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Nací
en San Antonio de los Baños, en un
pueblo donde pasaba un río, el
Ariguanabo. Lo primero que hizo mi padre
fue enseñarme a nadar, ese es el
recuerdo que tengo; porque los muchachos
iban para el río y el niño que no
supiera nadar podía tener un accidente,
además preocupaba a la familia. Mi padre
era barbero y si le decían vi a tu hijo
en el río ya el andaba tranquilo, porque
él me había enseñado a nadar desde muy
pequeño, desde que tenía tres o cuatro
años y además me dio un bote, entonces
me pasaba todo el tiempo navegando por
ese río, y como me lo conocía de memoria
navegaba hasta por la noche, me gustaba
bañarme por la noche. En aquella época
el río era caudaloso, la vegetación
cubría casi todo el cauce del río, había
un bosque muy lindo a su alrededor.
Me crié en el campo buena parte de mi
vida, en casa de mi familia y tengo
recuerdos muy bonitos de allí, de
caballos, el trabajo en el campo
(aunque yo no trabajaba porque era un
niño) casas enormes de cincuenta
taburetes con grandes portales y luces
de carburo, una infancia muy curiosa…
La infancia para mi fue el agua dulce,
ya la vejez ha sido de agua salada
porque he estado junto al mar. Mi
infancia fue feliz a pesar de algunos
problemas que había, era huérfano, pero
siempre tuve el apoyo de mi padre y mi
familia que me acogieron muy bien,
principalmente cuando expresé mi idea de
ser dibujante, que no se opusieron. Tuve
un tío, como tiene todo el mundo, que
quiere que uno sea abogado o médico,
pero cuando yo le dije que me gustaba el
dibujo, y sobre todo la caricatura en
los periódicos, me dijo: “bueno la
prensa es el cuarto poder, así que
también eso es bueno, pero tienes que
hacerlo bien”; me ayudó mucho, ya cuando
eso yo estudiaba el bachillerato en La
Habana, porque hasta el doce grado
estuve en San Antonio y después pasé al
Instituto de Segunda Enseñanza en La
Habana, y con el tiempo me hice
licenciado en periodismo en la
Universidad.
En el momento en que comencé a tener
ideas de que quería dibujar yo era muy
joven, era apenas un muchacho, empecé
haciendo “muñequitos”, como se les
llaman corrientemente. En mi pueblo
había un fuerte movimiento de peñas
literarias y artísticas, entonces yo me
uní a ello, para ir aprendiendo. Lo
primero que hice fueron algunos
dibujos para la portada de una revista
estudiantil de mimeógrafos: El
Boletín de la AEA,
que con el tiempo se vio obligada a
cerrar por la policía. Allí hice varias
portadas. Para esto no pasé ninguna
escuela, porque la caricatura no se
estudia en escuelas, hay escuelas de
artes plásticas, pero no de
caricaturistas; yo soy, como muchos
otros, un autodidacta, que me movía y
aprendía mucho en la discusión, y de la
gente que me rodeaba; lo que pudiéramos
llamar “un caricaturista de oído”. Y
esto se lo debo en gran medida a un
pintor que hubo en mi pueblo, un gran
maestro de verdad, Rubén Suárez
Quidiello, era muy famoso por allá,
porque era de esos que salía con un
caballete a pintar a la calle, como en
los tiempos de antes.
Fue así que me hice socio del Círculo de
Artesanos, una institución progresista,
no revolucionaria, que dirigía este
pintor, y allí se fundó una revista,
de ideas avanzadas, titulada Páginas
del Círculo, y fue donde saqué mis
primeros dibujos impresos en el año
1955. En aquel lugar nos reuníamos un
grupo de intelectuales donde siempre yo
era el más joven. De este grupo salió
la idea de crear un salón de
caricaturistas en San Antonio, y ese fue
el Primer Salón de Humoristas Gráficos Ariguanabense. Recuerdo que éramos
cuatro; el más viejo de todos era Manuel
Alfonso, que venía de la época de
Abela, un excelente dibujante. También
estaba Posada que empezaba igual que yo,
y que con los años llegó a convertirse
en caricaturista de Juventud Rebelde
y el Caimán Barbudo. Y por
último quedaba Peroga, él después con
el tiempo se hizo fotógrafo, pero
empezó siendo caricaturista. Todos
nosotros formamos parte del aquel
primer salón en el 1956.
En 1957 tuvo lugar el segundo salón al
que se incorporó Jesús de Armas, hombre
de la vanguardia en el humorismo cubano;
él fue quién creó después los dibujos
animados del ICAIC, era un hombre muy
moderno y avanzado; fue una especie de
guía que nos ayudó mucho en cuanto a las
técnicas, la apreciación…, en eso de
encontrar un humorismo más de avanzada,
que no fuera el muñequito corriente,
ordinario, que hacía por entonces. No
era hacer un chiste, era hacer humor, un
buen humor y esas son cosas bien
diferentes.
En el pueblo hubo también otra revista
que se llamaba Iris, esta
pertenecía a Ovidio Gonzáles, un hombre
católico. Esta revista tenía otro tono,
era más poética y publicaba mucha
literatura y poesía, pero ese hombre de
quien te hablé, Quidiello fue quien me
abrió las puertas, pues él conocía al
director de Zig-Zag, un
semanario de circulación nacional y uno
de los más importantes de este tipo que
había en el país, y me prometió llevarme
a verlo.
El director de Zig-Zag se
llamaba Manuel Roseñada, él para
probarme me dijo que hiciera una
caricatura de actualidad política para
ver que tal yo trabajaba. En ese
momento estaba lo de la
nacionalización del canal de Suez bajo
el gobierno de Nasser
y yo decidí hacerla sobre ese tema. La
caricatura representaba a Anthony Eden,
Primer Ministro británico, sentado
frente a un televisor que tenía solo
rayitas en la pantalla y el comentario
que le hice decía “He perdido el
canal”. Al director le gustó tanto el
dibujo, que enseguida me contrató. Esa
caricatura fue mi boleto de entrada.
“Venga todas las semanas y haga una
caricatura” me dijo. A partir de
entonces comencé a publicar en
Zig-Zag de ahí salieron mis primeros
dibujos políticos para un periódico
nacional.
Con el tiempo me fui dando cuenta de
que con las caricaturas que se hacían
hasta ese momento de Liborio yo no iba a
poder tener un criterio revolucionario
de la situación que se estaba viviendo
en el país, ese personaje era muy
débil, y no me servía, entonces traté
de hacer uno nuevo, un Liborio que
fuera mío, para poder moverlo a mi
manera. Así salieron las primeras ideas
de lo que más tarde sería El Loquito,
fue en febrero del 57.
Lo hice a base de triángulos, buscando
un estilo que lo hiciera, desde el punto
de vista gráfico, salirse de los demás
personajes. Le puse un “colage” (que en
aquel momento era muy usado por los
surrealistas) de papel periódico en el
sombrero. Cuando se lo lleve al director
del periódico también se entusiasmo
mucho y comenzamos a publicarlo. El
Loquito pegó enseguida, era muy
candente; hablaba en clave para poder
decir las cosas y burlarse de la
dictadura y la censura batistiana. Como
era loco cometía locuras y de esta forma
cubrió toda una etapa, tratando de
romper el silencio que se quería imponer
a los medios de prensa. Recibía mucha
correspondencia, incluso ayudó bastante
a la circulación del periódico. Al
principio comencé haciéndolo en San
Antonio porque yo dibujaba además para
otra revista el Boletín Oficial
que editaba la Cámara de
Comercio. Con el tiempo, la Guardia
Rural me prohibió publicar mis dibujos,
y fue entonces que me tuve que mudar
para la playa de Baracoa donde conocí a
Pucha, mi esposa, que me revisaba los
textos.
El término “loco” estaba muy de moda
entonces, el nombre partió del propio
pueblo, porque en la calle todo el mundo
les decía a los revolucionarios,
locos: “esos hombres están locos, mira
lo que hacen…, para asaltar al Moncada
y enfrentar al Ejército, tienen que
estar locos de verdad”. Era un mundo en
el que se vivía una locura que en
realidad no era tal locura, pero la
gente lo decía así popularmente; por eso
El Loquito encajó perfectamente en el
diseño y los ideales de la juventud de
esa época.
Yo lo convertí, sobre todo, en un
personaje de los jóvenes; de los mayores
también, pero más de la juventud porque
yo era también un joven. Recuerdo que
cuando triunfó la Revolución y mi rostro
salió a la luz pública por primera vez,
la gente se sorprendía al verme porque
pensaban que yo era un hombre de
cincuenta años y yo tenía veintidós
añitos nada más, nadie se imaginaba que
los barbudos, los revolucionarios fueran
tan jóvenes.
Yo estuve ligado a la Revolución desde
que estaba estudiando en el Instituto de
Segunda Enseñanza en mi pueblo, allí
pertenecía a una célula secreta del
Movimiento 26 de Julio, o ¿de dónde
entonces tú crees que yo sacaba las
informaciones de todo lo que estaba
ocurriendo para hacer mis trabajos?, era
de ahí, de mis compañeros. Muchos de
los que pertenecían al Círculo de
Artesanos que te hablé, de una forma u
otra estuvieron ligados al Movimiento 26
de Julio y al Partido Socialista. Era la
consecuencia de un mismo pensamiento y
de una misma forma de actuar.
Muchas veces me han preguntado si existe
alguna relación entre mi personaje y el
de Abela. A decir verdad, entre ellos no
existe ninguna relación, ambos poseían
un lenguaje distinto. El Bobo tenía
contrafiguras (su ahijado y el
profesor), El Loquito no. La relación
que existe entre ellos, es que ambos
tuvieron una tarea en común,
desenmascarar tiranías en momentos
determinados, y que sus creadores
Villito, apodo que le decían a Abela, y
yo nacimos en el mismo pueblo.
Te voy a decir una cosa, yo no conocía
los dibujos de Abela, nunca los había
visto cuando me decidí a hacer al
Loquito. Yo los había oído nombrar por
mi familia, porque yo tenía un tío
tabaquero y Abela había sido tabaquero
también en San Antonio, entonces él me
hablaba de El Bobo de Abela, pero yo
nunca lo había visto. Después con el
tiempo cuando vi el primer dibujo de El
Bobo me di cuenta que el Loquito había
salido así. La línea del Bobo era
diferente, era redonda, a base de curvas
y el Loquito no, él era a base de
triángulos y de ángulos.
Con El Loquito yo aprendí mucho; como
caricaturista, me ayudó a crearme todo
un estilo de trabajo. Me enseñó a
reflejar en un breve espacio una
situación desde el punto de vista
plástico y a hacer una caricatura que
siempre dijera algo. La composición en
la caricatura es muy importante, de lo
contrario ésta podría convertirse en
algo que no se entiende, y el hacer
caricatura de El Loquito me dio la clave
de cómo expresar en un área bien
reducida la situación interna del país
y al mismo tiempo lograr que la gente
la entendiera.
Al principio durante las dos primeras
semanas no fue un dibujo político; era
tan solo la presentación de un loco,
para que la gente lo conociera, que
había salido de Mazorra y estaba
haciendo locuras, como por ejemplo,
acostarse en la línea del ferrocarril,
leer el periódico mientras cruzaba la
calle…. Pero este loco pronto comenzó a
seguir los acontecimientos políticos
que tenían lugar, y cuando vino el
asalto al Palacio Presidencial,
salieron por primera vez los Loquitos
con carácter político y así poco a poco,
sin darme cuenta, fui construyendo un
lenguaje para El Loquito a base de
claves, códigos, símbolos, donde
expresaba lo prohibido, lo que no se
podía decir comúnmente, por ejemplo:
hablar de la Sierra Maestra, de Radio
Rebelde, de Fidel, de los chivatos y
muchísimas cosas más. Esto fue creando
cierta expectativa en el público, al
extremo de que la gente buscaba a veces
más allá de lo que realmente ponía, y
es algo que todavía no me he podido
quitar de encima a pesar de los años. La
gente siempre va más allá de lo que yo
hago, se acostumbró a buscar en mis
caricaturas mensajes que no ponía,
incluso aun después del triunfo de la
Revolución ha llegado al punto de
buscarme algunos problemas. Una vez mi
esposa y yo decidimos hacer una prueba,
hicimos un Loquito parado solo sin hacer
nada y la gente le buscó enseguida miles
de significados. Porque para la gente el
Loquito siempre tenía que decir algo.
Cuando salió mi personaje ya la censura
ya estaba instituida y empezaba cada día
a hacerse más férrea. El censor me
quitaba bastantes dibujos, pero yo le
pasaba algunos “por debajo de la mesa”.
La censura la ponían por cuarenta y
cinco días, luego había unos días de por
medio para que se volviera a aprobar por
un órgano que creó Batista que se
llamaba El Consejo Consultivo; en esos
días, que eran muy pocos, dos o tres,
había que aprovechar al máximo y
nosotros nos dábamos banquete, así se
escaparon unas cuantas caricaturas.
Salieron sin censura. No te voy negar
que al principio me golpeó bastante,
pero a la vez me ayudó mucho porque me
obligó a hacer dibujos que burlaran y al
mismo tiempo trasmitieran un mensaje.
Hacerlo no fue fácil, era un verdadero
reto.
Durante la última etapa de la dictadura
el censor me amenazaba constantemente
pero yo le respondía: “Yo no he dicho
eso, usted está pensando lo que no es;
eso no está en el dibujo” y él temiendo
caer en la trampa de pensar lo que no
era, me la dejaba pasar. Así yo jugaba
con el censor, que por supuesto siempre
me quitaba algunos dibujos, porque él
tenía que cumplir su función. Además
temía que le fuéramos a hacer una jugada
y cuando algo de lo que veía no le
gustaba, enseguida lo rompía; hubo
varios dibujos que salieron mutilados, y
eso a mí me gustaba mucho y al público
también le gustaba, porque llamaba más
la atención.
Otra cosa que me salvó con la censura
fue mi edad, porque la gente del
periódico le decía al censor –él es solo
un muchacho, un estudiante- y así muchas
veces me libraba. Había que hacer
quince Loquitos por semana, pero la
mayoría de las veces salían doce
solamente.
“Allá tú” fue una de las claves del
Loquito, al decir Lo-quito, me refería
a quitar o tumbar a Batista. Loquito era
la fachada, la interpretación para pasar
la censura. En esa época todo lo que se
hablaba era de derrocar a Batista,
entonces había que utilizar todas las
armas posibles para burlar la
represión, el censor solo veía:
-Loquito, Allá tú- y aparentemente me
refería al Loquito, pero en realidad el
pueblo sabía que era a Batista. Era como
una interrogante ¿lo quito? Y él
respondía: “Allá tú”.
Mis caricaturas fueron por ciclos. Uno
de los más populares fue el ciclo de la
ruta 30, fue muy especial. Yo dibujaba
con un ómnibus que pasaba por el reparto
La Sierra, siempre divertía con este
pequeño símbolo, y cuando la censura me
prohibió poner el número 30, entones me
valí de los números romanos o las
operaciones matemáticas cuyo resultado
siempre fuera treinta: 25+5; 15x2; 52+
5, por ponerte algunos ejemplos. En este
ciclo fue donde pude pintar por primera
vez directamente a Fidel dueño de
Oriente, bajando de la de la Sierra.
También salieron otros dibujos donde
aparecía mi personaje hablando con el
Che o con Camilo, otros reflejando
diferentes batallas como las de Pino
del Agua, la batalla de Bueycito; la
voladura de los puentes, el secuestro
de Fangio; en fin El Loquito estaba en
todo, no se le escapaba una, él hacía
referencia a todas las acciones que
llevaba a cabo el Ejército Rebelde, por
supuesto, había que descifrarlas,
porque todas aparecían con claves.
El 58 fue el año más difícil pero
también el más creativo. Yo pienso que
ahí fueron mis bases como dibujante,
aprendí a ilustrar en mis dibujos
problemas de la situación nacional,
cómo convertir la noticia en caricatura.
Creo que eso me hizo muy bien, fue un
entretenimiento muy bueno y muy útil
aunque a finales del año El Loquito
salía por puro milagro.
El Loquito se hizo un personaje muy
popular, la gente compraba la prensa y
enseguida iba a buscarlo para ver lo
que decía. Hasta Fidel se refirió a él
en varias ocasiones. Recuerdo que la
primera vez que lo hizo fue estando en
Camagüey. Nosotros recibimos una carta
suya en Zig-Zag fechada el 4 de
enero de 1959, todavía no había llegado
a La Habana. En ella felicitaba al
periódico y en particular al Loquito por
todo lo que había hecho.
En general muchos compañeros de la
Sierra me felicitaron, Celia me dijo
personalmente que a ella le gustaba
mucho; Haydée Santamaría y Hart también
me dijeron lo mismo, que ellos desde la
Sierra seguían sus peripecias. El
Loquito se había ganado al pueblo.
Tanto me identificaron con El Loquito
durante todos esos años que incluso
llegaron a cambiarme el nombre, en el
periódico me decían: “oye loco ven acá”,
porque ese era el nombre de mi
protagonista, esas son etapas en las que
a veces el personaje se come a quien lo
crea, pero de esas etapas hay que salir
porque uno no puede vivir toda la vida
de lo mismo.
Tras el triunfo de la Revolución, El
Loquito vivió una etapa breve, porque ya
no había necesidad de hablar en clave.
Todo el andamiaje, digamos creativo, del
Loquito se venia al suelo por ley
natural, ya no tenía sentido; ahora se
podían decir las cosas de otra forma y
El Loquito se hacía inoperante. Mucha
gente me preguntó por qué no seguí, pero
las condiciones no estaban creadas,
además no podía amarrarme así a un solo
personaje ni seguir haciendo una cosa
que fuera de tontos. Era el momento de
expresar otras ideas y entonces me armé
de un personaje que ya venia
desarrollándose sin yo quererlo ni
saberlo dentro de El Loquito: El
Barbudo, el cual he hecho desde entonces
hasta hoy; cuando quiero representar al
cubano revolucionario, lo hago a través
de este personaje. El Barbudo lleva un
sombrero de yarey y un traje de
miliciano, es un campesino, pero no
desamparado como Liborio, sino armado
con machete o fusil en dependencia de la
situación.
No obstante, El Loquito fue para mí
importantísimo, lo primero. Yo lo
situaría en los orígenes de mi
desarrollo como caricaturista. No
hubiese existido lo demás si primero no
hubiese existido El Loquito. Mi
caricatura partió de él, yo soy hoy,
gracias al Loquito que me impregnó un
espíritu de entusiasmo en mi trabajo
que no he perdido hasta ahora. Al
Loquito le doy el uno, el uno porque el
Loquito me enseñó mucho. Es como negar a
un hijo y a un hijo no se le puede
negar.
El Barbudo es también muy importante,
fue el sustituto de El Loquito y de
Liborio; ya nunca más nadie pintó a
Liborio. A partir del triunfo de la
Revolución todo el mundo comenzó a
pintar al Barbudo, fue una constante,
pero ese Barbudo fui yo quien lo
introdujo en la caricatura, y quedó como
símbolo de un pueblo dueño de sí mismo,
que no era el de antes sino el pueblo de
una nueva etapa. Lo más importante de la
década del ´60 en la caricatura cubana
fue la muerte definitiva de Liborio y el
nacimiento de este Barbudo. A Liborio
lo mató la Revolución.
El Barbudo era otro personaje, con otra
ternura, con otra forma de analizar la
realidad, ya no era aquel guanajo o
tonto que recibía palos y golpes y no se
rebela, no, este es un personaje
distinto, que se enfrenta de otra manera
a la relación Cuba-Estados Unidos;
mientras Liborio la veía desde el punto
de vista sumiso y resignado, como un
destino del cual no podía safarse, el
Barbudo es dueño de su destino, es el
que se la pone mala al Tío Sam; antes el
Tío Sam se la ponía mala a Liborio, pero
ahora se cambiaron los papeles y eso fue
gracias al triunfo de la Revolución.
Este nuevo personaje cuajó a partir del
60, sobre todo en el Pitirre,
un semanario de vanguardia que teníamos
nosotros: Chago, Fornés, Posada y yo,
todos de San Antonio. Cuando Dedeté
publicó recientemente la encuesta que
hizo sobre los veinte caricaturistas del
siglo veinte nos incluyó, y eso es algo
realmente grande para nosotros, porque
venimos del mismo pueblo y de la misma
publicación humorística.
Te puedo contar una anécdota, El Barbudo
es la única caricatura que ha subido
hasta el cosmos. Eso sucedió en el
vuelo de Arnaldo Tamayo; se había
decidido enviar al cosmos una serie de
cosas que fueran símbolos de nuestra cubanía; entonces se tomó arena de Playa
Girón, un escudo y otras cosas más y
dentro de eso se escogió una caricatura
mía de El Barbudo, acerca de la Base de
Guantánamo. Yo hice dos originales y
ambos están firmados por Tamayo y Romanenco, una pasó para el Museo de la
Astronomía en Moscú y la otra se quedó
aquí en el Museo del Humor de San
Antonio. Es una caricatura única en el
mundo, la única que ha ido al cosmos.
Cuando triunfó la Revolución, seguí en
Zig-Zag por algún tiempo, hasta
julio del 59, porque Zig-Zag
venía presentando algunos problemas con
el proceso revolucionario que vivía el
país, algunos caricaturistas se
marcharon y yo no quise seguir
trabajando en ese periódico, entonces me
pasé a Revolución, órgano
oficial del Movimiento 26 de Julio. Allí
trabajé junto a Chago (Santiago Armada),
un gran caricaturista que ya murió, fue
el creador de “Julito26” personaje que
se publicaba en El Cubano Libre
periódico que editó el Che en la Sierra
Maestra; allí estuve trabajando hasta el
año 1965, año en que se convirtió en
Granma donde continué como
caricaturista principal.
Aproximadamente durante treinta años,
desde el 59 hasta el 89 fui el
caricaturista principal de la prensa
revolucionaria cubana. Tengo más de
cincuenta mil caricaturas publicadas en
periódicos y revistas: La Calle,
La Tarde, Revolución,
Granma, Bohemia,
Trabajadores, Palante, y
muchos otros. De este último fui
director por un tiempo. En 1889 pasé a
dedicarme tiempo completo a la dirección
de la UNEAC.
También hice otros personajes que
surgieron en un momento determinado; por
ejemplo “Don Cizaño”, que fue
contrafigura de “El Loquito”, era un
personaje contra la prensa reaccionaria,
sembraba cizaña, veneno, contra ciertas
ideas. “Mogollón” fue otro de ellos,
nació al calor de la lucha contra la
holgazanería y aunque gustó mucho, murió
cuando se aprobó la ley contra la
vagancia allá por los años 70.
A partir de la Revolución la caricatura
cogió otro auge, hubo un cambio en la
estética extraordinario, se comenzó a
hacer una caricatura más humana, donde
jugó un papel muy importante la ternura,
la nacionalidad cubana y la defensa de
la Revolución. Fue un momento grande en
nuestra cultura, piensa que no había
nueva trova, y había caricatura en
defensa de nuestros ideales y una
caricatura con calidad, que asombró a
una serie de caricaturistas extranjeros
que venían de Francia, México,
Argentina y otros lugares, al punto que
se llevaron ideas de hacer en sus países
periódicos iguales a los nuestros . Te
puedo citar algunos, por ejemplo Ziné,
uno de los caricaturistas más
importantes de Francia, Rius de México,
Oski de Argentina y también uno de los
más importantes de América y otros
españoles que ahora no recuerdos sus
nombres. Ellos dijeron: “no tenemos nada
que hacer en Cuba sino aprender de los
muchachos que aquí están trabajando”,
porque eran más viejos que nosotros, y
de esto hay testimonio escrito en los
periódicos de la época.
El triunfo de la Revolución fue un
impacto tan grande en todos los sentidos
que quizás todavía nos estamos dando
cuenta de lo que significó aquello, fue
un cambio en la vorágine, una cosa
tremenda. Quizás fue una de las etapas
más hermosas de muchas personas, vivir
dentro de una Revolución triunfante como
esta, con toda la magia, la belleza, la
fuerza y también el huracán que
representó esta Revolución. Dentro de
eso vivimos también nosotros los
caricaturistas, haciendo esa Revolución;
dentro de la caricatura éramos
milicianos, en lugar del fusil,
utilizábamos el lápiz y participamos en
todos los eventos: Limpia del
Escambray; Posada estuvo en Playa
Girón, yo estuve en la Crisis de
Octubre; después fuimos a otros países,
estuve en Nicaragua durante un período
haciendo caricaturas en sus periódicos,
luego Vietnam y más tarde en Angola,
reflejando la guerra con mi trabajo.
La Revolución fue marcando otras pautas,
otras metas, otros horizontes distintos
a lo que antes se hacía, fue más amplio
el diapasón del caricaturista. Ya no
tenía que esconderme, ahora el reto era
distinto, era hacer una caricatura con
más calidad. Sí, porque la caricatura de
la Revolución es la mejor caricatura que
se ha hecho en Cuba en todas sus épocas,
porque indudablemente fue mejor que la
caricatura de la República, y no soy un
chovinista ni extremista de esta etapa ,
reconozco que en la República hubo
excelentes caricaturistas, maestros de
la caricatura como Rafael Blanco, Juan
David, Hernández Cárdenas, pero la
Revolución dio más posibilidades también
de traspasar la isla, nosotros
publicábamos en muchas partes del mundo,
la caricatura se convirtió en un
baluarte de la Revolución, por ejemplo
de ese grupo de vanguardia que antes te
mencioné, publicaban caricaturas de
nosotros.
Después han venido otras etapas muy
hermosas para la caricatura cubana, es
una lástima que no se vaya recogiendo
con el tiempo porque es una historia
tremenda; la batalla de ideas no es de
ahora, desde el primero de enero hay una
batalla de ideas, desde antes la hubo,
pero no era solo de ideas, también era
de armas; pero la de ideas que se
lleva a cabo ahora comenzó desde el
primero de enero de 1959.
El humor gráfico en la actualidad está
un poco pobre. Algunos caricaturistas se
han ido, no han sido muchos, pero han
dejado un vacío. Por otro lado tenemos
un periódico como Palante, que es
lo que queda como periódico humorístico
con vida propia. También tenemos a
Dedeté, pero este es un suplemento,
que por cierto cuenta con un grupo de
jóvenes caricaturistas muy buenos:
Manuel, Tomy, Ares, Garrincha…, pero hay
poco espacio para ese humor. Hubo un
momento de gran auge, pero ahora ha
decaído un poco. Creo que tampoco hemos
sabido aprovechar del todo, y llevar a
las caricaturas una serie de personajes
y elementos que están en la calle y han
ido surgiendo al calor de la Revolución.
La caricatura es un testimonio de la
época, y es justo eso lo que nos está
faltando.
Aun sigo haciendo caricaturas de
actualidad política; por ejemplo dibujo
frecuentemente para el semanario Orbe
de prensa latina, donde en ocasiones mis
trabajos han servido de portada para
tratar temas de la actualidad
internacional. Hasta hace poco estuve
trabajando, de vez en cuando, para el
periódico Juventud Rebelde,
allí salieron publicadas en primera
plana mis caricaturas sobre el caso del
niño Elián González, cuando estaba
secuestrado por la mafia de Miami, y
hace aproximadamente un año atrás, las
dedicadas a los cinco patriotas cubanos
presos en los Estados Unidos.
Hay una apreciación falsa de que la
caricatura dura veinticuatro horas, y
porque sale hoy en el periódico ya
mañana no existe o no sirve. Con ese
criterio los periódicos no servirían
tampoco. No es como la gente dice que
las caricaturas duran veinte cuatro
horas; a Santiago Álvarez cuando le
preguntaron si hacía cine para la
posteridad, el respondió que no le
interesaba, que él hacía un cine de
urgencia y lo demás solo iba quedando
para la posteridad. Es como cernir la
arena, se quedan las piedrecitas pero el
grano fino pasa y eso también sucede con
la caricatura y con toda la gráfica en
general.
La buena caricatura queda sola para la
posteridad, porque es una forma de ver
la realidad que crea estado de opinión.
Un caricaturista es realmente bueno
cuando mueve los estados de opinión,
cuando sus dibujos son tan fuertes que
crean comentarios. En Cuba eso lo hemos
logrado muy pocos caricaturistas, y te
digo sin ningún tipo de vanidad, muy
pocos, me incluyo entre esos, porque ha
sido así. Hay quien se mete toda la vida
haciendo caricaturas y nadie lo menciona
y hay quien hace una o dos y enseguida
lo conoce y lo sigue todo el mundo, son
cosas que pasan.
Yo le concedo muchísima importancia a la
caricatura en general, porque ella
refleja una parte de la vida, de la
historia, que no se encuentra ni en la
fotografía ni en la literatura y ahora
existen otros medios más modernos, la
misma fotografía deja una impresión de
una realidad o de un momento histórico
determinado, pero antiguamente ninguno
de estos existían y te voy a citar
varios ejemplos: Daumier, el excelente
caricaturista francés hizo caricaturas
de la Revolución Francesa que hoy son
imprescindibles para comprender aquel
suceso. De aquí el propio Landaluze,
caricaturista contrario a los mambises,
nos dejó un legado extraordinario en
cuanto a la riqueza de vestuario,
costumbres, moda, hasta de las
expresiones que se manejaban que no
habría otra forma de conocer sino es
mediante esta expresión artística. ¿Cómo
se podría conocer el vestuario de un
calecero o de una negra que vendía
bollitos en la plaza sino es por los
dibujos de Landeluze? El reflejó eso muy
bien. Hay épocas que uno no puede
conocer sino es a través de la
caricatura, porque ella va siguiendo la
moda, tú ves una caricatura y sabes en
que época se hizo, incluso por el
estilo. Cuando en Cuba se puso de moda
el Art Decó, las caricaturas se
hicieron en este género, Hergara y
otros nombres que ahora no recuerdo son
ejemplos de esto. Cuando en Cuba se puso
de moda el cubismo, las caricaturas
eran cubistas, o sea que la caricatura
ha ido moviéndose con el tiempo, va
reflejando momentos de la vida que a
veces no están ni en la noticia. Por
ejemplo las frases, son importantísimas
y valiosísimas, porque recogen las
vivencias, lo que después la Real
Academia de la Lengua recoge con otros
puntos de vista; pero todo ese argot
popular, todo el lenguaje, refranes,
dicharachos que la gente dice están en
la caricatura; esa fuente viva que
constantemente se está renovando y
siempre está tras la actualidad. Hay una
parte de la vida del país que se refleja
solo en la caricatura.
La caricatura puede haberla con leyenda
o sin ella, y esto es más difícil.
Cuando tiene leyenda se cumple un viejo
axioma que no puede fallar: si tú
separas el texto del dibujo no entiendes
ninguna de las dos cosas, o sea el
dibujo y el texto tienen que
complementarse mutuamente, integrarse de
tal manera que sean los dos
indispensables, que uno se apoye en el
otro. Pero si el texto por sí solo vale
no hace falta dibujo y viceversa.
Realmente lo ideal es hacerla sin
texto; en mi libro sobre la bicicleta (Cuba
Bici) todas son sin texto. Hay un
viejo proverbio chino que dice “una
imagen vale más que mil palabras” y en
el caso de la caricatura es así. Una
buena caricatura es ya una editorial,
resume en un dibujo todo lo que puede
escribirse y es también más fácil y
asequible a la comprensión del lector.
El caricaturista va como filtrando y
sondeando dentro de la imaginería
popular y a la vez va sacando cosas que
luego van quedando, entonces el estudio
de todo eso es algo interesante y forma
parte del acervo cultural de un pueblo.
La caricatura resume de una manera muy
fácil de entender el quehacer de una
nación, de un conglomerado de personas,
solo tiene un problema la caricatura,
tiene que hacerse con lo que la gente
conoce, la caricatura no es noticiosa
sino que va detrás de la noticia. La
tarea del caricaturista es enriquecer
con su ingenio ese conocimiento.
También existe otro tipo de humorismo
que puede ser filosófico. Yo tengo un
libro que se llama La Piedra
en el Camino, es la historia
de un hombre que va por la vida
y se encuentra una piedra en su camino.
Allí están reflejadas las actitudes
humanas negativas que la mayoría de las
veces, son contrarias al ideal del
hombre. Este es otro tipo de lectura
donde la imaginación vuela y el lector
se encuentra en la disyuntiva de crear
con la imaginación lo que dice el
dibujo, y puede tener incluso varias
interpretaciones, no tiene que ser lo
que yo diga, a lo mejor el lector
descubre algo que ni siquiera yo he
puesto.
La caricatura es una fuente
historiográfica de información para el
lector. Están los documentos, los
hechos, las fotos, pero también están
las caricaturas; volvemos a las
caricaturas que se hicieron cuando la
Revolución Francesa que quedaron como
fuente inagotable del saber de aquellos
sucesos. En Cuba durante el proceso
revolucionario, quedaron como la visión
gráfica de la Revolución, por ejemplo
las caricaturas del secuestro de Fangio. Un afiche de la Revolución Rusa que hizo Maiakovsky o un afiche de los inicios de
la Revolución Cubana tienen un valor
extraordinario porque son una fuente de
información te da el periodo, el hecho,
el sentido político, el mensaje
plástico, el estilo en que se hizo, te
lo da todo al igual que la caricatura.
[1]
Asociación Estudiantil Ariguanabense.
[2]
Gamal Abdel Nasser (1918- 1970)
presidente de Egipto durante los años
1956 a 1970. Llegó a ser el político más
influyente en el mundo árabe de su
época.
[3]
Unión de Escritores y Artistas de Cuba
Adriana Pérez James.
Trabajo de Diploma "La caricatura como
fuente historiográfica: El Loquito."
Capítulo II. Junio de 2004. |