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Agradezco mucho la presencia de todos.
Le agradezco mucho a Sigfredo Ariel, que
no es un poeta de mi generación, ni
siquiera hemos tenido realmente una gran
confraternización a pesar de que lo
admiro —incluso intervine con mucho
gusto en un jurado que le entregó el
Premio de la Crítica—, su valoración de
“Cuba, poema mitológico”, que es un
poema que me importa mucho. Como a veces
pasa en Cuba, cosas de menor importancia
siempre se comentan mucho más que un
poema, y le agradezco mucho esa
valoración que me honra sobre este poema
en el que he puesto mucho interés y
mucha fe. Quiero de alguna manera seguir
trabajando por esa línea, por el camino
de este poema.
Al Chino (Eduardo Heras León) le digo
que no es, por supuesto, casual que
estuviera aquí. Había invitado a Víctor
en primer lugar entre otras cosas porque
es el otro superviviente de El Caimán
Barbudo. Wichy (Luis Rogelio
Nogueras) murió, Jesús se fue y después
murió también, otros del grupo de
redacción no están acá…, aunque hay aquí
otras gentes del Caimán…, porque
no somos solo los que integramos el
Consejo de Redacción, pero de ese grupo
quedamos solamente Víctor y yo.
Nicolás es uno de mis grandes amigos, a
pesar de que no es de los más antiguos.
Es un amigo reciente que se ha
convertido, sin embargo, en uno de mis
mejores amigos, quizá por la afinidad de
caracteres, porque tenemos mucho en
común y porque enfocamos las cosas desde
un punto de vista bastante semejante.
Formo parte de la Fundación Nicolás
Guillén porque admiro mucho la obra del
poeta, es un trabajo que no me cuesta
nada hacer, lo hago con felicidad. Allí
ha surgido esta amistad que no creo que
vaya a romperse por ninguna razón,
aunque ha hecho una historia
completamente novelada de aquella maleta
equivocada en Ciudad Real, lo cual
demuestra que Nicolás, además de ser
matemático, es un hombre de las
humanidades y de las letras, porque
tiene esa capacidad de novelar.
En efecto, he trabajado más de 40 años.
Si mal no recuerdo mi primer poema lo
publiqué en 1963, me lo pidió Roberto
Fernández Retamar y se publicó en la
revista Unión, con un grupo de
varios escritores jóvenes entre los que
estaban Sigfredo Álvarez y Orlando Lomá,
entre otros. Han pasado 44 años desde
entonces.
Mi primer libro se publicó en 1941,
cuaderno que publicó Fayad Jamís en la
colección La Tertulia, aquella hermosa
colección que tenía y que fue punto de
partida para muchos escritores, como
Víctor, que publicó ese mismo año
Todos los días del mundo.
Ya son más de 40 años. A veces me he
callado porque no me quedó más remedio,
no me publicaban. Durante algún tiempo
escribía y lo dejaba guardado porque no
me lo publicaban. Creo por eso que no he
escrito tan poco como dicen. Tengo cerca
de 12 libros en unos cuantos años, a
veces libros pequeños, pero es que los
libros de poesía son pequeños. Los
grandes libros de poesía, Sabor
eterno o El son entero, son
libros pequeños. Luego el poeta reúne en
una gran antología su obra, pero los
cuadernos son pequeños, como tienen que
ser los buenos libros de poesía.
Sigo trabajando y sigo acercándome como
puedo a la literatura, con diversos
intereses. Siempre he tenido diversos
intereses, como la poesía y la prosa,
aunque siempre reclamo mi condición de
poeta, porque los poetas te dan de baja
en cuanto escribes cualquier otra cosa,
te borran de la nómina de los poetas,
pero yo me sigo considerando uno e
incluso cuando escribo narrativa creo
que lo hago desde cierta perspectiva
poética. No quiero ser un narrador
convencional, sino meterme desde un
enfoque un tanto personal en el texto
narrativo.
El policial fue una aventura que
empezamos a correr Wichy y yo allá por
los años 70, en pleno quinquenio gris.
Esa fue una manera de divertirnos,
realmente nos divertimos mucho, muchas
veces por obra de Wichy, que tenía un
genio infinito. De verdad que la pasamos
muy bien escribiendo esta novela, no nos
costó nada. Finalmente obtuvo el Premio
del Aniversario del triunfo de la
Revolución. Creo que Heras
León
tiene razón en que la novela animó a
otros escritores, porque hasta entonces
los que habían ganado los premios del
MININT eran aficionados. A veces
escribían bien, a veces tenían talento,
pero les faltaba el oficio para hacer
una buena novela. Tengo la satisfacción
de que Daniel Chavarría nos dijo a Wichy
y a mí que fue justamente El cuarto
círculo la obra que lo animó a
escribir. Al año siguiente escribió
Joy, que ganó el Premio en el
concurso siguiente al de nuestra novela.
Fue un premio que desempeñó un papel en
el desarrollo de la novela policial
cubana hace 30 años. Tuvo varias
ediciones y algunas traducciones —una al
portugués, otras al checo, al búlgaro y
al ruso. Después, mi segunda novela,
aunque le falta el talento del Wichy —la
escribí yo solo—, en cierto sentido la
planeamos los dos. El plan era de los
dos y allí el homenaje a José Antonio
Portuondo que había existido en El
cuarto círculo se transforma en el
homenaje a Samuel Feijóo, con un
personaje que se llama Samuel Espada,
que es la traducción al español de Sam
Spade, el famoso detective de H.
Hamilton, un detective con un sombrero
para el agua y una jabita de malanga, es
esa mezcla de campesino con
trascendentalista alemán que tenía
Feijóo. Si leen el capítulo que se llama
“Al filo de la espada” se van a divertir
mucho si tienen en cuenta que el
personaje que se está presentando en el
Carmelo de Calzada es Feijóo. Estaba
escribiendo una novela que se llama
El perro sabanero, una versión de
El lobo estepario, radicado en
Cienfuegos. Nos divertíamos muchísimo
haciendo estas bromas blancas. No eran
malévolas, no queríamos dañar a nadie.
Creo que la literatura también es eso,
si una literatura no puede convertirse
también en material para el humor y para
la parodia, esa literatura todavía no
existe.
La literatura cubana se ha ido
convirtiendo en una gran literatura en
el siglo XX. Tenemos figuras
maravillosas en el XIX pero en el XX ha
adquirido un cuerpo que creo que la va
convirtiendo en una literatura
importante en América y de peso
universal.
Muchas gracias a todos. |