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Si
Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón
pudiera revivir por unas horas, tal vez
diría unas cuantas obscenidades al ver
lo que ha hecho la mercadotecnia con su
nombre y su obra.
Para Nancy Jáuregui, estudiante de Arte
que desarrolla una tesis doctoral sobre
Frida, el panorama acerca de la pintora
se ha banalizado “Todo el mundo dice
ahora que la conoce, pero pocos saben de
su obra artística. Parece que lo que
realmente importa ahora de Kahlo es
sacar dinero, lo que nos alejó de su
verdadero valor como artista”.
Porque junto a los miles de personas que
en el mundo celebran de manera honesta y
respetuosa el centenario de la pintora,
hay otros cientos que medran acerca de
su obra y especialmente su vida.
La niña que nació en
Coyoacán, Distrito Federal, el 6 de
julio de 1907, tuvo una existencia llena
de pruebas muy difíciles: padecer de la
poliomielitis a los seis años ya le
desfiguró el cuerpo: quedó con una
pierna más corta que la otra. Pero la
hecatombe le llegaría en 1925, a los 18
años, cuando en un accidente de tránsito
quedó con la columna vertebral rota,
varias costillas desbaratadas, igual que
una pierna y con un pasamanos atravesado
desde el costado izquierdo hasta la
vagina.
Para aliviarla sufrió más de 30
operaciones, que al final le devolvieron
la posibilidad de caminar pero no le
eliminaron los dolores, que conjuraba
con tequila.
Pero antes de quedar prácticamente
postrada ya era una rebelde: para
molestar a sus familiares y conocidos se
vestía de varón cuando asistía a
reuniones de su grupo social. El padre,
Guillermo, reconocido fotógrafo, la
educó con el fin de que fuera
independiente. Ella, rebelde por
nacimiento, aprovechó esa enseñanza para
imponerse incluso, en
1922 cuando entró en la Escuela Nacional
Preparatoria de México D.F.,
prestigiosa institución educativa, que
ese año abrió por primera vez sus
puertas a las muchachas.
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Fue en la cama, postrada, que comenzó a
pintarse, en una serie de autorretratos
que conocidos hoy en todo el planeta,
denotan los más diversos sentimientos
humanos. En algunos un collar de espina
le amenaza el cuello, en otros un corsé
le sujeta el tronco; en todos, el
sufrimiento y el misterio enmarcan la
obra. “Me pinto a mí misma porque estoy
a menudo sola, y porque soy la persona a
la que mejor conozco”, expresó en una
ocasión y al negar su pertenencia al
surrealismo afirmó, “Yo pinto mi propia
realidad, Lo único que sé, es que pinto
porque lo necesito, y pinto lo que se me
ocurre, sin más consideraciones. Mi
pintura lleva un mensaje de dolor. Ha
completado toda mi vida.”
En una ocasión, obligó a que la llevaran
en camilla a la exposición de pinturas
en la Galería de Arte Contemporáneo.
Dejada en medio de la sala, bebiendo a
pico de botella, entretuvo a los
asistentes con cuentos y chistes, la
prensa casi gritó: “Yo no estoy enferma.
Estoy rota.”.
Pero si su obra hizo que trascendiera,
no fueron menos descollantes sus ideas
políticas y su matrimonio con Diego
Rivera. Defensora de las ideas
socialistas, tanto que en 1954, cuando
murió, su ataúd fue cubierto por la
bandera del Partido Comunista, Frida
defendió la justicia social y luchó por
ella de diversas maneras.
Casada por un intenso amor con Diego
Rivera en 1929, el matrimonio devino
relación tormentosa y lleno de
infidelidades de ambas partes. Se dice
que ella sostuvo romances con Georgia
O'Keefe, María Félix, Leon Trotsky y
Nickolas Muray.
Sin embargo, cuando hablaba de su esposo
decía, “Ser la mujer de Diego es la cosa
más maravillosa del mundo. Yo le dejo
jugar al matrimonio con otras mujeres.
Diego no es el marido de nadie y nunca
lo será, pero es un gran compañero (…)
He sufrido dos grandes accidentes en mi
vida: uno fue en autobús, y el otro
Diego”.
Cuando se haga público el archivo de
fotos y cartas encontradas este año, que
fuera tapeado por Diego, con la
solicitud de que solo se conociera luego
de transcurridos varios lustros después
de la muerte de ambos, se sabrá mucho
más de aquella intensa relación. Por
ahora solo conocemos algunas cartas de
ella:
Diego:
Nada comparable a tus manos ni nada
igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por días y
días.
Eres el espejo de la noche. La luz
violeta del relámpago. La humedad de la
tierra.
El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida
de tu fuente-flor que la mía guarda para
llenar todos los caminos de mis nervios
que son los tuyos
Mi Diego:
Espejo de la noche.
Tus ojos espadas verdes dentro de mi
carne, ondas entre nuestras manos.
Todo tú en el espacio lleno de sonidos -
En la sombra y en la luz. Tú te llamarás
Auxocromo el que capta el color. Yo
Cromoforo - La que da el color.
Tú eres todas las combinaciones de
números. La vida.
Mi deseo es entender la línea la forma
el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu
palabra recorre todo el espacio y llega
a mis células que son mis astros y va a
las tuyas que son mi luz.
Las últimas palabras de Frida en su
diario fueron “Espero que la marcha sea
feliz y espero no volver”. Y no lo ha
hecho desde el punto de vista físico,
pero tal vez del hondón de la noche
sideral con toda la ironía del mundo,
ría a carcajadas, con un vaso de
tequila al lado, viendo cómo su obra y
ella son pasto de medios de prensa y se
la disputan desde todos los bandos, ella
la del alma y el cuerpo rotos. |