Año VI
La Habana

29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE
de 2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Consuelo Ramírez

Diez años después de su salto al vacío

P. Armas. F. • La Habana

 

Hazlo por Neruda es una de las tantas polémicas y buenas obras de Alejandro Gil. Su exhibición en la UNEAC, a raíz de un merecido Premio Caracol, antes de pasarlo por la pequeña pantalla, fue un buen pretexto para reunirse un grupo de amantes del buen cine. En ese contexto, hace más de 10 años, conocí a Consuelo Ramírez: era la guionista del discutido teleplay. Ella acababa de dar un salto al vacío, sin paracaídas. Pasado el tiempo su obra demuestra por qué quemó unas naves para tomar otra que la lleva en el rumbo deseado por su raigal vocación.

 



Consuelo al micrófono, en el estreno de su documental Buenas noticias, mi amor

 

¿Cómo, cuándo y por qué te decidiste a ser una profesional del audiovisual? ¿Fue un salto al vacío?
 

Mi entretenimiento, desde niña, fue escribir, pero las obligaciones crecen con el decursar de la vida y van dejando muy poco espacio para los entretenimientos, así, las historias se armaban dentro de cualquier intersticio: aprovechaba, por ejemplo, el viaje en bicicleta, así nació Adoración y Soledad (inédito), hasta el punto que recuerdo el lugar del recorrido donde  escuché por primera vez la voz de Adoración que refunfuñaba mientras sacaba sedas y porcelanas de un baúl abierto de par en par en medio del bohío más rústico que yo había visto jamás.
 

En algún momento de comienzos de los 90, me asedia la loca idea que podría llegar a convertirme en una anciana que repitiera hasta el cansancio “yo quería ser escritora pero…”   y dije no hay peros que valgan, aunque me prometí que si no resultaba, nunca más ni siquiera pensaría en eso.
 

Rompo con mis vínculos laborales, pasando a depender económica y conmovedoramente de mi familia.
 

Algo había aprendido de técnica de guiones con el maestro Abelardo Vidal y como es un momento, enero de 1994, en que en las editoriales apenas se publicaba nada, comienzo a convertir en guión una tras otra cuanta historia tenía escrita o a medio escribir, en ese proceso me siento muy bien, ya no solo hago uso de las palabras, sino que sugiero sonidos, imágenes, formas de vestir…  tantos guiones presenté por todas partes que a algunos les tocó ser aprobados y hasta realizados por otros directores. En septiembre de 1997 logro matricular un curso de Dirección en la Facultad, creo que graduarme fue la primera escala del "salto al vacío",  ese fue el calificativo que dio la primera periodista que me entrevistó al riesgo que corrí, y creo que sí, que fue un salto al vacío, porque yo no sabía ni remotamente qué iba a pasar conmigo… cuando caí me di cuenta de que tenía por delante una senda muy, muy complicada, donde lo más difícil es decidir cuando se vuela, o cuando se avanza a duras penas, suerte de las manos amigas, de los consejos sabios y de la familia, siempre la familia.

 



Filmación de Soy Garífuna


¿No sientes nostalgia de la escritura?
 

Mira, me da mucha pasión entrar en cada proceso de dirección, esas primeras llamadas telefónicas a los especialistas, ese confabularse, ese sentir que comienza a vibrar el entusiasmo del otro lado de la línea, recibir llamadas-respuestas que comienzan “sabes que se me ocurrió que…”, es simplemente maravilloso, después viene el susto de si lo lograremos o no, después trabajar, a pesar del susto, para armar la historia plano a plano, a veces en condiciones difíciles, una puesta en pantalla es sentirse constantemente retado y eso, decididamente, tiene mucho que ver conmigo, pero… sigo sin tiempo para escribir todo lo que tengo por dentro, a veces me doy el chance, como el año pasado que escribí el testimonio de mi viaje a Angola en el año 1988 junto a una brigada artística, a veces escribo, como ahora, la versión de una novela para cine, es un encargo o una historia para un próximo teleplay, pero todo eso está condicionado por las circunstancias y lo hago con mucho gusto, pero escribir a rienda suelta, darles voz a esos personajes que han pasado por tantas etapas, tan diversas, tan complejas,  ¡todavía sigo sin tiempo!, y ya no sé a ciencia cierta si esa nostalgia con que convivo es colofón o acicate.

 

¿Cuál fue tu primera obra para la TV? ¿Qué recuerdas de ella?
 

Tengo dos primeras, la primera como guionista, Hazlo por Neruda, dirigida por Alejandro Gil, ese guión nació de uno de los cuentos de un libro inédito y que Alejandro quería siempre saber si tenía algo de autobiográfico o no, y yo nunca le contesté, porque de todas formas él iba a seguir creyendo lo que le pareciera, resulta que ahora en Honduras me encontré al protagonista de Hazlo…, no es que sea la misma persona, sino que vivió la misma historia y me contó por qué nunca más escribió, también él dejó a alguien buscándolo en las estrellas; como ya tengo las dos caras de la moneda, esa primera va a crecer, no sé por dónde, pero va a crecer, porque más allá de cualquier prohibición, cuando toca, se producen las comuniones.
 

La segunda primera, es Mariana y el tiempo, un documental que no lo es, fue mi primera dirección, un acercamiento a Mariana Grajales desde una niña que descubre que Mariana es la abuela de la abuela de su abuela. Recuerdo tuve que controlar las lágrimas cuando di mi primera voz de acción, era el plano en que la niña pintaba las flores, recuerdo también que conecté una lamparita de noche en 220 v y pasé la vergüenza más grande de mi vida, con el equipo, con la señora de la casa, ¿cómo olvidar la sonrisa del luminotécnico cuando pedí un cambio de la iluminación y le dije a modo de disculpa, Víctor, es que estoy ahora aprendiendo a dirigir, sonrió para decirme una frase, que aún me da ánimos cuando me siento en apuros?
 

De los documentales que has realizado escoge tres de tu preferencia y dime por qué los seleccionas.

Uno: ¡el de Martí!, sin duda, A bordo de un retrato... Creo que siempre conmoverá la voz de Fina García Marruz leyendo el poema que le hizo a ese mismo retrato del Maestro en su primer libro, como siempre conmoverá Cintio Vitier, incorporándose para demostrar que los pies del retrato quedaban a la altura de su mirada, y que gracias a eso descubrió que los zapatos gastados por Martí constituyen una obra de arte. Siempre les agradezco.
 

Dos: Soy Garífuna, más que un documental es un granito de arena en la defensa de una de las tantas etnias silenciadas de Nuestra América: cuántas culturas por conocer, culturas autóctonas, no mal copiadas de ningún patrón. Un mero ejemplo, los garífunas, resultado de la mezcla de arahuacos y africanos, orgullosos de nunca haber sido esclavos, orgullosos de su costa atlántica centroamericana, bañada, más que por el mar por la preciosa música que los identifica.
 

Tres: Persistir en la ilusión, los avatares de un científico, que decidió vencer todos los escollos que aparecieron en su camino para devolver la alegría a muchas personas de todo el mundo. El doctor Millares Cao es un paradigma, creo que el documental lo demuestra.

 

¿Qué pasó con Kanka?
 

Kanka…  esa mujer africana con el caldero sobre su cabeza, conquistando el alma de  un soldado cubano. Kanka responde a uno de los mitos que genera cualquier guerra, es pura leyenda, hasta donde pueden ser puras las leyendas. Fue primero un cuento publicado en una Antología de mujeres latinoamericanas, mi mamá se lo dio a leer a Ugo Adam, cineasta argentino que quería saber algo de Angola, y él fue el de la idea del guión de cine, decía mientras leía ¡esto es pura imagen… oye cómo barritan los elefantes!, a la confabulación de mi mamá con Ugo debo ese guión que ya está aprobado para ser producido por el ICAIC, será mi primer largometraje, si cubanos, angolanos y namibios unimos fuerzas y fondos.
 

¿Cómo te fue dirigiendo en ficción, especialmente con Buenas noticias, mi amor?
 

En la ficción aparecen unos aliados poderosos que son los actores, es un proceso casi telepático, donde media mucho trabajo, en Buenas noticias, mi amor,  esa crítica sutil a la soledad, conté además con la alianza de una guionista, este es mi primera obra no escrita por mí: Lil Romero es talentosa, ágil en sus ideas, estuvo colaborando hasta el último momento, yo quería que todos los cambios pasaran por sus manos, es su primer guión de ficción y le agradezco que me lo haya confiado. Aprendí mucho con Livio Delgado, como en su momento aprendí de Inerariti o del maestro Pepe Riera, por primera vez trabajé con Jorgito Fernández en la banda sonora, un viejo deseo, la edición fue con Sehrwerert, ese intercambio con los especialistas es tan enriquecedor como con los actores, Doimeadiós, Daysi Quintana, Mariela Bejerano, discutimos mucho, ensayamos, buscamos caminos, mucha entrega por parte de todos, el reto era encontrar las locaciones, el vestuario para que no pareciera Cuba, para conservar la esencia del escritor mexicano. Eslinda Núñez y Pancho García, actores que siempre me acompañan, aceptaron hacer un spot de menos de un minuto en pantalla, quiero decir que hubo colaboración hasta en el último de los detalles, creo que siempre que se forme un equipo así tiene que ir bien.

 



Escena de
Buenas noticias, mi amor

 

¿Cómo sería para ti una televisión culta?

Cultura es diversidad, por lo tanto, con espacios para la mayor cantidad de personas diferentes, sin subestimar a ningún televidente. Paralelamente la calidad de lo que se hace, tampoco se puede subestimar a ningún programa, por pequeño que sea. Hay que trabajar con el corazón, pero también son necesarias las condiciones materiales para trabajar, es decir, una televisión culta necesita también de recursos para poder abordar esa diversidad a la que aspiramos.

¿Qué planes mediatos e inmediatos tienes tanto en documentales, como ficción?
 

Mi próximo documental será La muerte muere de vida, inspirado en la obra de Excilia Saldaña, una poeta que desde su obra niega esa muerte que aún nos duele, Esteban Llorach hizo la selección de todos los textos que serán utilizados en el documental, por lo mucho de autobiográfico que hay en su obra podemos contar su vida con sus propias palabras, nadie podría decirlo con más belleza porque Excilia es orfebre mayor de nuestro idioma, quien lo dude que apenas se asome a La Noche.
 

Por otra parte trabajo en un guión a cuatro manos con Lil Romero, que va por seis porque está inspirado en un cuento de Santiago Sosa, hondureño, que va por ocho porque trata de lo que acontece en un grupo de teatro donde se ensaya Cien años de soledad, y por tanto aparecen algunos bocadillos salidos de la pluma del colombiano. Tiene solo cuatro personajes, y por ahí anda un director de fotografía haciendo propuestas de iluminación para el teatro donde ensayan… esto debe culminar en un corto de ficción para el espacio de El Cuento, al que le debo mi aún inacabado proceso de formación como directora.
 

Y muy cerquita tengo a Kanka que me pregunta desde su callada altivez, si no la recuerdo, y como ya sabe que sí, que siempre la recuerdo, se sonríe como el día que Abigail le elogió su hermoso peinado.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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