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Para ser perpetuado en una escultura de
hormigón, no se puede ser un loco
cualquiera. Hay que tener además de
locura —sana o no— popularidad y
fijador. Así es El Loquito
personaje que apareció en el semanario
humorístico Zig-Zag en febrero de
1957. Entonces su creador, René de la
Nuez, tenía solo 20 años. Lustros
después, junto a otro personaje, El bobo,
también esculturizado, la estatua daría
permanentemente la bienvenida a los
visitantes a la bien nombrada Villa del
humor.
Nuez ha contado que la idea le nació en
una de las miles de oportunidades que
pasó frente al Hospital Psiquiátrico de
La Habana, en los viajes que realizaba
para asistir a clases desde su pueblo
natal hasta la capital cubana.
El Loquito, al decir de su padre, tiene
parentesco con El bobo, de Eduardo
Abela: “Se parecen en su concepto de
humor, no en el dibujo. Abela es como yo
de San Antonio de los Baños, al sur de
La Habana y yo oí mucho hablar de él,
pero no lo conocí, nunca hablé con él.
Pero sí reconozco que como oí hablar de
Abela quise tener mi bobo particular y
saqué mi loco”.
Es lógico que dos personajes
emblemáticos del humor gráfico en Cuba
hayan nacido a escasos kilómetros de
distancia y con pocos años de diferencia
entre uno y otro, porque en la tierra de
Nuez y Abela han existido, por ejemplo,
una barbería Ayúdame a vivir,
una mueblería El Comején y un
burdel La Batalla de Puerto Arturo.
Y si en la forma de nombrar centros de
actividad pública los ariguanabenses se
gastaban sus chistes, ¿qué no hicieron
por el humor grafico? El Rápido, El
Loco, El Zorro Viejo, y Punto y
Coma son periódicos y revistas con
un corte humorístico que circularon en
la villa del humor. No por casualidad,
allí en 1956 se celebró el I Salón de
Humorismo Ariguanabense que contó con
artistas como Peroga, el gallego Posada
(nacionalizado en San Antonio) y el
propio Nuez. El primer forum de
humorismo se celebró también y de su
seno salió la propuesta de celebrar las
Bienales Internacionales del Humor y
Gráfica, que tuvieron su primera edición
en 1979.
Fue en la revista Páginas de su
terruño, donde Nuez en 1955, publicó su
primer dibujo. Desde entonces “todos
los días lo primero que hago es
dibujar”, ha dicho este autor que ha
creado múltiples personajes e
incursionado en la pintura y el cartel,
aunque siempre partiendo del humor.
Nacido originalmente sin fines
políticos, El Loquito devino muy rápido
en 1957 un violador de la censura
impuesta en Cuba por la tiranía de
Fulgencio Batista. Creado a partir de
tres triángulos, con un gorro hecho de
hojas de periódico, ojos estrábicos y
pronunciando muy pocas palabras, es en
apariencias un ingenuo que lograba
decir, y más que ello publicar, mensajes
que burlaban la censura y se insertaban
en las ansias que tenía el pueblo
cubano por derrotar la tiranía.
En su libro
Pintura cubana: temas y variaciones,
la Dra. Adelaida de Juan, que cataloga a
El Loquito como un símbolo, afirma:
“Hacerse el bobo (o el loco) representa
coloquialmente al hombre inteligente que
se ve obligado a enmascarar su ingenio.
En esto se diferencian del primer
símbolo republicano del pueblo, el
Liborio, de Torriente”. La investigadora
compara los personajes de Nuez y de
Abela; con el Liborio, de Torriente, que
circuló a principios del siglo XX en las
publicaciones cubanas.
Este personaje le permitió a Nuez
“aprender que la composición del dibujo
es vital, es como una escena donde
planteas todo” y también hacer de la
ternura un don en las historias que
insinuaba. Agrega que “esa viñetita,
muy reducida” le ayudó enormemente. Por
él, en su opinión, se convirtió “en un
dibujante que crea opinión y cuando a
uno le pasa eso tiene que tener mucho
cuidado. Pero también es lo máximo. Te
identifican por la línea, y el dibujo
que haces llega a su destino”.
Artista y hombre polémico,
indudablemente que Nuez con El Loquito
logró dibujos con una excelente
composición que a la par de entendibles,
y por tanto creíbles, son muestras
acabadas como factura estética. Son
piezas que si en muchos casos necesitan
del contexto para ser decodificadas
totalmente, por su trazo en el dibujo y
aparente sencillez de la forma, tienen
ese duende singular que habita en las
obras de arte.
El dibujante que junto a sus 70 años
celebra los 50 de su primer personaje,
reconoce influencias de tres autores
cubanos: Rafael Blanco, por su economía
de trazos y su limpieza como dibujante;
Eduardo Abela, por su gracia socarrona y
cubanísima y Jesús de Armas, por su
manera de construir el humor.
Al preguntarle acerca de las tres
virtudes del humor gráfico en Cuba, Nuez
argumentó: “El humor gráfico cubano
actual creo que tiene más de tres
virtudes. Sin embargo, si lo llevamos a
tres, te diría que la primera es
existir como un arte vital y en
desarrollo constante desde hace mucho
tiempo convirtiéndose ya en una
tradición gráfica de nuestro pensamiento
nacional. El humor gráfico cubano ha
llegado por la superación constante de
sus creadores a convertirse en uno de
los movimientos más interesantes de
nuestra América, un continente que goza
de una gráfica genuina y representativa.
Que Cuba se inserte como está, entre los
países en un movimiento de dibujo
humorístico, ha requerido de un
desarrollo intelectual y político y de
una eficacia basada en convertir en arte
toda la filosofía y el pensamiento que
emana de una Revolución triunfante”.
Para el artista otra virtud “sería la
calidad de nuestros humoristas y nuestro
humorismo. Cuba es mundialmente
conocida por la frescura de la línea de
sus artistas gráficos, siendo sus
caricaturistas dibujantes de vanguardia
en todo el mundo de la caricatura
hispanoamericana. No pienso solo en la
cantidad de premios internacionales
recibidos por nuestros artistas, sino en
lo que ya se puede considerar la Escuela
Cubana de Humor Gráfico. Esto como se
comprende es producto de un esfuerzo
extraordinario, pues en un país pequeño
con tantas dificultades impuestas por
nuestros enemigos es aún más difícil
lograr la línea de nuestro trabajo, y
cuando digo línea me refiero al aspecto
gráfico y al aspecto ideológico. En
tales circunstancias se exige más
agudeza para poder llegar a todo el
mundo y vencer los obstáculos que se nos
imponen”.
No todo ha sido fácil, han existido y
existen dificultades. Nuez en este
sentido dice, “Como problema material el
papel, artículos para dibujar y, sobre
todo, hemos tenido que imponer la
publicación de nuestra gráfica a base de
calidad, superando los tabúes y
prejuicios a golpe de romper no solo el
bloqueo, que todos conocemos y nos hace
mucho daño y también algunos bloqueos
mentales que los superamos con
inteligencia, razón y perseverancia.
Cada vez que un dibujo nuestro se
publica en el exterior hace pedazos
todas las manifestaciones de bloqueo y
de aislamiento contra Cuba”.
Sobre la tercera virtud, señala “la
eficacia de nuestra comunicación sin
hacer concesiones de ningún tipo desde
el punto de vista estético. Nuestros
mejores humoristas han logrado con una
línea moderna, a la altura de los países
más desarrollados en este género,
transmitir las ideas de avanzada y la
esencia de la ideología de nuestra
Revolución a todas partes del mundo.
Sentimientos como la solidaridad han
sido y serán temática central en los
dibujos de nuestros compañeros. No por
un camino fácil sino por el camino del
arte, la cultura y la razón”.
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Pero Nuez enfatiza en más de tres
virtudes “porque no solo es en cantidad
sino en su calidad. Por ejemplo, las
nuevas generaciones que se han sucedido
a través de nuestra historia
revolucionaria, como son los jóvenes que
han surgido en las promociones que se
han venido suscitando en los diferentes
centros culturales del país, así como en
la UPEC con sus clases, seminarios,
cursos y la Cátedra de Humor del
Instituto Internacional de Periodismo
José Martí. En los periódicos
provinciales y nacionales de nuestra
prensa, los nuevos caricaturistas tienen
valores que han alcanzado logros dentro
de nuestro país así como
internacionalmente. Una temática
novedosa surgida con los nuevos
conceptos revolucionarios ha sido la
creación de un movimiento espontáneo del
caricaturista que ha utilizado su arte
para colaborar en la Educación Formal de
forma amena e instructiva, las
instituciones y organizaciones han
tenido un aliado en el humorismo gráfico
para la educación y orientación en
muchos aspectos importantes para niños y
jóvenes”.
Cincuenta años atrás, cuando dibujó y
publicó El Loquito, seguro que Nuez no
se imaginaría el futuro de su hijo, hoy
se puede afirmar que aún tendrá
estudiosos y admiradores, hombres y
mujeres del futuro que por este
personaje y otros de numerosos artistas
corroborarán la calidad del dibujo
humorístico en la mayor de Las Antillas.
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