Año VI
La Habana

15 al 21
de SEPTIEMBRE
de 2007

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60 cumpleaños de Vicente Feliú

Un brindis con buen Tinto

Fidel Díaz • La Habana

 

Las copas, repletas de canciones, fueron levantadas en la noche de este sábado por cientos de amigos en el cine-teatro 23 y 12, para brindar por los 60 años de Vicente Feliú, a quien sus más allegados llaman el Tinto. El pretexto para la celebración fue el estreno del documental “Donde habita el corazón” del realizador Carlos León.

Cuando entré a la sala ya estaba rodando el documental, cada día que pasa la trova ocupa más espacios en el ámbito cultural y este sábado uno no sabía qué priorizar, por lo que se me hizo tarde. En el centro Pablo estarían trovadores en un homenaje a Frida Kahlo, en el Pabellón Cuba descargaban David Torrens y William Vivanco, la Bienal de Ada Elba Pérez reunía a trovadores en la calle 8 del Vedado, allí donde ella vivió poetizando, y en el Centro hispanoamericano de cultura, el espacio “Verdadero complot” presentaba a un trovador santiaguero que nos dejó boquiabiertos por la excelencia de su propuesta, Rubén Lester. Tuve que desprenderme del encantamiento para salir rumbo al 23 y 12. Entré y en la pantalla Frank Fernández, al piano, acompañaba a Vicente Feliú y Silvio Rodríguez cantando nada menos que “Retorna” de Sindo Garay, como para morir de una trovada. La magnitud de los aplausos me hizo mirar atrás: el cine-teatro estaba repleto.

El realizador Carlos León, trovador al fin y al cabo, buscó y encontró en su obra el alma del Tinto: trovador en su más pura acepción, hombre sencillo comprometido con todo lo humano que palpita en la tierra; alguien que pelea por el amor con su mejor arma, las canciones. Vicente sentado en su casa, junto a la eterna guitarra, habla de la esencia de la nación bebida en la bohemia trovadoresca de siempre, habla de la autoformación del espíritu aprendida del Che; compañero de ejemplo en sus días de internacionalismo en Angola, en Etiopía y en los momentos tan duros de Bolivia. Es precisamente este, un pasaje muy especial en el documental y que, “como quien no quiere las cosas”, describe la estirpe de los trovadores cubanos. Sentados ante una mesa, tomándose un café, Vicente, con Lázaro García y Augusto Blanca, recuerdan una gira por Bolivia, en momentos en que los golpes de estado eran algo cotidiano allí, y una madrugada de gran revuelo en que ellos y Sareskita Pantoja fueron detenidos y golpeados duramente, por el delito de ser cubanos. Ahora ríen, recordando aquellos momentos de manos alzadas, contra la pared y los militares rastrillando las armas y los tiros sonando. Rememoran aquella firmeza aunque para su interior cada cual pensaba en sus amores más entrañables con aire de “todo se fue a la mierda”. Vicente reflexiona sobre la diferencia entre un valiente y un cobarde, que es casi mínima, ambos sienten profundamente el miedo, solo que el valiente es capaz de vencerlo.

Los afectos de Vicente, desde sus Auroras hasta el hermano Santiaguito entrando con él a un estudio a grabar, van pasando en pantalla para dejarnos palpitar por la sencilla profundidad de su poética. El documental, hurgando en el creador, da con la definición más nítida  de un trovador. Vicente, como buscando en el viento las palabras, confiesa  “Soy un trovador conocido, y hasta querido… aunque no famoso, por suerte”.  Y su reflexión va por los caminos de la adulteración, cuando no prostitución, que trae para la verdadera poesía, esta temporada (ya bastante larga) de mercado. Esas trampas paulatinas y progresivas que están bien plantadas en el viaje a la fama, viaje en el que se van esfumando ideas, sueños, honestidad, pues los grandes medios masivos, las empresas discográficas, los privilegiados circuitos de promoción en este mundo, piden en pago el alma. Con el pretexto de “lo que quiere la gente” exigen la esfumación del rostro del creador, porque con él va la memoria de su pueblo, y los mercaderes no están interesados en el espíritu, en el conocimiento, en la sabiduría que despierta el arte. Si quieres ser estrella tienes que entrar en las fórmulas de seudocultura rosa, pues “la gente lo que quiere es despejar” y el arte auténtico “no vende”.  Pero ahí está el Tinto, como el mejor vino, a sus 60, sin fama pero… (o gracias a ello), entre amores, a salvo de ser otro, de ser un “estrella” que es algo así como gozar de la vida que te han tejido en la feria de vanidades; una vida tonta, rodeada de objetos lujosos, y en la que no te preocupa nada, ni siquiera te urge, o te hace temer el verso de mañana.

Como era de esperar, tras la proyección del documental, Vicente tomó su guitarra y fue llamando a escena sus amigos: Lázaro García, Pepe Ordás, Augusto Blanca, el guitarrista Alejandro Valdés y hasta el propio Carlitos León, realizador del documental, —quien fuera también fundador del movimiento de la nueva trova—, compartieron canciones como si se tratara de una descarga en casa.

Con su habitual desprendimiento no se cogió el homenajeado el cumpleaños para sí y cantaron temas de Lázaro García, de Augusto Blanca, y como clímax de la noche emergió una canción con el sabor más entrañable de la trova tradicional que fue ovacionada especialmente por la situación tan peculiar que atraviesa el autor del texto. En ella confluyeron las esencias de la nacionalidad, del ejemplo del Che, de la pasión por la humanidad, de la poesía comprometida que Vicente atesora: 

—“Voy a hacer un tema de esos versos que uno dice: ¡claro que esta es la música! porque los versos tienen eso, uno no les pone música, se la encuentra o no. Y en este caso son unos versos preciosos de un amigo muy querido, Tony Guerrero, uno de nuestros cinco hermanos que están presos en los Estados Unidos por luchar contra el terrorismo. Es un texto de su libro “Poemas confidenciales” y que montamos con Pepe Ordás, desde que le encontramos la música. Le dije a Tony que los versos me recordaban mucho a un poeta de los años 20 y 30 en Cuba y que por tanto la música que le encontré es de un trovador también de esa época. Me recuerda mucho el binomio Sánchez-Galarraga.”

De gran conmoción igualmente resultó verlo entrando a su obra mayor “Créeme” llevando de la mano, o de la voz,  a  su hija Aurorita de los Andes.  

Cumplió 60 Vicente Feliú, entre amigos, de trovas, de los viejos tiempos y de los nuevos, los que se ha ganado con “la utilidad de la virtud”, con su guitarra siempre en ristre como un beso en la frente del poema que vendrá.

Que cumplas nuevas canciones, Tinto, y lo mejor que se te puede desear ya lo dijiste anoche cantando:     

Que me cuenten las vidas que he vivido…

Que me cuenten los árboles, los hijos,

los cantos a los héroes y al amor

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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