Año VI
La Habana

29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Nuez, por René de la Nuez

La Habana

 

Nací en San Antonio de los Baños, en un pueblo donde pasaba un río, el Ariguanabo. Lo primero que hizo mi padre fue enseñarme a nadar, ese es el recuerdo que tengo; porque los muchachos iban para el río y el niño que no supiera nadar podía tener un accidente, además preocupaba a la familia. Mi padre era barbero y si le decían vi a tu hijo en el río ya el andaba tranquilo, porque él me había enseñado a nadar  desde muy pequeño, desde que tenía tres o cuatro años y además me dio un bote, entonces me pasaba todo el tiempo navegando por ese río, y como me lo conocía de memoria navegaba hasta por la noche, me gustaba bañarme por la noche. En aquella época el río era caudaloso, la vegetación cubría casi todo el cauce del río, había un bosque muy lindo a su alrededor.

Me crié en el campo  buena parte de mi vida, en casa de mi familia y tengo recuerdos muy bonitos de allí, de  caballos,  el trabajo en el campo (aunque yo no trabajaba porque era un niño) casas enormes de cincuenta taburetes con grandes portales y luces de carburo, una infancia muy curiosa…  

La infancia para mi fue el agua dulce, ya la vejez ha sido de agua salada porque he estado junto al mar. Mi infancia fue feliz a pesar de algunos problemas que había, era huérfano, pero siempre tuve el apoyo de mi padre y mi familia que me acogieron muy bien, principalmente cuando expresé mi idea de ser dibujante, que no se opusieron. Tuve un tío, como tiene todo el mundo, que quiere que uno sea abogado o médico, pero cuando yo le dije que me gustaba el dibujo, y sobre todo la caricatura en los periódicos, me dijo: “bueno la prensa es el cuarto poder, así que también eso es bueno, pero tienes que hacerlo bien”; me ayudó mucho, ya cuando eso yo estudiaba el bachillerato en La Habana, porque hasta el doce grado estuve en San Antonio y después pasé al Instituto de Segunda Enseñanza en La Habana, y con el tiempo me hice licenciado en periodismo en la Universidad.

En el momento en que comencé a tener ideas de que quería dibujar yo era muy joven, era  apenas un muchacho, empecé haciendo “muñequitos”, como se les llaman corrientemente. En mi pueblo había un  fuerte movimiento de peñas literarias y artísticas, entonces yo me uní  a ello, para  ir aprendiendo. Lo  primero  que hice  fueron  algunos dibujos para la portada de una revista estudiantil de mimeógrafos: El Boletín de la AEA[1], que con el tiempo se vio obligada a cerrar por  la policía. Allí hice varias portadas. Para esto no pasé ninguna escuela, porque la caricatura no se estudia en escuelas,  hay  escuelas de artes plásticas, pero no de caricaturistas; yo soy, como muchos otros, un autodidacta, que me movía y aprendía mucho en la discusión, y de la gente que me rodeaba; lo que pudiéramos llamar “un caricaturista de oído”. Y esto se lo debo en gran medida a  un pintor que hubo en mi pueblo, un gran maestro de verdad, Rubén Suárez Quidiello, era muy famoso por allá, porque era de esos que salía con un caballete a pintar a la calle, como en los tiempos de antes. 

Fue así que me hice socio del Círculo de Artesanos, una  institución progresista, no revolucionaria, que dirigía este pintor, y  allí se fundó una revista, de ideas avanzadas, titulada Páginas del Círculo, y fue donde saqué mis primeros dibujos impresos en el año 1955. En aquel lugar nos reuníamos un grupo de intelectuales donde siempre yo era  el más joven. De  este grupo salió la idea de crear un salón de caricaturistas en San Antonio, y ese fue el Primer Salón de Humoristas Gráficos Ariguanabense.  Recuerdo que éramos  cuatro; el más viejo de todos era Manuel Alfonso, que venía de la época de Abela,  un excelente dibujante. También estaba Posada que empezaba igual que yo, y que con los años llegó a convertirse en caricaturista de Juventud Rebelde y el Caimán Barbudo. Y por último  quedaba Peroga, él después con el tiempo se hizo fotógrafo, pero empezó siendo caricaturista. Todos nosotros formamos parte del aquel  primer  salón en el 1956. 

En 1957  tuvo lugar el segundo salón al que se incorporó Jesús de Armas, hombre de la vanguardia en el humorismo cubano; él fue quién creó después los dibujos animados del ICAIC, era un hombre muy moderno y avanzado; fue una especie de guía que nos ayudó mucho en cuanto a las técnicas, la  apreciación…, en eso de encontrar un humorismo más de avanzada, que no fuera el muñequito corriente, ordinario, que hacía por entonces. No era hacer un chiste, era hacer humor, un buen humor y esas son cosas bien diferentes. 

En el pueblo  hubo también otra revista que se llamaba Iris, esta pertenecía a Ovidio Gonzáles, un hombre católico. Esta  revista tenía otro tono, era más poética y publicaba mucha literatura y poesía, pero ese hombre de quien te hablé, Quidiello  fue quien me abrió  las puertas, pues él  conocía al director de Zig-Zag, un  semanario de circulación nacional y uno de los más importantes de este tipo que había en el país, y me prometió llevarme a verlo.

El director de Zig-Zag se llamaba  Manuel Roseñada, él para probarme me dijo que hiciera una caricatura de actualidad política para ver que tal  yo trabajaba. En ese momento  estaba  lo de la nacionalización  del canal de Suez bajo el gobierno de Nasser[2] y yo decidí hacerla sobre ese tema. La caricatura representaba a Anthony Eden, Primer Ministro británico, sentado frente a un televisor  que tenía solo rayitas en la pantalla y el comentario que le hice decía “He perdido el canal”.  Al director  le gustó  tanto el dibujo, que enseguida me contrató. Esa caricatura fue mi boleto de entrada. “Venga todas las semanas y haga una caricatura” me dijo. A partir de entonces comencé a publicar en Zig-Zag de ahí salieron mis primeros dibujos políticos para un periódico nacional.  

Con el tiempo me  fui dando cuenta de  que con las caricaturas que se hacían hasta ese momento de Liborio yo no iba a poder tener un criterio revolucionario de la situación que se estaba viviendo en el país, ese personaje era muy débil,  y no me servía, entonces traté de hacer uno nuevo, un  Liborio que fuera mío, para  poder moverlo a mi manera. Así salieron las primeras ideas de lo que más tarde sería  El  Loquito, fue en febrero del  57. 

Lo hice a base de triángulos, buscando un estilo que lo hiciera, desde el punto de vista gráfico, salirse de los demás personajes. Le puse un “colage” (que en aquel momento era muy usado por los surrealistas) de papel periódico en el sombrero. Cuando se lo lleve al director del periódico también  se entusiasmo mucho y comenzamos a publicarlo. El Loquito pegó enseguida, era muy candente; hablaba en clave para poder decir las cosas y burlarse de la dictadura y la censura batistiana. Como era loco cometía locuras y de esta forma cubrió toda una etapa, tratando de romper el silencio que se quería imponer a los medios de prensa. Recibía mucha correspondencia, incluso ayudó bastante a la circulación del periódico. Al principio comencé haciéndolo en San Antonio porque  yo  dibujaba además para otra revista el Boletín Oficial que editaba la Cámara de Comercio. Con el tiempo, la Guardia Rural me prohibió publicar mis dibujos, y fue entonces  que  me tuve que mudar  para la playa de Baracoa donde conocí a Pucha, mi esposa, que me revisaba los textos. 

El término “loco” estaba muy de moda entonces, el nombre partió del propio pueblo, porque en la calle todo el mundo les  decía a los revolucionarios,  locos: “esos hombres están  locos, mira lo que hacen…, para asaltar al Moncada  y enfrentar al Ejército,  tienen que estar locos de verdad”. Era un mundo en el que se vivía una locura que en realidad  no era tal locura, pero la gente lo decía así popularmente; por eso El Loquito encajó perfectamente en el diseño y los ideales de la juventud de esa época. 

Yo lo convertí, sobre todo, en un personaje de los jóvenes; de los mayores también, pero más de la juventud porque yo era también un  joven. Recuerdo que cuando triunfó la Revolución y mi rostro salió a la luz pública por primera vez, la gente se sorprendía al verme porque  pensaban que yo era un hombre de cincuenta años  y yo tenía veintidós añitos nada más, nadie se imaginaba que los barbudos, los revolucionarios fueran tan jóvenes. 

Yo estuve ligado a la Revolución desde que estaba estudiando en el Instituto de Segunda Enseñanza en mi pueblo, allí pertenecía a una célula secreta del Movimiento 26 de Julio, o ¿de dónde entonces tú crees que yo sacaba las informaciones de todo lo que estaba  ocurriendo para hacer mis trabajos?, era de ahí, de mis compañeros.  Muchos de los que pertenecían al Círculo de Artesanos que te hablé, de una forma u otra estuvieron ligados al Movimiento 26 de Julio y al Partido Socialista. Era la consecuencia de un mismo pensamiento y  de una misma forma de actuar. 

Muchas veces me han preguntado si existe alguna relación entre mi personaje y el de Abela. A decir verdad, entre ellos no existe ninguna relación, ambos  poseían un lenguaje distinto. El Bobo tenía contrafiguras (su ahijado y el profesor), El Loquito  no. La relación que existe entre ellos, es que ambos tuvieron una tarea en común, desenmascarar tiranías en momentos determinados, y que sus creadores Villito, apodo que le decían a Abela, y yo nacimos en el  mismo pueblo. 

Te voy a decir una cosa, yo no conocía los dibujos de Abela,  nunca los había visto cuando me decidí a hacer  al Loquito. Yo los había oído nombrar por mi familia, porque yo tenía un tío tabaquero y Abela había sido tabaquero también en San Antonio, entonces él me hablaba de El  Bobo de Abela, pero yo nunca lo había visto. Después con el tiempo cuando vi el primer dibujo de El Bobo me di cuenta que el Loquito había salido así. La  línea del Bobo era diferente, era redonda, a base de curvas y el Loquito no, él era a base de triángulos y de ángulos. 

Con El Loquito yo aprendí mucho; como caricaturista,  me ayudó a crearme todo un estilo de trabajo. Me enseñó a reflejar en un breve espacio una situación desde el punto de vista plástico y a hacer una caricatura que siempre dijera algo. La composición en la caricatura es muy importante, de lo contrario ésta podría convertirse en algo que no se entiende, y el hacer caricatura de El Loquito me dio la clave de cómo expresar en un área bien reducida la situación interna del país  y  al mismo tiempo lograr que la gente la entendiera. 

Al principio durante las dos primeras semanas  no fue un dibujo político; era tan solo la presentación de un loco, para que la gente lo conociera, que había salido de Mazorra y estaba haciendo locuras, como  por ejemplo, acostarse en  la línea del ferrocarril, leer el periódico mientras cruzaba la calle….  Pero este loco pronto comenzó a seguir  los acontecimientos políticos que tenían lugar,  y cuando  vino el asalto al Palacio Presidencial, salieron  por primera vez los  Loquitos con carácter político y así poco a poco, sin darme cuenta, fui construyendo un lenguaje para El Loquito a base de claves, códigos, símbolos, donde expresaba lo prohibido, lo que no se podía decir comúnmente, por ejemplo: hablar de la Sierra Maestra,  de Radio Rebelde,  de Fidel, de los chivatos y muchísimas cosas más. Esto fue creando cierta expectativa en el público, al  extremo de que la gente buscaba a veces más allá de lo que realmente ponía, y  es algo que todavía no me he podido quitar de encima a pesar de los años. La gente siempre va más allá de lo que yo hago, se acostumbró a buscar en mis caricaturas mensajes que no ponía,  incluso aun después del triunfo de la Revolución ha llegado al punto de buscarme algunos problemas. Una vez mi esposa y yo  decidimos hacer una prueba, hicimos un Loquito parado solo sin hacer nada y la gente le buscó enseguida miles de significados. Porque para la gente el Loquito siempre tenía que decir algo. 

Cuando salió mi personaje ya la censura ya estaba instituida y empezaba cada día a hacerse más férrea. El censor me quitaba  bastantes dibujos, pero yo le  pasaba algunos “por debajo de la mesa”. La censura la ponían por cuarenta y cinco días, luego había unos días de por medio para que se volviera a aprobar por un órgano que creó Batista que se llamaba El Consejo Consultivo;  en esos días, que eran muy pocos, dos o tres, había que aprovechar al máximo y nosotros nos dábamos banquete, así se escaparon unas cuantas caricaturas. Salieron sin censura. No te voy negar que al principio me golpeó bastante, pero a la vez me ayudó mucho porque  me obligó a hacer dibujos que burlaran y al mismo tiempo trasmitieran un mensaje. Hacerlo no fue fácil, era un verdadero reto. 

Durante la última etapa de la dictadura el censor me amenazaba constantemente pero yo le respondía: “Yo no he dicho eso, usted está pensando lo que no es; eso no está en el dibujo” y él temiendo caer en la trampa de pensar lo que no era, me la dejaba pasar. Así yo jugaba con el censor, que por supuesto siempre me quitaba algunos dibujos, porque él tenía que cumplir su función. Además temía que le fuéramos a hacer una jugada y cuando algo de lo que veía no le gustaba, enseguida lo rompía; hubo varios dibujos que salieron mutilados, y eso a mí me gustaba mucho y al público también le gustaba, porque llamaba más la atención.  

Otra cosa que me salvó con la censura fue mi edad, porque la gente del periódico le decía al censor –él es solo un muchacho, un estudiante- y así muchas veces  me libraba. Había que hacer quince Loquitos por semana,  pero la mayoría de las veces salían doce solamente. 

“Allá tú” fue una de las claves del Loquito, al decir  Lo-quito, me refería a quitar o tumbar a Batista. Loquito era la fachada, la interpretación para pasar la censura. En esa época todo lo que se hablaba era de derrocar a Batista, entonces había que utilizar todas las armas posibles para burlar la represión,  el censor  solo veía: -Loquito,  Allá tú- y aparentemente me refería al Loquito, pero en realidad el pueblo sabía que era a Batista. Era como una interrogante ¿lo quito? Y él respondía: “Allá tú”. 

Mis caricaturas fueron por ciclos. Uno de los más populares fue el ciclo de la ruta 30, fue muy especial. Yo dibujaba con un ómnibus que pasaba por el reparto La Sierra, siempre divertía con este pequeño símbolo, y cuando la censura me prohibió poner el número 30, entones me valí de los números romanos o las operaciones matemáticas  cuyo resultado siempre fuera treinta: 25+5; 15x2; 52+ 5, por ponerte algunos ejemplos. En este ciclo fue donde pude pintar por primera vez directamente a Fidel dueño de Oriente, bajando de la de la Sierra. 

También  salieron otros dibujos donde aparecía mi personaje  hablando con el Che o con  Camilo, otros reflejando  diferentes  batallas como las de  Pino del Agua,  la batalla de Bueycito;  la voladura de los  puentes, el secuestro de Fangio; en fin  El Loquito estaba en todo, no se le escapaba una, él hacía referencia a todas las acciones  que llevaba  a cabo el Ejército Rebelde, por supuesto, había que descifrarlas,  porque todas aparecían con claves. 

El  58 fue el año más difícil pero también el más creativo. Yo pienso que ahí fueron mis bases como dibujante, aprendí a ilustrar en mis dibujos problemas de la situación  nacional, cómo convertir la noticia en caricatura. Creo que eso me hizo muy bien, fue un entretenimiento muy bueno y  muy  útil aunque a finales del año El Loquito salía por puro milagro.  

El Loquito se hizo un personaje muy popular, la gente compraba la prensa  y enseguida iba a buscarlo  para ver lo que decía. Hasta Fidel se refirió a él en varias ocasiones. Recuerdo que la primera vez que lo hizo fue  estando en Camagüey. Nosotros recibimos una carta suya en Zig-Zag fechada el 4 de enero de 1959, todavía no había llegado a La Habana. En ella felicitaba al periódico y en particular al Loquito por todo lo que había hecho.

En general muchos compañeros de la Sierra me felicitaron, Celia me dijo personalmente que a ella le gustaba mucho; Haydée Santamaría y Hart también me dijeron lo mismo, que ellos desde la Sierra seguían sus peripecias. El Loquito se había ganado al pueblo. 

Tanto me identificaron con El Loquito durante todos esos años que incluso  llegaron a cambiarme  el nombre,  en  el periódico me decían: “oye loco ven acá”, porque ese era el nombre de mi protagonista, esas son etapas en las que a veces el personaje se come a quien lo crea, pero de esas etapas hay que salir porque uno no puede vivir toda la vida de lo mismo. 

Tras el triunfo de la Revolución, El Loquito vivió una etapa breve, porque ya no había necesidad de hablar en clave. Todo el andamiaje, digamos creativo, del Loquito se venia al suelo por ley natural, ya no tenía sentido; ahora se podían decir las cosas de otra forma y El Loquito se hacía inoperante. Mucha gente me preguntó por qué no seguí, pero las condiciones no estaban creadas, además no podía amarrarme así a un solo personaje ni seguir haciendo una cosa que fuera de tontos. Era el momento de expresar otras ideas y entonces me armé de un personaje que ya venia desarrollándose sin yo quererlo ni saberlo dentro de  El Loquito: El Barbudo, el cual he hecho desde entonces hasta hoy; cuando quiero representar al cubano revolucionario, lo hago a través de este personaje. El Barbudo lleva un sombrero de yarey y un traje de miliciano, es un campesino, pero no desamparado como Liborio, sino armado con machete o fusil en dependencia de la situación. 

No obstante, El Loquito fue para mí importantísimo, lo primero. Yo lo situaría en  los orígenes de mi desarrollo como caricaturista. No hubiese existido lo demás si primero no hubiese  existido El Loquito. Mi caricatura partió de él, yo soy hoy, gracias al Loquito que me impregnó un espíritu  de entusiasmo en mi trabajo que no he perdido hasta ahora. Al Loquito le doy el uno, el uno porque el Loquito me enseñó mucho. Es como negar a un hijo y a un hijo no se le puede negar. 

El Barbudo es también muy importante, fue el sustituto de El Loquito y de Liborio; ya nunca más nadie pintó a Liborio. A partir del triunfo de la Revolución todo el mundo comenzó a pintar al  Barbudo,  fue una constante, pero ese Barbudo fui yo quien lo introdujo en la caricatura, y quedó como símbolo de un pueblo dueño de sí mismo, que no era el de antes sino el pueblo de una nueva etapa. Lo más importante de la década del ´60 en la caricatura cubana fue la muerte definitiva de Liborio y el nacimiento de este  Barbudo. A Liborio lo mató la Revolución. 

El Barbudo  era otro personaje, con otra ternura, con otra forma de analizar la realidad, ya no  era aquel  guanajo o tonto que recibía palos y golpes y no se rebela, no, este es un personaje distinto, que se enfrenta de otra manera a la relación Cuba-Estados Unidos; mientras Liborio la veía desde el punto de vista sumiso y resignado, como un destino del cual no podía safarse, el Barbudo es dueño de su destino, es el que se la pone mala al Tío Sam; antes el Tío Sam se la ponía mala a Liborio, pero ahora se cambiaron los papeles y eso fue gracias al  triunfo de la Revolución. 

Este nuevo personaje cuajó a partir  del 60, sobre todo en el Pitirre, un semanario de vanguardia que teníamos nosotros: Chago, Fornés, Posada y yo, todos de San Antonio. Cuando Dedeté publicó recientemente la encuesta que hizo sobre los veinte caricaturistas del siglo veinte nos incluyó, y eso es algo realmente grande para nosotros, porque venimos del mismo pueblo y de la misma publicación humorística. 

Te puedo contar una anécdota, El Barbudo es la única caricatura que ha subido hasta el cosmos. Eso sucedió  en el vuelo de Arnaldo Tamayo; se había decidido enviar al cosmos una serie de cosas que fueran símbolos de nuestra cubanía; entonces se tomó arena de Playa Girón, un escudo y otras cosas más  y dentro de eso se escogió una caricatura mía de El Barbudo,  acerca de la Base de Guantánamo. Yo hice dos originales y ambos están firmados por Tamayo y Romanenco, una pasó para el Museo de la Astronomía en Moscú y la otra se quedó aquí en el Museo del Humor de San Antonio. Es una caricatura única en el mundo, la única que ha ido al cosmos. 

Cuando triunfó la Revolución, seguí en Zig-Zag por algún tiempo, hasta julio del 59, porque Zig-Zag venía presentando algunos problemas con el proceso revolucionario que vivía el país, algunos caricaturistas se marcharon y yo no quise  seguir  trabajando en ese periódico, entonces me pasé a Revolución, órgano oficial del Movimiento 26 de Julio. Allí trabajé junto a Chago (Santiago Armada), un gran caricaturista que ya murió, fue el creador de “Julito26” personaje que se publicaba en El Cubano Libre periódico que editó el Che en la Sierra Maestra; allí estuve trabajando hasta el año 1965, año en que se convirtió en Granma donde continué como caricaturista principal. 

Aproximadamente durante treinta  años, desde el 59 hasta el 89 fui el caricaturista principal de la prensa revolucionaria cubana. Tengo más de cincuenta mil caricaturas publicadas en periódicos y revistas: La Calle, La Tarde, Revolución, Granma, Bohemia, Trabajadores, Palante, y muchos otros. De este último fui director por un tiempo. En 1889 pasé a dedicarme tiempo completo a la dirección de la UNEAC[3]. 

También hice otros personajes que surgieron en un momento determinado; por ejemplo “Don Cizaño”, que fue contrafigura de “El Loquito”, era un personaje contra la prensa reaccionaria, sembraba cizaña, veneno, contra ciertas ideas. “Mogollón” fue otro de ellos, nació al calor de la lucha contra la holgazanería y aunque gustó mucho, murió cuando se aprobó la ley contra la vagancia allá por los años 70. 

A partir de la Revolución la caricatura cogió otro auge, hubo un cambio en la estética extraordinario, se comenzó a hacer una caricatura más humana, donde jugó un papel muy importante la ternura, la nacionalidad cubana y la defensa de la Revolución. Fue un momento grande en nuestra cultura, piensa que no había nueva trova, y había caricatura en defensa de nuestros ideales y una caricatura con  calidad, que asombró a una serie de caricaturistas extranjeros  que venían  de Francia, México, Argentina y otros lugares, al punto que se llevaron ideas de hacer en sus países periódicos iguales a los nuestros . Te puedo citar algunos, por ejemplo Ziné, uno de los caricaturistas más importantes de Francia, Rius de México, Oski de Argentina y  también uno de los más importantes de América y otros españoles que ahora no recuerdos sus nombres. Ellos dijeron: “no tenemos nada que hacer en Cuba sino aprender de los muchachos que aquí están trabajando”, porque eran más viejos que nosotros,  y de esto hay testimonio escrito en los periódicos de la época. 

El triunfo de la Revolución fue un impacto tan grande en todos los sentidos que quizás todavía nos estamos dando cuenta de lo que significó aquello, fue un cambio en la vorágine, una cosa tremenda. Quizás  fue una de las etapas más hermosas de muchas personas, vivir dentro de una Revolución triunfante como esta, con toda la magia, la belleza, la fuerza y también el huracán que representó esta Revolución. Dentro de eso vivimos también nosotros los caricaturistas, haciendo esa Revolución; dentro de la caricatura éramos milicianos, en lugar del fusil, utilizábamos el lápiz y participamos en todos los eventos: Limpia del Escambray;  Posada estuvo en Playa Girón, yo estuve en la Crisis de Octubre; después fuimos a otros países, estuve en Nicaragua durante un  período haciendo caricaturas en sus periódicos, luego Vietnam y más tarde en Angola, reflejando la guerra con  mi trabajo. 

La Revolución fue marcando otras pautas, otras metas, otros horizontes distintos a lo que antes se hacía, fue más amplio el diapasón del caricaturista. Ya no tenía que esconderme, ahora el reto era distinto, era hacer una caricatura  con más calidad. Sí, porque la caricatura de la Revolución es la mejor caricatura que se ha hecho en Cuba en todas sus épocas, porque indudablemente fue mejor que la caricatura de la República, y no soy un chovinista ni extremista de esta etapa , reconozco que en la República hubo excelentes caricaturistas, maestros de la caricatura como Rafael Blanco, Juan David, Hernández Cárdenas, pero la Revolución dio más posibilidades también de traspasar la isla, nosotros publicábamos en muchas partes del mundo, la caricatura se convirtió en un baluarte de la Revolución, por ejemplo de  ese grupo de vanguardia que antes te mencioné, publicaban caricaturas de nosotros. 

Después han venido otras etapas muy hermosas para la  caricatura cubana, es una lástima que no se vaya recogiendo con el tiempo porque es una historia tremenda; la batalla de ideas no es de ahora, desde el primero de enero hay una batalla de ideas, desde antes la hubo, pero no era solo de ideas, también era de armas;  pero la de ideas que se lleva  a cabo ahora comenzó desde el primero de enero de 1959. 

El humor gráfico en la actualidad está un poco pobre. Algunos caricaturistas se han ido, no han sido muchos, pero han dejado un vacío. Por otro lado tenemos un periódico como Palante, que es lo que queda como periódico humorístico con vida propia. También tenemos a Dedeté, pero este es un suplemento, que por cierto cuenta con un grupo de jóvenes caricaturistas muy buenos: Manuel, Tomy, Ares, Garrincha…, pero hay poco espacio para ese humor. Hubo un momento de gran auge, pero ahora ha decaído un poco. Creo que tampoco hemos sabido aprovechar del todo, y llevar a las caricaturas una serie de personajes y elementos que están en la calle y han ido surgiendo al calor de la Revolución. La caricatura es un testimonio de la época, y es justo eso lo que nos está faltando. 

Aun sigo haciendo caricaturas de actualidad política; por ejemplo dibujo frecuentemente para el semanario Orbe de prensa latina, donde en ocasiones mis trabajos  han servido de portada para tratar temas de la actualidad internacional. Hasta hace poco estuve trabajando, de vez en cuando, para el periódico Juventud Rebelde, allí salieron publicadas en primera plana mis caricaturas sobre el caso del niño Elián González, cuando estaba secuestrado por la mafia de Miami, y hace aproximadamente un año atrás, las dedicadas a los cinco patriotas cubanos presos en los Estados Unidos. 

Hay una apreciación falsa de que la caricatura dura veinticuatro horas,  y porque sale hoy en el periódico ya mañana  no existe o  no sirve. Con ese criterio los periódicos no servirían tampoco. No es como la gente dice que las caricaturas duran veinte cuatro horas; a Santiago Álvarez cuando le preguntaron  si hacía cine para la posteridad, el respondió que no le interesaba, que él hacía un cine de urgencia y lo demás solo iba quedando para la posteridad. Es como cernir la arena, se quedan las piedrecitas pero el grano fino pasa y eso también sucede con la caricatura y con toda la gráfica en general. 

La buena caricatura queda sola  para la posteridad, porque es una forma de ver la realidad que crea estado de opinión. Un caricaturista es realmente bueno cuando mueve los estados de opinión, cuando sus dibujos son tan fuertes que crean comentarios. En Cuba eso lo hemos logrado muy pocos caricaturistas, y te digo sin ningún tipo de vanidad, muy pocos, me incluyo entre esos,  porque ha sido así. Hay quien se mete toda la vida haciendo caricaturas y nadie lo menciona y hay quien hace una o dos y enseguida lo conoce y lo sigue  todo el mundo, son cosas que pasan. 

Yo le concedo muchísima importancia a la caricatura en general,  porque ella refleja una parte de la vida, de la historia, que no  se encuentra ni en la fotografía ni en la literatura y ahora  existen otros medios más modernos, la misma fotografía deja una impresión de una realidad o de un momento histórico determinado, pero antiguamente ninguno de  estos existían y  te voy a citar varios ejemplos: Daumier, el excelente caricaturista francés hizo caricaturas de la Revolución Francesa que hoy son imprescindibles para comprender aquel suceso. De aquí  el propio Landaluze, caricaturista contrario a los mambises, nos dejó un legado extraordinario en cuanto a la riqueza de vestuario, costumbres, moda, hasta de las expresiones que se manejaban que no habría otra forma de conocer sino es mediante esta expresión artística. ¿Cómo se podría conocer el vestuario de un calecero o de una negra que vendía bollitos en la plaza sino es por los dibujos de Landeluze? El reflejó eso muy bien.  Hay épocas que uno no puede conocer  sino es a través de la caricatura, porque ella  va siguiendo la moda, tú ves una caricatura y sabes en que época se hizo, incluso por el estilo. Cuando en Cuba se puso de moda el Art Decó, las caricaturas se hicieron en este género, Hergara y otros  nombres que ahora no recuerdo son ejemplos de esto. Cuando en Cuba se puso de moda el cubismo, las caricaturas eran  cubistas, o sea que la caricatura ha ido moviéndose con el tiempo, va reflejando momentos de la vida que a veces no están ni en la noticia. Por ejemplo las frases, son importantísimas y valiosísimas, porque recogen las vivencias, lo que después la Real Academia  de la Lengua recoge con otros puntos de vista; pero todo ese argot popular, todo el lenguaje, refranes, dicharachos que la gente dice están en la caricatura; esa fuente viva que constantemente se está renovando y siempre está tras la actualidad. Hay una parte de la vida del país que se refleja solo en la caricatura. 

La caricatura puede haberla con leyenda o sin ella, y esto es más difícil. Cuando tiene leyenda se cumple un viejo axioma que no puede fallar: si tú separas el texto del dibujo no entiendes ninguna de las dos cosas, o sea el dibujo y el texto tienen que complementarse mutuamente, integrarse de tal manera que sean los dos indispensables, que uno se apoye en el otro. Pero si el texto por sí solo vale no hace falta dibujo y viceversa. Realmente lo ideal es hacerla sin texto;  en mi libro sobre la bicicleta (Cuba Bici) todas son sin texto. Hay un viejo proverbio chino que dice “una imagen vale más que mil  palabras” y en el caso de la caricatura es así. Una buena caricatura es ya una editorial, resume en un dibujo todo lo que puede escribirse y es también más fácil y asequible  a la comprensión del lector. El caricaturista va como filtrando y sondeando dentro de la imaginería popular y a la vez va sacando cosas que luego van quedando, entonces el estudio de todo eso es algo interesante y forma parte del acervo cultural de un pueblo. La caricatura resume de una manera muy fácil de entender el quehacer de una nación, de un conglomerado de personas, solo tiene un problema la caricatura, tiene que hacerse con lo que la gente conoce, la caricatura no es noticiosa sino que va detrás de la noticia. La tarea del caricaturista es enriquecer con su ingenio  ese conocimiento. 

También existe otro tipo de humorismo que puede ser filosófico. Yo tengo un libro que se llama La Piedra en el Camino, es la historia de un hombre que  va por la vida y se encuentra una piedra en su camino. Allí están reflejadas las actitudes humanas negativas que la mayoría de las veces, son contrarias al ideal del hombre. Este es  otro tipo de lectura donde la imaginación vuela y el lector se encuentra en la disyuntiva de crear con la imaginación lo que dice el dibujo, y puede tener incluso varias interpretaciones, no tiene que ser lo que  yo diga, a lo mejor el lector descubre algo que ni siquiera  yo he puesto. 

La caricatura es una fuente historiográfica de información para el lector. Están los documentos, los hechos, las fotos, pero también están las caricaturas; volvemos a las caricaturas que se hicieron cuando la Revolución Francesa que quedaron como fuente inagotable del saber de aquellos sucesos. En Cuba durante el proceso revolucionario, quedaron como la visión gráfica de la Revolución, por ejemplo  las caricaturas del secuestro de Fangio. Un afiche de la Revolución Rusa que hizo Maiakovsky o un afiche de los inicios de la Revolución Cubana tienen un valor extraordinario porque son una fuente de información te da el periodo, el hecho, el sentido político, el mensaje plástico, el estilo en que se hizo, te lo da todo al igual que la caricatura. 

[1] Asociación Estudiantil Ariguanabense.

[2] Gamal Abdel Nasser (1918- 1970) presidente de Egipto durante los años 1956 a 1970. Llegó a ser el político más influyente en el mundo árabe de su época.

[3] Unión de Escritores y Artistas de Cuba

Adriana Pérez James. Trabajo de Diploma "La caricatura como fuente historiográfica: El Loquito."  Capítulo II. Junio de 2004.                                            
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600