Año VI
La Habana

29 de SEPTIEMBRE
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de 2007

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¡Loquito! —¡allá tú!

Adelaida de Juan • La Habana

 

Casi un cuarto de siglo después de la desaparición del Bobo de Abela, comenzó a publicarse el Loquito de Nuez. En más de un sentido, el Loquito quería entroncar con su ilustre antecesor: aparte del hecho azaroso de haber nacido ambos caricaturistas en San Antonio de los Baños, el nombre del personaje no explicitado por su autor —como tampoco había hecho Abela—, ya indicaba esta voluntaria filiación. Hemos mencionado cómo el Bobo tuvo copistas de su esquema formal, de su nombre, de su actitud, y cómo fracasaron sobre todo por intentar la redición de un personaje que respondió en su momento a condiciones históricas específicas, por tratar de acomodar una creación —de contra ajena— a otros aconteceres. No es este el caso de Nuez.


Zig-Zag, 11 de enero de 1958

Después de dos décadas de frustraciones, de otro golpe militar encabezado por Batista, cuando "parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta!",[1] nuevamente estaba el país conmocionado por una lucha revolucionaria, esta vez la definitiva. El ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 y el desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956, galvanizaron al pueblo en una gesta encaminada no solo al derrocamiento del dictador de turno sino a la consecución de una verdadera liberación nacional. Este período de la insurrección es el campo en el cual se mueve el Loquito.

El Loquito está marcado desde sus orígenes por la figura memorable de su predecesor. Nuez, nacido en 1937, es aún un adolescente que estudia en La Habana cuando comienza su personaje en Zig-Zag, semanario que guarda ciertos puntos de semejanza con La Semana por su mezcla de elementos de la política al uso con otros de la picaresca y el llamado "cubaneo". Al igual que el Bobo de La Semana, el nuevo personaje aparece en viñetas sin texto y establece en sus primeras entregas su condición de "loquito". Sus ojos estrábicos, su tricornio de papel de periódico, su mano metida en un supuesto chaleco señalan el tipo. Su figura está constituida plásticamente por tres triángulos superpuestos y el trazo inicialmente es primario. El reconocimiento popular de que se trataba de un tipo que "se hace el loco" sigue el mismo mecanismo del personaje que "se hace el bobo".[2]

En la entrega del 2 de febrero de 1957, encabezada por un dibujo del Loquito que sale de Mazorra, el semanario inserta una nota de presentación titulada "El loquito de Zig-Zag" donde dice que "no se trata de un loquito cubano, un poco distraído, un poco tártaro, otro poco calculista y muy sinvergüenza, que hace de la locura un medio para fastidiar a los demás. No señores, este es un loquito cien por cien honradito, sincero, capaz de pegarse con una mandarria en el dedo gordo del pie..."

Aunque Nuez había publicado alguna caricatura unos meses antes en el semanario (sobre la nacionalización del Canal de Suez), no se menciona en esta nota su nombre, por otra parte desconocido, ya que solo había colaborado anteriormente en San Antonio de los Baños en el Vocero del Órgano Oficial de la Asociación Estudiantil Ariguanabense (1955), y en Páginas del Círculo (febrero de 1955 - marzo de 1956) como luego haría en el Boletín Oficial de la Cámara de Comercio e Industriales (septiembre de 1957 - mayo de 1958). Señalemos que las fechas de estas dos últimas publicaciones indican su cierre por la presión del cuartel de la Guardia Rural de la zona.  En el Boletín, Nuez hace aparecer al Loquito en la sección Cusubé.

En las semanas iniciales, Nuez establece en Zig-Zag al Loquito como un ser distraído, que cruza la Calle 23 mientras lee un libro o patina, un ingenuo que piensa en una bolsa de dinero mientras juega en una máquina "traganíqueles". Pero ya en la segunda entrega, asoman las alusiones a la situación del país: la insurrección en Oriente, las acciones de sabotaje en la ciudad. Así, el Loquito se detiene, sonriendo, al lado de un latón de basura o de un paquete colocado en la calle (9 de febrero, 23 de febrero, 2 de marzo y ss.), aludiendo a las bombas que cada noche hacían explosión. Después del ataque al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, el Loquito aparece en dos dibujos significativos: durmiendo en un banco del Parque Zayas, próximo al Palacio, y, maleta en mano, abordando un ómnibus Habana-Oriente (30 de marzo de 1957). A partir de estas entregas, el Loquito acentuará sus comentarios sobre el desarrollo de la lucha revolucionaria, utilizando diversos recursos alusivos.

Ya hemos analizado cómo Abela tomó del léxico popular frases que le sirvieron para desarrollar claves y símbolos. Nuez hará otro tanto con las mismas frases, en parte por el antecedente que admiraba, en parte por la vigencia de ellas. Las más corriente­mente empleadas son:

—arar en el mar: esta es la primera que emplea Nuez (23 de febrero de 1957, p. 13) al dibujar al Loquito con un arado a punto de penetrar en el mar.

cruzar el Niágara: en varias ocasiones es el Loquito el que está sobre la catarata en un monociclo (25 de mayo de 1957, p. 22) o está simplemente frente a ella (25 de octubre de 1958, p. 21). Pero en una viñeta (13 de julio de 1957, p. 4) el Loquito contempla sonriente al que está cruzando: se trata de un indio pielroja, símbolo del dic­tador Batista.

enyerbarse: el Loquito contempla a Batista rodeado de yerbas crecidas (10 de marzo de 1958, p. 17).

Al igual que el Bobo, el Loquito dedica plegarias a una santa (18 de mayo de 1957, p. 5) quien se perfila poco después (7 de septiembre de 1957, p. 9) como la Caridad del Cobre. A la Caridad, patrona de Cuba, cuyo santuario se encuentra en las estribaciones de la Sierra Maestra, el Loquito le lleva una inmensa vela encendida, como antes hacía el Bobo con la abogada de lo imposible. Y ahondando más en el recurso del Bobo, le dice: "Te pido lo mismo que el año pasado" (6 de septiembre de 1958, p. 19). Para dos de las fechas patrias de 1957, el Loquito saca una banderita cubana por las calles (18 de mayo, p. 11 y 12 de octubre, p. 21); en una ocasión "no ve claro" y se dirige a una óptica (14 de diciembre de 1957, p. 9); en otra escucha, en el Malecón, los rumores del mar (14 de septiembre de 1957, p. 22). El símbolo más reiterado es el de las "bolas" que le rodean en la calle (20 de julio de 1957, p. 19), que están en el billar o en la bolera (17 de agosto de 1957, p. 3) o que sirven para adornar el árbol navideño (21 de diciembre de 1957, p. 34). Como vemos, el empleo de estas claves se manifiesta insistentemente a lo largo del primer año del dibujo, cediendo luego el lugar a nuevos símbolos que aluden directamente al desarrollo de la lucha insurreccional y a las advertencias contra la represión de las fuerzas batistianas. De hecho, el uso de frases tradicionales —las ya citadas como empleadas anteriormente por el Bobo y otras que iremos mencionando— es frecuente a lo largo de las caricaturas de 1957. En 1958 pasa a referencias más concretas, a los sucesos que dia­riamente ocurrían en la Isla.

Otras formas de aplicación de frases populares a la caricatura se refieren a la mala situación económica: "comerse un cable" (24 de agosto de 1957, p. 5; 4 de enero de 1958, p. 2); a los sobresaltos continuos frente al desenfreno de las huestes dictatoriales: "estar con el corazón en la boca" (31 de agosto de 1957, p. 22), "no quieres caldo, toma tres tazas" (26 de octubre de 1957, p. 2), "pagar los platos rotos" (19 de octubre de 1957, p. 9), "andar con pies de plomo" (21 de diciembre de 1957, p. 8). Sin embargo, este uso del habla popular no deviene verdadera clave por ser una visualización directa de la frase, sin que esta se transforme en una interpretación plástica. La fuente de las claves que lo hicieron popular surge de los hechos cotidianos.


Zig-Zag, 11 de mayo de 1957

La referencia a la lucha armada que se desarrolla en la Sierra Maestra es la de mayor reiteración. Dos son los símbolos más frecuentemente empleados: el primero, el dibujo de una sierra de carpintería pensada o contemplada por el  Loquito, es el de más evidente lectura. Aparece inicialmente en la entrega del 11 de mayo de 1957 en las páginas 2 y 4, y se mantendrá casi semanalmente basta fines de 1958. En alguna ocasión (28 de septiembre de 1957, p. 18), lo que contempla sonriente el Loquito es un pez sierra. El segundo es aprovechado por el dibujante para un mayor despliegue inventivo: se trata de la representación del ómnibus capitalino de la ruta 30, cuyo recorrido incluía el barrio residencial llamado La Sierra. El primer dibujo presenta al ómnibus repleto de personas que pasa frente al Loquito (13 de julio de 1957, p. 5); en el siguiente, el ómnibus viene vacío (31 de agosto de  1957, p. 20), aludiendo a la huelga originada por el asesinato en Santiago de Cuba del dirigente revolucionario Frank País. La entrega del 8 de febrero de 1958 se publica sin censura; en la página 8, el Loquito corre hacia una ruta 30 manejada por Fidel. A lo largo de este año, el ómnibus sufrirá diversos cambios en las viñetas, para eludir la orden del censor que prohibía colocar el número treinta en el dibujo. Así, el Loquito contemplará ómnibus que llevan como letreros  un camarón, representado en la charada por el número treinta (21 de junio de 1958, p. 11); la palabra thirty (19 de julio de 1958, p. 4); y la serie de operaciones aritméticas, escritas en números arábigos y romanos cuyo resultado es treinta: 15x2 (5 de julio de 1958, p. 20); XXX (12 de julio de 1958, p. 17); XXV + V (26 de julio de 1958, p. 20); 60(2 (16 de agosto de 1958, p. 4), combinado de nuevo con  un  símbolo  de  la  charada   (anguila)   que  indica  el   26; 3x2X5, en un ómnibus humeante: recordemos que la misión de conducir la columna Antonio Maceo desde la Sierra Maestra hasta Pinar del Río le es asignada al comandante Camilo Cienfuegos el día 18 de agosto, con orden de iniciar la invasión el día 20: la caricatura mencionada es de la  entrega del 30  de agosto  de   1958,  página  2;  52-j-5, en  un  ómnibus  que  pasa   a gran velocidad  (6 de septiembre de 1958, p. 7); 90/3  (13 de septiembre de 1958, p. 18); 32 — 2 (20 de septiembre de 1958, p. 17); 24 + 6 (27 de septiembre de 1958, p. 9); 5x6, en una calle cuyo letrero de tránsito indica "Bajada" (18 de octubre de 1958, p. 8); 15 X 2, el Loquito está oyendo la canción "Mírala, qué linda va" (25 de octubre de 1958, p. 18). La última vez que se emplea este recurso es en la entrega inicial del semanario después del triunfo revolucionario: en la página 6 del 9 de enero de 1959, el Loquito se ha subido sobre un ómnibus que lleva dos letreros número treinta y es manejado por Fidel.

Otra forma de indicar la Sierra Maestra alude al segundo de los vocablos del término: la maestra de escuela que inicialmente le toma la lección al Loquito; este, al recibir los números salta del 25 al 27, subrayando por su omisión, el 26 (22 de junio de 1957, p. 2). Un año después, el Loquito se dirige hacia el colegio musitando "voy a ver lo que dice la Maestra" (13 de septiembre de 1958, p. 11) y, en otro dibujo, esta es presentada con la cabeza humeante (6 de septiembre de 1958, p. 6).

Este último recurso —"está que arde"— se desarrolla progresivamente en otra referencia a la Sierra Maestra, la cual se encuentra en la provincia más oriental de la Isla. Inicialmente, el Loquito contempla los cuatro puntos cardinales que resultan ser tres, pues falta el correspondiente al Este (19 de octubre de 1957, p. 21); al avanzar la lucha revolucionaria, el Este reaparece humeante (5 de julio de 1958, p. 4) hasta que todos los puntos cardinales echan humo (19 de julio de 1958, p. 28).

Ya hemos mencionado cómo la alusión corriente a Batista lo señalaba como "el indio". En muchas viñetas aparece como tal: haciendo señales de humo con una fogata a la cual se acerca el Loquito con una manguera de agua para apagarla (22 de junio de 1957. p. 17). En esa misma entrega, el Loquito lee un cartel que anuncia una película de indios mientras piensa en la sierra (p. 19); esta contraposición se reitera cuando el Loquito, frente a una carretilla de cocos indios, piensa en la sierra de talar (6 de julio de 1957, p. 18). En otras ocasiones, se indica que el tirano está en apuros: el indio suda copiosamente mientras trata en vano de refrescarse con un pequeño abanico (3 de agosto de 1957, p. 4) o —en un número del semanario no censurado— enfundado en una "camisa de once varas" (10 de febrero de 1958, p. 10). Poco después, el censor prohibió el uso de la figura del indio, con lo cual Nuez la transmutó en la imagen del sol, llamado corrientemente en Cuba "el indio", sobre todo cuando hay mucho calor  ("cómo aprieta el indio"), añadiéndole una pluma de ave (24 de mayo de 1958, p. 2). El censor intervino de nuevo prohibiendo esta representación: el dibujante debe eliminar la pluma y su personaje queda gruñéndole al sol (7 de junio de 1958, p. 2); después le muestra un aro al sol, refiriéndose al dicho popular "entrar por el aro" (14 de junio de 1958, p. 2). Posteriormente, relaciona el astro solar con la clave y la nota de sol al entrar en una clase de solfeo, palabra que, además, podía leerse como "sol feo" (12 de julio de 1958, p. 2). Al igual que en el caso de la ruta 30, estamos en presencia de una alusión desarrollada de modo directo como clave de comunicación.

Desde fines de 1957 y a lo largo de 1958, el Loquito advierte constantemente contra la presencia de los delatores, bien ridiculizando sus disfraces, bien aludiendo a los treintitrés pesos treintitrés centavos que popularmente se decía recibían en pago de la delación. Ejemplos del primer caso son los vendedores de billetes de lotería (14 de septiembre de 1957, p. 21); el vendedor que pregona la venta de tamales aunque lleva una lata de maní o aquel que vocea: "¡Mangos!" con una canasta llena de naranjas (26 de abril de 1958, p. 2 [ambas]). El vendedor de billetes es el más reiterado: el dibujante lo coloca en una ocasión al lado del hito que indica las calles 3 y 2, aludiendo al popular juego de pelota en el cual "estar en 3 y 2" significa estar en una situación decisiva (15 de noviembre de 1958, p. 19). Debemos apuntar que los delatores eran representados corrientemente con una gorrita en la cabeza, lo cual motivó una protesta ante la dirección del semanario de los fabricantes de gorras por haber disminuido sus ventas.[3] Las referencias al pago de las delaciones va en aumento: desde el dibujo en el cual el Loquito pasa junto a un hombre que le dice a otro: "yo gano 33,33 pesos" (10 de mayo de 1958, p. 22) o lee en el periódico un anuncio de "Gran oferta: 33,33% de re­baja" (19 de julio de 1958, p. 24), hasta que comienzan a aparecer los delatores en parejas —$66,66 (4 de octubre de 1958, p. 7) o en tríos —$99,99— (11 de octubre de 1958, p. 4). Empleando de nuevo la jerga de la lotería y la charada, el Loquito se detiene ante una vidriera de apuntaciones para leer un letrero que anuncia "El parlé de hoy: 33,33" (21 de junio de 1958, p. 20).  El Loquito también subraya la necesidad de discreción absoluta frente a los posibles informantes, aclarando que solo un guanajo (un tonto) respondería a la pregunta: "¿Ud. sabe la última?", hecha en la calle por un desconocido (21 de diciembre de 1957, p. 23), que "las paredes tienen oídos" (22 de marzo de 1958, p. 7), que lo mejor es estar en El Callao (29 de marzo de 1958, p. 11), y que lo más conveniente es andar con un zíper en la boca (22 de marzo de 1958, p. 9).

Esta última forma tiene sus variantes para indicar la censura impuesta a todo tipo de expresión. El Loquito aparece con un bozal amarrado a la boca (31 de mayo de 1958, p. 2), con dos maderas clavadas sobre la boca (2 de noviembre de 1957, p. 5) o, más aún, sin boca (22 de marzo de 1958, p. 9). Esto alterna con alusiones a la conveniencia de entrar en una escuela de sordomudos (12 de julio de 1958, p. 2), de hablar por señas (22 de marzo de 1958, p. 3) o de que solo puede "hablar un toro" (25 de enero de 1958, p. 17). También subraya la censura de la palabra escrita al representar la máquina de escribir cubierta de telarañas (28 de septiembre de 1957, p. 5), de hongos (31 de mayo de 1958, p. 7) o bien colocada en una urna de cristal (9 de agosto de 1958, p.  19).

El tema de las elecciones preparadas por el tirano para tratar de lograr una apariencia de legalidad es abordado a lo largo de un año, desde finales de 1957, cuando desde el local de afiliaciones le tienden un lazo al Loquito, el cual sale corriendo (19 de octubre de 1957, p. 4). Luego, le "hace el hielo" a las elecciones para señalar su negativa de participar en ellas: piensa en la urna electoral al ver el anuncio del "Carnaval en hielo" (31 de mayo de 1958, p. 19), o al ver una nevera (13 de septiembre de 1958, p. 17). Señala la compra de votos al relacionar la urna con el signo de pesos (27 de septiembre de 1958, p. 10) y subraya la abstención del pueblo a la farsa mostrando una urna cubierta de moscas (28 de julio de 1958, p. 5) o equivalente a una pala, que en el léxico popular indica un manejo, una combinación prestablecida (8 de noviembre de 1958, p. 10).

La última alusión a las elecciones muestra la urna electoral mientras el Loquito recuerda el tango "sola, fané, descangayada" (8 de noviembre de 1958, p. 2). Con anterioridad, Nuez había empleado de esta forma los títulos o letras de canciones populares.

La represión desatada después de la fracasada huelga del 9 de abril de 1958 da lugar al Loquito de escuchar la canción "A la Rigola", cuyo estribillo —no escrito en la viñeta— repite "matan a los hombres, caramba, por la madruga / matan a los hombres, caramba, a palo y pedrá" (19 de abril de 1958, p. 7). Las canciones más frecuentemente empleadas se refieren a la provincia de Oriente, campo de acción del Ejército Rebelde: "Oriente, cuna florida" (21 de junio de 1958, p. 4), "Santiago de Cuba, son mis tonadas..." (2 de agosto de 1958, p. 19), "Son de la loma" (18 de octubre de 1958, p. 2), "El son oriental" (25 de octubre de 1958, p. 11) y, al extenderse la lucha armada a otras provincias, "Tres lindas cubanas" (4 de octubre de 1958, p.  10).

La lectura del Loquito ofrecía datos para el conocimiento de las principales acciones revolucionarías silenciadas o tergiversadas por la censura oficial. Además de las alusiones constantes a "Radio Bemba" —rumores clandestinos— y a "Radio Pirata", el Loquito proporcionaba imágenes, a menudo ingenuas, que servían de comentario y conocimiento general de dichas acciones. Así aparecen las victorias del Ejército Rebelde como la batalla de Bueycito —el Loquito contempla un buey de juguete (10 de junio de 1957, p. 14)— o la de Pino del Agua —el Loquito frente a un pino que tiene en el tronco un grifo de agua (l0 de marzo de 1958, p. 2)—. La sublevación de Cienfuegos, en la cual intervienen las fuerzas de la Marina de ese puerto, es tema de varias viñetas: en el semanario del 14 de septiembre de 1957, vemos al Loquito contemplando las banderas de los equipos de pelota del campeonato nacional; aparecen las de tres de ellos —Almendares, Habana, Marianao— pero el asta correspondiente al equipo de Cienfuegos carece de bandera (p. 17); en otra, el Loquito, al escribir en una pizarra el número "cien" lo tacha para anotar "cientouno": indica que al nombre de la ciudad hay que añadir un nuevo fuego (p. 20); por último, el Loquito se sitúa junto a un elefante, símbolo del equipo de pelota nombrado Cienfuegos (p. 23). En la entrega siguiente, correspondiente al 28 de septiembre, se reiteran las alusiones al levantamiento: el Loquito se encuentra frente a una hoguera (p. 10) y frente a un cartel de cine que anuncia a Popeye el marino (p. 22). Todavía en el semanario del 5 de octubre, el Loquito vuelve a aludir a los hechos: lee en el periódico que hay "crisis en San Marino" (p. 8); observa en un charco de agua de la calle un barquito de papel (p. 16) y repite la alusión a las banderas de tres de los equipos de pelota (p. 22).

Uno de los hechos que alcanzó repercusiones internacionales fue el secuestro por un grupo de revolucionarios del célebre corredor de automóviles Juan Manuel Fangio a fines de febrero de 1958. El Loquito contempla a un indio echando humo al leer la noticia del secuestro (10 de marzo de 1958, p. 18) y a un auto de carreras que pasa, vacío, frente a él (p. 20).

Cuando aparecieron banderas del 26 de Julio en dos de las construcciones habaneras más importantes —Radiocentro y Focsa— el Loquito observa hacia lo alto de los edificios con anteojos (13 de julio de 1957, pp. 3 y 7); al caer el dictador venezolano Pérez Jiménez, el Loquito tacha el número seis de una lista de números del uno al ocho, indicando que solo quedan en el poder dos dictadores: Trujillo y Batista (1 de febrero de 1958, p. 2). En esa misma entrega, el Loquito lee con atención la revista Look, la cual había publicado un reportaje sobre Fidel y el Ejército Rebelde (p. 11). En dos ocasiones, el censor eliminó el texto de dos viñetas publicadas: en una, aludiendo a las esperanzas de eliminar al tirano, Nuez había escrito que a nuestro personaje le gritaban: "¡Loquito!", a lo cual este respondía: "¡Allá tú!" (8 de abril de 1958, p. 2).[4] Y en la otra, cuando ya dos columnas del Ejército Rebelde al mando de Camilo y del Che habían iniciado la invasión hacia Occidente, el Loquito aparecía frente a un elevador; el comentario eliminado, decía: "estoy esperando que baje" (13 de septiembre de 1958, p. 2).

Ya hemos visto cómo, en una ocasión en que se levantó brevemente la censura, el Loquito aparece con Fidel; al igual que en otra le ha crecido la barba (5 de abril de 1958, p. 11). Por lo general las alusiones no podían ser tan directas, como sucede en el dibujo en el cual un chino le muestra al Loquito un alfiler, indicando una supuesta deformación fonética de la palabra: —"filel"— (31 de agosto de 1957, p. 21). Este recurso se repite en otra ocasión para referirse a la lucha, señalando en este caso el chino hacia una ducha (26 de octubre de 1957, p. 8).

Con el triunfo revolucionario, la temática del Loquito comienza a ser otra: a lo largo de enero de 1959, el Loquito saluda alegremente a los barbudos del Ejército Libertador, las medidas revolucionarias, la Reforma Agraria, la unidad obrera, la justicia revolucionaria. El indio se ha caído, el Loquito lleva barbas, persigue a los delatores y observa la Estatua de la Libertad, cuyo rostro es el de Fidel. El Loquito con barbas observa al Tío Sam, cuya bolsa de dólares está a su lado, quejándose porque le ha dado "donde le duele" (31 de enero de 1959, p. 6). El propio Fidel, en testimonio fechado en Camagüey el 4 de enero afirma que "...gracias al genio de sus humoristas y al Loquito, siempre Ziz-Zag burló a los censores";[5] pero este semanario pronto entró en contradicción con la Revolución y el Loquito aparece en él por última vez el 13 de junio. Pasa entonces al periódico Revolución. Una semana antes, el Loquito está acompañado por una nueva figura que Nuez habría de desarrollar posteriormente. "Don Cizaño" es un personaje gordo de aire pomposo, vestido de negro con corbata y sombrero de etiqueta. La primera vez que lo vemos con el Loquito en Zig-Zag lleva una etiqueta que dice "Agio".[6] De hecho, ya en Revolución Nuez colaboraba con don Cizaño como personaje independiente desde el 20 de abril de 1959. Poco después, recibió un ataque de la prensa reaccionaria, que lo calificó de "agresivo e insincero, [cuyas] absurdas y resentidas ocurrencias [le harían adoptar] un nuevo nombre que lo caracterice: 'don Centino'".[7] El periódico Revolución riposta rápidamente[8] subrayando que el Loquito tomó su nombre de cuando había que hacerse "el chivo loco" para gritar verdades. Ahora está más cuerdo que nunca. Si tiene alguna locura es la que proviene del contagio de esta fiebre de creación que vive la República. [Don Cizaño] es un látigo. Únicamente no pueden simpatizar con él aquellos contra los cuales se dirige su permanente denuncia.

Nuez alternará al Loquito y don Cizaño en Revolución como contrapunto entre la Revolución y la reacción, hasta fines de 1960, cuando don Cizaño y la prensa reaccionaria —simbolizada por el Diario de la Marina— son enterrados. Ya se apunta un cambio sustancial en la función a desempeñar por la caricatura. Se ha terminado definitivamente el entorno histórico-social que auspició el surgimiento del Loquito, pero a diferencia de lo ocurrido con el Bobo, no es por el escamoteo de la lucha sino por su triunfo. Nuez comenzó a publicar pequeñas tiras de tres o cuatro recuadros y caricaturas, desde enero de 1959, en las cuales aludía a los acontecimientos cotidianos; en ellas empezó a desarrollar un dibujo de mayor soltura que lo llevaría a convertirse en un comentarista de las noticias y eventos históricos. A través de la década de 1960 creó, además, y como respuesta a situaciones específicas del país, aún otro personaje —Mogollón— y tipificó a los burócratas y, más recientemente, a Nixon. Este desarrollo, que cae fuera del ámbito de este estudio, afirma su obra como la de un caricaturista de obra constante. Su creación primera representó una época que abrió el camino a realizaciones mayores y, por ello, constituye un documento visual para su comprensión más cabal.

Tomado del libro Caricatura de la República. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982.

 

[1] Fidel Castro. La historia me absolverá. Editorial Ciencias Sociales, La Habana,  1973, p.  163.

 

[2] En 1934, se publica durante algunos meses en La Habana el semanario El Loco (año 1, no. 1, 27 de mayo de 1934). Su director era Arroyito, el jefe de redacción Nicolás Guillen y los caricaturistas Riverón, Hernández Cárdenas, Hurtado de Mendoza, Honoré, Silvio, Roseñada, Fierra, Toni Ximénez. Señalemos que el director de Zig-Zag es Roseñada.
 

[3] Entrevista con René de la Nuez, 16 de enero de 1974.
 

[4] Esta   caricatura,   sin   censurar,   apareció   originalmente   en   la entrega del 11 de enero de 1958, p. 2.

 

[5]  Zig-Zag, La Habana, p. 3, 9 de enero de 1959.
 

[6] Ídem., p. 10, 30 de mayo de 1959.

 

[7] Ulises Carbó. "Don Centino", en Prensa Libre, La Habana, p. 1, 16 de julio de 1959.
 

[8] Cf. "Me llaman baboso porque te defiendo. En defensa de 'don Cizaño' y 'El Loquito'", en Revolución, La Habana, año II, no. 189, p.1, 17 de julio de 1959.

                                             
 

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