Año VI
La Habana

13 al 19
de OCTUBRE
de 2007

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En Julio como en Enero

Una revista de porvenir

Axel Li • La Habana

 

La revista En Julio como en Enero prosigue con sus calidades para un público que ama a la literatura infantil repensada desde la teoría y, que valoriza además, la apoyatura de la imagen artística entrelazada entre párrafos y párrafos. Cada número suyo es una posibilidad para recrearnos entre el doble hacer de los creadores: primero, el relativo al artista elegido para ilustrar íntegramente casi todas las páginas, y segundo, el obvio maniobrar del editor y el diseñador con toda la materia prima, quienes tienen en mente la concepción del producto final, llamado "nuevo número de la revista".

Hay librerías que tienen varios ejemplares. Otras, apenas sus estantes los han tenido. Aún así, existe ella y se complementa con una producción en libros, destinada a niños y jóvenes, que exige y necesita de la imagen artística, a pesar de no contar en ocasiones con el soporte de papel esperado. En Julio como en Enero con una portada cromática encierra en su interior, sin embargo, un universo entre el blanco y el negro —y sus matices— que dificultan captar la genialidad de líneas y formas que expresan casi siempre a partir del colorido de las partes. Entonces, la ausencia de color nos motiva a imaginar la gama ausente en la impresión cuando advertimos en una obra (ilustración) su presencia. Algo así, debe ocurrir con el No. 19 de 2006, que ha sido ilustrado por el pintor y dibujante Vicente R. Bonachea, para quien la fantasía infantil es una constante en su obra, la cual en más de una ocasión ha ido a reposar al papel de libros para niños.

Una diminuta lechuza, dos extraños caracoles, un lagarto, una rana, una libélula, un quinqué y otras avecillas inundan las páginas de ese número sin sus colores reales. No obstante de la limitante por obtener una impresión fidedigna, las cualidades del dibujo afloran. En Bonachea tenemos a un buen ilustrador, porque logra mundos posibles de imaginación y formas de encanto que, en los niños, debe tener quizá a su mejor público. Esto es algo que siempre he intuido. Bastaría con mirar atentos cada expresión de un infante próximo al reino visual de este también ilustrador de fantasías.

Mirar su obra (infantil) desde una publicación impresa me ha hecho sobrevolar sobre las nuevas generaciones de niños cubanos, que no obstante a los problemas cotidianos, ganarían en felicidad si en una de las paredes de sus cuartos tuvieran —digamos— una precisa reproducción de un motivo formal cualquiera, como los concebidos por el artista. Completar el reino infantil con enterezas visuales es una opción que se tiende a buscar. Incluso, podría ser hasta el del reino de los niños que ya han sido, quienes también requieren —requerimos— cohabitar en atmósferas propicias.

Con una producción variada y extensa sobre la infancia, debiera el pintor compendiar algunas de tales creaciones para inundar a una galería, donde los niños que son y aquellos que ya han sido tendrían un día de verdadero placer y gracia. (¿Y casi toda su poética en tela, cartulina o papel no es acaso infantil?). Mientras tanto, este ejemplar de 2006 de En Julio como en Enero seguirá siendo un indicio de las potencialidades de Vicente como dibujante para niños. Y los números futuros, una galería permanente y segura para cuantos ilustradores infantiles cultivan en Cuba cuantiosos canteros de rosas blancas en páginas entintadas.

Eso sí, que no cesen los números de esta revista, aun cuando predomine el negro y el blanco. El resto, el colorido, que lo ponga la imaginación.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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