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Enrique Ubieta Gómez:
Pablo, usted ha participado activamente
en la construcción de una Red mundial de
redes que se ha denominado En Defensa de
la Humanidad. Quisiera pedirle que nos
explicara qué entiende en este caso por
Humanidad y cómo se pretende articular
en la práctica ese concepto tan general.
Pablo González Casanova:
Bueno, yo creo que uno de los
problemas que tenemos es el de saber
leer las palabras que usamos y ver qué
vínculos hay entre palabras tan
generales, incluso tan vagas, tan
indefinidas, como la palabra humanidad,
porque justamente pensamos que una nueva
forma de hablar y de leer el mundo,
requiere que seamos más precisos en el
vínculo de los conceptos generales y de
las acciones concretas actuales. La
palabra “humanidad” se viene usando
mucho en los movimientos
revolucionarios, en el pensamiento
social desde el siglo XVIII, y ha sido
objeto de múltiples definiciones, pero
nosotros queremos plantearnos el
problema, un problema realmente
peliagudo, desde diferentes
perspectivas. No intentar resolverlo a
partir de un solo punto de referencia o
de un solo grupo, o de una sola cultura,
y, a la vez, ver qué tipo de
organización podría articular el día de
mañana eso que llamamos humanidad.
Entonces, hay que hallar un tipo de
definición en las palabras y en los
hechos, en los conceptos
y en los actos, un término que no se
preste a declaraciones pomposas o tan
abstractas que poco tenga que ver con lo
que hace uno en la vida cotidiana, y que
exprese toda su variedad,
comportamientos que podemos identificar,
por ejemplo, en relación a las
civilizaciones ¿no?, en relación a los
niveles de desarrollo, en relación a la
organización de las clases dominantes, y
de las clases subalternas, entonces hay
formas de ver en medio de ese mundo tan
variado ciertas pautas, ciertos cauces,
en los que cabe buscar las
organizaciones del pensamiento y de la
acción que se dan.
Ahora, para poder realizar acciones que
abarquen a eso que llamamos humanidad —y
consideremos provisionalmente que en
ella incluimos a todos los seres
humanos—, para ese tipo de acciones se
nos planteaba un problema, no solo de
organización del pensamiento, sino de
organización de la acción, que,
afortunadamente, estamos en posibilidad
creciente de resolver mediante un tipo
de organización que no se corresponde
con la lógica estatista que prevaleció
en el siglo XIX y prácticamente en todo
el siglo XX, ni con la lógica de la
organización empresarial, clásica o
incluso con la del capitalismo
monopólico, sino con una nueva lógica
que se está extendiendo en todos los
campos de la cultura, de la política, de
la sociedad, de la economía, en la que
el término de redes o de articulaciones,
de grupos que tienen objetivos
parecidos, y que guardan entre sí una
autonomía considerable, ese tipo de
redes que articula grupos autónomos,
está apareciendo como una forma de
organización que permite acciones
conjuntas de personas que tienen
coincidencias en algunos puntos, que les
permiten avanzar al mismo tiempo, a
reserva de separarse y distinguirse en
los terrenos en los que no tengan
afinidades o simpatías. El problema
enorme de juntar este tipo de fuerzas es
realmente superior a la idea de los
frentes populares, es superior a la idea
de las coaliciones de la historia
tradicional, incluso plantea
posibilidades de comunicación no solo
entre las más distintas civilizaciones,
sino en el interior de la misma
civilización, de la misma cultura, en el
mismo país, con el mismo idioma; permite
hacer traducciones porque si los dos
hablamos el mismo idioma, digamos, el
castellano o el español, como decimos
aquí, de todos modos podemos tener para
la misma palabra un uso distinto, un
contenido distinto, y podemos
comunicarnos con mucha más facilidad sin
la presión de
imponer una definición a cada término.
Entonces, con este tipo de
planteamiento, que ya ha sido probado en
organizaciones llamadas complejas, en
que hay una gran interacción entre los
miembros que las constituyen, con este
planteamiento se puede empezar por ver
cuáles son por ejemplo los grupos
lingüísticos de las antiguas poblaciones
colonizadas, que, con las diferencias de
lenguas y todo, tienen una situación
parecida por la herencia colonial, por
la opresión colonial, por la explotación
colonial, y se pueden unir en forma de
redes para acciones conjuntas frente a
la situación colonial y de dependencia y
de explotación y de exclusión que
sufren. Entonces, con este criterio, nos
planteábamos el problema realmente de
una definición teórica y práctica,
ética, fundamentalmente relacionada
con lo que Bolívar llamó el poder ético,
y que tanto desarrolló desde el punto de
vista teórico y práctico José Martí.
Entonces, en realidad este Encuentro de
unas cuantas personas —venían de varios
países de América Latina, de EE.UU.—, un
encuentro que siendo muy pequeño puede
convocar eventualmente a otros miembros
muy distintos a los que estaban allí en
lo individual o como representantes de
organizaciones y puede ir extendiéndose
probablemente al principio a la región
latinoamericana, hacia EE.UU., Canadá,
Europa y será más difícil que se logre
en otras regiones del mundo como África,
el Medio Oriente, los países árabes, el
mundo islámico, China, etcétera, pero de
todos modos la
posibilidad se da porque unos son
vecinos de otros, y de vecinos en
vecinos podemos envolver el mundo.
E.U.G.:
Ese encuentro fundador al que usted
alude fue convocado por un grupo de
importantes intelectuales. Eso también
nos induce a preguntar su opinión acerca
del papel de los intelectuales en el
mundo de hoy…
P.G.C.: Ahí también se nos plantea un
problema del uso del término. Es muy
importante que nosotros cada vez que nos
referimos a un fenómeno nos detengamos y
pensemos si el concepto que tenemos de
ese fenómeno es el que tienen los demás
o no y cuál de ellos estamos usando, por
ejemplo, el concepto de intelectual, de
qué estamos hablando, de los grandes
intelectuales, como decía Gramsci, o de
los intelectuales orgánicos, como él
también dijo, de qué tipo de
intelectuales estamos hablando.
Pensamos que es conveniente, sobre todo
en estos tiempos, considerar tres tipos
de intelectuales: los intelectuales que
trabajan predominantemente en la
academia, los intelectuales que trabajan
en los medios de información y de tipo
cultural, de difusión de la cultura, y
los intelectuales que están al frente de
los movimientos sociales o en los
partidos políticos. Entonces, vea usted
cómo también se va ampliando este
concepto clásico, tradicional, el del
intelectual, y se pasa a un concepto en
que aparecen como trabajadores
intelectuales realmente muchos más de
los que pretenden serlo. Porque con los
intelectuales académicos se nos
planteaba un problema gravísimo, en el
sentido de que iba a ser más fácil
organizar a la humanidad, que a esos
intelectuales. Los intelectuales
académicos es lo más difícil de
organizar que uno se puede imaginar.
Incluso allí nos planteamos otro
problema, y es el de cómo al intelectual
que trabaja en la academia se le puede
hacer participar más en proyectos como
estos. Y pensamos que la vinculación de
las instituciones de educación, de
investigación, de difusión de la
cultura, pueden adoptar programas de
investigación, programas de educación, y
programas de difusión de la cultura, en
contra de los peligros de guerra, en
contra de los peligros de destrucción,
no solo de la humanidad, sino del
ecosistema, que de acuerdo con los
estudios más serios de nuestro tiempo
a todos nos amenazan y que, de hecho,
están generando un miedo objetivo en
todos los seres humanos,
independientemente de la ideología que
tengan, este miedo lo ve usted por todas
partes, existe por ahí, nos rodeamos de
él, todos estamos preocupados por este
futuro incierto al que queremos
enfrentarnos mediante este tipo de
organizaciones que planteen un nuevo
camino de lucha por la paz.
E.U.G.:
Usted ha mencionado en textos recientes
tres objetivos fundamentales en esta
lucha que estamos librando, y los tres
se hacen acompañar del calificativo de
verdadero: verdadera democracia,
verdadera liberación y verdadero
socialismo…
P.G.C.: Nuestra tesis —hemos estado
trabajando mucho sobre el problema
durante muchísimos años—, es que hemos
separado artificialmente la lucha por la
democracia de la lucha por la liberación
y de la lucha por el socialismo. Y esto
ha sido parte de un proceso histórico
por el cual fueron mediatizadas las
luchas por la democracia, las luchas por
la liberación y la lucha por el
socialismo. Y cuando digo que fueron
mediatizadas, quiero decir que
intervinieron factores de mediación,
entre los objetivos y las organizaciones
que buscaban alcanzarlos.
El objetivo de la democracia aparece
universalmente con la Revolución
Francesa, ahora, la Revolución Francesa
está vinculada, desde luego con (y
aparece dentro de la historia del)
capitalismo, pero en nuestra opinión es
un error considerar, pensar, que la
Revolución Francesa es una revolución
burguesa de principio a fin, en realidad
la revolución democrática empezó en
Inglaterra en el siglo XVII y había una
democracia sostenida por la gente del
pueblo de Londres, realmente el pueblo
quería gobernar, pero se alió la
aristocracia con la burguesía y allí
dominó de una manera mucho más patente
de lo que lo haría en Francia la
burguesía. Pero no puede uno decir que
ese proyecto era de la burguesía, pero
lo mediatizó, lo tomó la burguesía junto
con la aristocracia, es decir, las
clases dominantes se apoderaron del
proyecto y, desgraciadamente, le
empezamos a regalar la palabra
democracia, y esto causó trastornos muy
serios para los otros proyectos. Ahora,
en la Revolución Francesa la presencia
popular es mucho más fuerte
que en Inglaterra, se articulan más los
grandes filósofos, como Rousseau, con
los movimientos que surgen del pueblo
francés y hay momentos de experiencias
de gobierno popular que no se habían
dado con anterioridad, que no se habían
dado en Inglaterra. Y esto hace que el
proceso se profundice en todos los
sentidos, incluso en el de la
mediatización de esa enorme oleada
popular, mediatización que se da, por
ejemplo, con la presencia de Napoleón y
de los militares; muchos de ellos
entregaron sus vidas en Europa luchando
contra las aristocracias y contra los
privilegios del viejo régimen, pero al
mismo tiempo se fueron insertando en
relaciones de producción que son las que
van a caracterizar las zonas de opresión
y de explotación a principios del siglo
xix y las que Marx y Engels van a
descubrir en otro campo de dominación,
en otro campo donde hay fenómenos
contrarios a los objetivos de la
Revolución Francesa, de igualdad,
libertad y fraternidad, que son las
fábricas, ahí no hay ni igualdad, ni
libertad, ni fraternidad, y entonces
Marx empieza a darse cuenta de que los
trabajadores o los ciudadanos o los
pueblos no pueden alcanzar los objetivos
de libertad, igualdad y fraternidad sin
plantearse el problema de las relaciones
de producción y de las relaciones de
acumulación.
Entonces viene todo el proyecto
socialista y este proyecto va a
encontrar dos vías para luchar por sus
objetivos, una de ellas es la vía
revolucionaria, que parece perder ímpetu
a mediados del siglo XIX y, por otra
parte, se desarrolla la idea de que a
base de reformas se alcanzará el
socialismo, y esta idea va a ser
bienvenida por dirigentes conservadores
como el propio Bismarck, que empieza a
hacerle concesiones a una parte de los
trabajadores para distinguir a los
trabajadores, por ejemplo, de cuello
blanco, de aquellos que no lo son,
aquellos que están sindicalizados, de
los que no lo están, y se va a ir
desarrollando también más y más un nuevo
colonialismo vinculado al capital
monopólico. Entonces el proyecto
reformista va a ir mostrando sus
limitaciones, no comprende a todos los
trabajadores sino a parte de ellos, esa
parte ya deja de apoyar al resto, se
interesa por sus problemas y por la
solución de sus problemas y se
desentiende de los demás, sus líderes
ocupan posiciones que son fuertemente
criticadas, calificadas de oportunistas,
reformistas, la
palabra se vuelve un calificativo muy,
muy serio, y surge un nuevo proyecto en
relación a los pueblos que empiezan a
ser explotados de una manera mucho más
sistemática, con un nuevo tipo de
empresas monopólicas que aparecen a
fines del siglo XIX y principios del XX,
y ese movimiento tiene dos vertientes,
la de Sun Yat-Sen y lo que va a ser la
Revolución Mexicana, que son dos de las
grandes revoluciones conducidas por
dirigentes que venían sobre todo del
campesinado y que abrazaban sobre todo
las luchas de los campesinos contra el
antiguo régimen y va a venir un
planteamiento que trata de unir la lucha
de los pueblos por su liberación con la
lucha de los trabajadores, que es el
proyecto de Lenin.
Ahora, ¿cómo ocurre el proceso de
mediatización en los dos casos?: en el
caso de los movimientos del nacionalismo
revolucionario se va a dar un proceso
por el cual los países hegemónicos, los
países imperialistas, van a reconstruir
las relaciones de tipo colonial a través
de una experiencia en la que EE.UU. es
pionero, que es la experiencia de la
falsa independencia, en que el imperio
domina a través de nativos a los que
supuestamente eligen sus pueblos, en
unas democracias de ficción, en unas
democracias en que la representación no
es una representación del pueblo sino es
una representación teatral de la
democracia. Parece como si el pueblo
nombrara a esos gobernantes y el pueblo
no tiene nada que hacer, ni en el
nombramiento ni en la política que se
sigue. Entonces viene un problema en las
propias direcciones revolucionarias que
iniciaron las luchas por la
independencia o que hicieron la guerra
de liberación y que va a surgir de las
políticas clientelistas, y de caudillos,
que derivan en el llamado populismo, que
podríamos definir como gobiernos que
tienen bases populares, pero que son
particularmente autoritarios y que van a
entrar también dentro de la historia de
los procesos de acumulación, de tal modo
que poco a poco los líderes, los
dirigentes, la clase política como se le
llama entre los politólogos, entre
algunos politólogos, empieza a
vincularse al capital monopólico e
incluso muchos de los antiguos
dirigentes se convierten en empresarios
y en parte de las nuevas clases
opresoras y explotadoras. Es la crisis
que vemos aparecer en muchos países de
América Latina, y que lleva a una crisis
del populismo particularmente en los
años 60, después
de la Revolución Cubana, cuando
empezaron a desprestigiarse muchos de
estos regímenes populistas y se planteó
la idea de una nueva revolución ya
socialista.
Por su parte la historia del leninismo,
que ya sabemos que derivó en problemas
de mediatización muy serios, no solo por
el autoritarismo de la burocracia que
empezó a ser muy significativo en el
conjunto de la vida de esos países, sino
porque dentro de ese conjunto se hizo
del propio pensamiento crítico que
venía de Marx y de Engels e incluso de
Lenin, un pensamiento oficial en el que
más que ver un instrumento de reflexión
y de crítica, se empezó a ver un
instrumento que disciplinaba a la gente
y la obligaba a pensar de una manera
determinada. Y este dominio del
pensamiento fue tan grave que realmente
al terminar la experiencia histórica de
la Unión Soviética, uno veía a un pueblo
desarmado que no sabía para nada qué es
lo que estaba ocurriendo y que de pronto
pasó de creer que era socialista a creer
que lo mejor era abrir el mercado,
desmantelar el estado, hasta una
situación verdaderamente dramática como
es la que vive el pueblo, o viven los
pueblos de la antigua Unión Soviética.
Entonces, ahí vemos que las tres
revoluciones en el fondo son esfuerzos
distintos por objetivos que son
complementarios unos de otros, y muchas
veces hemos cometido el error de pensar
que la democracia es contraria al
socialismo, y que la liberación
necesariamente es nacionalista. Cuando
esto no es así, aquí tenemos otra vez
que recordar a Martí, que al plantear el
problema de la liberación de Cuba
recordó que Patria es humanidad.
E.U.G.:
En la América Latina actual han
resurgido importantes movimientos
populares, el más reciente de todos es
la explosión social que tuvo lugar en
Bolivia, pero algunos incluso han
llegado al gobierno, en Venezuela o en
Brasil, por ejemplo, ¿cómo usted valora
esta nueva relación de fuerzas en la
construcción de un proceso
revolucionario desde las bases? Quizás
nos pueda ayudar también la experiencia
de los zapatistas…
P.G.C.: Sí, está surgiendo este tipo de
movimientos, creo que tenemos que ser
más cautos al decir a dónde va la
historia del mundo, porque realmente nos
hemos equivocado varias veces, de una
manera tan lamentable, que ahora me
parece que debemos tener un poco más de
modestia al hacer pronósticos, pero
viendo un hecho que parece innegable y
es que en el presente está ya parte del
futuro, sí, me parece que hay distintos
tipos de esfuerzos que se dan: uno,
digamos, por aquellos que luchan en los
partidos políticos y en procesos
electorales y que llegan a los gobiernos
con una correlación de fuerzas
particularmente adversa a sus
ofrecimientos de campaña, una
correlación de fuerzas que constituye un
freno para sus posibilidades de acción y
que, a la postre, los debilita y hasta
puede eventualmente llevarlos a crisis
muy graves. Sería, digamos, el caso de
Lula, que en este momento vemos cómo
cierto tipo de ofrecimientos de campaña
no los está cumpliendo, no siente tener
la fuerza suficiente para hacerlo. Otra
vertiente es, creo, la de Hugo Chávez y
que logra vencer el golpe de la reacción
y de la gente interesada en mantener los
enormes privilegios que significa el
neoliberalismo para todos ellos, vence
ese intento de golpe y empieza a
aumentar sus bases sociales, con reparto
de la tierra, etcétera, y creo que si él
continúa en esa línea las dificultades
para sus enemigos de derrocarlo serán
muy grandes y él marcará una nueva etapa
de lo que anteriormente devino en
regímenes populistas, pero que, ahora,
eventualmente, con toda la experiencia
anterior, si se democratizan, en el
sentido de si se da fuerza todo el
tiempo a las consultas que se le hacen
al pueblo, si se toma en consideración
sobre todo el interés de las mayorías,
si se hace una política de educación
general, o de pedagogía al estilo de
Paulo Freyre, de leer para cambiar el
mundo, yo creo que tiene muchas
posibilidades de hacer una innovación en
las formas de la resistencia ante una
situación tan grave como la que vivimos
y me parece que la izquierda de América
Latina y del mundo está consciente de
este papel, y a pesar de los peligros
que pueda representar este tipo de
planteamiento no podemos nosotros creer
que la derivación populista
sea la única que existe, puede
complementarse todo este esfuerzo con un
proceso de democratización.
En este sentido, con la definición que
nosotros le damos a la democracia: un
auténtico gobierno del pueblo, para el
pueblo y con el pueblo, como dijo
Lincoln en una frase feliz, que es de
las mejores, que expresa lo mejor del
pueblo norteamericano. Porque si
pensamos en serio que es un gobierno del
pueblo, para el pueblo y con el pueblo
entonces estamos completamente de
acuerdo con esa democracia. En la medida
en que este gobierno y otros movimientos
semejantes vayan descansando más y más
en las estructuras democráticas de
gobierno —del pueblo, para el pueblo,
con el pueblo—, y a ellas añadan las
políticas que hemos visto que son
necesarias de pluralismo ideológico, de
diálogo, de no imponer una filosofía
única, de no imponer un pensamiento
único, de tener un respeto por las ideas
de tipo religioso, y por la riqueza de
la vida, pueden marcar un nuevo camino.
Pero yo creo que hay un tercer camino
nuevo que sobre todo se desarrolla en el
movimiento zapatista, me parece, creo
que es el más avanzado en estos
planteamientos nuevos y está vinculado a
otros movimientos populares con
características distintas; no podemos
decir, por ejemplo, que el movimiento
extraordinario que está realizando ahora
el pueblo boliviano para que no le
quiten las riquezas mínimas, las
riquezas fundamentales de su país, tenga
la articulación, la organización
característica del nuevo movimiento
zapatista, pero sí se inscribe dentro de
los movimientos populares actuales,
dentro del movimiento social en América
Latina. Y yo creo que contribuciones de
carácter —sin exagerar, no es porque yo
sea mexicano— pero yo digo que de
carácter mundial, como la de los
zapatistas, hay pocas; hasta ahora se ha
planteado la alternativa
Reforma-Revolución y esa alternativa
agotó una parte de sus posibilidades,
porque, en las condiciones actuales, se
podría decir que en muchas partes del
mundo, se podría emplear aquella frase
“no hay condiciones revolucionarias”,
pues en este momento no solo hay que
plantearse el problema de si hay o no
condiciones revolucionarias, o si se
acepta hacer reformas manteniendo la
independencia y la autonomía de quien
hace las reformas, sino que se
está planteando el problema de construir
una alternativa, un mundo alternativo.
La idea de la construcción de un mundo
alternativo anda por todos lados, es una
expresión que ya se está volviendo un
lugar común, pero creo que donde
adquiere características de una política
muy creadora, con posibilidades de
comprender no solo la articulación de
los pueblos indios y los pueblos de
origen colonial, que son los
descendientes de aquellos que fueron
colonizados por los españoles, por los
franceses, etcétera, sino de muchas
otras organizaciones, yo creo que el
movimiento que representa esa
posibilidad es el zapatismo. Y tiene
características también muy originales
en su manera de formular el discurso
político y de usar el lenguaje. El
discurso político del zapatismo no
corresponde al discurso tradicional
parlamentario o revolucionario, porque
introduce factores de juego y de sentido
del humor que no parecerían serios entre
los revolucionarios tradicionales. En
francés hay una expresión que se refiere
al “espíritu de seriedad” excesivo de
los comunistas franceses. En cambio aquí
aparecen personajes como el viejo
Antonio o como Durito, que es
un escarabajo, que en realidad es una
especie de Caballero Andante, y que
interrumpen al líder y le dicen una
serie de impertinencias, pero que hacen
pensar de nuevo la historia de las
luchas. Y, en el fondo, en el zapatismo
hay a la vez una herencia de todos los
movimientos revolucionarios anteriores y
una innovación. Y esa innovación creo
que consiste sobre todo en la
construcción de un mundo alternativo y
en empezar por hacer la democracia en
las propias organizaciones, el
socialismo como una forma de unión de
hombres libres para decidir sobre la
producción y la distribución del
producto y la liberación como autonomía
y como dignidad de hacer estos objetivos
que se practican entre las fuerzas
mismas que empiezan a gobernar, entre
nosotros mismos, no nada más pedirles a
los demás que hagan la democracia,
pedirles que nos liberen, pedirles que
hagan justicia social, sino que a
nosotros mismos se nos plantea el
problema de la justicia social, se nos
plantea el problema de respetar la
libertad y la dignidad de los demás, de
respetar la autonomía de los demás,
vamos a hacerlo, ¿no?, entonces es la
creación de la alternativa desde antes
de la toma del poder, y la toma del
poder ya pasa a ocupar un lugar
secundario, no porque deje de ser
importante en el día de mañana construir
un poder alternativo de tipo nacional,
continental, global, sino porque el
acento se pone en la construcción del
propio poder de uno como un poder
democrático, liberador, y no emplea
mucho la palabra socialista, tal vez
porque en ese momento cuando surgieron
no era una palabra muy prestigiada con
todo lo que estaba ocurriendo en el
mundo, pero, obviamente, hablan de ella
al referirse a los problemas de
justicia, y al señalar los
requerimientos mínimos a que debe
obedecer un gobierno en relación con la
población excluida, con la población que
no tiene los elementos fundamentales que
un hombre o una mujer pueden tener, o
los niños pueden tener en el momento
actual.
E.U.G.:
Pablo, usted acaba de obtener el Premio
Internacional José Martí que otorga la
UNESCO y acaba de donar ese premio a los
proyectos educacionales en Cuba. ¿Por
qué hay que defender a Cuba?
P.G.C.: Mira, yo creo que la
historia de Cuba dentro de la lucha por
la democracia, por la liberación y por
el socialismo, es la historia del país
que más lejos ha llegado en el alcance
de esas metas. El problema que ha vivido
el pensamiento de izquierda,
revolucionario, progresista, ha
consistido en que, sabiendo que la
dialéctica existe, que las
contradicciones se dan en cualquier
fenómeno humano, muchas veces ha querido
pasar de golpe a la democracia perfecta,
al socialismo perfecto y a la liberación
perfecta y esto es imposible, es
absolutamente imposible, quizás los
ángeles puedan lograrlo, pero nosotros
creo que no podemos lograrlo. Si nos
fijamos muy objetivamente en los
esfuerzos que ha hecho Cuba dentro de
una situación de cerco, asedio, bloqueo,
un país pequeño que no tenía
prácticamente una industria, una
infraestructura, que ha sido un
requerimiento señalado por muchos de los
clásicos y de los autores como base para
lograr esos objetivos, entonces ha
logrado un avance considerable, metas
que ningún otro pueblo ha alcanzado y
esto se confirmó cuando el socialismo de
estado, cuando todas las experiencias
que vivieron no solo la Unión Soviética,
sino China y Yugoslavia, derivaron en
crisis de aquel esfuerzo originalmente
muy valioso, pero que fue mediatizado,
mediado, y al final destruido por los
sucesores de quienes iniciaron el
proceso e incluso por algunos de los que
participaron desde el principio en el
proceso. Y en Cuba hubo algo distinto
que nos explica por qué Cuba sigue
después de la crisis de todos esos
países, a pesar de que es un país
pequeño, ¿cómo lo explicamos, no?
Y entonces sí aparece otro elemento
nuevo, otro elemento muy importante,
creo, en la historia del pensamiento
humano, en que la contribución de José
Martí es fundamental, en que se da uno
cuenta de que José Martí debe ser
reconocido como uno de los grandes
teóricos del poder ético o del poder
moral, que nos permite pensar en un
mundo en que le pongamos un límite a
nuestros intereses particulares, o de
personas o de familias, o de amigos, o
de coterráneos, siempre nos está
presionando para que no nos limitemos a
pensar en esos términos, sino para que
pensemos de una manera más amplia.
Bueno, hay muchos dirigentes del proceso
revolucionario que le dan una gran
importancia a Martí, porque le dan una
gran importancia a la moral y porque le
dan una gran importancia a ese amor por
la libertad del país y de las personas
que Martí representó. Y yo creo que esto
hace de Cuba uno de los ejemplos no solo
de las revoluciones anteriores, sino de
las revoluciones que van a venir. Yo lo
siento así, lo he vivido así siempre,
vengo a este país casi una vez al año,
por lo menos, desde 1960, y uno de los
proyectos que más me impresionan es el
proyecto pedagógico, ¿verdad?, que
acompaña a todo el proceso de la
Revolución Cubana.
Mi primera sorpresa fue explicarme por
qué Fidel hablaba como se dice siete
horas, hasta que por fin me di cuenta de
que hablaba como seis o siete horas
porque estaba enseñando a la gente a
pensar cómo se toman decisiones, que eso
es algo muy raro en los discursos
políticos, porque en general le decimos
a la gente a qué conclusión hemos
llegado pero no le decimos por qué
llegamos a esa conclusión, ni tampoco le
decimos cuáles son las alternativas que
se nos plantearon antes de tomar la
decisión y si hacemos un discurso en el
que pensamos decirle todo eso y además
pensamos en decirles miren esto nos va a
dar buenos resultados, pero no resuelve
el problema completamente, sino que van
a venir otros
problemas, entonces nuestro discurso se
alarga mucho. Y allí empecé a darme
cuenta del carácter de pedagogía
nacional, universal, que empezó en Cuba
y ahora me da mucho gusto que hayan
iniciado este proyecto de
país-universidad, porque yo creo que en
todos los países del mundo todos deben
ser universitarios.
Octubre de 2003
Por la izquierda.
Veintidós testimonios a contracorriente.
Selección y prólogo de Enrique Ubieta
Gómez. Ediciones ICAIC-Editorial José
Martí, 2007
PABLO GONZÁLEZ CASANOVA
(Toluca, México, 1922). Politólogo,
historiador, antropólogo y sociólogo.
Fue director de diferentes centros o
facultades de estudios sociales de la
UNAM, y rector entre 1970 y 1972. Autor,
entre otros libros, de La democracia
en México (1965).
ENRIQUE UBIETA GÓMEZ
(La Habana, Cuba, 1958). Ensayista e
investigador. Fue director del Centro de
Estudios Martianos (1994—1999) y de la
Cinemateca de Cuba (2002—2007). Fundó y
dirigió la revista Contracorriente
(1995—2004). Autor, entre otros libros,
de Ensayos de identidad (1992),
La utopía rearmada (2002) y
Venezuela rebelde. Solidaridad contra
dinero (2006). |