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Aproximadamente un cuarto de siglo
después de la desaparición del
inolvidable Bobo de Abela emergió de las
páginas del semanario humorístico
Zig-Zag, un nuevo
personaje que en más de un sentido
entroncaría con su ilustre antecesor.
En adición al hecho de que sus creadores
provenían de la misma tierra natal,
ambos artífices usaron igual estrategia
para transmitir su mensaje y a la vez
mofar la censura de prensa establecida
durante dos de los más difíciles
momentos de nuestra historia: las
dictaduras de Gerardo Machado y
Fulgencio Batista, respectivamente.
Tras una apariencia camuflada que años
atrás vistió a uno de bobo, el ardid
desarrollado de un joven de solo veinte
años le permitió ahora, asomarse en la
compleja aventura histórica con un nuevo
disfraz, tan bien diseñado que le valió
por sus contemporáneos el eterno
reconocimiento y admiración de quien en
verdad no fue, pero popularmente se
conoció como El Loquito.
Después de dos décadas de frustraciones,
el cielo de Cuba se nublaba una vez más
con un nuevo golpe militar, encabezado
esta vez por Batista y apoyado por el
imperialismo yanqui. El hecho, que tuvo
lugar el 10 de marzo de 1952 encontró de
inmediato la repulsa de las
organizaciones representativas del
pueblo. Entre las voces que se
levantaron, estuvo la de Fidel Castro,
entonces líder del ala izquierda del
Partido Ortodoxo:
No fue un cuartelazo contra el
presidente Prío, abúlico, indolente; fue
un cuartelazo contra el pueblo, vísperas
de elecciones cuyos resultados se
conocía de antemano.
No había orden, era el pueblo a quien le
correspondía decidir democráticamente,
civilizadamente y escoger sus
gobernantes por voluntad y no por
fuerza…
… Cubanos: hay tirano otra vez, pero
habrá otra vez Mellas, Trejos y
Guiteras. Hay opresión en la patria,
pero habrá algún día otra vez libertad.
Así se iniciaba en 1953 una nueva fase
de lucha de nuestro pueblo. Se había
creado una situación revolucionaria en
el país y las condiciones objetivas e
indispensables estaban dadas para que se
produjera una revolución. Esto se
evidenció con las acciones armadas que
tuvieron lugar el 26 de julio en los
cuarteles, Moncada de Santiago de Cuba y
Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, que
aunque terminaron en un revés militar
dio a conocer a un grupo de jóvenes
valientes, que a partir de entonces
tomarían el nombre de Movimiento 26 de
Julio (M-26-7) y dejarían abierta la
brecha de una lucha armada que no
culminaría hasta la derrota total de la
tiranía batistiana.
A este hecho le siguieron otros de igual
importancia que mostraban el crecimiento
de la actividad revolucionaria de las
masas. El alzamiento el 30 de noviembre
de 1956 en Santiago de Cuba, en apoyo al
desembarco del Granma, expedición donde
viajan 82 combatientes que después de
varios meses de exilio traían trazado el
plan que les conducirían
definitivamente lograr el triunfo
final.
El arribo del yate Granma a las costas
cubanas se efectúa el día 2 de
diciembre, tres días después de lo que
se había previsto inicialmente; ello se
debió a una serie de contratiempos
durante la travesía que retardaron su
llegada. Conocido el hecho, la tiranía
suspendió una vez más las garantías
constitucionales en toda la provincia
oriental. La prensa al servicio de la
dictadura se hizo eco de las noticias
que la jefatura del ejército permitía
conocer en medio de la censura impuesta;
así el periódico “Ataja” vocero del
régimen, publicó el 4 de diciembre una
información tomada de la agencia de
noticia “Prensa Unida”, según la cual
Fidel, ahora máximo líder del movimiento
insurreccional, había resultado muerto
en un encuentro con la tiranía.
¿Qué pretendía Batista con esto? Al no
poder ocultar el hecho mismo del
desembarco, intentaba que su figura
principal se creyera muerta para así
evitar una inmediata movilización de las
masas en su auxilio. Además los sucesos
antes mencionados le habían hecho
comprender a la dictadura el gran
peligro y amenaza que representaba para
ellos los hombres del conocido
movimiento 26 de Julio.
Al día siguiente, 5 de diciembre, se
produjo el primer encuentro entre los
expedicionarios y la fuerza de la
tiranía conocido como Alegría de Pío.
Así se iniciaba la forja de lo que más
tarde seria el Ejercito Rebelde. A esta
batalla, le siguió el ataque al cuartel
de La Plata, lo que significó una
derrota para la tiranía que se vio
obligada a reconocer la fuerza del
núcleo guerrillero. A partir de
entonces, no cesó la ola de combates que
llevaron a cabo los revolucionarios,
internados en el sistema montañoso
oriental conocido como la Sierra
Maestra.
Al enfrentamiento a la dictadura de
Batista se sumaron distintas
organizaciones y representantes de
diversas tendencias políticas, como el
Directorio Revolucionario o el propio
Partido Socialista Popular, entre otras.
Junto a la batalla en la Sierra se
desarrollaba otra, la lucha clandestina
en las ciudades. Importantes sectores de
la población fueron tomando conciencia y
se unieron a la misma. Esa toma de
conciencia era vital para el triunfo y
había que lograrla por distintas vías.
La prensa podía ser, a veces lo fue, un
importante instrumento a ese efecto,
pero contra la referida función hubo
obstáculos: los intereses del aparato
estatal, lo de los propios grupos de
poder, los del imperialismo y el
instrumento de la censura, bien
utilizada por la dictadura.
En medio de este contexto histórico que
se desenvolvía en el país apareció El
Loquito, personaje que al igual que los
guerrilleros se convirtió en enemigo
número uno de la dictadura y a la vez en
el mejor vocero de la insurrección
armada. Su autor el joven de quien
comencé hablando lo presentó ante el
público el 2 de febrero de 1957, en la
entrega que le correspondía hacer al
semanario Zig-Zag que lo había
contratado una vez por semana.
Este personaje, la primera vez que se
asomó ante sus espectadores salía del
hospital psiquiátrico Mazorra; sus ojos
estrábicos, su tricornio de papel
periódico y sus manos escondidas en los
bolsillos de un supuesto chaleco no
daban lugar a dudas que se trataba de un
verdadero “loco”.
Aparentemente distraído daba muestras,
en un inicio del alcance de su
desequilibrio mental: acostarse en la
línea del ferrocarril, cruzar la calle
23 mientras leía un libro o
sencillamente pensar en una bolsa de
dinero mientras jugaba con una máquina
traganíqueles, como bien nos decía su
creador.
Ya en su segunda entrega el “susodicho”
comenzaba hacer gala en verdad de su
locura, pues, sin que nadie supiera se
había propuesto en un rejuego entre el
ingenio y la inteligencia popular
denunciar y burlar a la tiranía
batistiana. De esta forma y siempre a
través de claves, podíamos encontrar al
Loquito frente a una sierra de
carpintería con un signo de
interrogación encima preguntándose qué
era la Sierra. En referencia a la lucha
armada que allí se desarrollaba. En
otras ocasiones contemplaba
sonrientemente un pez sierra o en uso
del segundo de los vocablos del término
hacia referencia a la maestra de la
escuela que le daba lecciones sobre los
números y este saltaba del 25 al
27, subrayando por su omisión el 26 para
referirse al Movimiento.
Los primeros meses de 1957 fueron de
fortalecimiento para el Ejército Rebelde
en todos los sentidos. El 15 de febrero
subieron a la Sierra, para coordinar
acciones, las principales figuras del
Movimiento 26 de Julio en las ciudades:
Frank País, Armando Hart, Faustino
Pérez, Haydée Santamaría, Celia Sánchez
y Vilma Espín. Con ellos también subió
un periodista norteamericano Herbert
Mathews, que luego publicaría en el New
York Times, una extensa entrevista con
Fidel y algunas fotografías, con ello
puso en ridículo al gobierno batistiano
que seguía insistiendo en que el Jefe de
la Revolución estaba muerto. El Loquito
fue uno de los primeros en referirse a
este hecho, y como no lo podía decir
abiertamente, salió al día siguiente con
su acostumbrado sobrero de papel
periódico, solo que esta vez en sus
líneas, se podía visualizar New York
Times. Era como si el propio Loquito
estuviera divulgando dicha entrevista;
de una u otra forma le estaba orientando
al pueblo dónde podía informarse sobre
lo que en realidad estaba sucediendo en
la Sierra.
La guerrilla cada día se hacía más
fuerte, y esa fortaleza fue lo que les
permitió desarrollar durante el año 1957
una serie de acciones victoriosas contra
las tropas de la tiranía, entre las que
se encontraban: La Plata, Llanos del
Infierno, Altos de Espinosa, Uvero,
Bueycito, El hombrito, Pino del Agua,
Mar Verde y Altos de Conrado. La lectura
del Loquito ofrecía datos para el
conocimiento de las principales acciones
revolucionarias silenciadas o
tergiversadas por la censura oficial.
Así aparecieron reflejadas estas
victorias del Ejército Rebelde. Para
hacer alusión a la Batalla de Bueycito
se le ve al Loquito contemplar un buey
de juguete y la de Pino del Agua, el
Loquito frente a un pino que tenía en el
tronco un grifo de agua.
Pero, como decíamos, la lucha armada no
solo se desarrolló en las montañas sino
también en las ciudades, la cual fue
llevada a cabo fundamentalmente por
comandos urbanos del Movimiento 26 y las
fuerzas del Directorio Revolucionario
(DR). Entre sus principales objetivos
estuvieron trazados la realización de
sabotajes, la distribución de propaganda
y el reclutamiento de hombres para las
montañas.
El Loquito estaba en todas partes, se
trasladaba continuamente de la Sierra al
llano y viceversa, siguiendo cada acción
del movimiento revolucionario. Por tanto
también hizo mención a estas acciones de
sabotaje y se le veía entonces sonriendo
al lado de un latón de basura o de un
paquete colocado en la calle, indicando
de esta forma las bombas que ponía la
clandestinidad y que cada noche
explotaban en diferentes lugares del
país.
En febrero de 1957, ante la necesidad de
acelerar las acciones en la capital, las
principales figuras que operaban en las
ciudades y fundamentalmente el
Directorio Revolucionario estudiaron
detalladamente varias alternativas y
decidieron preparar un ataque para
eliminar al tirano Batista; el lugar
seleccionado para realizar la operación
fue el Palacio Presidencial.
El 13 de marzo, a las 3:00 P.M. se puso
en marcha el plan. El asalto llevado a
cabo por sorpresa no cumplió su cometido
por diferentes razones. En ese encuentro
perdieron la vida varios jóvenes
revolucionarios. No obstante, tuvo una
gran significación histórica pues
convulsionó la conciencia popular y
acrecentó el repudio al régimen
tiránico. José Antonio Echeverría,
máximo dirigente del Directorio
Revolucionario y presidente de la FEU
poco antes de morir dejó escrito lo que
hoy se considera su testamento
político:
Tenga o no nuestra acción el éxito que
esperamos, la conmoción que originará
nos hará adelantar la senda del triunfo…
que nuestra sangre señale el camino de
la libertad.
Después del ataque al Palacio
Presidencial, el Loquito aparece en dos
dibujos significativos, uno de ellos
durmiendo en un banco del parque Zayas,
próximo a Palacio, y maleta en mano
esperando abordar un ómnibus rumbo
Habana-Oriente. A partir de estas
entregas, el Loquito acentuará sus
comentarios sobre el desarrollo de la
lucha revolucionaria utilizando diversos
recursos alusivos.
El Loquito se valió también de frases
del léxico popular que le sirvieron de
apoyatura en ocasiones para desarrollar
claves y símbolos. Una de ellas fue:
Cruzar el Niágara en bicicleta, para
referirse a que la situación se había
puesto bien difícil, así en varias
ocasiones se le veía montado en un
monociclo sobre una cuerda floja
atravesando un salto de agua.
Las acciones del 13 de marzo fueron
parte de todo el torrente revolucionario
que vivía el país. En los días
sucesivos, el régimen batistiano desató
una implacable persecución no solo
contra las fuerzas del Directorio, sino
también contra los que nada tuvieron que
ver con aquella acción. Sencillamente el
hecho de ser opositor al gobierno de
Batista, determinaba que un ciudadano
cualquiera pudiera ser torturado o
asesinado. Así los agentes represivos
aumentaron su crueldad y ensañamiento
con manifestación de su temor a la
fuerza de las masas populares.
Víctimas de esta tenaz persecución
cayeron valerosos jóvenes, entre ellos
estuvo, el Jefe Nacional de Acción y
Sabotaje: Frank País, símbolo de la
lucha clandestina. Este hecho contó
entre los más trágicos de la guerra
revolucionaria.
El Dirigente de la Revolución al conocer
la noticia señaló:
No puedo expresar la amargura, la
indignación, el dolor infinito que nos
embarga. ¡Que bárbaros, lo cazaron en la
calle cobardemente, valiéndose de todas
las ventajas que disfrutan para
perseguir a un luchador clandestino!
¡Que monstruos, no saben la
inteligencia, el carácter, la integridad
que han asesinado! No sospecha el pueblo
de Cuba quien era Frank País, lo que
había en el de grande y prometedor.
Duele verlo así, ultimado en plena
madurez a pesar de sus 23 años, cuando
estaba dándole a la revolución lo mejor
de si mismo. ¡Cuanto sacrificio va
costando esta inmunda tiranía!.
El entierro de Frank y la huelga general
espontánea, que pronto se extendió por
todo Oriente y otras provincias,
sirvieron para expresar el cariño y
admiración que el pueblo había sentido
por él. El Loquito también reflejó el
hecho. Por entonces salía publicado con
frecuencia en las páginas del semanario
“El ciclo de la ruta 30”. Representaba
al ómnibus capitalino del mismo número
que se dirigía al barrio residencial
llamado “La Sierra”. El Loquito se
detenía asombrado al ver pasar el
ómnibus repleto de personas y al día
siguiente de la muerte de Frank este
ómnibus se transportaba vacío,
aludiendo a que todo el pueblo se
encontraba en la huelga originada tras
su asesinato.
Otra acción que conmovió al pueblo
ocurrió el 5 de septiembre del mismo año
en Cienfuegos. Bajo la dirección de
Julio Camacho Aguilera en representación
del M-26-7, al que se sumó un grupo de
conspiradores dentro de la marina de
guerra de la dictadura, se produjo un
levantamiento popular que demostró la
decisión del pueblo cienfueguero para
enfrentar con las armas a la tiranía.
Este hecho fue tema de varias viñetas,
el 14 de septiembre salio publicado en
el semanario El Loquito contemplando las
banderas de los equipos de pelota del
campeonato nacional. Aunque los equipos
eran 4, solo aparecen 3 de ellos-
Almendares, Habana, Marianao, faltaba
Cienfuegos, el asta correspondiente a
este equipo no tenía bandera, porque
Cienfuegos estaba alzado.
En relación a este hecho también
apareció El Loquito escribiendo en una
pizarra el número 100, que luego tacha
para en su lugar poner 101. ¿Qué quería
decir con esto? que a la ciudad había
que añadirle un nuevo fuego. Luego en
otra viñeta encontramos al Loquito junto
a un elefante, mascota o símbolo con el
que se representaba al equipo de pelota
correspondiente a Cienfuegos. Días
después en la entrega del 28 de
septiembre el Loquito se encuentra
frente a una hoguera y a un cartel de
cine que anunciaba Popeye el “Marino” en
alusión a la participación que tuvo en
los hechos el grupo de conspiradores de
la marina de guerra. Así también lo
vemos leyendo un periódico en el que
aparece “Crisis en San Marino” y otra
observando en un charco de agua en la
calle un barquito de papel.
Para hacer mención a Batista, Nuez se
valió del recurso del “Indio”, pues en
el argot de la calle se hablaba del
indio para referirse al tirano, teniendo
en cuenta sus características físicas.
En muchas viñetas apareció como tal; en
una de ellas el indio hacia señales de
humo con una fogata a la cual se le
acercaba el Loquito con una manguera
echando agua para apagarla. En otra el
Loquito lee un cartel que anunciaba una
película de indios mientras pensaba en
una Sierra. Esta contraposición última
se repite cuando el Loquito frente a una
carretilla que llevaba cocos indios
pensaba en una sierra de talar. En otras
ocasiones indicaba que el tirano se
encontraba en apuros, a través de un
indio empapado en sudor que utilizaba en
vano un pequeño abanico que lo ayudara a
refrescar.
Por supuesto las alusiones no podían ser
tan directas producto de la represión
desatada y la censura de prensa
impuesta. Así sucedió también cuando
Nuez quiso referirse a Fidel, entonces
se valió de un “chino” este le mostraba
al Loquito un alfiler que en su supuesta
deformación fonética aparecía como “Un
Filel”. Este recurso se repitió en otra
ocasión para referirse a la lucha
armada, en este caso se ve al chino
señalando hacia una “ducha”.
Los meses finales de 1957 y los
primeros de 1958 fueron de victorias
sucesivas para el Ejército Rebelde y muy
difíciles para El Loquito que tuvo que
multiplicar su astucia para, a la vez
que burlaba la censura, poder informar
al pueblo.
El año 58 fue decisivo en la
consolidación del Ejercito Libertador,
la lucha insurrecional entraba ya en su
segundo año de existencia. En los días
finales del mes de enero de 1958, se
levantó temporalmente la censura en
cinco de las seis provincias en que
estaba dividido el país, solo Oriente
siguió con las garantías
constitucionales suspendidas y con
absoluta reprimenda de prensa.
Esta oportunidad fue aprovechada por
Nuez para sacar un nuevo dibujo que le
obligaría a hacer variaciones una vez
más en la utilización de sus
acostumbrados recursos. El primero de
Febrero de 1958 aparecía Batista, hasta
ahora representado por El Indio, dentro
de una camisa que le quedaba grande, en
alusión a la frase de que el tirano se
había metido en “camisa once varas”.
Poco después el censor prohibió el uso
de esta figura, ya Nuez no podía volver
a utilizar al Indio; entonces lo
trasmutó a la imagen del Sol, que en
Cuba corrientemente se le llamaba el
Indio, sobre todo, cuando hacía mucho
calor la gente decía como aprieta El
Indio.
A este Sol, Nuez le añadió una pluma de
ave y una vez más el censor intervino y
le prohibió el uso de la pluma de ave.
Este mismo día apareció en las páginas
del Semanario una caricatura donde se
veía al Loquito con un listado de ocho
números, en el cual estaban tachados
hasta el número seis. Esto indicaba la
caída de los dictadores en América
Latina, el último en caer hasta ese
entonces había sido el venezolano Pérez
Jiménez, sólo quedaban dos en el poder
Trujillo en Santo Domingo y Batista en
Cuba.
En dos ocasiones el censor eliminó el
texto de dos viñetas publicadas: en una
de ellas de manera muy ocurrente se
insinuaba las esperanzas de derrocar al
tirano. Aparecía un hombre que le
gritaba a nuestro personaje “Lo quito” y
él le respondía corriendo “Allá Tú” .
En los primeros meses del 58, paralelo
al avance impetuoso de los frentes
guerrilleros en las montañas, la lucha
en las ciudades cobraba una gran fuerza.
Uno de los objetivos de gran atención
para Fidel fue la divulgación de la
ideología y la actividad revolucionaria.
Bajo la responsabilidad del Che se
comenzó a editar el periódico El Cubano
Libre, y en febrero de 1958 se fundó
Radio Rebelde, medio eficaz de
propaganda que sirvió para informar al
pueblo la verdad sobre los triunfos del
movimiento guerrillero. Para reflejarlo,
el Loquito manejó dos nuevos recursos
“Radio Bemba”, para hacer referencia a
los rumores clandestinos y “Radio
Pirata”, para referirse a Radio Rebelde.
También se publicaron muchas viñetas
donde aparecía con el oído inclinado a
una sierra o serrucho, para advertir que
escuchaba lo que decía la Sierra.
Batista para dar una imagen de aparente
estabilidad en el país promovió la
celebración de un Campeonato de
Automovilismo, en el que participarían
destacados deportistas de todo el mundo.
Los jóvenes revolucionarios aprovecharon
el evento para demostrar al mundo que le
régimen batistiano se encontraba en
crisis, para esto secuestraron a uno de
los participantes, pero no fue un
participante común se trataba de Juan
Manuel Fangio, ganador de cinco
ediciones del Campeonato del Mundo de
Fórmula I y aun hoy, considerado el
mejor conductor de todos los tiempos.
Este hecho relevante alcanzó repercusión
a nivel internacional y demostró al
mundo que a Batista le quedaba poco
tiempo en el poder. Así aparecieron
publicadas varias caricaturas, en una de
ellas, pasaba frente al Loquito el auto
No.2 correspondiente a dicho corredor, y
en otras ilustra al Loquito disfrazado
casi de forma irreconocible apuntando
con un revolver a Fangio.
En todo el territorio nacional el
panorama era de creciente lucha. Se
sucedían los sabotajes y las acciones
armadas contra el régimen. En medio de
estas circunstancias tuvo lugar otro
suceso de gran trascendencia para el
país, fue el conocido como “La noche de
las cien bombas”. Esa noche detonaron en
La Habana una serie de explosivos que
dejaron a la ciudad en completo apagón.
Tal fue la magnitud del hecho, que Nuez
no lo pudo obviar y sacó un dibujo donde
todo estaba oscuro y solo se veían los
ojitos picarescos de nuestro
protagonista.
Valorando las circunstancias antes
expuestas, la dirección del Movimiento
26 de Julio en la clandestinidad
consideró que estaban creadas las
condiciones para efectuar una huelga
revolucionaria que precipitara la caída
del régimen batistiano.
Así el 9 de abril de 1958, a las 11:00
AM, numerosas estaciones radiales de la
Habana y el interior del país
interrumpieron sus programas habituales
para lanzar al aire un llamado a la
huelga general. A pesar de la hora y la
sorpresa del llamamiento, difícilmente
podrían enumerarse la cantidad de
disparos, ataques armados, sabotajes,
quema de cañaverales y acciones de todo
tipo que tuvieron lugar aquel día a lo
largo del país. No obstante, la huelga
no tuvo los resultados esperados y más
de un centenar de valerosos luchadores
revolucionario cayeron en esas acciones,
entre ellos, se encontraba el joven
Marcelo Salado.
El 9 de abril la revolución había
sufrido uno de sus más amargos y
dolorosos reveses y una vez más la
tiranía arremetía con mayor fuerza
contra las masas. En los días sucesivos
se le veía al Loquito escuchar la
canción “A La Rigola” cuyo estribillo
continuaba, aunque no aparecía escrito
en las viñetas:
A la Rigola yo no vuelvo más...
Matan a los hombres por la madrugá
Matan a los hombres a palo y a pedrá
A todo lo largo del 58, incluso desde
fines del 57, El Loquito advierte
constantemente la presencia de
delatores, conocidos popularmente
como “los chivatos” , bien ridiculizando
sus disfraces o aludiendo a los treinta
y tres pesos, treinta y tres centavos
que ellos recibían en pago a su delación
ejemplo de estos fueron los vendedores
de billete de lotería o los vendedores
de mangos que llevaban una canasta de
cesta o aquellos que pregonaban tamales
y llevaban en su lugar una lata de
maní.
El Loquito también subrayaba la
necesidad de discreción absoluta frente
a los posibles informantes.
Se vio en reiteradas ocasiones en las
cuales El Loquito expresaba que solo un
guanajo o un tonto podía responder a una
pregunta hecha por un desconocido en la
calle: - ¿usted sabe la última? A lo
cual el personaje ripostaba diciendo –
que las paredes tienen oído, en otras
ocasiones: - que lo mejor es estar en el
Callao o que lo más conveniente es andar
con un ziper en la boca.
Esta última forma también tuvo sus
variantes para indicar la censura a todo
tipo de expresión. El Loquito aparece
con un bozal amarrado a la boca, otras
veces sin ella o con dos maderas
clavadas sobre esta o con un ziper que
le cerraba la boca y un par de tapones
en sus oídos.
También subraya la censura de la palabra
escrita al representar la maquina de
escribir cubierta de telaraña, otras
veces de hongos o bien colocada dentro
de una “urna de cristal”.
Otro tema abordado por El Loquito fue el
de las elecciones preparadas por el
tirano en su afán de mostrar una cierta
apariencia de legalidades en su
gobierno. Así se ve al Loquito pasar
ante una urna electoral al ver el
anuncio de carnaval en hielo, lo que
significaba hacer el hielo a las
elecciones, señalando su negativa de
participar en ellas.
Muy parecida a la anterior es aquella en
la cual presenta a El Loquito frente a
una vitrola que entonaba las letras del
tango “Sola, fane, descangallada”
pensaba en las elecciones. También
señaló la compra de votos al relacionar
la urna electoral con un signo de pesos
y la abstención del pueblo a la farsa
mostrando una urna cubierta de moscas;
igualmente hizo referencia a que las
elecciones se verían derribadas por el
Movimiento guerrillero.
Con la triste experiencia del 9 de abril
había quedado desarticulado el
movimiento clandestino. Batista que
tenía conocimiento de esto comenzó a
preparar, a principios del mes de mayo,
una gran ofensiva contra el Ejército
Rebelde que se encontraba en la Sierra.
Las tropas rebeldes variaron su táctica
de combate;
de la guerra de guerrilla pasaron a la
guerra de posiciones, la lucha de
control por un determinado territorio,
lo que les permitió presentar una
resistencia tenaz al enemigo. Ya para
mediados del año, la situación era cada
vez más favorable a las fuerzas
rebeldes; se creaban nuevos frentes y
columnas, la llama insurrecta ardía en
toda la Isla.
Para referirse a ello El Loquito
entonaba una serie de canciones donde
siempre incluía de una forma u otra a la
provincia de Oriente que constituía el
campo de acción: Oriente Cuna Florida o
Santiago de Cuba son mis tonadas… o la
popular Son de la Loma, El Son Oriental,
y al extenderse la lucha armada a otras
provincias Tres Lindas Cubanas.
Pero en sus reiteradas referencias a la
Sierra Maestra las publicaciones más
conocidas fueron las del “ciclo de la
ruta 30”. En la entrega del 8 de febrero
Nuez logró publicar sin censura una
caricatura donde El Loquito corría en
dirección al ómnibus que esta vez venía
conducido por Fidel . A lo largo de este
año el ómnibus sufrirá diversos cambios
en la forma de representar su número,
para poder burlar y escapar del censor
que había prohibido colocar en el dibujo
el 30. De esta forma René de la
Nuez jugará con esto y se valdrá de
numerosas operaciones aritméticas cuyo
resultado siempre será treinta.
Así El Loquito contemplará el ómnibus
que lleva un letrero 15x2 , XXX; XXV+V;
3 X 2 X5; 32-2; 24+6;
5 X 6; esta última con un rótulo
que indicaba “Bajada”; la palabra
thirty o la ejercicio matemático 52+5.
La ofensiva de la tiranía había
fracasado y el Ejército Rebelde había
pasado a la contraofensiva victoriosa.
Fidel había definido ya la estrategia
para dar el golpe final.
A fin de extender la guerra hacia el
Occidente del país y rememorando la
gesta heroica de Maceo y Gómez en 1895,
la Comandancia del Ejército Rebelde
encargó a los comandantes Camilo
Cienfuegos y Ernesto Che Guevara la
tarea de llevar la guerra hasta el
Occidente del país, Pinar del río y las
Villas, respectivamente.
La invasión constituyó una hazaña
militar, los objetivos propuestos se
habían cumplido así como el logro de la
unidad de las principales fuerzas
revolucionarias. Las situación político
militar de Cuba a fijes del mes de
diciembre del año 58 evidenciaba cada
vez más, la proximidad de la victoria
del Ejército Rebelde y la definitiva
caída del tirano. Se acercaba el Triunfo
de la Revolución.
Batista, luego de haber agotado todos
sus recursos y fuerzas, no necesitaba
más y el 1 de enero de 1959 a las 2:00
AM tomó, junto a algunos de sus
secuaces, un avión rumbo a Santo
Domingo; de esta forma, ante el empuje
revolucionario, se produjo el desplome
de la tiranía.
Después de obtener la rendición
incondicional de las fuerzas de la
tiranía que habían quedado en el país,
el mismo día nuestro comandante en jefe
Fidel Castro entro en la heroica ciudad
de Santiago. El Loquito orgulloso había
visto bajar al máximo líder, de la
Sierra.
Al arribar a la ciudad de Santiago
Fidel expresó:
… Duro y largo ha sido el camino, pero
hemos llegado (…) Esta vez no se
frustrará la Revolución. Esta vez, por
fortuna para Cuba, la Revolución llegará
de verdad a su término; no será como en
el 95 que vinieron los americanos y se
hicieron dueños del país (…) no será
como en el 33, que cuando el pueblo
empezó a creer que la revolución se
estaba haciendo, vino el señor Batista
traiciono la revolución, se apoderó del
poder e instauró una dictadura feroz; no
será como en el 44, año en que las
multitudes se enardecieron creyendo que
al fin el pueblo había llegado al poder,
y los que llegaron al poder fueron los
ladrones. ¡Ni ladrones, ni traidores, ni
intervencionistas, esta vez sí es una
revolución...!
Desde Santiago de Cuba partió la
Caravana de la Libertad encabezada por
Fidel, la muchedumbre aclamaba a los
“barbudos” (como cariñosamente se les
decía a los rebeldes). El jueves ocho de
enero el pueblo de La Habana se volcaba
a las calles en manifestación delirante
para recibir al jefe de la revolución.
En esta caravana venía también El
Loquito gozoso, con una banderita cubana
en su mano derecha, indicando el
eminente triunfo revolucionario.
El 1 de enero de 1959 se abrió una nueva
página en la historia de Cuba, se daba
inicio a un proceso de profundas
transformaciones sociales y económicas,
que darían al traste con cuatro siglos
de dominación colonial y neocolonial.
Ahora la temática del Loquito debía ser
otra, tenía que cambiar. Durante todo el
mes de enero se le vio saludando a todos
los miembros de Ejército Rebelde y a las
mediadas tomadas por estos, como por
ejemplo la Ley de Reforma Agraria; el
logro definitivo de la unidad obrera y
la justicia social revolucionaria. El
Loquito llevaba ahora barba y el propio
Fidel le reconocía y felicitaba por su
aporte a la causa.
Sin apenas percatarse El Loquito había
cumplido su función y ya no tenía razón
de ser, porque ya no había que hacerse
el loco. Su figura fue dando paso a otra
nueva, que desde hacía un tiempo le
venía acompañando: El Barbudo.
Ahora sería este personaje el encargado
de animar los espacios caricaturescos en
los periódicos revolucionarios. El
Barbudo no tendría que hablar en clave,
ni se vería haciendo denuncias; sino que
con un fusil o machete en mano tendría
la responsabilidad de cuidar y velar por
todo lo que se había luchado y con gran
sacrificio se había alcanzado.
Las últimas veces que se le vio al
Loquito antes de desaparecer
definitivamente en 1960, fue acompañando
a otra nueva figura que Nuez había
comenzado a crear: “Don Cizaño”. Este es
un personaje gordo, de aire pomposo,
vestido de negro con corbata y sombrero
de etiqueta, era la fiel representación
de la burguesía reaccionaria de aquellos
primeros años.
Nuez alternará ambos personajes como
contrapunteo entre la Revolución y la
mencionada reacción, pero no duraron por
mucho tiempo. La caricatura apuntaba
ahora a un cambio sustancial en la
función a desempeñar. Se había terminado
para siempre el entorno histórico social
que había auspiciado el surgimiento del
Loquito, pero a diferencia de lo
ocurrido con el Bobo, no había sido por
el escamoteo de la lucha sino por su
triunfo definitivo.
Nuez se dedicó entonces a publicar
pequeñas tiras en las cuales hacía
referencia a hechos cotidianos, en ellos
comenzó a desarrollar un dibujo de mayor
soltura que lo llevaría a convertirse en
un comentarista de las noticias y
eventos históricos contemporáneos. A
través de la década de 1960 creó,
además, y como respuesta a situaciones
específicas del país, otros personajes. Mogollón fue un de ellos, fue un
personaje que se pronunció contra la
vagancia.
Desde entonces y hasta ahora la obra del
caricaturista no cesó y se hizo
constante. Su inolvidable Loquito
representó una época y abrió el camino a
nuevos actores de la gráfica, lo que le
permitió un mayor desempeño y
realización como verdadero artista a su
creador.
El Loquito, aunque ya no vive en las
páginas de los periódicos o semanarios,
aun se perciben sus latidos y subsiste
en la memoria de los que no son tan
jóvenes. Su paso por la vida ha dejado
huella tal, que si tan solo alcanzáramos
a mencionarlo, lo traeríamos de vuelta y
vendrían con él los recuerdos de
momentos inolvidables de aquellos
instantes de tensión, y luego de risa al
verlo burlar con simpática astucia los
desmanes de la tiranía batistiana a
partir de los dichos, frases y canciones
conocidas, era un personaje del pueblo,
un representante de él y de la llamada
cultura popular de la cual se nutrió.
Todos sabemos que está ahí, dormitando
en el tiempo, junto a un pasado que no
por haber sido reemplazado por una
revolución grandiosa será jamás
olvidado.
Trabajo de Diploma "La
caricatura como fuente historiográfica:
El Loquito."
Capítulo II. Junio de 2004.
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