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En febrero de 1957 vimos aparecer en la
Redacción del Semanario Zig- Zag
a un adolescente que portaba sus
dibujos. Venía, desde San Antonio de los
Baños a ofrecer sus colaboraciones.
Traía la propuesta de un personaje para
incorporarse a la lucha que el periódico
sostenía, ya abiertamente, contra la
dictadura de Batista. Se trataba de El
Loquito que, al estilo del también
Arigüanamense Abela, utilizaba símbolos
para burlar la censura del régimen. Si
Abela, el Maestro, se valía de bufandas
y velas para alertar sobre la situación
política del Machadato, Nuez, el
discípulo, utilizaba símbolos más
actuales en aquel momento.
Por ejemplo, la ruta 30 que recorría el
Reparto La Sierra, en La Habana;
significaba la otra sierra; la Maestra,
escenario de la lucha del Ejército
Rebelde. El barbudo, obviamente,
representaba a Fidel. Y El Loquito podía
aparecer con el oído puesto en una
sierra para escuchar los latidos de la
Revolución ya iniciada.
Como El Bobo de Abela en el Machadato,
El Loquito de Nuez se convirtió
rápidamente en un singular combatiente
del movimiento insurreccional y Nuez, su
autor, en un vocero de la insurrección.
De eso hace ya 45 años. Y el niño
Arigüanamense, que vimos aparecer en
Zig-Zag, peina canas.
A la entrada de San Antonio de los Baños
El Bobo y El Loquito le ofrecen al
visitante su más cálida bienvenida en un
bello monumento dedicado, no solo a dos
de los más famosos humoristas nacidos en
La Villa del Humor sino, también
simbólicamente, a la histórica lucha de
nuestro pueblo por su independencia y
soberanía. |