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Isabel Monal:
Buenos días, Samir, usted es reconocido
internacionalmente, entre otras razones,
por su contribución al desarrollo de la
economía política marxista. ¿Cuál es la
visión que usted tiene hoy sobre su
propia contribución en este campo?
Samir
Amin: Buenos días, Isabel, y
muchas gracias por esta invitación.
Empieza usted por una pregunta de una
dificultad tremenda. Seamos modestos.
Desde hace unos cuarenta años tal vez,
efectivamente, he estado ocupado en una
única cuestión: cuál es el futuro de los
pueblos de Asia, África y América Latina
más allá del capitalismo, porque de lo
que estoy convencido es de que la
expansión mundial del capitalismo se
encuentra en el origen del subdesarrollo
y la idea de que el capitalismo
ofrecería una oportunidad a los pueblos
de Asia, África y América Latina que
supieran aprovecharla para poder
"alcanzar" a los países capitalistas
desarrollados de América del Norte,
Europa y Japón, y convertirse en su
imagen –incluso aunque esta imagen no
sea necesariamente entusiasmadora–, me
parece una idea desmentida por la
historia y sin fundamento teórico capaz
de sostenerla. Por consiguiente, la
polarización, es decir, la separación
cada vez mayor entre los países de los
centros capitalistas dominantes y el
resto del planeta, asiáticos, africanos
y latinoamericanos, es el producto de la
expansión mundial del capitalismo.
En este sentido he llegado a la
conclusión, tardíamente, de que el
imperialismo no es una fase –la fase
superior del capitalismo–, sino una
característica permanente del
capitalismo desde sus orígenes. A través
de las relaciones de amistad y de
cooperación que he desarrollado desde
hace más de treinta años con los
compañeros de América Latina, supe y
comprendí que América Latina había sido
el primer gran producto de esta
fabricación de la desigualdad a escala
mundial. En estas condiciones no tenemos
futuro en el marco de la lógica del
desarrollo capitalista que fue, es y
será un desarrollo imperialista, al
menos en el futuro visible.
Por lo tanto estamos condenados –y me
siento feliz por ello– a convertirnos en
socialistas, a salir de la lógica del
capitalismo. No hay otra vía para
nosotros y, efectivamente, todas las
grandes revoluciones de los tiempos
modernos y los grandes movimientos que,
sin ser revoluciones, han cambiado la
faz del mundo, son el producto de esta
confrontación. Son los casos de la
Revolución Rusa, que se produce en un
país atrasado del sistema capitalista
europeo; luego la Revolución China y la
Vietnamita, y la Revolución Cubana, la
única hasta el momento en el continente
americano. Los movimientos nacionales de
liberación obligaron al imperialismo a
hacer concesiones y a reconocer la
independencia política de los países que
en la historia moderna habían estado
sometidos a un estatus colonial y
semicolonial, para emplear la muy justa
expresión de Lenin. China, India, el
imperio otomano, los países árabes, el
África negra se enfrentaron a ese mismo
problema y estos grandes movimientos
nacionales fueron una forma menos
radical, tal vez absolutamente nada
radical, de respuesta de los pueblos de
Asia y África a este desafío, que
también han tenido que enfrentar los
pueblos de América Latina desde su
independencia, pues con la doctrina
Monroe estuvieron sometidos a una
concepción de la construcción
capitalista que los subordinaba a los
patrones norteamericanos.
Estos países respondieron a su manera:
hubo grandes revoluciones, sin ser
revoluciones socialistas, como la
revolución mexicana de las décadas del
diez y del veinte, y hubo experiencias
que llamo de "populismo nacional", como
el peronismo y otras, dentro de la
lógica del capitalismo, pero también
cuestionando, mediante una confrontación
más o menos directa, al imperialismo
dominante, esta relación desigual. Estos
movimientos no demostraron que fueran
capaces de avanzar más allá de los
límites, bastante estrechos, impuestos
por la lógica del sistema capitalista.
Fue Cuba el país que ofreció la vía
nueva para América Latina, con una
revolución tan grandiosa como las
revoluciones rusa o china, incluso si
por el tamaño del país esto no tuviera
el mismo peso, aparente, en las
relaciones internacionales.
Continuamos enfrentándonos al mismo
problema. En primer lugar, hay
retrocesos: la Revolución Rusa llegó a
lo que ya sabemos, para conducir al
hundimiento de la primera experiencia de
ir más allá de la lógica del capitalismo
y China ha emprendido un camino sobre el
que podemos plantearnos muchas
interrogantes. Cuba resiste con éxito.
Recuerdo que todos los pronósticos
después del desplome soviético a inicios
de los años noventa coincidían en que a
Cuba le quedaban algunos meses y era el
criterio no solo de enemigos, sino de
amigos que lo sentían, pero pensaban que
Cuba no tendría la capacidad de
resistir. Cuba resistió y pienso que
resistirá. Estoy convencido de que habrá
una segunda ola de grandes movimientos,
quizás revoluciones, o grandes proyectos
de recuperación del socialismo mundial.
I.M.:
Su respuesta me lleva directamente a la
siguiente pregunta: luego de lo que se
ha llamado "la caída del muro" o, para
ser más exactos, la desaparición del
socialismo en Europa Oriental, el
concepto de imperialismo, y hasta el
término, había casi desaparecido,
incluso entre autores marxistas. Hoy,
una parte de los autores marxistas
consideran que se trata de un nuevo tipo
de imperialismo y otros de una nueva
fase. ¿Cuál es su posición en cuanto a
esto y qué caracterización podría hacer
usted para el imperialismo actual?
S.A.:
En una sola frase que desarrollaré a
continuación puedo decirle que estamos
todavía en el imperialismo, porque el
capitalismo no puede ser otra cosa,
pero es una nueva fase del imperialismo,
que se presenta con características
nuevas en cada etapa de la historia, que
no es la misma desde 1492, cuando, no
muy lejos de aquí, el primer europeo
puso los pies en este continente. Hay
elementos fundamentales comunes, pero
también nuevos en cada etapa. Estoy
convencido de que hay elementos nuevos
muy importantes. La nueva fase
capitalista-imperialista no es la
continuación de la fase anterior, sino
que presenta características nuevas.
El imperialismo, a través de los siglos,
cuatro siglos y medio o cinco, se ha
conjugado siempre en plural, de modo que
no se puede hablar del imperialismo,
sino de los imperialismos, es decir,
centros capitalistas dominantes en
conflicto casi permanente. Conflictos no
solo de competencia económica, sino
conflictos políticos y militares casi
permanentes. No leo esta historia como
una historia de hegemonías sucesivas,
como otros, que habrían sido aceptadas
durante cada una de las fases sucesivas
por el conjunto de los centros
capitalistas, sino como una historia
fundamentalmente de conflictos. De modo
que si Marx dijo, y tenía razón, que la
historia en los tiempos modernos puede y
debe leerse como la historia de las
luchas de clases, puede leerse también,
y no es contradictorio, como la guerra
permanente entre los centros
imperialistas y como la rebelión
permanente, lo que no es siempre una
revolución, de los pueblos sometidos de
la periferia.
Creo
que fue el Partido Comunista chino el
que hizo una modificación a la frase
"Proletarios de todos los países,
uníos", al decir "Proletarios de todos
los países y pueblos sometidos, uníos" y
creo que es muy justa, pues ha dado una
nueva dimensión mundial al proyecto al
mismo tiempo antimperialista, pero
también anticapitalista, porque un
antimperialismo consecuente no puede ser
como lo han intentado las burguesías
nacionales, cuando han existido en
nuestra historia, que han tratado de
salirse de la sumisión al imperialismo
dentro de la lógica del capitalismo.
Lo nuevo es que se ha constituido lo que
llamo el "imperialismo colectivo de la
tríada". La tríada son Estados Unidos, e
incluiría a su provincia exterior
canadiense, Europa –aunque no sé dónde
situar exactamente las fronteras, si
antes o después de Polonia– y Japón.
Después de la Segunda Guerra Mundial
todos los gobiernos, las clases
dirigentes de los países de América del
Norte, Europa –hasta la frontera de la
"cortina"– y Japón, se unieron en un
solo campo, en una alianza estrecha: el
imperialista, dominado abiertamente por
Estados Unidos, con sus construcciones
militares: la OTAN para Europa y la
Alianza militar del Tratado de San
Francisco con Japón. Se podría creer que
la razón de este alineamiento sería que
después de la Segunda Guerra Mundial
Estados Unidos, único beneficiario con
la guerra, estando devastados Europa y
Japón, se presentaba con una ventaja
económica aplastante sobre los demás. El
50% de la producción industrial mundial
estaba concentrada en Estados Unidos y
además tenía también una ventaja
militar: la bomba atómica, que habían
usado para aterrorizar al mundo entero y
decir que eran los dueños.
Al mismo tiempo, las burguesías europeas
temían, no sin cierta razón, a su propio
pueblo, lo que llamaban "el temor al
comunismo". Lo presentaban como el temor
a la Unión Soviética, pero esta no tenía
la intención de invadir a nadie, incluso
si un tiempo después cometió el error de
invadir Afganistán. Fue un error, no un
crimen, lo que es muy diferente.
Se podría creer que se trataba de estas
razones políticas, sin embargo
rápidamente Estados Unidos perdió sus
ventajas. Desde el punto de vista
económico, en una veintena de años
Europa Occidental y Japón llegaron no
solo a reconstruirse, sino que pasaron a
ser tan competitivos como Estados
Unidos. Hacia 1960 ya esto era una
realidad.
En el campo militar la Unión Soviética
también se había recuperado y era
presentada como la principal amenaza
militar, lo que no era así. Se recuperó
a un costo muy elevado porque el nivel
de desarrollo de la Unión Soviética no
era el de Estados Unidos, pero lo
alcanzó e impuso un bilateralismo, una
bipolaridad militar. Se habría podido
pensar, y muchos lo pensaron en aquel
momento, que los tiempos del
alineamiento en un bloque único del
conjunto de las potencias capitalistas
desarrolladas, es decir imperialistas,
habían quedado atrás y que se volvía a
la buena y vieja historia de conflictos
entre los imperialistas. Pero no fue lo
que pasó. La Unión Soviética desapareció
–yo no pienso, lamentablemente, que el
espectro del comunismo les quite el
sueño a los millonarios actualmente,
aunque volverá– y este bloque parece ser
un sistema imperialista integrado, pues
una existencia de la OTAN no se ha
cuestionado, la existencia de la gestión
económica común del sistema imperialista
como el Banco Mundial, el Fondo
Monetario, la OMC no ha sido
cuestionada. Tienen contradicciones,
pues no hay sistema social que no las
tenga, pero la unidad predomina sobre
las contradicciones en el bloque
imperialista.
Así, debemos interrogarnos sobre algo
muy importante, acerca de lo cual daré
mi respuesta y me gustaría debatirla,
estoy listo para escuchar argumentos en
contra, y es que hay un cambio
cualitativo: hemos pasado a una fase de
centralización del capital que ha
impuesto a las potencias imperialistas,
en plural, el convertirse en un centro
capitalista unificado, el imperialismo
colectivo.
Hace cincuenta años una gran empresa, lo
que se llama transnacional, para
constituirse y aparecer en el mercado
requería una clientela de unos cien
millones de clientes solventes, claro.
Era el tamaño de los mercados internos
de los grandes países capitalistas
desarrollados como Estados Unidos,
Alemania, Francia, Japón.
Hoy, una gran empresa, y tenemos el
ejemplo con Internet, para constituirse
eficazmente requiere un mercado de 600
millones de clientes solventes y esta
cifra solo puede existir si se tiene
acceso al mercado mundial; es decir, no
se puede tener en el mercado interno de
Estados Unidos, o de Europa, que es muy
amplio y mayor que el mercado de Estados
Unidos. Se necesita el mercado mundial.
El segmento dominante del capital, es
decir el capital de los oligopolios
–utilizaré el término de Lenin, que es
más exacto, los monopolios–
transnacionalizados requiere una gestión
que debe ser común del sistema mundial,
del mercado mundial, para utilizar su
lenguaje.
El capitalismo está hecho de
contradicciones y toda empresa
capitalista se encuentra al mismo tiempo
asociada pero también en conflicto con
el vecino, pero esto no les impide tener
intereses comunes. Están en conflicto
mercantil, yo diría, en competencia
permanente, pero también tienen
intereses comunes y son estos intereses
comunes
la nueva base del imperialismo
colectivo. Pero a partir de estos hechos
aparecen dos nuevas grandes
contradicciones: primero, que la
concomitancia que había entre el espacio
de la gestión política y económica en
los imperialismos de las etapas
anteriores, no existe ahora, ya que, por
un lado, existe la necesidad de una
gestión económica del mercado mundial
por el imperialismo asociado, por todas
las transnacionales, pero no hay un
instrumento político del mismo nivel.
Antiguamente había transnacionales
norteamericanas y un estado
norteamericano, transnacionales
británicas y un estado británico,
transnacionales francesas y un estado
francés, transnacionales belgas –las más
pequeñas– y un estado belga. Sin
embargo, hoy existen simplemente
transnacionales, mientras que no existe
un estado que las integre. Esta
dicotomía es el origen de
contradicciones violentas como las que
aparecieron con la cuestión de la guerra
de Iraq, y en mi opinión van a
desarrollarse, lo que es algo bueno. No
hay estructura política común, sino
embriones. Giscard d’Estaing inventó el
G-7, llamado el Club de los Siete
Bandidos, los siete más ricos o los
siete jefes de Estado, es decir los
representantes del imperialismo
colectivo. Hablan en una reunión anual,
de vez en cuando pueden tomar una
decisión común, pero no pueden resolver
en la misma los conflictos entre ellos.
La segunda contradicción es que en esta
gestión común, lo que llamo la cultura
política de cada pueblo, es diferente.
Se habla mucho de eso hoy, se habla de
la especificidad dentro de la
diversidad, banalidades como la
diferencia de lengua, de religión, del
color de la piel, etcétera, pero yo
sitúo la diferencia en otro nivel:
tienen culturas políticas diferentes
porque la cultura política es una
construcción histórica. Es la
combinación de las luchas sociales, de
clases, en el interior de las sociedades
y de las formas de integración de esta
sociedad en el capitalismo mundial. Esto
ha creado culturas políticas que tienen
su especificidad. A partir de este
hecho, la gestión política del sistema
mundial por el imperialismo colectivo es
imposible.
I.M.:
Entonces, Samir, a partir de lo que
acaba de explicar de forma tan
brillante, como es habitual en usted, le
haré la siguiente pregunta. Estamos en
un momento en que el imperialismo de
Estados Unidos ha entrado en una etapa
muy agresiva, en la que hay una
tendencia a la militarización de las
relaciones internacionales y se utiliza
en Estados Unidos, como justificación de
esta agresividad, los atentados
cometidos por grupos islámicos
extremistas. ¿Por qué esta agresividad
extrema?, ¿es una cuestión solamente de
los llamados halcones o hay una
explicación más profunda?
S.A.:
Efectivamente, es una evidencia
cotidiana que la gestión de ese sistema
contemporáneo que yo llamo "el
imperialismo colectivo de la tríada"
–gestión económica y política de esta
etapa nueva del capitalismo y el
imperialismo–, ha entrado en una fase de
militarización, de guerras que
continuarán, estoy convencido. La de
Iraq comenzó exactamente en 1990, es
decir, inmediatamente después del
desplome de la Unión Soviética, con la
guerra del Golfo. Luego vino la serie de
guerras de Yugoslavia –Bosnia, Kosovo,
quizás mañana la de Macedonia-, de Asia
Central, y prefiero llamarlas así, más
que la guerra de Afganistán, porque el
objetivo del imperialismo norteamericano
no son las montañas secas de Afganistán,
sino el petróleo del Asia Central ex
soviética y la última, la de Iraq, con
una cantidad de amenazas posteriores, de
una violencia extrema, contra Irán,
Corea del Norte, Cuba. Esta
militarización es un hecho, ahora bien,
¿qué conclusión debemos sacar para hacer
frente al desafío?
Esta opción es la de la clase dirigente
de Estados Unidos, y digo de la clase
dirigente, no del grupo de Bush
solamente. La misma política fue
practicada por Clinton, entre Bush padre
y Bush hijo y probablemente la misma
estrategia será aplicada por cualquiera
que sea el presidente de Estados Unidos
mañana, a no ser que el pueblo de
Estados Unidos la haga fracasar y no lo
veo como una gran probabilidad en este
momento. Es por lo tanto la opción de la
clase dirigente en su conjunto, con
métodos diferentes, con las aparentes
palomas y los verdaderos halcones. Ayer,
Chomsky demostró aquí que se trata de
una política de la clase dirigente,
aplicada de forma muy sistemática, con
fabricación de adversarios, calumnias,
mentiras, en fin todos los medios para
dar una apariencia de legitimidad a esta
opción, que interpreto no como el
resultado inevitable de una superioridad
de la superpotencia norteamericana en
todos los campos, como lamentablemente
cree la opinión pública.
Estados Unidos es visto por los pueblos
del mundo entero no solo como la
superpotencia militar, lo que es
realmente así desde la desaparición de
la Unión Soviética, sino también como la
superpotencia económica: el dólar rey,
el dólar moneda internacional; como la
superpotencia tecnológica –Internet es
norteamericana y todo el mundo lo sabe–;
e incluso como la superpotencia no diría
cultural, sino pseudocultural –los blue
jeans y la Coca Cola para todo el mundo–
que es resultado de una propaganda muy
bien hecha y muy inteligente de los
medios norteamericanos, pero es una
aspiración como modo de vida, en el
mundo entero.
Esta hegemonía es tan aplastante que no
hay más remedio que aceptarla o
"ajustarnos" a ella, de ajustement,
que es el término utilizado por el Banco
Mundial, es decir, someternos a sus
exigencias.
En mi opinión, esto no es en lo absoluto
la realidad. La realidad es que el
sistema económico y social
norteamericano es extremadamente
vulnerable y que el sistema productivo
no es el más eficaz del mundo. La prueba
es que su déficit exterior es creciente
–ha pasado en diez años de 100 mil a 500
mil millones anuales y más en la
actualidad– y alcanza a todos los
sectores del sistema productivo
norteamericano. Es decir, que sin la
apertura de los mercados según las
reglas del liberalismo –que nunca en
realidad se ha instaurado en los
términos de una apertura honesta e igual
de todos los mercados–, Estados Unidos
sería incapaz de ganar la batalla a
escala mundial y la perdería en todos
los campos.
En el campo agrícola la perderían en
competencia con Europa y con el Cono Sur
de Sudamérica. En el campo de la
industria ordinaria, para decirlo de
algún modo, es decir, las industrias que
fueron las básicas en el período
anterior, las industrias fordistas, con
el automóvil como símbolo, serían
vencidos por nuevas potencias
industriales como China, Corea, India e
incluso Brasil. En cuanto a las
industrias de punta, tienen algunas
ventajas que tratan de fortalecer, pero
hay que reconocer que las van perdiendo
y pongo el ejemplo de la aviación, en
estrecho vínculo con las tecnologías
informáticas: el Airbus es muy
competitivo y tal vez superior al
Boeing.
¿Por
qué esa pérdida de eficacia del sistema
productivo norteamericano? Pues por la
naturaleza del capitalismo de ese país
desde hace mucho tiempo. Es decir, el
estado deplorable de la educación.
La mayoría del pueblo norteamericano
tiene niveles inferiores al de los
cubanos en cuanto a educación, en
cantidad y en calidad. La gestión de la
salud es deplorable. Los norteamericanos
gastan el 14% de su PIB en salud y los
europeos ricos el 7% y tienen mejor
salud como promedio y mayor longevidad
que Estados Unidos. Los servicios
públicos, que, en Europa, a pesar de lo
que se habla de la aparente burocracia,
mantienen su tradición de eficacia, no
existen en Estados Unidos.
Estados Unidos es el modelo del
capitalismo abstracto en donde todo debe
ser privado, la negación total de la
idea de bienes colectivos, de servicios
colectivos, la negación de que la salud
y la educación del pueblo son un
elemento esencial no ya de la
solidaridad social, sino de la eficacia
del sistema económico. Por todas estas
razones de fondo, están en decadencia,
pero tienen, lamentablemente, una
ventaja real en el campo militar. Así,
con mucha racionalidad y lógica, han
decidido impulsar este elemento en su
provecho. Cabría la pregunta de por qué
los otros lo aceptan; pues bien, porque
hay un imperialismo colectivo.
Mucha gente y todo el patronato
probablemente en Francia dicen
abiertamente: "Necesitamos una policía
internacional y Estados Unidos puede
producirla, no nosotros. Ellos la
producen por nosotros, trabajan para
nosotros, no solo para ellos." Este es
el punto de vista de los estratos
dominantes del imperialismo en toda la
tríada, que explica la tendencia al
alineamiento o a la sumisión.
El otro aspecto de esta militarización
es que, si incluso en la totalidad de
los países del Sur, como se dice ahora,
lo que yo llamo las burguesías
nacionales han desaparecido, o casi, y
las clases dominantes locales son del
tipo de lo que llamamos en nuestra jerga
"compradores", estas se benefician de la
inserción en el capitalismo desigual tal
y como es. Todos los millonarios
latinoamericanos están muy contentos con
el neoliberalismo y no tienen razón para
no estarlo, pero no es el caso de sus
pueblos, que son las víctimas. Por
consiguiente, la gestión política de
este sistema se ha convertido en algo
imposible por medios normales.
Ayer Atilio Borón dijo cosas muy
interesantes e importantes en su
conferencia. Dado que la democracia, en
el sentido de elecciones pluralistas,
etcétera, apareció en América Latina en
concomitancia con el neoliberalismo,
pierde su credibilidad entre los
pueblos latinoamericanos. Nos dio
cifras: solo el 8% de los argentinos
piensa haber ganado algo con la
democracia. Por lo tanto, la gestión de
este sistema debe emplear cada vez más
medios violentos y el medio violento por
excelencia es la conquista militar en el
caso extremo, con toda clase de fases
intermedias posibles. Esta es la razón
de esta opción de militarización, pero,
al hacerla, la clase dirigente
norteamericana se lleva la mejor parte y
dice: "Ya que somos el único gendarme
del mundo tenemos que satisfacernos
primero." Los otros no son más que
mendigos, aunque bien vestidos si son
europeos o japoneses, o mendigos peor
vestidos cuando se trata de otros, pero
a la larga no son más que mendigos. "Por
lo tanto, todo para nosotros", dicen.
Quizá haya matices en la clase dirigente
norteamericana. El matiz entre "palomas"
y "halcones" es que las "palomas" están
listas para hacer más concesiones, no a
los pueblos, sino a sus asociados, en la
perspectiva de fortalecer la naturaleza
colectiva del imperialismo. En su jerga
hay un término que es "compartir",
compartir responsabilidades y por tanto
ganancias también. Por otro lado, están
los que dicen que el desequilibrio
militar opera tanto en su favor que
deben aprovecharlo, pero todos están
conscientes de que no renunciarán a su
proyecto militar, porque si lo hacen
pierden su posición de potencia
hegemónica y son muy vulnerables.
El poderío económico de Estados Unidos
detrás de su poderío militar, como está
asociado a un déficit, está financiado
por los demás, es decir, por todo el
mundo, en primer lugar por los europeos
y los japoneses, pero también por los
chinos que invierten su excedente de
exportación en el tesoro norteamericano.
También los ricos, como los petroleros
árabes, los idiotas ricos e incluso los
pobres. Incluso Haití, paga su diezmo a
Estados Unidos. Eso es muy vulnerable,
sobre todo si algunos ricos, y pienso en
primer lugar en los europeos, optaran
por otra política –no se trata de que
vayan a salir del capitalismo, pues sigo
en la lógica de las clases dirigentes
actuales–, como invertir sus excedentes
en sus propios países y no en Estados
Unidos. La potencia norteamericana se
desplomaría al día siguiente. Y toda la
violencia, la hostilidad y casi el odio
del grupo dirigente actual contra el
gobierno francés por haber tomado una
posición algo avanzada, viene de ahí. La
clase dominante de Estados Unidos
necesita construir en un tiempo muy
breve un
sistema que llamo "tributario", una
correlación de fuerzas que les
permitiría saquear al resto del mundo
mediante la violencia política y
militar. Transformar el flujo de
capitales que cubre su déficit en una
especie de impuesto fijado para el resto
del mundo mediante el control militar
del planeta, y fue lo que dijo ayer
Chomsky: la estrategia de Estados Unidos
tiene como objetivo, mediante el control
militar del planeta, asegurar un flujo
de capitales hacia Estados Unidos que
les permita compensar sus deficiencias,
no sus ventajas.
En mi opinión esto no durará mucho –y
será el último aspecto sobre este punto–
y muestra un síntoma de senilidad del
capitalismo y del imperialismo, porque
en las fases anteriores del imperialismo
–que siempre ha sido salvaje–, este
destruía y construía. En América
destruyó las sociedades indígenas, total
o parcialmente a veces, pero construyó
la nueva América. En las colonias de
África destruyó muchas cosas, pero
construyó lo que son hoy los estados
africanos contemporáneos. Eso se
expresaba en el plano económico por la
exportación de capitales y cuando se lee
a Lenin se ve que en su época, y fue
solo en su época, el imperialismo era
exportador de capitales, no para hacer
felices a los pueblos, sino para sacar
ganancias. Someter a la explotación era
integrar, de cierta forma, para obtener
ganancias, y esto era una operación de
transformación de la sociedad. Así, la
acumulación de capitales se presentaba
con dos dimensiones: una destructiva y
otra constructiva, pero en su fase
ascendente se puede decir que la
dimensión constructiva aventajaba a la
destructiva.
Sin embargo hemos llegado al punto en
que es la dimensión destructiva la que
toma ventaja y se ha vuelto gigantesca.
No es solo la reducción de todos los
seres humanos al nivel de mercancías al
vender su fuerza de trabajo, sino es
también la destrucción de la naturaleza
–Marx lo había dicho, pero incluso los
marxistas lo habíamos olvidado– y ahora
se redescubre que esta acumulación de
capitales es destructora de la base
natural de la reproducción, incluida la
vida, con todas las amenazas que los
medios contemporáneos dan a la
producción. Pues bien, es destructora de
las culturas, de las naciones. Podrán
decirme que ya lo hicieron al masacrar a
los indios de este continente, y más
tarde la trata negrera fue muy
destructora para los pueblos africanos,
pero, como decía, hubo una
contraparte que fue la construcción de
otra cosa, mientras que ahora es la
dimensión destructora la que ha tomado
ventaja. Esto se expresa en el hecho de
que para mantener el nivel de vida de
despilfarro con desigualdades increíbles
–en Estados Unidos, el mayor país
capitalista del mundo, un 10% de la
población moriría de hambre si no
existiera una distribución gratuita de
alimentos–, tienen que destruir una
buena parte del resto del mundo: es un
estado senil, pero muy peligroso.
I.M.:
En esta peligrosa fase que acaba de
caracterizarnos, ¿qué es lo que los
pueblos o los gobiernos progresistas
pueden hacer? ¿Se podrá verdaderamente
detener el éxito de este proyecto de
destrucción y de explotación enormes?
¿Cuál sería la estrategia, las opciones
para enfrentar este desafío, que permita
la supervivencia del planeta y la
superación de esta explotación
gigantesca que pone a una parte de la
población en condiciones de una tremenda
miseria?
S.A.:
Para ello hay que distinguir la
situación a corto y a largo plazo. A
corto plazo mi opinión es brutal: el
enemigo principal es la estrategia
escogida por la clase dirigente de
Estados Unidos, es decir la
militarización de la globalización. Hay
que derrotar ese proyecto, y eso es
prerrequisito para un avance social y un
avance democrático cualesquiera que
sean, y así se abrirán perspectivas a
más largo plazo. Por consiguiente, en
este momento reunir el máximo de fuerzas
políticas y sociales en el mundo que se
opongan al proyecto norteamericano es el
único objetivo estratégico que se puede
tener. Es la precondición y soy bastante
optimista en ese sentido. Mucha gente se
sorprendió antes de la Guerra de Iraq
por el eje que se dibujaba París-Berlín
y Moscú-Pekín de rechazo al hegemonismo
norteamericano y de la militarización de
la globalización, con grados diversos
y altas y bajas, claro está, como
siempre. A mí no me sorprendió y lo
hubiera preferido más fuerte, más firme,
pero ya comienza, ahí está.
Chomsky lo dijo claramente ayer. En el
momento de la aventura de Afganistán,
Estados Unidos no se sintió moralmente
aislado porque tomó como pretexto el 11
de septiembre, porque Afganistán era
efectivamente el lugar en que se
encontraban todos esos terroristas.
Cuidémonos de decir que los talibanes
fueron formados por la CIA, financiados
por Arabia Saudita y que cuando
combatían a los soviéticos en Afganistán
se les presentaba como combatientes por
la libertad; y que cuando el "horrible"
régimen comunista abrió las escuelas
para niñas solo se habló de una
realización aceptable, pero cuando los talibanes cerraron las escuelas para
niñas no vi a los grandes movimientos
feministas occidentales protestar. Tal
vez dijeron que había que respetar la
cultura local. Era un nido de víboras,
de modo que de cierta forma Estados
Unidos se presentó para un amplio sector
de la opinión en Europa y en el mundo
con el derecho de reaccionar y de ir a
buscar a Bin Laden, a quien no
encontraron, pero esa es otra historia.
En cuanto a la Guerra de Iraq tuvieron
que inventar otros pretextos y pretextos
mentirosos: primero que Iraq tenía armas
de destrucción masiva, y ya se ha
probado que no tenían. Diré, incluso,
que si las hubiera tenido Estados Unidos
no habría atacado. El segundo pretexto
fue que Iraq apoyaba a Bin Laden, lo que
es absolutamente falso y todo el mundo
lo sabe. Las opiniones públicas y
gubernamentales vieron que el proyecto
tenía otro objetivo que era el de
apoderarse de los recursos petroleros
del Medio Oriente, establecer el control
militar de Estados Unidos sobre estos
recursos y, mediante estos recursos,
hacer de Europa su subalterna, de ahí
que algunos países europeos reaccionaran
de forma consecuente. En primer lugar
Francia, que arrastró a Alemania. Estos
países encontraron dos aliados, Rusia y
China, y se establece el eje.
Así, este proyecto perdió la batalla
diplomática, es decir, que no pudieron
darle una apariencia de legalidad, y,
por el contrario, obligaron a Estados
Unidos a violar la legalidad, a decirlo
y a reconocerlo y fue así una derrota
diplomática. Una derrota moral en el
sentido de que nadie en el mundo cree,
salvo en Estados Unidos, donde la
opinión es ampliamente fabricada, que el
objetivo de la Guerra de Iraq es la
democracia, ayudar al pueblo iraquí a
liberarse, en realidad de un tirano, Sadam Hussein, pero un tirano que fue un
aliado cuando hizo la guerra a Irán a
cuenta de Occidente, en los años
ochenta. Por lo tanto, perdieron esta
batalla y están perdiendo la militar,
pues se ve que no podrán establecer un
régimen a sueldo en Iraq, con un mínimo
de apariencia de eficacia, es decir que
pueda administrar el país con una
apariencia de estabilidad. Así, ya se ve
que su lenguaje comienza a ser vacilante
y los conflictos internos en la clase
dirigente norteamericana empiezan a
aparecer en este plano. Por lo tanto,
soy muy optimista en este sentido, pues
este proyecto
norteamericano es demencial y, como
todos los proyectos demenciales, es
criminal. El proyecto de Hitler era
demencial. El proyecto de que Alemania
podría conquistar Europa desde el
Atlántico hasta los Urales, e incluso
hasta el Pacífico, y así dominar el
mundo, era demencial y cualquier persona
razonable de la época lo comprendía, y
por este hecho era obligatoriamente
criminal. Este proyecto es del mismo
tipo y está condenado al mismo fracaso,
pero para derrotar a Hitler fueron
necesarios millones de muertos y no sé
cuál será el costo de este proyecto, con
seguridad será alto, pero será
derrotado.
A largo plazo no hay otra alternativa
que el socialismo mundial y diría,
incluso, que el comunismo mundial, a
pesar de que es un horizonte lejano.
Esto plantea interrogantes gigantescas
en cuanto a estrategia, táctica y
etapas.
Después de la Revolución Rusa, para
Rusia y para el mundo, después de la
Revolución China, después de la
Revolución Cubana, al menos para América
Latina, se podía pensar que las cosas
avanzarían más rápido de lo que
avanzaron y que, por consiguiente, los
países liberados, porque eran países
liberados, podrían construir el
socialismo relativamente rápido y que su
ejemplo se multiplicaría rápidamente.
Es necesario reflexionar sobre todo
esto.
Grandes cosas se hicieron en la Unión
Soviética, en China y sobre todo en
Cuba, pero han alcanzado su límite y
debemos estar conscientes de que no
representan un socialismo terminado,
sino una primera etapa en la larga
transición mundial hacia el socialismo.
En este sentido Cuba es, en mi opinión,
la vanguardia, pero la vanguardia no
puede realizar sola lo que realizará
todo el ejército. Por lo tanto, tenemos
que reflexionar sobre otra visión mucho
más paciente de la perspectiva. No se
construye el socialismo terminado en
algunos años o décadas, mientras que
todo el resto del mundo es gobernado por
las leyes del capitalismo.
I.M.:
Nos queda una última pregunta referente
al islamismo político. Quisiéramos saber
su opinión sobre sus acciones,
posiciones, tendencias, sobre la
confusión existente entre islamismo y
terrorismo, y el papel del islamismo
político en el Medio Oriente.
S.A.:
Seré muy breve. Gramcsi escribió:
"El mundo antiguo se muere, el mundo
nuevo no ha nacido y en la penumbra
aparecen monstruos." Nos encontramos en
ese momento de la historia y hay muchos
monstruos que aparecen. El Islam
político es uno,
pero no el único. Hay muchos monstruos
que son la forma deformada, como todos
los monstruos, de rebeldía de las
víctimas del sistema, pero que no han
logrado constituirse en alternativas
coherentes, racionales y progresistas.
El primer momento es un momento de
rebeldía y, como se ha visto en la
historia, las primeras rebeliones de
obreros se manifestaban mediante la
destrucción de las máquinas. Este es un
momento de rebeldía contra algo que es
espantoso y es esta militarización que
golpea por diferentes razones al Medio
Oriente, corazón del mundo islámico.
Pero esta rebeldía con esta forma es un
impasse. El Islam político no es una
alternativa al imperialismo, es una
forma de sumisión al imperialismo, con
una compensación en el plano sicológico
y, aún más, neurótico, que permite al
sistema imperialista imponerse, pero al
mismo tiempo dar la impresión a sus
víctimas de que se liberan. Hay una
alianza fundamental entre el
imperialismo –y especialmente el
hegemonismo norteamericano– y el Islam
político que fue apoyado, como ya dije,
contra los comunistas malos como en el
caso de Afganistán, contra todas las
corrientes nacionales populistas como
las formas basistas, naserianas, como
las formas religiosas con una posición
social y antimperialista en Irán.
Por otro lado están los etnicismos. ¿Qué
sucedió en Yugoslavia con su
desmembramiento? ¿El establecimiento de
democracias? No. El establecimiento de etnocracias, lo que no es sinónimo de
democracia. Kosovo para los kosovares,
Serbia para los serbios, Croacia para
los croatas, etcétera, son también
fantasmas, monstruos. Hay también
monstruos étnicos en África. Lo que
debemos hacer es construir alternativas
que no sean monstruos, sino que hagan
desaparecer estos fantasmas. Deben ser
construcciones alternativas coherentes y
solo pueden ser socialistas.
I.M.:
Muchas gracias por su amabilidad al
estar con nosotros en esta conversación.
Estoy segura de que todos los colegas
que lean este material sabrán
apreciarlo.
S.A.:
Gracias, Isabel, yo también me
siento muy complacido por haber
participado en esta conversación. Muchas
gracias.
Octubre de 2003
SAMIR AMIN
(El Cairo, Egipto, 1931).
Economista, de orientación marxista.
Reside actualmente en Dakar, Senegal.
Director del Foro del Tercer Mundo, una
asociación internacional formada por
intelectuales de África, Asia y América
Latina y presidente del Foro Mundial de
Alternativas.
ISABEL MONAL
(Sagua la Grande, Cuba,
1931). Filósofa. Premio Nacional de
Ciencias Sociales 1998. Profesora
Titular de la Universidad de La Habana.
Dirige la Cátedra de Estudios Marxistas
Julio A. Mella del Instituto de
Filosofía y la revista Marx ahora. |