, como una hoja por el turbulento paso del río”.

Evoquemos la estricta composición de una pequeña obra, como Dulce figura, que exhibió en 2002 para acompañar, junto a otros artistas, el sensible documental de Belkis Vega Viviendo al límite. Apenas unos trazos de lápiz y el leve resplandor de la acuarela sobre un fondo blanco para transmitir las vibraciones y los retos de la soledad. Alguien por entonces habló de un rejuego con el arte ingenuo cuando en realidad se trataba de una pregunta, de una simple y desgarradora interrogación sobre la vida misma.

Tampoco deben leerse de manera lineal los planteos “literarios” recurrentes en sus pinturas. Situémonos, por poner un caso, frente al muy reproducido cuadro "La extraña historia de un niño que dormía con un pez". La subversión de los tópicos narrativos se presiente por debajo la candidez con que se enuncia la historia, como una especie de contrasentido del testimonio visual más evidente. Cabría estudiar, a partir de este y otros ejemplos, el aporte de Pedro Pablo a la deconstrucción de los relatos costumbristas que de uno a otro continente forman una trama vigorosa en la visualidad figurativa cubana.


El artista y su modelo

Como también tendríamos que sopesar en el artista su vocación por repleantearse ciertas convenciones pictóricas. La infinita y tierna ironía que aflora en el óleo "El artista y su modelo" sobrecoge por la deslumbrante precisión con que le da otro sentido a esa relación.

Todo esto tiene un denominador común: la esencia escrutadora del arte de Pedro Pablo Oliva, actitud ética que se encauza en un ejercicio estético sobradamente ponderado por la crítica. Cuando un artista nos convoca para compartir inquietudes y no certezas, mucho debe importarnos.               

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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