Año VI
La Habana

29 de SEPTIEMBRE
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de 2007

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Nuez y El Loquito burlan la censura

Adriana Pérez James • La Habana

 

Aproximadamente un cuarto de siglo después de la desaparición del inolvidable Bobo de Abela emergió de las páginas del semanario humorístico Zig-Zagun nuevo personaje que en más de un sentido entroncaría con su ilustre antecesor.  

En adición al hecho de que sus creadores provenían de la misma tierra natal, ambos artífices usaron igual estrategia para transmitir su mensaje y a la vez mofar la censura de prensa establecida durante dos de los más difíciles momentos de nuestra historia: las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, respectivamente. 

Tras una apariencia camuflada que años atrás vistió a uno de bobo, el ardid desarrollado de un joven de solo veinte años le permitió ahora, asomarse en la compleja aventura histórica con un nuevo disfraz, tan bien diseñado que le valió por sus contemporáneos el eterno reconocimiento y admiración de quien en verdad no fue, pero popularmente se conoció como El Loquito. 

Después de dos décadas de frustraciones, el cielo de Cuba se nublaba una vez más con un nuevo golpe militar, encabezado esta vez por Batista y apoyado por el imperialismo yanqui. El hecho, que tuvo lugar el 10 de marzo de 1952 encontró de inmediato la repulsa de las organizaciones representativas del pueblo. Entre las voces que se levantaron, estuvo la de Fidel Castro, entonces líder del ala izquierda del Partido Ortodoxo: 

No fue un cuartelazo contra el presidente Prío, abúlico, indolente; fue un cuartelazo contra el pueblo, vísperas de elecciones cuyos resultados se conocía de antemano.

No había orden, era el pueblo a quien le correspondía decidir democráticamente, civilizadamente y escoger sus gobernantes por voluntad y no por fuerza…

… Cubanos: hay tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas, Trejos y Guiteras. Hay opresión en la patria, pero habrá algún día otra vez libertad.  

Así se iniciaba en 1953 una nueva fase de lucha de nuestro pueblo. Se había creado una situación revolucionaria en el país y las condiciones objetivas e indispensables estaban dadas para que se produjera una revolución. Esto se evidenció con las acciones armadas que tuvieron lugar el 26 de julio en los cuarteles, Moncada de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, que aunque terminaron en un revés militar dio a conocer a un grupo de jóvenes valientes, que a partir de entonces tomarían el nombre de Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y dejarían abierta la brecha de una lucha armada que no culminaría hasta la derrota total de la tiranía batistiana. 

A este hecho le siguieron otros de igual importancia que mostraban el crecimiento de la actividad revolucionaria de las masas. El alzamiento el 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, en apoyo al desembarco del Granma, expedición donde viajan 82 combatientes que después de varios meses de exilio traían trazado el plan que les conducirían definitivamente  lograr el triunfo final. 

El arribo del yate Granma a las costas cubanas se efectúa el día 2 de diciembre, tres días después de lo que se había previsto inicialmente; ello se debió a una serie de contratiempos durante la travesía que retardaron su llegada. Conocido el hecho, la tiranía suspendió una vez más las garantías constitucionales en toda la provincia oriental. La prensa al servicio de la dictadura se hizo eco de las noticias que la jefatura del ejército permitía conocer en medio de la censura impuesta; así el periódico “Ataja” vocero del régimen, publicó el 4 de diciembre una información tomada de la agencia  de noticia “Prensa Unida”,  según la cual Fidel, ahora máximo líder del movimiento insurreccional, había resultado muerto en un encuentro con la tiranía. 

¿Qué pretendía Batista con esto? Al no poder ocultar el hecho mismo del desembarco, intentaba que su figura principal se creyera muerta para así evitar una inmediata movilización de las masas en su auxilio. Además los sucesos antes mencionados le habían hecho comprender a la dictadura el gran peligro y amenaza que representaba para ellos los hombres del conocido movimiento 26 de Julio. 

Al día siguiente, 5 de diciembre, se produjo el primer encuentro entre los expedicionarios y la fuerza de la tiranía conocido como Alegría de Pío. Así se iniciaba la forja de lo que más tarde seria el Ejercito Rebelde. A esta batalla, le siguió el ataque al cuartel de La Plata, lo que significó una derrota para la tiranía que se vio obligada a reconocer la fuerza del núcleo guerrillero. A partir de entonces, no cesó la ola de combates que llevaron a cabo  los revolucionarios, internados en el sistema montañoso oriental conocido como la Sierra Maestra. 

Al enfrentamiento a la dictadura de Batista se sumaron distintas organizaciones y representantes de diversas tendencias políticas, como el Directorio   Revolucionario o el propio Partido Socialista Popular, entre otras. Junto a la batalla en la Sierra se desarrollaba otra, la lucha clandestina en las ciudades. Importantes sectores de la población fueron tomando conciencia y se unieron a la misma. Esa toma de conciencia era vital para el triunfo y había que lograrla por distintas vías. La prensa podía ser, a veces lo fue, un importante instrumento a ese efecto, pero contra la referida  función hubo obstáculos: los intereses del aparato estatal, lo de los propios grupos de poder, los del imperialismo y el instrumento de la censura, bien utilizada por la dictadura. 

En medio de este contexto histórico que se desenvolvía en el país apareció El Loquito, personaje que al igual que los guerrilleros se convirtió en enemigo número uno de la dictadura y a la vez en el mejor vocero de la insurrección armada. Su autor el joven de quien comencé hablando lo presentó ante el público el 2 de febrero de 1957, en la entrega que le correspondía hacer al semanario Zig-Zag que lo había contratado una vez por semana. 

Este personaje, la primera vez que se asomó ante sus espectadores salía del hospital psiquiátrico Mazorra; sus ojos estrábicos, su tricornio de papel periódico y sus manos escondidas en los bolsillos de un supuesto chaleco no daban lugar a dudas que se trataba de un verdadero “loco”

Aparentemente distraído daba muestras, en un inicio del alcance de su desequilibrio mental: acostarse en la línea del ferrocarril, cruzar la calle 23 mientras leía un libro o sencillamente pensar en una bolsa de dinero mientras jugaba con una máquina traganíqueles, como bien nos decía su creador. 

Ya en su segunda entrega el “susodicho” comenzaba hacer gala en verdad de su locura, pues, sin que nadie supiera se había propuesto en un rejuego entre el ingenio y la inteligencia popular denunciar y burlar a la tiranía batistiana. De esta forma y siempre a través de claves, podíamos encontrar al Loquito frente a una sierra de carpintería con un signo de interrogación encima preguntándose qué era la Sierra. En referencia a la lucha armada que allí se desarrollaba. En otras ocasiones contemplaba sonrientemente un pez sierra o en uso del segundo de los vocablos del término hacia referencia a la maestra de la escuela que le daba lecciones sobre los números y este  saltaba del 25 al 27, subrayando por su omisión el 26 para referirse al Movimiento. 

Los primeros meses de 1957 fueron de fortalecimiento para el Ejército Rebelde en todos los sentidos. El 15 de febrero subieron a la Sierra, para coordinar acciones, las principales figuras del Movimiento 26 de Julio en las ciudades: Frank País, Armando Hart, Faustino Pérez, Haydée Santamaría, Celia Sánchez y Vilma Espín. Con ellos también subió un periodista norteamericano Herbert Mathews, que luego publicaría en el New York Times, una extensa entrevista con Fidel y algunas fotografías, con ello puso en ridículo al gobierno batistiano que seguía insistiendo en que el Jefe de la Revolución estaba muerto. El Loquito fue uno de los primeros en referirse a este hecho, y como no lo podía decir abiertamente, salió al día siguiente con su acostumbrado sobrero de papel periódico, solo que esta vez en sus líneas, se podía visualizar New York Times. Era como si el propio Loquito estuviera divulgando dicha entrevista; de una u otra forma le estaba orientando al pueblo dónde podía informarse sobre lo que en realidad estaba sucediendo en la Sierra. 

La guerrilla cada día se hacía más fuerte, y esa fortaleza fue lo que les permitió desarrollar durante el año 1957 una serie de acciones victoriosas contra las tropas de la tiranía, entre las que se encontraban: La Plata, Llanos del Infierno, Altos de Espinosa, Uvero, Bueycito, El hombrito, Pino del Agua, Mar Verde y Altos de Conrado. La lectura del Loquito ofrecía datos para el conocimiento de las principales acciones revolucionarias silenciadas o tergiversadas por la censura oficial. Así aparecieron reflejadas estas victorias del Ejército Rebelde. Para hacer alusión a la Batalla de Bueycito se le ve al Loquito contemplar un buey de juguete y la de Pino del Agua, el Loquito frente a un pino que tenía en el tronco un grifo de agua. 

Pero, como decíamos, la lucha armada no solo se desarrolló en las montañas sino también en las ciudades, la cual fue llevada a cabo fundamentalmente por comandos urbanos del Movimiento 26 y las fuerzas del Directorio Revolucionario (DR). Entre sus principales objetivos estuvieron trazados la realización de sabotajes, la distribución de propaganda y el reclutamiento de hombres para las montañas. 

El Loquito estaba en todas partes, se trasladaba continuamente de la Sierra al llano y viceversa, siguiendo cada acción del movimiento revolucionario. Por tanto también hizo mención a estas acciones de sabotaje y se le veía entonces sonriendo al lado de un latón de basura o de un paquete colocado en la calle, indicando de esta forma las bombas que ponía la clandestinidad y que cada noche explotaban en diferentes lugares del país. 

En febrero de 1957, ante la necesidad de acelerar las acciones en la capital, las principales figuras que operaban en las ciudades y fundamentalmente el Directorio Revolucionario estudiaron detalladamente varias alternativas y decidieron preparar un ataque para eliminar al tirano Batista; el lugar seleccionado para realizar la operación fue el Palacio Presidencial.  

El  13 de marzo, a las 3:00 P.M. se puso en marcha el plan. El asalto llevado a cabo por sorpresa no cumplió su cometido por diferentes razones. En ese encuentro perdieron la vida varios jóvenes revolucionarios. No obstante, tuvo una gran significación histórica pues convulsionó la conciencia popular y acrecentó el repudio al régimen tiránico. José Antonio Echeverría, máximo dirigente del Directorio Revolucionario y presidente de la FEU poco antes de morir dejó escrito lo que hoy se considera su testamento político: 

Tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar la senda del triunfo… que nuestra sangre señale el camino de la libertad. 

Después del ataque al Palacio Presidencial, el Loquito aparece en dos dibujos significativos, uno de ellos durmiendo en un banco del parque Zayas, próximo a Palacio, y maleta en mano esperando abordar un ómnibus rumbo Habana-Oriente. A partir de estas entregas, el Loquito acentuará sus comentarios sobre el desarrollo de la lucha revolucionaria utilizando diversos recursos alusivos. 

El Loquito se valió también de frases del léxico popular que le sirvieron de apoyatura en ocasiones para desarrollar claves y símbolos. Una de ellas fue: Cruzar el Niágara en bicicleta, para referirse a que la situación se había puesto bien difícil, así en varias ocasiones se le veía montado en un monociclo sobre una cuerda floja atravesando un salto de agua.  

Las acciones del 13 de marzo fueron parte de todo el torrente revolucionario que vivía el país. En los días sucesivos, el régimen batistiano desató una implacable persecución no solo contra las fuerzas del Directorio, sino también contra los que nada tuvieron que ver con aquella acción. Sencillamente el hecho de ser opositor al gobierno de Batista, determinaba que un ciudadano cualquiera pudiera ser torturado o asesinado. Así los agentes represivos aumentaron su crueldad y ensañamiento con manifestación de su temor a la fuerza de las masas populares. 

Víctimas de esta tenaz persecución cayeron valerosos jóvenes, entre ellos estuvo, el Jefe Nacional de Acción y Sabotaje: Frank País, símbolo de la lucha clandestina. Este hecho contó entre los más trágicos de la guerra revolucionaria. 

El Dirigente de la Revolución al conocer la noticia señaló: 

No puedo expresar la amargura, la indignación, el dolor infinito que nos embarga. ¡Que bárbaros, lo cazaron en la calle cobardemente, valiéndose de todas las ventajas que disfrutan para perseguir a un luchador clandestino! ¡Que monstruos, no saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado! No sospecha el pueblo de Cuba quien era Frank País, lo que había en el de grande y prometedor. Duele verlo así, ultimado en plena madurez a pesar de sus 23 años, cuando estaba dándole a la revolución  lo mejor de si mismo. ¡Cuanto sacrificio va costando esta inmunda tiranía!.

El entierro de Frank y la huelga general espontánea, que pronto se extendió por todo Oriente y otras provincias, sirvieron para expresar el cariño y admiración que el pueblo había sentido por él. El Loquito también reflejó  el hecho. Por entonces salía publicado con frecuencia en las páginas del semanario “El ciclo de la ruta 30”.  Representaba al ómnibus capitalino del mismo número que se dirigía al barrio residencial llamado “La Sierra”. El Loquito se detenía asombrado al ver pasar el ómnibus repleto de personas y al día siguiente de la muerte de Frank este ómnibus se transportaba vacío,  aludiendo a  que todo el pueblo se encontraba en la huelga originada tras su asesinato. 

Otra acción que conmovió al pueblo ocurrió el 5 de septiembre del mismo año en Cienfuegos. Bajo la dirección de Julio Camacho Aguilera en representación del M-26-7, al que se sumó un grupo de conspiradores  dentro de la marina de guerra de la dictadura, se produjo un levantamiento popular que demostró la decisión del pueblo cienfueguero para enfrentar con las armas a la tiranía. 

Este hecho fue tema de varias viñetas, el 14 de septiembre salio publicado en el semanario El Loquito contemplando las banderas de los equipos de pelota del campeonato nacional. Aunque los equipos eran 4, solo aparecen 3 de ellos- Almendares, Habana, Marianao, faltaba Cienfuegos, el asta correspondiente a este equipo no tenía bandera, porque Cienfuegos estaba alzado. 

En relación a este hecho también apareció El Loquito escribiendo en una pizarra el número 100, que luego tacha para en su lugar poner 101. ¿Qué quería decir con esto? que a la ciudad había que añadirle un nuevo fuego. Luego en otra viñeta encontramos al Loquito junto a un elefante, mascota o símbolo con el que se representaba al equipo de pelota correspondiente a Cienfuegos. Días después en la entrega del 28 de septiembre el Loquito se encuentra frente a una hoguera y a un cartel de cine que anunciaba Popeye el “Marino” en alusión a la participación que tuvo en los hechos el grupo de conspiradores de la marina de guerra. Así también lo vemos leyendo un periódico en el que aparece “Crisis en San Marino” y otra observando en un charco de agua en la calle un barquito de papel. 

Para hacer  mención a Batista, Nuez se valió del recurso del “Indio”, pues en el argot de la calle se hablaba del indio para referirse al tirano, teniendo en cuenta sus características físicas. En muchas viñetas apareció como tal; en una de ellas el indio hacia señales de humo con una fogata a la cual se le acercaba el Loquito con una manguera echando agua para apagarla. En otra el Loquito lee un cartel que anunciaba una película de indios mientras pensaba en una Sierra. Esta contraposición última se repite cuando el Loquito frente a una carretilla que llevaba cocos indios pensaba en una sierra de talar. En otras ocasiones indicaba que el tirano se encontraba en apuros, a través de un indio empapado en sudor que utilizaba en vano un pequeño abanico que lo ayudara a refrescar. 

Por supuesto las alusiones no podían ser tan directas producto de la represión desatada y la censura de prensa impuesta. Así sucedió también cuando Nuez quiso referirse a Fidel, entonces se valió de un “chino” este le mostraba al Loquito un alfiler que en su supuesta deformación fonética aparecía como “Un Filel”. Este recurso se repitió en otra ocasión para referirse a la lucha armada, en este caso se ve al chino señalando hacia una “ducha”.

 Los meses finales de 1957 y los primeros de 1958 fueron de victorias sucesivas para el Ejército Rebelde y muy difíciles  para El Loquito que tuvo que multiplicar su astucia para, a la vez que burlaba la censura, poder informar al pueblo. 

El año 58 fue decisivo en la consolidación del Ejercito Libertador, la lucha insurrecional entraba ya en su segundo año de existencia. En los días finales del mes de enero de 1958, se levantó temporalmente la censura en cinco de las seis provincias en que estaba dividido el país, solo Oriente siguió con las garantías constitucionales suspendidas y con absoluta reprimenda de prensa.   

Esta oportunidad fue aprovechada por Nuez para sacar un nuevo dibujo que le obligaría a hacer variaciones una vez más en la utilización de sus acostumbrados recursos. El primero de Febrero de 1958 aparecía Batista, hasta ahora representado por El Indio, dentro de una camisa que le quedaba grande, en alusión a la frase de que el tirano se había metido en “camisa once varas”.  

Poco después el censor prohibió el uso de esta figura, ya Nuez no podía volver a utilizar al Indio; entonces lo trasmutó a la imagen del Sol, que en Cuba corrientemente se le llamaba el Indio, sobre todo, cuando hacía mucho calor la gente decía como aprieta El Indio[23].  A este Sol, Nuez le añadió una pluma de ave y una vez más el censor intervino y le prohibió el uso de la pluma de ave.  

Este mismo día apareció en las páginas del Semanario una caricatura donde se veía al Loquito con un listado de ocho números, en el cual estaban tachados hasta el número seis. Esto indicaba la caída de los dictadores en América Latina, el último en caer hasta ese entonces había sido el venezolano Pérez Jiménez, sólo quedaban dos en el poder Trujillo en Santo Domingo y Batista en Cuba.    

En dos ocasiones el censor eliminó el texto de dos viñetas publicadas: en una de ellas de manera muy ocurrente se insinuaba las esperanzas de derrocar al tirano. Aparecía un hombre que le gritaba a nuestro personaje “Lo quito” y él le respondía corriendo “Allá Tú” .

En los primeros meses del 58, paralelo al avance impetuoso de los frentes guerrilleros en las montañas,  la lucha en las ciudades cobraba una gran fuerza. Uno de los objetivos de gran atención para Fidel fue la divulgación de la ideología y la actividad revolucionaria. Bajo la responsabilidad del Che se comenzó a editar el periódico El Cubano Libre, y en  febrero de 1958 se fundó Radio Rebelde, medio eficaz de propaganda que sirvió para informar al pueblo la verdad sobre los triunfos del movimiento guerrillero. Para reflejarlo, el Loquito manejó dos nuevos recursos “Radio Bemba”, para hacer referencia a los rumores clandestinos y “Radio Pirata”, para referirse a Radio Rebelde. También se publicaron muchas viñetas donde aparecía con el oído inclinado a una sierra o serrucho, para advertir que escuchaba lo que decía la Sierra. 

Batista para dar una imagen de aparente estabilidad en el país promovió la celebración de un Campeonato de Automovilismo, en el que participarían destacados deportistas de todo el mundo. Los jóvenes revolucionarios aprovecharon el evento para demostrar al mundo que le régimen batistiano se encontraba en crisis, para esto secuestraron a uno de los participantes, pero no fue un participante común se trataba de Juan Manuel Fangio, ganador de cinco ediciones del Campeonato del Mundo de Fórmula I y aun hoy, considerado el mejor conductor de todos los tiempos. Este hecho relevante alcanzó repercusión a nivel internacional y demostró al mundo que a Batista le quedaba poco tiempo en el poder. Así aparecieron publicadas varias caricaturas, en una de ellas, pasaba frente al Loquito el auto No.2 correspondiente a dicho corredor, y en otras ilustra al Loquito disfrazado casi de forma irreconocible apuntando con un revolver a Fangio. 

En todo el territorio nacional el panorama era de creciente lucha. Se sucedían los sabotajes y las acciones armadas contra el régimen. En medio de estas circunstancias tuvo lugar  otro suceso de gran trascendencia para el país, fue el conocido como “La noche de las cien bombas”. Esa noche detonaron en La Habana una serie de explosivos que dejaron a la ciudad en completo apagón. Tal fue la magnitud del hecho, que Nuez no lo pudo obviar y sacó un dibujo donde todo estaba oscuro y solo se veían los ojitos picarescos de nuestro protagonista. 

Valorando las circunstancias antes expuestas,  la dirección del Movimiento 26 de Julio en la clandestinidad consideró que estaban creadas las condiciones para efectuar una huelga revolucionaria que precipitara la caída del régimen batistiano. 

Así el 9 de abril de 1958, a las 11:00 AM, numerosas estaciones radiales de la Habana y el interior del país interrumpieron sus programas habituales para lanzar al aire un llamado a la huelga general. A pesar de la hora y la sorpresa del llamamiento, difícilmente podrían enumerarse la cantidad de disparos, ataques armados, sabotajes, quema de cañaverales y acciones de todo tipo que tuvieron lugar aquel día a lo largo del país. No obstante, la huelga no tuvo los resultados esperados y más de un centenar de valerosos luchadores revolucionario cayeron en esas acciones, entre ellos, se encontraba el joven Marcelo Salado.

El 9 de abril la revolución había sufrido uno de sus más amargos y dolorosos reveses y una vez más la tiranía arremetía con mayor fuerza contra las masas. En los días sucesivos se le veía al Loquito escuchar la canción “A La Rigola” cuyo estribillo continuaba, aunque no aparecía escrito en las viñetas:  

A la Rigola yo no vuelvo más...

Matan a los hombres por la madrugá

Matan a los hombres a palo y a pedrá 

A todo lo largo del 58, incluso desde fines del 57, El Loquito advierte constantemente la presencia de delatores,  conocidos popularmente como “los chivatos” , bien ridiculizando sus disfraces o aludiendo a los treinta y tres pesos, treinta y tres centavos que ellos recibían en pago a su delación ejemplo de estos fueron los vendedores de billete de lotería o los vendedores de mangos que llevaban una canasta de cesta o aquellos que pregonaban tamales y llevaban en su lugar una lata de maní. 

El Loquito también subrayaba la necesidad de discreción absoluta frente a los posibles informantes. Se vio en reiteradas ocasiones en las cuales El Loquito expresaba que solo un guanajo o un tonto podía responder a una pregunta hecha por un desconocido en la calle: - ¿usted sabe la última? A lo cual el personaje ripostaba diciendo – que las paredes tienen oído, en otras ocasiones: - que lo mejor es estar en el Callao o que lo más conveniente es andar con un ziper en la boca. 

Esta última forma también tuvo sus variantes para indicar la censura a todo tipo de expresión. El Loquito aparece con un bozal amarrado a  la boca, otras veces sin ella o con dos maderas clavadas sobre esta o  con un ziper que le cerraba la boca y un par de tapones en sus oídos.  

También subraya la censura de la palabra escrita al representar la maquina de escribir cubierta de telaraña, otras veces de hongos o bien colocada dentro de una “urna de cristal”. 

Otro tema abordado por El Loquito fue el de las elecciones preparadas por el tirano en su afán de mostrar una cierta apariencia de legalidades en su gobierno. Así se ve al Loquito pasar ante una urna electoral al ver el anuncio de carnaval en hielo, lo que significaba hacer el hielo a las elecciones, señalando su negativa de participar en ellas. Muy parecida a la anterior es aquella en la cual presenta a El Loquito frente a una vitrola que entonaba las letras del tango “Sola, fane, descangallada”[1] pensaba en las elecciones. También señaló la compra de votos al relacionar la urna electoral con un signo de pesos y la abstención del pueblo a la farsa mostrando una urna cubierta de moscas; igualmente hizo referencia a  que las elecciones se verían derribadas por el Movimiento guerrillero.

Con la triste experiencia del 9 de abril había quedado desarticulado el movimiento clandestino. Batista que tenía conocimiento de esto comenzó a preparar, a principios del mes de mayo, una gran ofensiva contra el Ejército Rebelde que se encontraba en la Sierra. 

Las tropas rebeldes variaron su táctica de combate[2]; de la guerra de guerrilla pasaron a la guerra de posiciones, la lucha de control por un determinado territorio, lo que les permitió presentar una resistencia tenaz al enemigo. Ya para mediados del año, la situación era cada vez más favorable a las fuerzas rebeldes; se creaban nuevos frentes y columnas, la llama insurrecta ardía en toda la Isla. 

Para referirse a ello El Loquito entonaba una serie de canciones donde siempre incluía de una forma u otra a la provincia de Oriente que constituía el campo de acción: Oriente Cuna Florida o Santiago de Cuba son mis tonadas… o la popular Son de la Loma, El Son Oriental, y al extenderse la lucha armada a otras provincias Tres Lindas Cubanas.

Pero en sus reiteradas referencias a la Sierra Maestra las publicaciones más conocidas fueron las del “ciclo de la ruta 30”. En la entrega del 8 de febrero Nuez logró publicar sin censura una caricatura donde El Loquito corría en dirección al ómnibus que esta vez venía conducido por Fidel . A lo largo de este año el ómnibus sufrirá diversos cambios en la forma de representar su número, para poder burlar y escapar del censor que había prohibido colocar en el dibujo el 30. De esta forma  René de la Nuez jugará con esto y se valdrá de numerosas operaciones aritméticas cuyo resultado siempre será treinta.  

Así El Loquito contemplará el ómnibus que lleva un letrero  15x2XXXXXV+V3 X 2 X532-224+65 X 6; esta última con un rótulo que indicaba “Bajada”; la palabra thirty o la ejercicio matemático 52+5. 

La ofensiva de la tiranía había fracasado y el Ejército Rebelde había pasado a la contraofensiva victoriosa. Fidel había definido ya la estrategia para dar el golpe final. 

A fin de extender la guerra hacia el Occidente del país y rememorando la gesta heroica de Maceo y Gómez en 1895, la Comandancia del Ejército Rebelde encargó a los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara la tarea de llevar la guerra hasta el Occidente del país, Pinar del río y las Villas, respectivamente. 

La  invasión constituyó una hazaña militar, los objetivos propuestos se habían cumplido así como el logro de la unidad de las principales fuerzas revolucionarias. Las situación político militar de Cuba a fijes del mes de diciembre del año 58 evidenciaba cada vez más, la proximidad de la victoria del Ejército Rebelde y la definitiva caída del tirano. Se acercaba el Triunfo de la Revolución. 

Batista, luego de haber agotado todos sus recursos y fuerzas, no necesitaba más y el 1 de enero de 1959 a las 2:00 AM tomó, junto a algunos de sus secuaces, un avión rumbo a Santo Domingo; de esta forma, ante el empuje revolucionario, se produjo el desplome de la tiranía.  

Después de obtener la rendición incondicional de las fuerzas de la tiranía que habían quedado en el país, el mismo día nuestro comandante en jefe Fidel Castro entro en la heroica ciudad de Santiago. El Loquito orgulloso había visto bajar al máximo líder, de la Sierra.  

Al arribar  a la ciudad de Santiago Fidel expresó: 

 … Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado (…) Esta vez no se frustrará la Revolución. Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad a su término; no será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños del país (…) no será como en el 33, que cuando el pueblo empezó a creer que la revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista traiciono la revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura feroz; no será como en el 44, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones. ¡Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas, esta vez sí es una revolución...!

Desde Santiago de Cuba partió la Caravana de la Libertad encabezada por Fidel, la muchedumbre aclamaba a los “barbudos”  (como cariñosamente se les decía a los rebeldes). El jueves ocho de enero el pueblo de La Habana se volcaba a las calles en manifestación delirante para recibir al jefe de la revolución. En esta caravana venía también El Loquito gozoso, con una banderita cubana en su mano derecha, indicando el eminente triunfo revolucionario.  

El 1 de enero de 1959 se abrió una nueva página en la historia de Cuba, se daba inicio a un proceso de profundas transformaciones sociales y económicas, que darían al traste con cuatro siglos de dominación colonial y neocolonial. 

Ahora la temática del Loquito debía ser otra, tenía que cambiar. Durante todo el mes de enero se le vio saludando a todos los miembros de Ejército Rebelde y a las mediadas tomadas por estos, como  por ejemplo la Ley de Reforma Agraria; el logro definitivo de la unidad obrera y la justicia social revolucionaria. El Loquito llevaba ahora barba y el propio Fidel le reconocía y felicitaba por su aporte a la causa. 

Sin apenas percatarse El Loquito había cumplido su función y ya no tenía razón de ser, porque ya no había que hacerse el loco. Su figura fue dando paso a otra nueva, que desde hacía un tiempo le venía acompañando: El Barbudo. 

Ahora sería este personaje el encargado de animar los espacios caricaturescos en los periódicos revolucionarios. El Barbudo no tendría que hablar en clave, ni se vería haciendo denuncias; sino que con un fusil o machete en mano tendría la responsabilidad de cuidar y velar por todo lo que se había luchado y con gran sacrificio se había alcanzado. 

Las últimas veces que se le vio al Loquito antes de desaparecer definitivamente en 1960, fue acompañando a otra nueva figura que Nuez había comenzado a crear: “Don Cizaño”. Este es un personaje gordo, de aire pomposo, vestido de negro con corbata y sombrero de etiqueta, era la fiel representación de la burguesía reaccionaria de aquellos primeros años. 

Nuez alternará ambos personajes como contrapunteo entre la Revolución y la mencionada reacción, pero no duraron por mucho tiempo. La caricatura apuntaba ahora a un cambio sustancial en la función a desempeñar. Se había terminado para siempre el entorno histórico social que  había auspiciado el surgimiento del Loquito, pero a diferencia de lo ocurrido con el Bobo, no había sido por el escamoteo de la lucha sino por su triunfo definitivo. 

Nuez se dedicó entonces a publicar pequeñas tiras en las cuales hacía referencia a hechos cotidianos, en ellos comenzó a desarrollar un dibujo de mayor soltura que lo llevaría a convertirse en un comentarista de las noticias y eventos históricos contemporáneos. A través de la década de 1960 creó, además, y como respuesta a situaciones específicas del país, otros personajes. Mogollón fue un de ellos,  fue un personaje que se pronunció  contra la vagancia.  

Desde entonces y hasta ahora la obra del caricaturista no cesó y se hizo constante. Su inolvidable Loquito representó una época y abrió el camino a nuevos actores de la gráfica, lo que le permitió un mayor desempeño y realización como verdadero artista a su creador. 

El Loquito, aunque ya no vive en las páginas de los periódicos o semanarios, aun se perciben sus latidos  y subsiste en la memoria de los  que no son tan jóvenes. Su paso por la vida ha dejado huella tal, que si tan solo alcanzáramos a mencionarlo, lo traeríamos de vuelta y vendrían con él los recuerdos  de momentos inolvidables de aquellos instantes de tensión, y luego de risa al verlo burlar con simpática astucia los desmanes de la tiranía batistiana a partir de los dichos, frases y canciones conocidas, era un personaje del pueblo, un representante de él y de la llamada cultura popular de la cual se nutrió. Todos sabemos que está ahí, dormitando en el tiempo, junto a un pasado que no por haber sido reemplazado por una revolución grandiosa será jamás olvidado.

Trabajo de Diploma "La caricatura como fuente historiográfica: El Loquito."
Capítulo II. Junio de 2004.


NOTAS

[1] Letra de tango Esta noche me emboracho del argentino Enrique Santos Discépolo en lunfardo donde fane significa marchita, venida a menos y descagallada quiere decir desvencijada y fue utilizada en alusión al estado de las urnas. Ver el tango en: Juan Angel Ruso y Santiago de Marpegán Letras de Tango.  Ed, Basílico. Buenos Aires, 1999. Pag. 77

[2] Esa decisión se asume después de una reunión en la Sierra Maestra en mayo de 1958, en la que se tomaron importantes medidas para la reorganización del Movimiento y donde Fidel quedó como Comandante en Jefe de todas las fuerzas, incluyendo las de la Milicia -que hasta entonces dependían de la Dirección del llano-, y Secretario General del Movimiento...se inició la ofensiva del 25 de mayo en el pueblo de “Las Mercedes” que era nuestra posición de avanzada. Allí se demostró la poca efectividad combatiente del ejército batistiano (...) La ofensiva siguió su curso y en dos meses y medio de duro batallar, el enemigo perdió más de mil hombres entre muertos, heridos, prisioneros y desertores....

Guevara, Ernesto: Una Reunión Decisiva. En: MINED. Ob. Cit. Pág. 284

 

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