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Fernando Martínez Heredia:
Estamos en Caracas, en el Encuentro
Mundial en Defensa de la Humanidad, con
el profesor Emir Sader, es una
oportunidad para sostener una
conversación. Emir, ¿cuáles han sido las
motivaciones y los temas fundamentales a
lo largo de su obra intelectual?
Emir
Sader: Yo comencé mi vida intelectual
junto con mi vida política, tenía 15
años cuando un militante socialista me
reclutó para una organización, me dio un
periódico que se llamaba Acción
socialista, donde había unos
barbudos que habrían hecho una
revolución, habían tumbado a un dictador
en la entonces llamada América Central.
Año 59, Revolución Cubana, fue mi
primera tarea. Creo que desde entonces
comencé a interesarme por la teoría, por
el marxismo, para poder entender lo que
es el capitalismo, lo que es el
socialismo, por qué la gente no tiene
conciencia de lo que es, cómo puede
hacer para tener conciencia de sí mismo,
qué estrategias pueden llevar a la
transformación revolucionaria de la
sociedad, con la perspectiva del
socialismo, que antes era algo muy
lejano para nosotros. Rusia, China, de
repente se acercaban a América Latina.
Tenía quince años en 1959. Creo que mi
vida intelectual —pasando por mi
vida académica– siempre tuvo una
motivación política, ideológica, de
poner el conocimiento al servicio de una
estrategia socialista.
F.M.H.:
¿Y los temas? Recuerdo que un gran tema
de los 60 era la revolución y qué
carácter tenía la revolución, después
las cosas se fueron complicando más.
E.S.:
Pero nada fue tan impactante para mí
como la lectura de La ideología
alemana, comprender la dialéctica en
la que los hombres producen
inconscientemente sus condiciones de
vida, condicionan su conciencia sin
saberlo, pero también tienen la
capacidad —a través del trabajo—
de tomar conciencia y transformar el
mundo. Por eso me regresé a la filosofía
y estudié filosofía en serio. Aunque el
curso no me propició nunca llegar a
Marx, pero hice mi tesis inicial sobre
Estado y política en Marx. La primera
tesis sobre Marx de la Universidad de
Sao Paulo. Entonces inicialmente fue la
idea de la conciencia, de la alienación,
un tema muy presente en los años
60. Pero después vinieron los temas
estratégicos: el tema del estado y la
revolución, leer el Diario del Che,
pensar cómo en América Latina se puede
dar un proceso, estudiar la historia del
movimiento obrero internacional, leer a
Isaac Deutscher con la trilogía sobre
los dramas de la revolución soviética,
de la revolución rusa...
F.M.H.:
Y allí había un choque constante con las
prácticas que lo motivaban, me imagino
que como a tantos otros, volvería
también sobre las ideas y empezaría con
las preguntas propias, con las nuevas
preguntas latinoamericanas y brasileñas,
en este caso, ¿no?
E.S.:
Bueno, recibimos un golpe muy duro con
la dictadura militar brasileña, la
represión y la derrota del Movimiento
Popular, incluso la derrota de la
resistencia militar, que tenía mucha
inspiración en Cuba, en la guerrilla
latinoamericana, pero de repente no
logramos constituir una fuerza
revolucionaria, articulada con el
Movimiento Popular, nos quedamos
aislados, fuimos derrotados
políticamente y, de alguna manera,
derrotados ideológicamente también,
porque desarrollaron una euforia
capitalista, de consumo. Salimos al
exilio varios de nosotros y vivimos la
experiencia chilena. Ahí nos dimos
cuenta de que las ideas solo tienen
fuerza cuando penetran en el pueblo, se
vuelven fuerza material, pudimos vivir
primero en Chile, después en Cuba, yo
tuve el privilegio de vivir la
construcción de procesos sociales
nuevos, de cómo la gente puede
constituirse en sujeto político,
enfrentarse a adversidades y vencer,
aunque Chile de alguna manera fue la
repetición de lo que habíamos vivido en
Brasil. Vivir en Cuba, vivir la
construcción de la revolución
nicaragüense por un tiempo, nos permitió
fortalecer la idea de que la historia
puede ser transformada a partir de ideas
correctas, de ideas justas, de ideas que
están articuladas con la dinámica
histórica.
F.M.H.:
Se salvaba del destino de una parte de
los académicos que anduvo en busca de
temas como el Estado y después se fueron
despeñando, pero también la realidad se
fue poniendo cada vez más difícil en los
ochenta. En América Latina vinieron los
gobiernos civiles pero, a la vez, en el
terreno mundial se produjo un
desprestigio general del socialismo, con
el final de los regímenes de Europa
oriental. ¿Qué significó esto para
usted?
E.S.:
Alguien escribió que un día nos
sentiríamos felices de haber cumplido
20 años en la década de los 60.
Yo me siento contento por eso. Teníamos
la sensación de que finalmente,
nosotros, los de izquierda, seríamos
mayoría, que los valores socialistas
serían mayoritarios. Venían Cuba, Viet
Nam, Mayo del 68, entonces se imponía
la idea de que caminábamos en la
dirección buena de la historia, que no
volveríamos al aislamiento de las
décadas anteriores; entonces, no fue
fácil enfrentar de nuevo una vuelta de
tuercas negativa con el fin del campo
socialista, con las dificultades que
enfrentó el movimiento revolucionario:
aislamiento, divisiones, adhesión de
algunas fuerzas de izquierda, de algunos
intelectuales de izquierda al
liberalismo y al neoliberalismo. Hay que
tener mucha fuerza teórica y moral para
enfrentar eso. Creo que volvemos a vivir
momentos difíciles, difíciles no en el
sentido de que estemos relativamente
aislados, de que seamos minoría, sino
difíciles también en el sentido de que
mucha gente abandonó la lucha, parece
que ya no vale la pena pelear por un
mundo nuevo. Contamos con nuevas
generaciones, pero es cierto también que
contamos con menos fuerza organizada,
con menos capacidad intelectual que
antes. No soy pesimista, en tanto la
hegemonía capitalista en el mundo ha
creado dificultades mucho más grandes
que antes; el capitalismo triunfante no
ha resuelto los problemas de la
humanidad, tenemos una tarea enorme por
delante desde el punto de vista teórico
y político y es construir las
condiciones de una nueva hegemonía a
escala mundial. El socialismo nunca fue
tan necesario, pero nunca tuvo tan pocos
adeptos a escala mundial; la realidad
histórica plantea la necesidad de una
fuerza anticapitalista. El capitalismo
ha traído y trae cotidianamente a la
gente exclusión social, miseria,
concentración de renta, inseguridad, y
siento que la generación nuestra de los
60 tiene como responsabilidad
reponer el socialismo como horizonte
histórico contemporáneo. No solo la
lucha antineoliberal, espero que la
gente sienta la necesidad de que el
mundo en el que vive sea solidario,
humanista, que se contraponga a esa ley
de la mercancía que invade el mundo hoy
día, que no tengamos como futuro y como
destino ser un gran shopping center.
F.M.H.:
A usted le ha tocado casi medio siglo
—si
pensamos en el 59, ya hace cuarenta y
cinco años—,
una trayectoria en la que el mundo
cambió al parecer dos veces, el primer
cambio ocurrió en los 60 y el
segundo en los primeros noventa. Por el
planteo general primero que ha hecho, y
que yo comparto
—no
puedo ser entrevistador nada más en este
caso—,
es de los optimistas históricos, sin
duda; pero desmenuzando un poco la
cuestión, el pensamiento social, ligado
al cambio de las personas y de las
sociedades, sufrió muy duramente desde
mucho antes del final del llamado campo
socialista. Ahora, ¿cómo ve usted la
situación del pensamiento social en la
actualidad y de las tendencias,
posibilidades que tiene respecto a las
necesidades de los seres humanos y de
las sociedades?
E.S.:
Sí, tuvimos el privilegio de vivir
transformaciones extraordinarias en muy
poco tiempo. Entre la Revolución China
—que no es de mi época, año 49—,
y la Revolución Cubana, año 59,
transcurren apenas diez años. Después,
ocurrieron tantas otras cosas en tan
poco tiempo. Ninguna generación ha
vivido, creo yo, tantas transformaciones
hacia una parte, hacia otra, en la
correlación de fuerzas del mundo, como
esta que tuvo el privilegio de vivir los
últimos cincuenta años. Creo que lo que
pasó, en lo esencial, es que durante la
Guerra Fría se dio no solo una
experiencia de enfrentamiento de dos
campos: capitalista y socialista, sino
una experiencia de enfrentamiento de dos
interpretaciones del mundo; para el
socialismo la contradicción fundamental
era entre capitalismo y socialismo; para
el campo imperialista era entre
democracia y totalitarismo y triunfaron
ellos, por el momento. Triunfó no solo
la fuerza política del campo
imperialista, sino la interpretación de
ellos, como si el liberalismo triunfara
a escala mundial. La democracia que
existe es democracia liberal, la
economía que existe es economía liberal
de mercado y eso ha influido incluso en
la izquierda, incluso en el mundo
intelectual. Vivimos un período de
avalancha liberal sin límites.
F.M.H.:
¿Y cómo es posible que ellos
implementasen, durante una etapa muy
dura, una política de genocidio en
nombre de la seguridad nacional, y no de
la democracia, de aplastamiento de las
rebeldías sociales y políticas en
América Latina, y sin embargo digan que
es un triunfo de la variante
democrática?
E.S.:
Es que la visión que tienen ellos es que
América Latina nunca fue tan democrática
como ahora. Hay un pequeño punto rojo
allá en el Caribe que está fuera de
tono, a lo mejor Venezuela también, pero
creen eufóricamente que América Latina
nunca fue tan democrática como en esta
época, porque parten de criterios
liberales. A la pregunta, ¿es
democrático un país latinoamericano?
Contestan: ¿tiene elecciones periódicas?
Sí. ¿Tiene alternancia de partidos en el
poder? Sí. ¿Tiene separación de poderes
de la república? Sí.
¿Tiene prensa libre? —prensa libre
quiere decir prensa privada. Sí. Sello
de democracia. En ese sentido Fujimori
fue demócrata, Haití a lo mejor es
demócrata. Entonces el triunfo de ellos
es imponer el criterio liberal para
decir lo que es democracia. Cuando se
hacen encuestas en América Latina, se
dice que a la gente no le gusta la
democracia. La pregunta no debía ser:
¿te gusta la democracia?; la pregunta
correcta sería: ¿te gusta ese régimen
que tienes? Dicen que no, pero el
problema es que presuponen que eso es
democracia.
F.M.H.:
Esto ha sido una gran victoria de ellos
porque el tema democracia quedó en sus
manos y no en las del socialismo, para
bien o para mal, por razones
históricamente fundadas. Entonces se
apropiaron de eso y le impusieron
también a la izquierda su concepto, la
idea de que democracia es democracia
liberal y hoy incluso de economía libre,
de una economía de mercado. Eso es un
triunfo liberal extraordinario. Nosotros
tenemos que rescatar la trayectoria
democrática del socialismo empezando por
la Comuna de París. No hay mayor
democracia que aquella en la que los
gobernados controlan a los gobernantes,
que los pueden sustituir en cualquier
momento, en que se ejerce la
socialización del poder. Lo que tiene de
gracia el presupuesto participativo es
que la sociedad controle
democráticamente la tributación y la
utilización de los recursos tributados,
acerque la gente al gobierno, al
ejercicio concreto del poder, eso son
dinámicas antiliberales, digamos, y que
son un elemento importante para poder
revertir la situación en que el
liberalismo tiene la iniciativa y es la
ideología dominante hoy, la ideología
liberal dominante, económica y
políticamente.
E.S.:
En cuanto a la relación del liberalismo
con la opresión, creo que nunca quedó
tan claro que las políticas
norteamericanas son liberales en lo
económico y belicistas en lo político
militar; cuando invaden a Irak, invaden
con la idea de hacer una incorporación
de nuevas áreas a la economía de
mercado. La agresividad militar al
servicio del liberalismo económico.
F.M.H.:
¿Piensa que es factible una superación
del neoliberalismo como fase del propio
capitalismo?
E.S.:
No creo que sea imposible, porque hoy en
día hay límites claros para el
neoliberalismo y las condiciones del
socialismo no están dadas, no están
dadas en el sentido subjetivo, es decir,
la idea de la conciencia social, de
fuerzas organizadas, de una cultura
socialista, para que la solución se dé
en el marco de una sociedad de ruptura
con el capitalismo. Si se da un nuevo
modelo hegemónico dentro del capitalismo
será una fase corta, una fase
transitoria porque no creo que el
capitalismo pueda revertir la hegemonía
del capital financiero, no creo que
pueda volver a ser un capitalismo de
regulación, un capitalismo productivo.
Es un cáncer creado por el capitalismo
que le corroe las entrañas. El día que
EE.UU. sea abiertamente víctima
de la desestabilización del capital
financiero, a lo mejor tendríamos
incluso en el imperio una postura
proteccionista, reguladora del capital
financiero, contradictoria, que no será
una fase histórica larga, pero puede que
volvamos a tener una fase
contradictoria, tensa, difícil, con idas
y vueltas. Pero será un momento para el
fortalecimiento de la perspectiva
socialista, tiempo que necesitamos para
reconstruir la cultura socialista, la
organización socialista, porque el mayor
drama que tenemos desde el punto de
vista social es que la nueva clase
trabajadora mundial es básicamente
joven, son subproletarios de las
periferias de las grandes metrópolis de
América Latina, como Sao Paulo, Ciudad
de México, que ya no se socializan en el
trabajo formal, ni en el sindicato, ni
en la asamblea, sino en trabajo
informal. Son trabajadores, pero ya no
podemos tener la dinámica tradicional de
Marx, no son las clases subjetivamente
en condiciones de disputar la hegemonía
del poder, económicamente son
trabajadores, pero la dinámica social e
ideológica que formó históricamente a la
clase trabajadora, no vale para ellos, a
lo mejor su socialización se hace por la
Iglesia evangélica o por el islamismo en
otras partes del mundo y no por la
conciencia socialista.
F.M.H.:
Y el capital no necesita tampoco
implementar programas sociales para
buscar a las zonas intermedias urbanas
como base social para su política, no
habrá previsiblemente ninguna
rectificación en el terreno de las
políticas sociales por parte de los
poderes capitalistas, en las condiciones
de falta de contraposición de fuerzas
populares.
E.S.:
Yo creo que por necesidad propia
necesitan una cantidad relativamente
restringida de trabajadores en la
economía formal, el resto es parte del
proceso de recuperación de plusvalía, de
la acumulación de capital, pero está
informalizado, las empresas se desplazan
a zonas donde tienen fuerza de trabajo
más barata, puede ser México, puede ser
China, Indonesia, Brasil…, con
trabajadores informales. No les darán
derechos sociales mientras no existan
fuerzas para presionar en la dirección
de esos derechos, no necesitan en verdad
hacer este tipo de concesiones. El único
país de América Latina que ha incluido
avances en los derechos sociales es
Venezuela, donde un fuerte movimiento
popular, político, se adueñó del estado
y utiliza al estado en función de la
alimentación popular y del avance en
derechos sociales; en otros países los
movimientos sociales no tienen fuerza
suficiente ni para impedir la
expropiación de derechos sociales que se
ha producido en este período de
hegemonía neoliberal.
F.M.H.:
Entonces, ¿las bases de una forma
democrática de política, con predominio
capitalista, en América Latina, están en
un deterioro progresivo?
E.S.:
Yo creo que el estado ha sido de tal
manera privatizado, que el sector
público es el que puede garantizar
derechos universales. Ha disminuido en
su importancia, como dice Pierre
Bourdieu, siempre hay un brazo derecho y
un brazo izquierdo dentro del estado
capitalista, que es un espacio de
disputa de hegemonías. El brazo derecho
siempre son los equipos económicos, el
banco central, etcétera, y el brazo
izquierdo son los que universalizan
derechos: salud pública, educación
pública. Pero con la retracción del
estado, el deterioro de las políticas
educacionales y de salud pública, en
verdad, ha habido una disminución del
peso del Derecho Universal. Lo que hay
hoy, por indicación del Banco Mundial,
son políticas emergencistas,
focalizadas, fragmentadas y no una
universalización del derecho.
F.M.H.:
¿Y no puede esto significar un
debilitamiento de la hegemonía de las
clases dominantes?
E.S.:
Sí, yo creo que la hegemonía tradicional
que se ejercía a través del estado hoy
está transferida para un mecanismo
privado,
que se articula entre los medios de
información, los shopping centers,
las marcas, la máquina de publicidad, en
general. Es decir, la hegemonía es una
hegemonía general a nivel privado y no a
nivel público, los estados tienen poco
prestigio, la gente no quiere pagar
impuestos, no se tratan con la salud
pública si pueden, con la educación
pública si pueden y, al contrario, quien
crea los valores y socializa a la gente
es el mercado, a través de la
combinación entre medios, especialmente
televisivos y el cine por una parte, y
la sociedad de consumo por otra parte,
que producen una forma egoísta,
privatizada, antisocial, de
socialización.
F.M.H.:
Eso significaría también una
extranjerización de las fuentes
fundamentales de la hegemonía, tanto por
los medios, como por el contenido, y
podría ser peligroso para la dimensión
nacional que siempre ha sido también tan
importante para la dominación de clases.
E.S.:
Sí, está claro que el sistema
educacional fue hecho en base a un
proyecto nacional, de identidad
nacional, de historia nacional, por
ejemplo. Hoy en día yo diría que los
shopping center nos desconectan de
nuestra ciudad, de nuestro país, no te
indican siquiera que calle está del lado
de afuera. La idea es que sea una
cápsula donde uno se conecte a través
de las marcas con California, con Japón,
etcétera. Es el contrapeso o el escape
del mundo propio, donde tú puedes
comprar, comer, dormir, ir al cine, al
banco, parquear el coche, llevar una
vida artificial, desconectada del mundo,
por lo tanto desconectada del país, de
la ciudad en la que uno está. Pero eso
es un consumo para pocos, por lo tanto
no se puede generalizar, entonces no se
puede destruir la identidad nacional, la
vida de la gente. Ahora, lo que sí es
cierto es que aun aquellos que no pueden
entrar a los shopping centers,
reciben la influencia ideológica del
shopping center. Les gustaría
comprar las marcas que son más
atractivas y EE.UU. es fuerte en
el mundo no por los tanques que tiene,
no por valores, sino por la imposición
del american way of life, por la
forma de consumo egoísta,
individualista, materialista que
proyecta en el mundo, entonces esa es su
gran fuerza. Disputan solos, porque
cuando se derribó el campo socialista
las otras formas de vida han
desaparecido, pero no disputan a nivel
global, disputan las mentes y los
corazones, especialmente de los jóvenes,
con lo que es la máquina infernal de
propaganda de consumo norteamericano.
F.M.H.:
Entonces se podría decir que hoy hay una
guerra cultural que es más decisiva
quizás que las guerras que se están
emprendiendo. Ahora, yendo por el lado
de las alternativas, entonces, ¿queda
poco espacio o ningún espacio para
alternativas del tipo de capitalismo
nacional en América Latina?
E.S.:
Yo creo que la identidad nacional sigue
siendo un elemento muy fuerte en la
gente: pensarse, es pensarse como
alguien que forma parte de la historia
de un país, de una cultura, de un
idioma, de una música, del equipo de
fútbol, de béisbol, lo que sea. Sin
embargo, de hecho, afirmar la identidad
nacional hoy supone un marco regional de
integración que fortalezca esa
identidad, es decir, el país que se abre
al mundo sin ningún contrapeso, sin
ninguna integración, negociando –más
todavía los de la periferia del
capitalismo– negociando sus recursos en
suelo internacional, como país solo,
para darte un ejemplo: el caso de Chile,
que hizo un acuerdo bilateral vergonzoso
con EE.UU., que le aliena toda
capacidad de definición de políticas,
hasta políticas de cuotas. No puede
reglamentar nada, ni el medio ambiente,
ni nada. Entonces, creo que un marco de
integración regional propicia un marco
de defensa nacional; el estado nacional
tiene que trabajar en la perspectiva de
construcción de espacios internacionales
más amplios que garanticen su
sobrevivencia, porque la forma de tener
medios de defensa de sus derechos a
escala internacional es tener una
correlación mejor de fuerzas. Lo ha
hecho Europa Occidental, lo ha hecho
América del Norte y América Latina tiene
que hacerlo también.
F.M.H.:
Y entonces, a partir de esta respuesta
suya, ¿qué posibilidades le ve a las
formas actuales de integración
latinoamericana, a su relación con
intereses que se pueden estar formando a
nivel mundial, a las formas que pudieran
ser generales, no de grupos, o sea de
grupos como el surgido a partir de
Cancún o de otros o de relaciones de
tres o cuatro países? ¿Cómo ve esta
situación?
E.S.:
Estamos en el proyecto de construcción
de una enciclopedia latinoamericana,
justamente porque en los últimos 20
años, en particular, la imagen de
América Latina ha sido muy degradada.
América Latina en un análisis
prácticamente económico-financiero, de
corto plazo, ha sido reducida a un
mercado de emergencia, periférico, en
crisis a menudo. Mientras, hay que
destacar los grandes proyectos, las
grandes identidades latinoamericanas,
históricamente construidas,
culturalmente construidas, para pensar a
partir de qué base podemos enfrentar el
nuevo marco internacional y creo que
para eso es indispensable rescatar la
idea de América Latina y el Caribe,
desde luego. Y yo creo que si no hacemos
eso, si no pensamos nuestro espacio
internacional a partir de esa idea, no
tendremos éxito. Es una idea
extraordinaria, América Latina tiene una
cultura integradora, como ninguna
otra región del mundo, tiene una música
común como ninguna otra región del
mundo. América Latina es la región que
más resiste el neoliberalismo en el
mundo. Es la región más inestable y con
orgullo lo decimos, no porque nos guste
la inestabilidad, sino porque no nos
gusta el orden social neoliberal. Hoy
cada país de América Latina es un lugar
donde los movimientos sociales rechazan,
se movilizan, se enfrentan al orden
liberal de mercado. Entonces, es preciso
en ese conjunto resaltar esa idea, para
que la integración rescate,
efectivamente, todas las energías que
tiene el continente. Como dijo García
Márquez, no reconocen el derecho de
construir nuestra literatura y nuestra
música. Tenemos que afirmar el derecho
de construir nuestro destino también. No
importar soluciones que ya demostraron
no tener vigencia en otras partes del
mundo y especialmente en América Latina.
América Latina tiene que crear, a partir
de su propia experiencia histórica, sus
alternativas al neoliberalismo, ese es
el gran tema que está planteado allí.
F.M.H.:
¿Piensa, usted, que la política más
reciente del grupo dominante de EE.UU. puede, por rechazo también, ser
un factor favorable a esta necesidad de
emergencia integradora de identidad
cultural y de identidad de propósitos?
Porque yo estaba recordando, por
ejemplo, el modo como empieza a
recuperarse la idea de una soberanía del
Brasil sobre el Amazonia, a partir de
una idea que puede plantearse un escolar
norteamericano o una universidad
norteamericana de que es un patrimonio
de la humanidad. Puede que a pesar de la
fuerza cultural tan grande que ha tenido
y tiene EE.UU., resulte que su
propia política sea también un factor
que agudice ese despertar, y yo
concuerdo con usted en la idea de que
América Latina es el continente
potencialmente más contradictorio del
planeta.
E.S.:
Sí, yo creo que EE.UU. tiene
fuerza económica relativa, una fuerza
ideológica grande y una fuerza
político-militar muy contradictoria y
creo que cuando ellos fuerzan la
solución violenta de la crisis, cuando
usan su prepotencia a un límite
inaudito, creo que generan reacciones
fuertes. Creo que la experiencia de
Cancún es muy significativa. No se
esperaba que desde el fin del movimiento
del Tercer Mundo, el sur del mundo se
organizara, y bastó una pequeña
articulación para que eso apareciera
como un fantasma en el horizonte,
incluso en aquel momento EE.UU.
y Europa disminuyeron sus
contradicciones, porque el centro del
mundo comprendió que allí surgía un
fantasma más grande, más fuerte, con el
movimiento que implica a países como
India, China, Brasil, México, África del
Sur: es una cosa que los asusta. Eso da
una idea del potencial que tiene el sur
del mundo, la idea de integración del
sur del mundo, como posibilidad de
enfrentar al imperio. Creo que es por
eso que EE.UU. lleva una
política unilateral, o no tiene más
condiciones de hacer una política de
consulta con Naciones Unidas, para
llevar a cabo una doctrina militar
agresiva. Creo que la postura
norteamericana respecto a los países de
América Latina, es una postura
despectiva. El Plan Puebla-Panamá
desconoce la realidad de los intereses
de la identidad del continente. El Plan
Colombia o la Operación Colombia, es una
forma brutal de intentar resolver un
problema cuya raíz está en EE.UU.. La raíz es el mercado de consumo
de drogas. En Brasil fue un choque muy
duro darnos cuenta de que la Amazonia es
el pulmón del mundo; algo que podía
hacernos sentir orgullosos nos produjo
un sentimiento contrario, la idea de que
pertenece a la humanidad –ustedes no son
capaces de cuidar de eso y tiene que
existir una gestión internacional y
mapas que incluso reflejan eso– generó
un sentimiento de defensa, de conciencia
y responsabilidad sobre la Amazonia. El
gobierno Bush tiene ese efecto, el
gobierno Bush se aisló de América Latina
absolutamente, intenta captar países con
proyectos unilaterales de libre
comercio, pero cuando Bush estuvo en
Chile, hubo una manifestación enorme en
contra suya, y mientras venían a hacer
acuerdos con Brasil mandatarios muy
distintos como el de China, el de Rusia,
el de Pakistán, él se tuvo que ir a
Colombia, su coto fundamental, su lugar
esencial, donde pone en práctica su
política privilegiada, con su mandatario
muy querido Álvaro Uribe; es Colombia un
país donde, tan lejos de resolver la
crisis interna, demuestra el grado de
aislamiento, y cómo una política
internacional sensible, amplia, centrada
en países como Brasil, Argentina,
Uruguay, Venezuela, Cuba, nunca tuvo
condiciones tan favorables de propiciar
la integración latinoamericana.
F.M.H.:
Entonces tiene ideas más bien optimistas
sobre la posibilidad de ir tejiendo
nexos, relaciones, experiencias de
integración.
E.S.:
Yo creo que el potencial es muy
positivo, se ha avanzado poco
comparativamente con lo que se puede
avanzar, creo que el MERCOSUR tiene que
volver a plantearse las ideas, sus ideas
originales del proyecto
Brasil-Argentina: Parlamento
Latinoamericano, moneda común
latinoamericana, integración
informativa, cultural, educacional y no
simplemente estar haciendo eso de un
área de libre comercio, no es el
potencial nuestro fundamental, el
potencial nuestro es crear una identidad
latinoamericana. Creo que el presidente
Hugo Chávez tiene muy buenas iniciativas
respecto a la empresa petrolífera
continental, a la televisión del sur, al
banco de la semilla, a poner contenidos
muy diversos en esa integración
continental, no quedarse a nivel de
comercio, ni siquiera a nivel político
institucional, también avanzar en temas
esenciales como la defensa respecto a
los transgénicos, defensa ante el
monopolio privado de los medios, porque
no habrá democracia en América Latina
mientras siga vigente el monopolio
privado de los medios de comunicación.
F.M.H.:
¿Cómo ve la posibilidad de que las
sociedades latinoamericanas en su parte
más activa, más conciente también, se
internacionalicen y tiendan a la
integración?
E.S.:
Creo que ya hay avances en ese sentido,
pero hay que tener gobiernos que los
promuevan, porque la integración de
movimientos culturales, por ejemplo,
supone acuerdos, supone universidades,
supone centros culturales, supone medios
que pueden internacionalizarse. Eso
tiene que pasar por el sector público,
no podemos tener la expectativa de que
integraciones mediáticas privadas van a
generar la integración continental, al
contrario, generan la descomposición,
porque importan contenidos, formas de
noticiero, etcétera, de los países
centrales del capitalismo, inducen
estilos de medios que son consumistas,
privatizantes. Entonces creo que no
podemos tener la ilusión de que los
pueblos pueden integrarse más allá de su
gobierno, creo que tiene que ser un
monumento a la expresión popular,
democrática, pero llegando a conquistar
gobiernos, para la idea de la
construcción colectiva de una
integración latinoamericana.
F.M.H.:
Emir, para mí usted ha sido un caso
ejemplar de intelectual revolucionario.
¿Cómo ve las necesidades de un
pensamiento que hoy tiene no solo que
ser realmente anticapitalista, como bien
decía, no solo antiliberal, sino que
también tiene que ser capaz de
contribuir a nuevas creaciones, que
signifiquen formas de avance hacia la
construcción de alternativas? ¿Cuáles le
parecen que son los problemas
fundamentales para el pensamiento,
incluso las nuevas formas, además de
nuevos temas y cómo también lograr la
multiplicación de participantes que no
sea la multiplicación de un público?
E.S.:
Se dijo en un momento que cuando las
mujeres ingresaran al movimiento de
emancipación de la humanidad, tendría a
la mayor parte de la humanidad. Y yo
diría hoy en América Latina que el tema
fundamental desde el punto de vista
social nuestro es cómo llegar a los
jóvenes y niños pobres de la periferia
de las grandes ciudades. Los niños y
jóvenes pobres son la mayoría del
continente y están fuera y lejos de
nuestras universidades, de nuestras
librerías, de nuestros movimientos
sociales, de nuestros seminarios...
Viven otro mundo, otra vida, tenemos que
ayudarlos a tomar conciencia de sí
mismos, para eso hay que rescatar antes
que todo, eso que estudiaba desde un
comienzo, que es la teoría de la
alienación, que es lo que se interpone
entre una persona y ella misma para
poder entenderse como individuo, para
que no busque
soluciones en la violencia o en las
religiones evangélicas, sino que las
busque en la comprensión social,
cultural, histórica de los procesos
políticos, las razones por las cuales
son lo que son, por qué trabajan y no
tienen los bienes que a ellos les
gustaría tener, por qué no tienen
conciencia de sí mismo, por qué no
tienen la información que necesitan,
etcétera. Entonces creo que uno de los
sistemas esenciales es el rescate de la
teoría de la alienación, porque estamos
no solo en contra de la explotación, de
la dominación, de la discriminación,
estamos en contra también de la falta de
conciencia de la gente respecto a sus
condiciones de vida, condición por lo
demás indispensable para la reproducción
del capitalismo. Además, creo que
nuestras universidades no están
cumpliendo las funciones que debieran
tener; sigue siendo un privilegio estar
en una universidad pública, hay que
hacer que se ensanche la universidad
pública, como dijo el Che un día: hay
que pintar nuestra universidad de negro,
de mulato, de indio, hay que darle un
contenido social profundo, hay que traer
la universidad a los jóvenes, como diría
Bertold Bretch, los que más necesidad
tienen de conocer la verdad, hay que
hacerles llegar la verdad a los que más
necesitan la verdad, que son los más
excluidos, explotados, discriminados,
alienados.
Entonces, esa ruptura de las estructuras
educativas respecto a la masa de la
gente es el otro tema esencial, estudiar
por qué el sistema educacional es lo que
es, cuál es la forma de superación, no
quedarse a la defensiva de que como las
reformas universitarias son malas,
mantendremos la universidad tal cual es.
Eso es una forma de aislarse, de
condenarse a ser una universidad pagada,
como ya hay tristemente en países de
América Latina, universidades públicas
como en Chile, que se pagan como si
fueran privadas. Luchar por la
gratuidad, universalidad, calidad de la
enseñanza, como condición, y eso es
responsabilidad de los intelectuales, de
los profesores, de los estudiantes. No
sé si es el mismo profesor que imparte
las clases y vuelve a su casa, sino
aquel que piensa en el destino del
conocimiento. Somos pagados, remunerados
por los impuestos a la masa de la
población que no tiene acceso al
conocimiento que elaboramos. Tenemos la
ventaja de trabajar con ideas y de tener
conciencia de nosotros mismos, eso nos
obliga socialmente a una responsabilidad
de hacer que ese conocimiento
llegue a quienes lo necesitan, los que
pagan, trabajan, contribuyen y no tienen
retorno, ni siquiera en conocimientos,
en capacidad de comprensión de las
cosas. Esos son algunos de los grandes
temas, creo que América Latina tiene una
de las mejores intelectualidades del
mundo, ha creado las teorías de la
industrialización sustitutiva de
importación, la CEPAL, ha creado la
teología de la liberación y otras tantas
teorías. Tiene capacidad de crear hoy
una teoría de la emancipación humana,
que es lo que necesitamos: luchar para
que la gente se emancipe de la
explotación, de la dominación, de la
alienación, de la ignorancia y eso en
parte es responsabilidad de
la intelectualidad latinoamericana.
F.M.H.:
Bueno, estaba recordando cómo se
multiplicó la matrícula en América
Latina en los 60, setenta, cómo se
expandió el sistema educacional y, sin
embargo, como bien decía, los
trabajadores de hoy, en gran parte,
sobreviven en actividades informales y
sufren de superexplotación y hasta de
autoexplotación en las familias. El
sistema educacional, de instrucción y
educacional, que se formó, tiene que
estar en crisis también porque ya no le
hace tanta falta al sistema, entonces
cómo podría ser si no se acude también a
nuevas formas de entender lo
educacional... Yo estaba pensando en
algo para lo cual Brasil ha sido también
un gran aportador, cuando pienso en
educación popular, entendida no
meramente como una nueva forma que va
sustituir o ponerse en contra de los
sistemas de escolarización, sino como
una forma de concientización. ¿Qué
piensa de la unión de factores, muy
diferentes entre sí, como es la
universidad de la que hablaba usted, la
educación popular y también el gran
problema de una forma cultural, que
tiene una importancia fundamental para
lo que estamos hablando, que es la
política y, por tanto, las formas de
hacer política?
E.S.:
En las últimas dos décadas se ha creado
lo que podemos llamar un mercado privado
de educación, es decir, entre la
privatización de la enseñanza, la
construcción de escuelas particulares de
formación técnica, incluso un fenómeno
más reciente que es la importación de
paquetes universitarios norteamericanos
para el continente, se creó un amplio
mercado privado de enseñanza. El
capitalismo hoy busca en esos sectores
los cuadros que necesita para sí mismo.
No podemos esperar que la demanda
capitalista vaya a renovar la necesidad
de extender la democratización en el
mundo,
al contrario, dejaron deteriorarse la
universidad pública y buscan en sectores
privados los cuadros que necesitan. Yo
creo que el mejor ejemplo que tenemos en
Brasil de la extensión democrática de la
enseñanza del sistema educacional, es el
Movimiento de los Sin Tierra, un
movimiento creado con una educación
universal de calidad, en que la gente
discute el currículum que quiere tener,
impone a los municipios de las
provincias, al Ministerio de Educación
el currículum que quiere tener. Es el
único lugar en Brasil donde todos los
niños están en la escuela y hay escuelas
de calidad. Es una conquista pública, no
es una conquista privada, es una
conquista comunitaria, democrática y es
una comunidad de los "sin tierra", una
escuela de los "sin tierra", es lo
opuesto a un shopping center, es
el lugar donde los valores universales
están afirmados, donde hay derechos
democráticos de discusión de la gente,
donde la búsqueda del conocimiento no es
una mercancía, es un derecho, entonces
esa es la mejor salida que tenemos. Pero
hoy tenemos por delante una nueva etapa
de democratización de la universidad
antimercantil, universalizadora, no solo
para formar profesiones, sino para dar
conciencia humanística a la gente, esa
es la tarea esencial del sector público
latinoamericano hoy día.
F.M.H.:
¿Y lo político? ¿Cómo ve las necesidades
de lo político? Y lo digo
intencionalmente así, dado que hay
también experiencias muy duras, que
tienen que servir de mucho respecto a lo
que no ha debido ser lo político en
procesos que pretenden la liberación.
E.S.:
Bueno, hay una mercantilización muy
fuerte en la política. Hoy día una
campaña electoral no es una campaña
educativa para transformar la conciencia
de la gente, al contrario, los
candidatos tienden a hacer encuestas
para saber qué es lo que la gente quiere
y lo que la gente quiere es lo que los
medios han inducido, lo que Chomsky
llama "el consenso fabricado", entonces
los candidatos terminan adaptándose a lo
que los medios generan en la cabeza de
la gente, es decir, no es un proceso
educacional, como era la discusión
pública en la ciudad griega, sino que es
un proceso mediático, mercantilizado.
Creo, entonces, que el rescate de la
política como forma de emancipación es
indispensable, forma de búsquedas de
soluciones democráticas, colectivas, más
cercano de lograrse en el movimiento
social, que en los partidos políticos.
Los partidos políticos están más
comprometidos con la dinámica de la
disputa electoral, en la que la
victoria, él éxito, conducen a la
profesionalización, en lugar de a la
militancia política, a la
mercantilización en lugar de a los
espacios públicos de debate, a
privilegiar a los medios, en lugar de
privilegiar los comicios, las marchas
callejeras y por lo tanto, a
privilegiar la fragmentación privada de
las personas que ven la televisión, en
lugar de contribuir a la construcción
colectiva de sujetos en la plaza, en las
calles, en los campos. Eso es lo que
falta. El desinterés político hoy día
por las elecciones no es solo porque los
partidos se parecen unos a los otros,
sino porque el proceso electoral no
demanda conciencia, interés, debate,
participación, solo demanda pasividad,
como si se escogiese un producto de
consumo. Entonces todo este rescate de
la política, como forma de lucha por la
hegemonía, de lucha por la emancipación,
de lucha por la construcción de sujetos
colectivos, es una tarea que cabe
también desarrollar a los intelectuales.
F.M.H.:
¿Y piensa, entonces, que tendría que
haber una refundación del partido
político?
E.S.:
Yo creo que hay que promover una
refundación de la política del estado,
es decir, como una extensión de la
ciudadanía, unas formas alternativas de
organización política que no sean
simplemente las institucionales en
función de los procesos electorales y yo
creo que fórmulas como el presupuesto
participativo son muy creativas, porque
implican la organización colectiva y
permanente de la gente, para decidir
prioridades, para acompañar su
aplicación práctica, para presionar a
los gobiernos. Sin esa forma constante
de participación, no habrá democracia.
Hay dos tipos de políticos: los que
ahondan, profundizan la distancia entre
gobernantes y gobernados, privilegiando
la tecnocracia por ejemplo, y los que
disminuyen esa distancia. Creo que el
presupuesto participativo, la
refundación del estado, fundado en la
esfera pública, son formas de socializar
las políticas, socializar el poder y
rescatar el valor de la política, que es
combatir contra el liberalismo.
F.M.H.:
Me gustaría, ahora que nos estamos
acercando al final, si todavía nos queda
la posibilidad, que nos hablara algo
acerca de cómo se puede, en las
condiciones nuestras, acumular cultura
de liberación, cuando la situación de
dominación es tan fuerte y qué
relaciones hay entre estas acumulaciones
y el problema del poder.
E.S.:
Creo que la frase de Marx –"la ideología
que en la sociedad de clases es la
ideología dominante, es hija de la clase
dominante"– y una segunda frase, esta de
Lenin: "sin teoría revolucionaria no
hay práctica revolucionaria", son dos
afirmaciones muy contemporáneas, muy
actuales. Una, para darnos cuenta de la
fuerza que tiene la hegemonía ideológica
de la burguesía y la necesidad de crear
una cultura socialista alternativa. La
segunda, para pensar que hay que tener
núcleos de reflexión estratégica,
socializar la capacidad de reflexión
política, para que no lleguemos como
tantas veces ha sucedido hasta las
puertas del Palacio y deleguemos el
poder en otros, para que las clases
populares se gobiernen a sí mismas,
descubran una forma de autogobierno.
Creo que en ese sentido parece una tarea
difícil, pero según dos versiones
distintas, pero parecidas, de una frase
de Lenin y del Che, la revolución es
cuando lo extraordinario se vuelve
cotidiano. Entonces la revolución es un
momento extraordinario en que la gente
siente, de repente descubre conciencia
de sí mismo, el potencial extraordinario
de transformación que tiene, que el
trabajo no es solo un instrumento de
alienación, puede ser un instrumento de
transformación revolucionaria del mundo
y esa idea descubierta de la conciencia
histórica de la gente, es el gran
milagro, el gran objetivo, la gran
seducción que tiene el marxismo:
propiciar que la teoría se acople con la
práctica. Entonces, eso está contra los
vientos dominantes.
Pero lo que tenemos a nuestro favor es
que el capitalismo socializa cada vez
más a la gente. La mayoría aplastante de
la gente no vive la individualización
que el mercado produce, vive su vida
colectiva, su vida solidaria, su vida
socializada, su vida de trabajo
colectivo, su vida de miseria
colectiva, de sufrimiento colectivo,
desposeída de los encantamientos de la
sociedad burguesa. La mayoría aplastante
de la gente es pobre, es miserable,
tiene necesidad de conocimiento, de
emancipación. Esa fuerza es la fuerza
que tenemos que redescubrir, al igual
que Marx decía que hay que redescubrir
el carácter revolucionario de la
miseria, hay que descubrir el carácter
revolucionario del sufrimiento de la
gente, de la mayoría aplastante
de la gente desposeída, excluida. Creo
que eso es algo que solo la teoría
acoplada a la práctica puede producir y
ese es el momento extraordinario de una
revolución, que se produce solo algunas
veces, pero cuando lo hace, es un
momento de no retorno en la conciencia
revolucionaria del pueblo.
F.M.H.:
Sí, yo creo que hay que agradecerle
mucho tantas ideas expresadas en tan
breve tiempo. Desgraciadamente no nos
queda más, si todavía quisiera agregar
algo antes de despedirnos, le permito la
gracia de escoger usted mismo la
pregunta y simplemente responderla.
E.S.:
No creo que valga la pena la vida si
no es una vida revolucionaria, si no es
una vida a contracorriente de un mundo
miserable que está por ahí. Nosotros nos
debemos a los grandes ideales de los
grandes revolucionarios, los grandes
ideales libertarios de la humanidad.
Vivir para reproducirse como un animal,
no vale la pena. Vale la pena la vida
emancipada, la vida libertaria, la vida
desalienada y yo creo que lo que
podemos hacer hoy es invitar a la gente
a que rescate la idea de militancia
política, de dedicación a las causas
revolucionarias, a los ideales
revolucionarios, eso sí vale la pena. La
vida no pasará en vano si uno entregó su
vida, lo mejor de su vida, no su muerte,
sino sus décadas y décadas de vida,
ojalá cien años que tengamos, a la lucha
por la emancipación de la humanidad.
F.M.H.:
Muchas gracias por esta entrevista,
gracias, Emir.
E.S.:
Gracias a usted.
Diciembre de 2004
Por la izquierda.
Veintidós testimonios a contracorriente.
Selección y prólogo de Enrique Ubieta
Gómez. Ediciones ICAIC-Editorial José
Martí, 2007
EMIR SADER:
Sociólogo y revolucionario brasileño.
Profesor de las Universidades de Sao
Paulo y del Estado de Rio de Janeiro,
donde dirige el Laboratorio de Políticas
Públicas. Director de la revista
América Libre. Actual secretario
ejecutivo del Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales (CLACSO). Autor, entre
otros, del libro La venganza de la
historia.
FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA
(Sancti Spíritus, Cuba, 1939).
Sociólogo, filósofo, ensayista. Premio
Nacional de Ciencias Sociales 2007.
Dirigió la emblemática revista
Pensamiento Crítico (1967-1971).
Presidente de la Cátedra de Estudios
Antonio Gramcsi del Centro Juan
Marinello. Es autor, entre otros, de los
libros: El Che, el socialismo y el
comunismo (Premio Extraordinario XXX
Aniversario de la Revolución de Casa de
las Américas, 1989), Repensar el
socialismo (2001) y El
corrimiento hacia el rojo (2002). |