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Casi un cuarto de siglo después de la
desaparición del Bobo de Abela, comenzó
a publicarse el Loquito de Nuez. En más
de un sentido,
el Loquito quería
entroncar con su ilustre antecesor:
aparte del hecho azaroso de haber nacido
ambos caricaturistas en San Antonio de
los Baños, el nombre del personaje no
explicitado por su autor —como tampoco
había hecho Abela—, ya indicaba esta
voluntaria filiación. Hemos mencionado
cómo el Bobo tuvo copistas de su esquema
formal, de su nombre, de su actitud, y
cómo fracasaron sobre todo por intentar
la redición de un personaje que
respondió en su momento a condiciones
históricas específicas, por tratar de
acomodar una creación —de contra ajena—
a otros aconteceres. No es este el caso
de Nuez.
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Zig-Zag,
11 de enero de 1958 |
Después de dos décadas de frustraciones,
de otro golpe militar encabezado por
Batista, cuando "parecía que el Apóstol
iba a morir en el año de su centenario,
que su memoria se extinguiría para
siempre, ¡tanta era la afrenta!",
nuevamente estaba el país conmocionado
por una lucha revolucionaria, esta vez
la definitiva. El ataque al cuartel
Moncada el 26 de julio de 1953 y el
desembarco del Granma el 2 de
diciembre de 1956, galvanizaron al
pueblo en una gesta encaminada no solo
al derrocamiento del dictador de turno
sino a la consecución de una verdadera
liberación nacional. Este período de la
insurrección es el campo en el cual se
mueve el Loquito.
El Loquito está marcado desde sus
orígenes por la figura memorable de su
predecesor. Nuez, nacido en 1937, es aún
un adolescente que estudia en La Habana
cuando comienza su personaje en
Zig-Zag, semanario que guarda
ciertos puntos de semejanza con La
Semana por su mezcla de elementos de
la política al uso con otros de la
picaresca y el llamado "cubaneo". Al
igual que el Bobo de La Semana,
el nuevo personaje aparece en viñetas
sin texto y establece en sus primeras
entregas su condición de "loquito". Sus
ojos estrábicos, su tricornio de papel
de periódico, su mano metida en un
supuesto chaleco señalan el tipo. Su
figura está constituida plásticamente
por tres triángulos superpuestos y el
trazo inicialmente es primario. El
reconocimiento popular de que se trataba
de un tipo que "se hace el loco" sigue
el mismo mecanismo del personaje que "se
hace el bobo".
En la entrega del 2 de febrero de 1957,
encabezada por un dibujo del Loquito que
sale de Mazorra, el semanario inserta
una nota de presentación titulada "El
loquito de Zig-Zag" donde dice
que "no se trata de un loquito cubano,
un poco distraído, un poco tártaro, otro
poco calculista y muy sinvergüenza, que
hace de la locura un medio para
fastidiar a los demás. No señores, este
es un loquito cien por cien honradito,
sincero, capaz de pegarse con una
mandarria en el dedo gordo del pie..."
Aunque Nuez había publicado alguna
caricatura unos meses antes en el
semanario (sobre la nacionalización del
Canal de Suez), no se menciona en esta
nota su nombre, por otra parte
desconocido, ya que solo había
colaborado anteriormente en San Antonio
de los Baños en el Vocero del Órgano
Oficial de la Asociación Estudiantil
Ariguanabense (1955), y en
Páginas del Círculo (febrero de 1955
- marzo de 1956) como luego haría en el
Boletín Oficial de la Cámara de
Comercio e Industriales (septiembre
de 1957 - mayo de 1958). Señalemos que
las fechas de estas dos últimas
publicaciones indican su cierre por la
presión
del cuartel de la Guardia Rural de la
zona. En el Boletín, Nuez hace
aparecer al Loquito en la sección
Cusubé.
En las semanas iniciales, Nuez establece
en Zig-Zag al Loquito como un ser
distraído, que cruza la Calle 23
mientras lee un libro o patina, un
ingenuo que piensa en una bolsa de
dinero mientras juega en una máquina
"traganíqueles". Pero ya en la segunda
entrega, asoman las alusiones a la
situación del país: la insurrección en
Oriente, las acciones de sabotaje en la
ciudad. Así, el Loquito se detiene,
sonriendo, al lado de un latón de basura
o de un paquete colocado en la calle (9
de febrero, 23 de febrero, 2 de marzo y
ss.), aludiendo a las bombas que cada
noche hacían explosión. Después del
ataque al Palacio Presidencial el 13 de
marzo de 1957, el Loquito aparece en dos
dibujos significativos: durmiendo en un
banco del Parque Zayas, próximo al
Palacio, y, maleta en mano, abordando un
ómnibus Habana-Oriente (30 de marzo de
1957). A partir de estas entregas, el
Loquito acentuará sus comentarios sobre
el desarrollo de la lucha
revolucionaria, utilizando diversos
recursos alusivos.
Ya hemos analizado cómo Abela tomó del
léxico popular frases que le sirvieron
para desarrollar claves y símbolos. Nuez
hará otro tanto con las mismas frases,
en parte por el antecedente que
admiraba, en parte por la vigencia de
ellas. Las más corrientemente empleadas
son:
—arar en el mar:
esta es la primera que emplea Nuez (23
de febrero de 1957, p. 13) al dibujar al
Loquito con un arado a punto de penetrar
en el mar.
—cruzar el Niágara: en varias
ocasiones es el Loquito el que está
sobre la catarata en un monociclo (25 de
mayo de 1957, p. 22) o está simplemente
frente a ella (25 de octubre de 1958, p.
21). Pero en una viñeta (13 de julio de
1957, p. 4) el Loquito contempla
sonriente al que está cruzando: se trata
de un indio pielroja, símbolo del
dictador Batista.
—enyerbarse: el Loquito contempla
a Batista rodeado de yerbas crecidas (10
de marzo de 1958, p. 17).
Al igual que el Bobo, el Loquito dedica
plegarias a una santa (18 de mayo
de 1957, p. 5) quien se perfila poco
después (7 de septiembre de 1957, p. 9)
como la Caridad del Cobre. A la Caridad,
patrona de Cuba, cuyo santuario se
encuentra en las estribaciones de la
Sierra Maestra, el Loquito le lleva una
inmensa vela encendida, como antes hacía
el Bobo con la abogada de lo imposible.
Y ahondando más en el recurso del Bobo,
le dice: "Te pido lo mismo que el año
pasado" (6 de septiembre de 1958, p.
19). Para dos de las fechas patrias de
1957, el Loquito saca una banderita
cubana por las calles (18 de mayo, p. 11
y 12 de octubre, p. 21); en una ocasión
"no ve claro" y se dirige a una óptica
(14 de diciembre de 1957, p. 9); en otra
escucha, en el Malecón, los rumores del
mar (14 de septiembre de 1957, p. 22).
El símbolo más reiterado es el de las
"bolas" que le rodean en la calle (20 de
julio de 1957, p. 19), que están en el
billar o en la bolera (17 de agosto de
1957, p. 3) o que sirven para adornar el
árbol navideño (21 de diciembre de 1957,
p. 34). Como vemos, el empleo de estas
claves se manifiesta insistentemente a
lo largo del primer año del dibujo,
cediendo luego el lugar a nuevos
símbolos que aluden directamente al
desarrollo de la lucha insurreccional y
a las advertencias contra la represión
de las fuerzas batistianas. De hecho, el
uso de frases tradicionales —las ya
citadas como empleadas anteriormente por
el Bobo y otras que iremos mencionando—
es frecuente a lo largo de las
caricaturas de 1957. En 1958 pasa a
referencias más concretas, a los sucesos
que diariamente ocurrían en la Isla.
Otras formas de aplicación de frases
populares a la caricatura se refieren a
la mala situación económica: "comerse un
cable" (24 de agosto de 1957, p. 5; 4 de
enero de 1958, p. 2); a los sobresaltos
continuos frente al desenfreno de las
huestes dictatoriales: "estar con el
corazón en la boca" (31 de agosto de
1957, p. 22), "no quieres caldo, toma
tres tazas" (26 de octubre de 1957, p.
2), "pagar los platos rotos" (19 de
octubre de 1957, p. 9), "andar con pies
de plomo" (21 de diciembre de 1957, p.
8). Sin embargo, este uso del habla
popular no deviene verdadera clave por
ser una visualización directa de la
frase, sin que esta se transforme
en una interpretación plástica. La
fuente de las claves que lo hicieron
popular surge de los hechos cotidianos.
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Zig-Zag,
11 de mayo de 1957 |
La referencia a la lucha armada que se
desarrolla en la Sierra Maestra es la de
mayor reiteración. Dos son los símbolos
más frecuentemente empleados: el
primero, el dibujo de una sierra de
carpintería pensada o contemplada por
el Loquito, es el de más evidente
lectura. Aparece inicialmente en la
entrega del 11 de mayo de 1957 en las
páginas 2 y 4, y se mantendrá casi
semanalmente basta fines de 1958. En
alguna ocasión (28 de septiembre de
1957, p. 18), lo que contempla sonriente
el Loquito es un pez sierra. El segundo
es aprovechado por el dibujante para un
mayor despliegue inventivo: se trata de
la representación del ómnibus capitalino
de la ruta 30, cuyo recorrido incluía el
barrio residencial llamado La Sierra. El
primer dibujo presenta al ómnibus
repleto de personas que pasa frente al
Loquito (13 de julio de 1957, p. 5); en
el siguiente, el ómnibus viene vacío (31
de agosto de 1957, p. 20), aludiendo a
la huelga originada por el asesinato en
Santiago de Cuba del dirigente
revolucionario Frank País. La entrega
del 8 de febrero de 1958 se
publica sin censura; en la página 8, el
Loquito corre hacia una ruta 30 manejada
por Fidel. A lo largo de este año, el
ómnibus sufrirá diversos cambios en las
viñetas, para eludir la orden del censor
que prohibía colocar el número treinta
en el dibujo. Así, el Loquito
contemplará ómnibus que llevan como
letreros un camarón, representado en la
charada por el número treinta (21 de
junio de 1958, p. 11); la palabra
thirty (19 de julio de 1958, p. 4);
y la serie de operaciones aritméticas,
escritas en números arábigos y romanos
cuyo resultado es treinta: 15x2 (5 de
julio de 1958, p. 20);
XXX
(12 de julio de 1958, p. 17);
XXV
+
V
(26 de julio de 1958, p. 20); 60(2 (16
de agosto de 1958, p. 4), combinado de
nuevo con un símbolo de la
charada (anguila) que indica el
26; 3x2X5, en un ómnibus humeante:
recordemos que la misión de conducir la
columna Antonio Maceo desde la Sierra
Maestra hasta Pinar del Río le es
asignada al comandante Camilo Cienfuegos
el día 18 de agosto, con orden de
iniciar la invasión el día 20: la
caricatura mencionada es de la entrega
del 30 de agosto de 1958, página
2; 52-j-5, en un ómnibus
que pasa a gran velocidad (6 de
septiembre de 1958, p. 7); 90/3 (13 de
septiembre de 1958, p. 18); 32 — 2 (20
de septiembre de 1958, p. 17); 24 + 6
(27 de septiembre de 1958, p. 9); 5x6,
en una calle cuyo letrero de tránsito
indica "Bajada" (18 de octubre de 1958,
p. 8); 15
X
2, el Loquito está oyendo la canción
"Mírala, qué linda va" (25 de octubre de
1958, p. 18). La última vez que se
emplea este recurso es en la entrega
inicial del semanario después del
triunfo revolucionario: en la página 6
del 9 de enero de 1959, el Loquito se ha
subido sobre un ómnibus que lleva dos
letreros número treinta y es manejado
por Fidel.
Otra forma de indicar la Sierra Maestra
alude al segundo de los vocablos del
término: la maestra de escuela que
inicialmente le toma la lección al
Loquito; este, al recibir los números
salta del 25 al 27, subrayando por su
omisión, el 26 (22 de junio de 1957, p.
2). Un año después, el Loquito se dirige
hacia el colegio musitando "voy a ver lo
que dice la Maestra" (13 de septiembre
de 1958, p. 11) y, en otro dibujo, esta
es presentada con la cabeza humeante (6
de septiembre de 1958, p. 6).
Este último recurso —"está que arde"— se
desarrolla progresivamente en otra
referencia a la Sierra Maestra, la cual
se encuentra en la provincia más
oriental de la Isla. Inicialmente, el
Loquito contempla los cuatro puntos
cardinales que resultan ser tres, pues
falta el correspondiente al Este (19 de
octubre de 1957, p. 21); al avanzar la
lucha revolucionaria, el Este reaparece
humeante (5 de julio de 1958, p. 4)
hasta que todos los puntos cardinales
echan humo (19 de julio de 1958, p. 28).
Ya hemos mencionado cómo la alusión
corriente a Batista lo señalaba como "el
indio". En muchas viñetas aparece como
tal: haciendo señales de humo con una
fogata a la cual se acerca el Loquito
con una manguera de agua para apagarla
(22 de junio de 1957. p. 17). En esa
misma entrega, el Loquito lee un cartel
que anuncia una película de indios
mientras piensa en la sierra (p. 19);
esta contraposición se reitera cuando el
Loquito, frente a una carretilla de
cocos indios, piensa en la sierra de
talar (6 de julio de 1957, p. 18). En
otras ocasiones, se indica que el tirano
está en apuros: el indio suda
copiosamente mientras trata en vano de
refrescarse con un pequeño abanico (3 de
agosto de 1957, p. 4) o —en un número
del semanario no censurado— enfundado en
una "camisa de once varas" (10
de febrero de 1958, p. 10). Poco
después, el censor prohibió el uso de la
figura del indio, con lo cual Nuez la
transmutó en la imagen del sol, llamado
corrientemente en Cuba "el indio", sobre
todo cuando hay mucho calor ("cómo
aprieta el indio"), añadiéndole una
pluma
de ave (24 de mayo de 1958, p.
2).
El censor intervino de nuevo prohibiendo
esta representación: el dibujante debe
eliminar la pluma y su personaje queda
gruñéndole al sol (7 de junio de 1958,
p. 2); después le muestra un aro al sol,
refiriéndose al dicho popular "entrar
por el aro" (14 de junio de 1958, p. 2).
Posteriormente, relaciona el astro solar
con la clave y la nota de sol al entrar
en una clase de solfeo, palabra que,
además, podía leerse como "sol feo" (12
de julio de 1958, p. 2). Al igual que en
el caso de la ruta 30, estamos en
presencia de una alusión desarrollada de
modo directo como clave de comunicación.
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Desde fines de 1957 y a lo largo de
1958, el Loquito advierte constantemente
contra la presencia de los
delatores, bien ridiculizando sus
disfraces, bien aludiendo a los
treintitrés pesos treintitrés centavos
que popularmente se decía recibían en
pago de la delación. Ejemplos del primer
caso son los vendedores de billetes de
lotería (14 de septiembre de 1957, p.
21); el vendedor que pregona la venta de
tamales aunque lleva una lata de maní o
aquel que vocea: "¡Mangos!" con una
canasta llena de naranjas (26 de abril
de 1958, p. 2 [ambas]). El vendedor de
billetes es el más reiterado: el
dibujante lo coloca en una ocasión al
lado del hito que indica las calles 3 y
2, aludiendo al popular juego de pelota
en el cual "estar en 3 y 2" significa
estar en una situación decisiva (15 de
noviembre de 1958, p. 19). Debemos
apuntar que los delatores eran
representados corrientemente con una
gorrita en la cabeza, lo cual motivó una
protesta ante la dirección del semanario
de los fabricantes de gorras por haber
disminuido sus ventas.
Las referencias al pago de las
delaciones va en aumento: desde el
dibujo en el cual el Loquito pasa junto
a un hombre que le dice a otro: "yo gano
33,33 pesos" (10 de mayo de 1958, p. 22)
o lee en el periódico un anuncio de
"Gran oferta: 33,33% de rebaja" (19 de
julio de 1958, p. 24), hasta que
comienzan a aparecer los delatores en
parejas —$66,66 (4 de octubre de 1958,
p. 7) o en tríos —$99,99— (11 de octubre
de 1958, p. 4). Empleando de nuevo la
jerga de la lotería y la charada, el
Loquito se detiene ante una vidriera de
apuntaciones para leer un letrero que
anuncia "El parlé de hoy: 33,33" (21 de
junio de 1958, p. 20).
El Loquito
también subraya la necesidad de
discreción
absoluta frente a los posibles
informantes, aclarando que solo un
guanajo (un tonto) respondería a la
pregunta: "¿Ud. sabe la última?", hecha
en la calle por un desconocido (21 de
diciembre de 1957, p. 23), que "las
paredes tienen oídos" (22 de marzo de
1958, p. 7), que lo mejor es estar en El
Callao (29 de marzo de 1958, p. 11), y
que lo más conveniente es andar con un
zíper en la boca (22 de marzo de
1958, p. 9).
Esta última forma tiene sus variantes
para indicar la censura impuesta a todo
tipo de expresión. El Loquito aparece
con un bozal amarrado a la boca (31 de
mayo de 1958, p. 2), con dos maderas
clavadas sobre la boca (2 de noviembre
de 1957, p. 5) o, más aún, sin boca (22
de marzo de 1958, p. 9). Esto alterna
con alusiones a la conveniencia de
entrar en una escuela de sordomudos (12
de julio de 1958, p. 2), de hablar por
señas (22 de marzo de 1958, p. 3) o de
que solo puede "hablar un toro" (25 de
enero de 1958, p. 17). También subraya
la censura de la palabra escrita al
representar la máquina de escribir
cubierta de telarañas (28 de septiembre
de 1957, p. 5), de hongos (31 de mayo de
1958, p. 7) o bien colocada en una urna
de cristal (9 de agosto de 1958, p.
19).
El tema de las elecciones preparadas por
el tirano para tratar de lograr una
apariencia de legalidad es abordado a lo
largo de un año, desde finales de 1957,
cuando desde el local de afiliaciones le
tienden un lazo al Loquito, el cual sale
corriendo (19 de octubre de 1957, p. 4).
Luego, le "hace el hielo" a las
elecciones para señalar su negativa de
participar en ellas: piensa en la urna
electoral al ver el anuncio del
"Carnaval en hielo" (31 de mayo de 1958,
p. 19), o al ver una nevera (13 de
septiembre de 1958, p. 17). Señala la
compra de votos al relacionar la urna
con el signo de pesos (27 de septiembre
de 1958, p. 10) y subraya la abstención
del pueblo a la farsa mostrando una urna
cubierta de moscas (28 de julio de 1958,
p. 5) o equivalente a una pala, que en
el léxico popular indica un manejo, una
combinación prestablecida (8 de
noviembre de 1958, p. 10).
La última alusión a las elecciones
muestra la urna electoral mientras el
Loquito recuerda el tango "sola, fané,
descangayada" (8 de noviembre de 1958,
p. 2). Con anterioridad, Nuez había
empleado de esta forma los títulos o
letras de canciones populares.
La represión desatada después de la
fracasada huelga del 9 de abril de 1958
da lugar al Loquito de escuchar la
canción "A la Rigola", cuyo
estribillo —no escrito en la viñeta—
repite "matan a los hombres, caramba,
por la madruga / matan a los hombres,
caramba, a palo y pedrá" (19 de abril de
1958, p. 7). Las canciones más
frecuentemente empleadas se refieren a
la provincia de Oriente, campo de acción
del Ejército Rebelde: "Oriente, cuna
florida" (21 de junio de 1958, p. 4),
"Santiago de Cuba, son mis tonadas..."
(2 de agosto de 1958, p. 19),
"Son de la loma" (18 de octubre de 1958,
p. 2), "El son oriental" (25 de octubre
de 1958, p. 11) y, al extenderse la
lucha armada a otras provincias, "Tres
lindas cubanas" (4 de octubre de 1958,
p. 10).
La lectura del Loquito ofrecía datos
para el conocimiento de las principales
acciones revolucionarías silenciadas o
tergiversadas por la censura oficial.
Además de las alusiones constantes a
"Radio Bemba" —rumores clandestinos— y a
"Radio Pirata", el Loquito proporcionaba
imágenes, a menudo ingenuas, que servían
de comentario y conocimiento general de
dichas acciones. Así aparecen las
victorias del Ejército Rebelde como la
batalla de Bueycito —el Loquito
contempla un buey de juguete (10 de
junio de 1957, p. 14)—
o la de Pino del Agua —el Loquito frente
a un pino que tiene en el tronco un
grifo de agua (l0 de marzo de
1958, p. 2)—. La sublevación de
Cienfuegos, en la cual intervienen las
fuerzas de la Marina de ese puerto, es
tema de varias viñetas: en el semanario
del 14 de septiembre de 1957, vemos al
Loquito contemplando las banderas de los
equipos de pelota del campeonato
nacional; aparecen las de tres de ellos
—Almendares, Habana, Marianao— pero el
asta correspondiente al equipo de
Cienfuegos carece de bandera (p. 17); en
otra, el Loquito, al escribir en una
pizarra el número "cien" lo tacha
para anotar "cientouno": indica
que al nombre de la ciudad hay que
añadir un nuevo fuego (p. 20); por
último, el Loquito se sitúa junto a un
elefante, símbolo del equipo de pelota
nombrado
Cienfuegos
(p.
23).
En la
entrega
siguiente, correspondiente al 28
de septiembre, se reiteran las alusiones
al levantamiento: el Loquito se
encuentra frente a una hoguera (p. 10) y
frente a un cartel de cine que anuncia a
Popeye el marino (p. 22). Todavía
en el semanario del 5 de octubre, el
Loquito vuelve a aludir a
los hechos: lee en el periódico que hay
"crisis en San Marino" (p. 8); observa
en un charco de agua de la calle un
barquito de papel (p. 16) y repite la
alusión a las banderas de tres de los
equipos de pelota (p. 22).
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Uno de los hechos que alcanzó
repercusiones internacionales fue el
secuestro por un grupo de
revolucionarios del célebre corredor de
automóviles Juan Manuel Fangio a fines
de febrero de 1958. El Loquito
contempla a un indio echando humo al
leer la noticia del secuestro (10
de marzo de 1958, p. 18) y a un auto de
carreras que pasa, vacío, frente a él
(p. 20).
Cuando aparecieron banderas del 26 de
Julio en dos de las construcciones
habaneras más importantes —Radiocentro y
Focsa— el Loquito observa hacia lo alto
de los edificios con anteojos (13 de
julio de 1957, pp. 3 y 7); al caer el
dictador venezolano Pérez Jiménez, el
Loquito tacha el número seis de una
lista de números del uno al ocho,
indicando que solo quedan en el poder
dos dictadores: Trujillo y Batista (1 de
febrero de 1958, p. 2). En esa misma
entrega, el Loquito lee con atención la
revista Look, la cual había
publicado un reportaje sobre Fidel y el
Ejército Rebelde (p. 11). En dos
ocasiones, el censor eliminó el texto de
dos viñetas publicadas: en una,
aludiendo a las esperanzas de eliminar
al tirano, Nuez había escrito que a
nuestro personaje le gritaban:
"¡Loquito!", a lo cual este respondía:
"¡Allá tú!" (8 de abril de 1958, p. 2).
Y en la otra, cuando ya dos columnas del
Ejército Rebelde al mando de Camilo y
del Che habían iniciado la invasión
hacia Occidente, el Loquito aparecía
frente a un elevador; el comentario
eliminado, decía: "estoy esperando que
baje" (13 de septiembre de 1958, p. 2).
Ya hemos visto cómo, en una ocasión en
que se levantó brevemente la censura, el
Loquito aparece con Fidel; al igual que
en otra le ha crecido la barba (5 de
abril de 1958, p. 11). Por lo general
las alusiones no podían ser tan
directas, como sucede en el dibujo en el
cual un chino le muestra al Loquito un
alfiler, indicando una supuesta
deformación fonética de la palabra:
—"filel"— (31 de agosto de 1957, p. 21).
Este recurso se repite en otra ocasión
para referirse a la lucha, señalando en
este caso el chino hacia una ducha (26
de octubre de 1957, p. 8).
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Con el triunfo revolucionario, la
temática del Loquito comienza a ser
otra: a lo largo de enero de 1959, el
Loquito saluda alegremente a los
barbudos del Ejército Libertador, las
medidas revolucionarias, la Reforma
Agraria, la unidad obrera, la justicia
revolucionaria. El indio se ha caído, el
Loquito lleva barbas, persigue a los
delatores y observa la Estatua de la
Libertad, cuyo rostro es el de Fidel. El
Loquito con barbas observa al Tío Sam,
cuya bolsa de dólares está a su lado,
quejándose porque le ha dado "donde le
duele" (31 de enero de 1959, p. 6). El
propio Fidel, en testimonio fechado en
Camagüey el 4 de enero afirma que
"...gracias al genio de sus humoristas y
al Loquito, siempre Ziz-Zag burló
a los censores";
pero este semanario pronto entró
en contradicción con la Revolución y el
Loquito aparece en él por última vez el
13 de junio. Pasa entonces al periódico
Revolución. Una semana antes, el
Loquito está acompañado por una nueva
figura que Nuez habría de desarrollar
posteriormente. "Don Cizaño" es un
personaje gordo de aire pomposo, vestido
de negro con corbata y sombrero de
etiqueta. La primera vez que lo vemos
con el Loquito en Zig-Zag lleva
una etiqueta que dice "Agio".
De hecho, ya en Revolución
Nuez colaboraba con don Cizaño como
personaje independiente desde el 20 de
abril de 1959. Poco después, recibió un
ataque de la prensa reaccionaria, que lo
calificó de "agresivo e insincero,
[cuyas] absurdas y resentidas
ocurrencias [le harían adoptar] un nuevo
nombre que lo caracterice: 'don
Centino'".
El periódico Revolución riposta
rápidamente
subrayando que el Loquito
tomó su nombre de cuando había que
hacerse "el chivo loco" para gritar
verdades. Ahora está más cuerdo que
nunca. Si tiene alguna locura es la que
proviene del contagio de esta fiebre de
creación que vive la República. [Don
Cizaño] es un látigo. Únicamente no
pueden simpatizar con él aquellos contra
los cuales se dirige su permanente
denuncia.
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Nuez alternará al Loquito y don Cizaño
en Revolución como contrapunto
entre la Revolución y la reacción, hasta
fines de 1960, cuando don Cizaño y la
prensa reaccionaria —simbolizada por el
Diario de la Marina— son
enterrados. Ya se apunta un cambio
sustancial en la función a desempeñar
por la caricatura. Se ha terminado
definitivamente el entorno
histórico-social que auspició el
surgimiento del Loquito, pero a
diferencia de lo ocurrido con el Bobo,
no es por el escamoteo de la lucha sino
por su triunfo. Nuez comenzó a publicar
pequeñas tiras de tres o cuatro
recuadros y caricaturas, desde enero de
1959, en las cuales aludía a los
acontecimientos cotidianos; en ellas
empezó a desarrollar un dibujo de mayor
soltura que lo llevaría a convertirse en
un comentarista de las noticias y
eventos históricos. A través de la
década de 1960 creó, además, y como
respuesta a situaciones específicas del
país, aún otro personaje —Mogollón— y
tipificó a los burócratas y, más
recientemente, a Nixon. Este desarrollo,
que cae fuera del ámbito de este
estudio, afirma su obra como la de un
caricaturista de obra constante. Su
creación primera representó una época
que abrió el camino a realizaciones
mayores y, por ello, constituye un
documento visual para su comprensión más
cabal.
Tomado del libro
Caricatura de la República.
Editorial Letras Cubanas, La Habana,
1982.
Fidel Castro.
La historia me absolverá.
Editorial Ciencias Sociales, La
Habana, 1973, p. 163.
Esta
caricatura, sin censurar,
apareció originalmente en
la entrega del 11 de enero de
1958, p. 2.
Ídem.,
p. 10, 30 de mayo de 1959.
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