Año VI
La Habana

29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE
de 2007

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Siempre reclamo mi condición de poeta

Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana
Fotos: Victor Junco (La Jiribilla)

 

Agradezco mucho la presencia de todos. Le agradezco mucho a Sigfredo Ariel, que no es un poeta de mi generación, ni siquiera hemos tenido realmente una gran confraternización a pesar de que lo admiro —incluso intervine con mucho gusto en un jurado que le entregó el Premio de la Crítica—, su valoración de “Cuba, poema mitológico”, que es un poema que me importa mucho. Como a veces pasa en Cuba, cosas de menor importancia siempre se comentan mucho más que un poema, y le agradezco mucho esa valoración que me honra sobre este poema en el que he puesto mucho interés y mucha fe. Quiero de alguna manera seguir trabajando por esa línea, por el camino de este poema.

Al Chino (Eduardo Heras León) le digo que no es, por supuesto, casual que estuviera aquí. Había invitado a Víctor en primer lugar entre otras cosas porque es el otro superviviente de El Caimán Barbudo. Wichy (Luis Rogelio Nogueras) murió, Jesús se fue y después murió también, otros del grupo de redacción no están acá…, aunque hay aquí otras gentes del Caimán…, porque no somos solo los que integramos el Consejo de Redacción, pero de ese grupo quedamos solamente Víctor y yo.

Nicolás es uno de mis grandes amigos, a pesar de que no es de los más antiguos. Es un amigo reciente que se ha convertido, sin embargo, en uno de mis mejores amigos, quizá por la afinidad de caracteres, porque tenemos mucho en común y porque enfocamos las cosas desde un punto de vista bastante semejante. Formo parte de la Fundación Nicolás Guillén porque admiro mucho la obra del poeta, es un trabajo que no me cuesta nada hacer, lo hago con felicidad. Allí ha surgido esta amistad que no creo que vaya a romperse por ninguna razón, aunque ha hecho una historia completamente novelada de aquella maleta equivocada en Ciudad Real, lo cual demuestra que Nicolás, además de ser matemático, es un hombre de las humanidades y de las letras, porque tiene esa capacidad de novelar.

En efecto, he trabajado más de 40 años. Si mal no recuerdo mi primer poema lo publiqué en 1963, me lo pidió Roberto Fernández Retamar y se publicó en la revista Unión, con un grupo de varios escritores jóvenes entre los que estaban Sigfredo Álvarez y Orlando Lomá, entre otros. Han pasado 44 años desde entonces.

Mi primer libro se publicó en 1941, cuaderno que publicó Fayad Jamís en la colección La Tertulia, aquella hermosa colección que tenía y que fue punto de partida para muchos escritores, como Víctor, que publicó ese mismo año Todos los días del mundo.

Ya son más de 40 años. A veces me he callado porque no me quedó más remedio, no me publicaban. Durante algún tiempo escribía y lo dejaba guardado porque no me lo publicaban. Creo por eso que no he escrito tan poco como dicen. Tengo cerca de 12 libros en unos cuantos años, a veces libros pequeños, pero es que los libros de poesía son pequeños. Los grandes libros de poesía, Sabor eterno o El son entero, son libros pequeños. Luego el poeta reúne en una gran antología su obra, pero los cuadernos son pequeños, como tienen que ser los buenos libros de poesía.

Sigo trabajando y sigo acercándome como puedo a la literatura, con diversos intereses. Siempre he tenido diversos intereses, como la poesía y la prosa, aunque siempre reclamo mi condición de poeta, porque los poetas te dan de baja en cuanto escribes cualquier otra cosa, te borran de la nómina de los poetas, pero yo me sigo considerando uno e incluso cuando escribo narrativa creo que lo hago desde cierta perspectiva poética. No quiero ser un narrador convencional, sino meterme desde un enfoque un tanto personal en el texto narrativo.

El policial fue una aventura que empezamos a correr Wichy y yo allá por los años 70, en pleno quinquenio gris. Esa fue una manera de divertirnos, realmente nos divertimos mucho, muchas veces por obra de Wichy, que tenía un genio infinito. De verdad que la pasamos muy bien escribiendo esta novela, no nos costó nada. Finalmente obtuvo el Premio del Aniversario del triunfo de la Revolución. Creo que Heras León tiene razón en que la novela animó a otros escritores, porque hasta entonces los que habían ganado los premios del MININT eran aficionados. A veces escribían bien, a veces tenían talento, pero les faltaba el oficio para hacer una buena novela. Tengo la satisfacción de que Daniel Chavarría nos dijo a Wichy y a mí que fue justamente El cuarto círculo la obra que lo animó a escribir. Al año siguiente escribió Joy, que ganó el Premio en el concurso siguiente al de nuestra novela.

Fue un premio que desempeñó un papel en el desarrollo de la novela policial cubana hace 30 años. Tuvo varias ediciones y algunas traducciones —una al portugués, otras al checo, al búlgaro y al ruso. Después, mi segunda novela, aunque le falta el talento del Wichy —la escribí yo solo—, en cierto sentido la planeamos los dos. El plan era de los dos y allí el homenaje a José Antonio Portuondo que había existido en El cuarto círculo se transforma en el homenaje a Samuel Feijóo, con un personaje que se llama Samuel Espada, que es la traducción al español de Sam Spade, el famoso detective de H. Hamilton, un detective con un sombrero para el agua y una jabita de malanga, es esa mezcla de campesino con trascendentalista alemán que tenía Feijóo. Si leen el capítulo que se llama “Al filo de la espada” se van a divertir mucho si tienen en cuenta que el personaje que se está presentando en el Carmelo de Calzada es Feijóo. Estaba escribiendo una novela que se llama El perro sabanero, una versión de El lobo estepario, radicado en Cienfuegos. Nos divertíamos muchísimo haciendo estas bromas blancas. No eran malévolas, no queríamos dañar a nadie. Creo que la literatura también es eso, si una literatura no puede convertirse también en material para el humor y para la parodia, esa literatura todavía no existe.

La literatura cubana se ha ido convirtiendo en una gran literatura en el siglo XX. Tenemos figuras maravillosas en el XIX pero en el XX ha adquirido un cuerpo que creo que la va convirtiendo en una literatura importante en América y de peso universal.

Muchas gracias a todos.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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