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Itinerario de Kevin Spacey por Caracas y La Habana

Joel del Río • La Habana

El periplo latinoamericano de Kevin Spacey, uno de los mejores actores del cine norteamericano en los últimos 20 años, incluyó una agenda apretada entre Caracas y La Habana. En la capital venezolana se reunió con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y a Cuba viajó prácticamente de incógnito, en lo que los medios llamaron “una visita con fines personales”. Mientras todo ello ocurría, buena parte de los medios norteamericanos insultaban al célebre actor, llamándolo “el nuevo idiota de Hollywood”, “cómplice de los macabros planes de la izquierda latinoamericana”, un plan de amistad y comprensión al cual se han anotado recientemente personalidades del mundo cinematográfico con un papel cívico bien activo, como Harry Belafonte, Oliver Stone, Danny Glover, Sean Penn, Tim Robbins y Susan Sarandon.

A pesar del esfuerzo reaccionario de muchos órganos “de información” norteamericanos por empañar la imagen de estos artistas, solo porque se animaron a sostener opiniones políticas adversas a la agenda del Departamento de Estado, ellos representan la América cívica, fraternal e inteligente, y sus empeños han contribuido mucho a cambiar la opinión pública en EE.UU.

Nacido en Nueva Jersey en 1959, hijo rebelde e inquieto de un escritor de manuales técnicos, tuvo una infancia de chico malo en California, hasta los 14 años, cuando descubrió el mundo de la interpretación en su instituto de Los Angeles. Luego entró en la célebre Escuela de Arte Dramático Juilliard, de Nueva York, de donde fue expulsado por negarse a cumplir los horarios. Debutó en teatro con Enrique IV, fue actor suplente, pero en 1986 le llegó la gran oportunidad con El largo viaje hacia la noche, junto a su admirado Jack Lemmon. Hacia el final de los años 80 continuaba su éxito en escena y los pequeños papeles en la televisión y el cine. En un medio muy propenso al engreimiento, la fruslería y la futilidad, Kevin Spacey siempre ha querido concentrarse en perfeccionar su arte interpretativo, negándose con obstinación en preservar su vida privada de cualquier intromisión. Acabando de recibir su segundo Oscar, declaraba a los cuatro vientos que “cuanto menos sepa la gente de mí, más se concentra en mis actuaciones, y más fácil me resulta convencerlos de que soy en cada película una persona diferente”.

Admirador de Spencer Tracy, James Stewart, Jack Lemmon y Robert de Niro, Spacey se consagró primero en papeles característicos de perverso, hombre oscuro y manipulador (Sospechosos habituales, La confidencial, Seven, Superman regresa) para luego superarse a sí mismo en papeles de víctima, triste sujeto aplastado por desdichadas circunstancias (American Beauty, Life of David Gale, Shipping News, K Pax). “A lo largo de los años he estado buscando la oportunidad de ir profesionalmente a algún sitio nuevo, de empezar a hacer papeles más cercanos a mi propia experiencia, y trabajar a un nivel más personal”. Hizo su debut como director en el drama sobre rehenes Albino Alligátor (1996). Alrededor de 2004 ó 2005 decidió abandonar el cine (alegando que ya no le ofrecían nada excitante, aunque por suerte lo ha pensado mejor) y radicarse en Londres a dirigir una célebre compañía teatral.

Respecto a los detalles sobre la visita del famoso actor a Venezuela, solo en el sitio web de Venezolana de Televisión se ofrece cuenta detallada de los sucesos, sobre todo de la conversación de tres horas sostenida en el despacho presidencial del Palacio de Miraflores. Según este medio, un retrato del mariscal Antonio José de Sucre le llamó la atención y allí comenzó una explicación detallada por parte del líder venezolano sobre la vida y legado del prócer de Ayacucho. Preguntó sobre Bolívar y a su izquierda reposaba la estampa del Libertador. Gestas, anécdotas y logros en batallas de ambos próceres fueron referidos por el presidente Chávez durante los primeros minutos de conversación.

Luego, el presidente Chávez felicitó a Spacey por su actuación en La vida de David Gale, un formidable alegato contra la pena de muerte (filmado en el año 2003 y dirigido por Alan Parker), donde el actor entrega otra de sus memorables y más recientes interpretaciones. Hablando de cine y de actores, Spacey comentó en la conversación que es muy buen amigo de Sean Penn, quien recientemente estuvo en Caracas conversando con Chávez. Aseguró el actor que en Sean Penne coinciden un verdadero actor y un ser humano real, pues existen hombres buenos y muy buenos actores, pero pocos realmente de buen corazón, y Sean Penn es uno de ellos, aseguró.  

Adentrándose en temas de política internacional, el ganador del Oscar por Sospechosos habituales (1995) y por Belleza americana (1999), opositor abierto de las políticas impuestas por el actual Presidente norteamericano, en particular la guerra de Iraq, Spacey se mostró curioso por conocer detalles sobre la Reforma Constitucional y la participación del presidente Hugo Chávez en el proceso de diálogo entre las FARC y el Gobierno de Colombia. Spacey reveló al Presidente que parte del propósito de su visita a Venezuela se originó, como Sean Penn, en la necesidad de conocer “de cerca” la realidad venezolana y los cambios sociales que impulsa la Revolución Bolivariana, de la cual se escuchan comentarios adversos pero también informaciones sobre los cambios positivos en la vida nacional.

Más tarde surgió el tema de Fidel Castro, pues el actor norteamericano residenciado desde hace cinco años en Londres refirió que entre sus acompañantes se encontraba el argentino Fernando Sulichin, productor de los dos documentales que realizó Oliver Stone al presidente de Cuba, Looking for Fidel y Comandante, en el año 2003. El presidente Chávez le confirmó a Spacey el buen estado de recuperación del comandante Castro y sus más recientes declaraciones vía televisión, y de inmediato los visitantes le obsequiaron una hermosa fotografía del Presidente cubano, en pleno rodaje de uno de los documentales, instantánea que fue colocada junto a Sucre y Bolívar en el despacho presidencial.

Durante la tarde de ese lunes Spacey, junto con sus compañeros de viaje, pudieron conocer las instalaciones de la Villa del Cine, se interesó por las líneas de producción del cine venezolano, y aprovechó la oportunidad para felicitar personalmente al presidente Chávez por este proyecto que según sus palabras es “maravilloso” y una excelente idea para desarrollar las potencialidades de la juventud interesada en el audiovisual. Indicó también que quisiera colaborar “en lo que pueda” con el proyecto y sugirió que sería bueno que este ejemplo se pueda impulsar a nivel teatral, dado que el actor ha impulsado en Londres una iniciativa para permitir la enseñanza a jóvenes talentos en el arte de la actuación.

Posteriormente, el actor no solo halagó a Chávez al calificarlo de “político honesto”, y añadió que precisamente la honestidad es la virtud más importante en política, sino que también aseguró: “cada país debería tener su propia Villa del Cine, pues los jóvenes tendrían la oportunidad de hacer sus películas y el resto del mundo podría aprender de lugares donde nunca ha estado”. Además, para el actor estas villas “servirían para unirnos en vez de separarnos, y mostrar lo cerca que estamos todos como seres humanos y como humanidad, aunque cada uno tenga diferentes puntos de vista en términos de política”.

También declararon su admiración a los proyectos culturales del gobierno venezolano los dos grandes actores de Hollywood que antes visitaron Venezuela, Danny Glover y Sean Penn, ambos destacados por su oposición a la guerra de Iraq y a otros excesos del actual gobierno norteamericano.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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