Año VI
La Habana

15 al 21
de SEPTIEMBRE
de 2007

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Epílogo

El verdadero epílogo de esta historia lo escribirán muchos cuando podamos abrazarlos

Ricardo Alarcón de Quesada • La Habana

 

El descubrimiento de Miami se produjo a finales del siglo XX. No fue obra de intrépidos navegantes sino de centenares de reporteros y camarógrafos. Gracias a la tecnología moderna la barbarie se instaló en los hogares del mundo entero durante varios meses.

Día y noche aparecía en las pantallas de todos los televisores la chusma mafiosa que desafiaba a la Ley, al Gobierno Federal y a los tribunales y se negaba a devolver a su padre a un niño de seis años, que acababa de perder a su madre y era victima del secuestro y el maltrato infantil más publicitado de la historia. Millones de personas vieron y escucharon al alcalde y al Jefe de la Policía, a los legisladores y a los políticos y también a empresarios, clérigos y periodistas locales, todos unidos en respaldo a los plagiarios, aborrecible espectáculo que provocó indignación en la inmensa mayoría del pueblo norteamericano. Grande fue el alivio en todo el planeta cuando, finalmente, comandos especialmente enviados desde Washington tomaron por asalto el lugar, desarmaron a los bandidos y rescataron a Elián González.

Lo que nadie sabía es que, al mismo tiempo, cinco jóvenes cubanos estaban también secuestrados en Miami, llevaban largos meses de incomunicación total y se les castigaba precisamente porque, a riesgo de sus vidas, habían luchado contra esa misma mafia terrorista. Aislados del mundo exterior, encerrados en celdas de castigo durante 17 meses, sin capacidad, sin capacidad para defenderse, eran sometidos a una grotesca y repugnante farsa judicial. Sus abogados trataron varias veces infructuosamente de que el juicio fuera trasladado a otro lugar. La Fiscalía se negó rotundamente. A los Cinco había que castigarlos en Miami, exactamente en esa ciudad que describían para escarnio de la decencia como "cosmopolita y diversa".

La selección del Jurado sería un espectáculo inusualmente revelador. Decenas de ciudadanos convocados al efecto manifestaron sin tapujos sus prejuicios contra Cuba y contra los cinco acusados y confesaron su incapacidad para juzgarlos imparcialmente, o el temor de perder la vida o la de sus familiares si se atreviesen a disentir de lo que exigían los matones que imperan en esa ciudad.

No fue sino hasta agosto de 2005 que los tres jueces encargados por la Corte de Apelaciones de Atlanta para revisar el caso, decidieron anularlo precisamente porque la celebración del juicio en Miami era, para los dignos magistrados, una negación de la justicia que vulneraba principios fundamentales de la Constitución estadounidense. Fue una decisión unánime sólidamente argumentada en un texto de 93 páginas que hoy es material de estudio en varias Escuelas de Leyes de Universidades de ese país.

Un año después, para sorpresa de los especialistas, el pleno del Tribunal de Atlanta, a solicitud del Fiscal General de Estados Unidos, anuló lo que habían decidido sus tres miembros.

Al forzar aquel juicio en Miami, la Fiscalía había incurrido claramente en una conducta dolosa suficiente para que todo el proceso fuera declarado írrito, nulo, sin valor, y en consecuencia debería haber conducido a la inmediata liberación de los Cinco. Hubo muchas otras violaciones y cada una de ellas bastaba para deshacer toda la fraudulenta acusación y poner fin al impúdico proceso.

El confinamiento solitario desde la detención y durante 17 meses, sin justificación alguna y contraviniendo las leyes y las normas carcelarias; la dificultad extrema para comunicarse con el mundo exterior incluyendo sus letrados defensores; la prohibición a conocer las supuestas pruebas que calzaban la acusación, algo que todavía reclama la Defensa hoy en mayo de 2007; los discursos inflamatorios de la Fiscalía que, combinados con la sistemática campaña de la prensa local, buscaban confundir y amedrentar a los miembros del Jurado; las presiones directas que elementos de la mafia miamense ejercieron incluso dentro del edificio del Tribunal y que obligaron a la jueza más de una vez a protestar: Cualquiera de estos hechos, en un juicio normal y conforme a la jurisprudencia norteamericana, habría nulificado los cargos imputados, anulado el proceso y determinado la libertad de los acusados.

A estos hechos se refirió el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU, cuando hace dos años determinó que el proceso contra los Cinco era arbitrario y contrario a las normas internacionales y demandó al Gobierno norteamericano que, conforme a sus obligaciones, pusiera fin a la situación creada.

Cuando nuestros compatriotas están próximos a cumplir nueve años de injusto y cruel encarcelamiento, todavía la Corte de Apelaciones no concluye su revisión del caso.

Seguimos esperando que esa Corte desestime completamente el inventado Cargo 2, conspiración para practicar el espionaje —por el que Gerardo, Ramón y Antonio cumplen cadena perpetua—, que no tiene fundamento alguno, pues a ninguno de ellos se les ocupó ningún secreto. El propio Pentágono en una declaración oficial señaló que nada en este caso había afectado a la seguridad nacional de Estados Unidos, y ante el propio Tribunal de Miami, bajo juramento, altos oficiales norteamericanos, incluyendo generales y almirantes, afirmaron que no habían visto ningún indicio de espionaje o la intención de llevar a cabo algo semejante.

Seguimos esperando que la Corte eche al cesto de la basura el infame Cargo 3, conspiración para cometer asesinato en primer grado —por el que Gerardo encara una segunda cadena perpetua—, pues ante esa misma Corte de Atlanta, en un acto que admitió carecía de precedente, el Gobierno reconoció que no podía probar su estúpida acusación y solicitó retirarla.

Todo lo que he escrito puede comprobarse leyendo las actas del Tribunal Federal de Miami y los documentos referentes al juicio allí realizado, disponibles en Internet bajo el título de este caso, United States versus Gerardo Hernández et al. Ahí también se puede encontrar la clave que explica el disciplinado, uniforme silencio que sobre él imponen los grandes medios "informativos": los Cinco fueron arrestados, acusados y castigados cruelmente por haber penetrado los grupos terroristas que operan impunemente contra Cuba para descubrir sus planes criminales y salvar vidas. Eso fue reconocido, una y otra vez, por la Fiscalía, es decir, por el Gobierno norteamericano, que actuó con tal impudicia porque sabía que contaba con la obediencia de esos medios que se empeñarían por ocultar la verdad.

Este libro, obra de un grupo de los mejores escritores y artistas cubanos, es una hermosa contribución a la batalla que debemos seguir librando hasta que la verdad prevalezca.

A mí la Editorial San Luis me pidió este epílogo, que encaré con sentido del deber y a la vez con la certeza de que no me correspondía. El verdadero epílogo de esta historia lo escribirán muchos. Lo escribirán cuando regresen Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René. Cuando podamos abrazarlos, ya libres, aquí en la tierra por la que sacrificaron sus vidas, para que al final reciban de su pueblo, como en la última canción de los Beatles, todo el amor que dieron.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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