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Hazlo por Neruda
es una de las tantas polémicas ─y
buenas─
obras de Alejandro Gil. Su exhibición en
la UNEAC, a raíz de un merecido Premio
Caracol, antes de pasarlo por la pequeña
pantalla, fue un buen pretexto para
reunirse un grupo de amantes del buen
cine. En ese contexto, hace más de 10
años, conocí a Consuelo Ramírez: era la
guionista del discutido teleplay. Ella
acababa de dar un salto al vacío, sin
paracaídas. Pasado el tiempo su obra
demuestra por qué quemó unas naves para
tomar otra que la lleva en el rumbo
deseado por su raigal vocación.
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Consuelo al micrófono, en el
estreno de su documental
Buenas noticias, mi amor
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¿Cómo, cuándo y por qué te decidiste a
ser una profesional del audiovisual?
¿Fue un salto al vacío?
Mi
entretenimiento, desde niña, fue
escribir, pero las obligaciones crecen
con el decursar de la vida y van dejando
muy poco espacio para los
entretenimientos, así, las historias se
armaban dentro de cualquier intersticio:
aprovechaba, por ejemplo, el viaje en
bicicleta, así nació Adoración y
Soledad (inédito), hasta el punto
que recuerdo el lugar del recorrido
donde escuché por primera vez la voz de
Adoración que refunfuñaba mientras
sacaba sedas y porcelanas de un baúl
abierto de par en par en medio del bohío
más rústico que yo había visto jamás.
En
algún momento de comienzos de los 90, me
asedia la loca idea que podría llegar a
convertirme en una anciana que repitiera
hasta el cansancio “yo quería ser
escritora pero…” y dije no hay peros
que valgan, aunque me prometí que si no
resultaba, nunca más ni siquiera
pensaría en eso.
Rompo
con mis vínculos laborales, pasando a
depender económica y conmovedoramente de
mi familia.
Algo
había aprendido de técnica de guiones
con el maestro Abelardo Vidal y como es
un momento, enero de 1994, en que en las
editoriales apenas se publicaba nada,
comienzo a convertir en guión una tras
otra cuanta historia tenía escrita o a
medio escribir, en ese proceso me siento
muy bien, ya no solo hago uso de las
palabras, sino que sugiero sonidos,
imágenes, formas de vestir… tantos
guiones presenté por todas partes que a
algunos les tocó ser aprobados y hasta
realizados por otros directores. En
septiembre de 1997 logro matricular un
curso de Dirección en la Facultad, creo
que graduarme fue la primera escala del
"salto al vacío", ese fue el
calificativo que dio la primera
periodista que me entrevistó al riesgo
que corrí, y creo que sí, que fue un
salto al vacío, porque yo no sabía ni
remotamente qué iba a pasar conmigo…
cuando caí me di cuenta de que tenía por
delante una senda muy, muy complicada,
donde lo más difícil es decidir cuando
se vuela, o cuando se avanza a duras
penas, suerte de las manos amigas, de
los consejos sabios y de la familia,
siempre la familia.
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Filmación de Soy Garífuna |
¿No sientes nostalgia de la escritura?
Mira,
me da mucha pasión entrar en cada
proceso de dirección, esas primeras
llamadas telefónicas a los
especialistas, ese confabularse, ese
sentir que comienza a vibrar el
entusiasmo del otro lado de la línea,
recibir llamadas-respuestas que
comienzan “sabes que se me ocurrió
que…”, es simplemente maravilloso,
después viene el susto de si lo
lograremos o no, después trabajar, a
pesar del susto, para armar la historia
plano a plano, a veces en condiciones
difíciles, una puesta en pantalla es
sentirse constantemente retado y eso,
decididamente, tiene mucho que ver
conmigo, pero… sigo sin tiempo para
escribir todo lo que tengo por dentro, a
veces me doy el chance, como el año
pasado que escribí el testimonio de mi
viaje a Angola en el año 1988 junto a
una brigada artística, a veces escribo,
como ahora, la versión de una novela
para cine, es un encargo o una historia
para un próximo teleplay, pero todo eso
está condicionado por las circunstancias
y lo hago con mucho gusto, pero escribir
a rienda suelta, darles voz a esos
personajes que han pasado por tantas
etapas, tan diversas, tan complejas,
¡todavía sigo sin tiempo!, y ya no sé a
ciencia cierta si esa nostalgia con que
convivo es colofón o acicate.
¿Cuál fue tu primera obra para la TV?
¿Qué recuerdas de ella?
Tengo
dos primeras, la primera como guionista,
Hazlo por Neruda, dirigida por
Alejandro Gil, ese guión nació de uno de
los cuentos de un libro inédito y que
Alejandro quería siempre saber si tenía
algo de autobiográfico o no, y yo nunca
le contesté, porque de todas formas él
iba a seguir creyendo lo que le
pareciera, resulta que ahora en Honduras
me encontré al protagonista de Hazlo…,
no es que sea la misma persona, sino que
vivió la misma historia y me contó por
qué nunca más escribió, también él dejó
a alguien buscándolo en las estrellas;
como ya tengo las dos caras de la
moneda, esa primera va a crecer, no sé
por dónde, pero va a crecer, porque más
allá de cualquier prohibición, cuando
toca, se producen las comuniones.
La
segunda primera, es Mariana y el
tiempo, un documental que no lo es,
fue mi primera dirección, un
acercamiento a Mariana Grajales desde
una niña que descubre que Mariana es la
abuela de la abuela de su abuela.
Recuerdo tuve que controlar las lágrimas
cuando di mi primera voz de acción, era
el plano en que la niña pintaba las
flores, recuerdo también que conecté una
lamparita de noche en 220 v y pasé la
vergüenza más grande de mi vida, con el
equipo, con la señora de la casa, ¿cómo
olvidar la sonrisa del luminotécnico
cuando pedí un cambio de la iluminación
y le dije a modo de disculpa, Víctor, es
que estoy ahora aprendiendo a dirigir,
sonrió para decirme una frase, que aún
me da ánimos cuando me siento en apuros?
De
los documentales que has realizado
escoge tres de tu preferencia y dime por
qué los seleccionas.
Uno:
¡el de Martí!, sin duda, A bordo de
un retrato... Creo que siempre
conmoverá la voz de Fina García Marruz
leyendo el poema que le hizo a ese mismo
retrato del Maestro en su primer libro,
como siempre conmoverá Cintio Vitier,
incorporándose para demostrar que los
pies del retrato quedaban a la altura de
su mirada, y que gracias a eso descubrió
que los zapatos gastados por Martí
constituyen una obra de arte. Siempre
les agradezco.
Dos:
Soy Garífuna, más que un
documental es un granito de arena en la
defensa de una de las tantas etnias
silenciadas de Nuestra América: cuántas
culturas por conocer, culturas
autóctonas, no mal copiadas de ningún
patrón. Un mero ejemplo, los garífunas,
resultado de la mezcla de arahuacos y
africanos, orgullosos de nunca haber
sido esclavos, orgullosos de su costa
atlántica centroamericana, bañada, más
que por el mar por la preciosa música
que los identifica.
Tres:
Persistir en la ilusión, los
avatares de un científico, que decidió
vencer todos los escollos que
aparecieron en su camino para devolver
la alegría a muchas personas de todo el
mundo. El doctor Millares Cao es un
paradigma, creo que el documental lo
demuestra.
¿Qué pasó con Kanka?
Kanka…
esa mujer africana con el caldero sobre
su cabeza, conquistando el alma de un
soldado cubano. Kanka responde a uno de
los mitos que genera cualquier guerra,
es pura leyenda, hasta donde pueden ser
puras las leyendas. Fue primero un
cuento publicado en una Antología de
mujeres latinoamericanas, mi mamá se
lo dio a leer a Ugo Adam, cineasta
argentino que quería saber algo de
Angola, y él fue el de la idea del guión
de cine, decía mientras leía ¡esto es
pura imagen… oye cómo barritan los
elefantes!, a la confabulación de mi
mamá con Ugo debo ese guión que ya está
aprobado para ser producido por el ICAIC,
será mi primer largometraje, si cubanos,
angolanos y namibios unimos fuerzas y
fondos.
¿Cómo te fue dirigiendo en ficción,
especialmente con Buenas noticias, mi
amor?
En la
ficción aparecen unos aliados poderosos
que son los actores, es un proceso casi
telepático, donde media mucho trabajo,
en Buenas noticias, mi amor, esa
crítica sutil a la soledad, conté además
con la alianza de una guionista, este es
mi primera obra no escrita por mí: Lil
Romero es talentosa, ágil en sus ideas,
estuvo colaborando hasta el último
momento, yo quería que todos los cambios
pasaran por sus manos, es su primer
guión de ficción y le agradezco que me
lo haya confiado. Aprendí mucho con
Livio Delgado, como en su momento
aprendí de Inerariti o del maestro Pepe
Riera, por primera vez trabajé con
Jorgito Fernández en la banda sonora, un
viejo deseo, la edición fue con
Sehrwerert, ese intercambio con los
especialistas es tan enriquecedor como
con los actores, Doimeadiós, Daysi
Quintana, Mariela Bejerano, discutimos
mucho, ensayamos, buscamos caminos,
mucha entrega por parte de todos, el
reto era encontrar las locaciones, el
vestuario para que no pareciera Cuba,
para conservar la esencia del escritor
mexicano. Eslinda Núñez y Pancho García,
actores que siempre me acompañan,
aceptaron hacer un spot de menos de un
minuto en pantalla, quiero decir que
hubo colaboración hasta en el último de
los detalles, creo que siempre que se
forme un equipo así tiene que ir bien.
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Escena de
Buenas noticias,
mi amor |
¿Cómo sería para ti una televisión
culta?
Cultura es diversidad, por lo tanto, con
espacios para la mayor cantidad de
personas diferentes, sin subestimar a
ningún televidente. Paralelamente la
calidad de lo que se hace, tampoco se
puede subestimar a ningún programa, por
pequeño que sea. Hay que trabajar con el
corazón, pero también son necesarias las
condiciones materiales para trabajar, es
decir, una televisión culta necesita
también de recursos para poder abordar
esa diversidad a la que aspiramos.
¿Qué planes mediatos e inmediatos
tienes tanto en documentales, como
ficción?
Mi
próximo documental será La muerte
muere de vida, inspirado en la obra
de Excilia Saldaña, una poeta que desde
su obra niega esa muerte que aún nos
duele, Esteban Llorach hizo la selección
de todos los textos que serán utilizados
en el documental, por lo mucho de
autobiográfico que hay en su obra
podemos contar su vida con sus propias
palabras, nadie podría decirlo con más
belleza porque Excilia es orfebre mayor
de nuestro idioma, quien lo dude que
apenas se asome a La Noche.
Por
otra parte trabajo en un guión a cuatro
manos con Lil Romero, que va por seis
porque está inspirado en un cuento de
Santiago Sosa, hondureño, que va por
ocho porque trata de lo que acontece en
un grupo de teatro donde se ensaya
Cien años de soledad, y por tanto
aparecen algunos bocadillos salidos de
la pluma del colombiano. Tiene solo
cuatro personajes, y por ahí anda un
director de fotografía haciendo
propuestas de iluminación para el teatro
donde ensayan… esto debe culminar en un
corto de ficción para el espacio de El
Cuento, al que le debo mi aún inacabado
proceso de formación como directora.
Y muy
cerquita tengo a Kanka que me pregunta
desde su callada altivez, si no la
recuerdo, y como ya sabe que sí, que
siempre la recuerdo, se sonríe como el
día que Abigail le elogió su hermoso
peinado. |