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Mientras llega el Fidelio (fines de
septiembre), el Salón Fidelio Ponce de
artes visuales que acapara la atención
de los interesados e implicados con el
arte, estos días en Camagüey en materia
artística se han limitado posiblemente a
la muestra colectiva Pensar en Fidel
(Galería de Arte Universal Alejo
Carpentier, 11 de agosto - 20 de
septiembre de 2007).
Allí en la casona colonial que por años
ha acogido creaciones de todo tipo,
artistas camagüeyanos junto a otros que
residen —fundamentalmente— en La Habana
entregaron, realizaron y asistieron a
esta muestra homenaje. Por tanto, por
segunda ocasión en el año esa provincia
ha redundado en torno al legado visual e
ideológico de Fidel desde el arte. En
meses atrás había ocurrido con una expo
fotográfica en otra de las céntricas
galerías de esa ciudad.
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Dausell
Valdés: La voz de los
vientos, 2006 Acrílico
sobre lienzo, 65 x 54
cm. |
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Casi toda la casona (galería) contiene
obras mayoritariamente bidimensionales:
fotografías, pinturas y piezas de
técnica mixta. Y aunque se percibe
cierto desbalance cualitativo,
sobresalen algunas, las que tal vez
privilegian esta iniciativa. Entonces,
tenemos cuadros que únicamente expresan
una poética individual, sin vínculo
temático con esta exhibición, mas era
una posibilidad que sus organizadores
habían contemplado para la resultante
final. Así, el tributo sería también a
título personal (firma) en lugar de una
pieza explícita para la muestra. ¿La
sensación ante esto? Cierto respiro para
la mirada que desnuda las paredes del
recinto en busca de la evidencia nueva,
de un rostro, de la metáfora y el
testimonio visuales.
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Agustín
Bejarano-Ernesto
Milanés: Se hace camino
al andar, 2007.
Técnica mixta sobre
lienzo, 90 x 150 cm. |
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Las fotos expuestas: casi todas son
conocidas. Los cuadros: solo unos pocos
aportan y enriquecen ideas al universo
visual afín con Fidel. No obstante, el
público mayoritariamente camagüeyano ha
tenido la posibilidad de percibir en una
galería aristas un tanto artísticas de
una de las figuras imprescindibles de
nuestra historia. Es decir, más allá de
La Habana, la plástica cubana continúa
con el empleo de pigmentos e ideas en
torno al líder cubano con vistas a una
exposición. Y Pensar en Fidel es
una de las varias exposiciones
consagradas a él en este año, desde que
en el 2006 el arte cubano reasumiría
simbólica o directamente el legado de su
figura en términos cuantitativos. Esto
es: más obras artísticas sobre Fidel por
otros muchos creadores de hoy, cuando
hasta el 2006 casi el único que había
persistido por años con esta línea era
el pintor y dibujante Pedro Pablo Oliva,
quien ha sido capaz de concebir poéticos
y sólidos trazos de y en torno a Fidel:
en su mayoría muy poco vistos.
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Obra sin
título de 2004,
correspondiente a la
serie A mis abuelos,
Esmalte cubierto,
67 x 47 cm,
de Oscar Rodríguez
Lasseria |
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Ahora bien, el contacto con las piezas
originales es algo que deberá siempre
aprovecharse, aun cuando se trate de
propuestas que nuestra mente logre
identificar. Ver, comparar y fijar las
proporciones reales de lo nuevo o lo
conocido nunca está de más. ¿Acaso no
ocurre, por ejemplo, con la fotografía
Gigante (2001), de Liborio Noval,
o la pintura La voz de los vientos
(2006), de Dausell Valdés? Una
galería es vía para imaginar otros
senderos para la percepción, tan
acostumbrada a visualizar el arte desde
la copia.
El cuadro de Dausell Valdés, el más
orgánico de toda la muestra, debió
ocupar otro sitio en la galería; pero
sus dimensiones lo impedían. Lástima,
porque a partir de este la exhibición
habría tenido otro curso. Lo veo así
hasta llegar a las soluciones del
octogenario Víctor Moreno, Agustín
Bejarano-Ernesto Milanés, Liborio Noval,
Javier Guerra, algunos de los que
podríamos llamar como pilares de esta
expo.
Felizmente un catálogo fue preparado
para la ocasión. Sencillo, sin mucho
alarde de impresión, pero con decoro y
precisiones que son vitales para un
documento de este tipo.
Por consiguiente, finalizada la expo
algo más (nos) quedará de ella.
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