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A este trovador lo conocí en un Festival
Longina, en la provincia de Santa Clara.
De su obra me impresionó mucho su
agudeza para tocar temas polémicos,
cotidianos y colectivos en sus letras;
su sentido del humor, su admirable
capacidad de improvisación y la aparente
sencillez con que están fabricados sus
temas. Y digo aparente porque tras esa
facilidad con que parecen estar
escritos, se esconde una profunda
reflexión, una búsqueda y una amplia
gama de preguntas que empiezan a flotar
después del último acorde. En lo
personal, se convirtió desde entonces en
un buen amigo que agradezco haberme
tropezado entre trovada y trovada.
Aunque desde aquel evento y todas las
veces en que coincidimos, tocayos al
fin, eso nos cuesta el precio de virar a
dúo la cabeza cada vez que pronuncian
nuestro nombre. Tony Ávila ostenta
además la flagrante y simpática
contradicción, bien conocida para los
que habitamos esta Isla y suerte de
migración al revés, de haber nacido en
La Habana y posteriormente ir a vivir en
una ciudad de provincia, la hermosa
Cárdenas, en Matanzas, al este de la
capital cubana.
Este Licenciado en Marxismo Leninismo e
Historia en el Instituto Superior
Pedagógico Juan Marinello de Matanzas,
pasado en siete de los 30 y convertido
en mosquetero habitual de la trova,
tiene en su haber un disco, A primera
vista, grabado en el 2004 con su
quinteto Con clave, y cuenta con la
participación en la antología Desde
el umbral, en el año 2003. Ha
realizado actuaciones en Inglaterra,
Venezuela y en múltiples escenarios de
la Isla y es uno de los activos
colaboradores de la peña cardenense La
suerte de los cangrejos, sitio apto para
buena música.
Para entrar en calor: ¿En qué estado ves
a la trova en estos momentos?
Tengo la suerte de haber conocido y de
conocer, por diversas vías, a la gran
mayoría de los trovadores que hay en
Cuba en estos momentos. Algunos
personalmente, que son bastante, por
estar en eventos juntos, por compartir
días de concierto, descargas y demás, y
a otros por conocer su música.
He descubierto que lo que define o marca
el concepto de si la trova está bien o
mal, es a veces el desconocimiento de la
gente, o determinado criterio que se
arrastra previo al conocimiento real de
lo que es la trova.
En mi opinión, la trova goza de buena
salud. Porque he descubierto buenísimas
canciones de muchos trovadores a lo
largo de toda la Isla. Lo que pasa es
que, desgraciadamente, no está amparada
como debe estar. Y eso es lo que da la
medida errada de que la trova no anda
bien. Me parece que hay que acercarse
más a los trovadores, conocer más las
canciones, ir más al fondo y buscar en
lo que están haciendo para darnos
cuenta. Por eso mi opinión es muy
sencilla y te la puedo resumir en esa
oración: Creo que tiene salud. No te voy
a decir si es buenísima, si es regular o
qué, pero está saludable. Lo que hay es
que defenderla; hay que aunar esfuerzos,
que la gente que está haciendo trova se
una y se dé cuenta de que hace falta una
especie de levantamiento nacional de la
trova. Hay muchísimos trovadores, en
suma matemática, pero además en calidad
hay buenísimas cosas también. Creo que
este momento merece un levantamiento
general en todo el país. Es necesario
saber quiénes están, qué hacen.
Esa salud depende de muchos factores. No
solo se trata de que el público
desconozca quiénes son los trovadores,
sino que muchos funcionarios, de la
cultura en general o de los medios,
desconocen quiénes están haciendo
trova.
Vamos a llegar ahí más adelante. En
medio de esa situación: ¿Cómo ubicarías
a tu generación de trovadores, en qué
estado se encuentra, qué parte forma de
todo eso?
Mi generación tiene la misión histórica
de ser ahora mismo la encargada de que
la trova no se detenga; la misión de
darle continuidad a ese movimiento que
tiene más de 100 años en Cuba. Y esa
responsabilidad no creo que esté
solamente en el hecho de seguir, sino en
el hecho de enfrentar los retos de la
contemporaneidad, de la vida cotidiana
del cubano, de la manera en que está el
país en la actualidad, de la visión que
tenemos del mundo en general. Mira, hace
poco escuchaba decir a un trovador que
la crónica de la trova había fenecido
con artistas como Gerardo Alfonso, como
Carlos Varela, y que no era el momento
de hacer crónica sino más bien de la
canción de más adentro, del alma, del
amor. Ese es un criterio que no
comparto, porque al contrario, la
crónica social, el hablar de la vida,
del momento en que vivimos, de la
sociedad que nos rodea, de la gente, sus
costumbres, sus tradiciones, es una
misión constante.
Creo que mi generación está bien. Pero
está dispersa; sí creo que lo está y nos
unimos en los Festivales Longina, en las
Romerías de mayo, en eventos. Y de
evento en evento no pasa nada porque la
gente está haciendo esfuerzos aislados y
eso no permite ver realmente qué está
pasando con la trova en mi generación.
Si se hiciera el intento de agrupar un
poco más a todos, podríamos definir con
más claridad qué está pasando, qué
estamos haciendo.
En medio de ese panorama: ¿Cuál es tu
valoración de la difusión en general
hacia el trabajo de tu generación de
trovadores?
Para mí la promoción, la difusión, está
fatal. Desgraciadamente eso se parece
mucho a lo que te decía anteriormente:
Se parece mucho al intento, al esfuerzo
aislado de cada trovador de hacer un
concierto; de intentar que un grupo de
personas lo escuche o al intento de
acercarse a una disquera, a determinados
medios de difusión para que se le
conozca. El trovador está carente, en
primer lugar, de material sonoro. Hay
muy pocas posibilidades de grabarse con
calidad para poder decirles a los
medios, mira, aquí está mi música y
vamos a discutirla. También, por lo que
trova significa en estos momentos desde
el punto de vista musical para el gusto
mayoritario, no hay un interés de los
medios y de las instituciones por
difundirla.
El hecho de que eso esté pasando tiene
dos vertientes. Primero, impide que los
trovadores lleguen a los medios o a
alguna manera de que se les difunda. Y
en otro término tampoco veo una
reciprocidad de los medios; no veo que
los medios hagan una búsqueda, que
digan, vamos a salir a buscar a los
trovadores. Los que están en La Habana
se salvan, están en la capital y de
pronto salen en algún programa. Pero es
que no hay ni siquiera un espacio de
trova en la televisión. Mira, no tiene
que ser mucho: Un espacio breve de diez
minutos, quince minutos. Cuerda Viva ha
hecho lo suyo pero no es un espacio de
trova específicamente.
En dos palabras: No hay. Para mí la
difusión es fatal. Y mira que uno se
pone hasta a buscar por sus medios, pero
no.
Esto es algo que has mencionado pero me
gustaría puntualizarlo. ¿Qué han hecho
los trovadores por merecer esa difusión,
para que los medios los tomen en cuenta?
Es un problema de ambas partes. Los
trovadores, en la medida en que han
podido, han hecho lo suyo. Conozco casos
de quien ha grabado sus discos de manera
independiente, han tratado de tener
música en la mano y que este material
sea con la suficiente calidad para que
se pueda radiar o televisar. Incluso
para poner en lugares públicos, en fin.
Cuando me hablas de calidad, ¿te
refieres a calidad técnica, del sonido,
de la grabación, o a la calidad de la
obra?
A las dos cosas: a la calidad técnica y
a la calidad de la obra. Fíjate que el
trovador selecciona de su obra qué es lo
mejor, qué vale la pena promover. Igual
a veces puede pecar de incauto y no
saber qué debe llevar a los medios.
Pero, bueno, ahí están los medios para
tener el olfato de decirle: mira, esto
no, esto sí o espera más adelante.
Ahora, pienso que tiene que haber un
consenso, una búsqueda que debe ir en
las dos direcciones. Tienen que ir los
medios en busca de los trovadores y
viceversa. Pero entonces pasa que no hay
espacios, no hay nada concreto y a veces
no se sabe qué puerta tocar, se está
desorientado y todo eso queda a título
personal. Es buscar la relación, es el
socio que te tira "un salve", como
decimos nosotros en el argot.
Pensando en esto, ¿qué solución se te
ocurre para mejorar esta situación, para
que confluyan los trovadores y los
medios?
Te diría que hay que convocar pública,
abiertamente al trovador. Hacer ese
levantamiento en todo el país, que
vengan los trovadores a esta puerta, al
número tal en tal lugar y que exista ese
lugar concreto. Mira, el Centro Pablo ha
hecho lo suyo: Graba discos, hace sus
conciertos y eso es encomiable. Y hay
peñas, hay espacios en todo el país que
han grabado lo suyo, han intentado
crearse un público, difundir esta
música, pero todo se queda ahí, se muere
ahí. Habría que buscar la manera, no sé,
de hacer un congreso donde vengan los
trovadores, donde vayan los medios y se
converse allí. Que los especialistas
digan si esto es radiable o no, si
tienen calidad o no, o que decidan dar
la posibilidad de que te grabe una
disquera, que se invente un estudio de
grabación donde la gente pueda hacer sus
cosas. Te digo, eso es lo esencial. Esto
es música, necesita ser grabada. Los
conciertos se quedan donde el concierto
termina. Es muy bueno hacer conciertos y
hacer espectáculos, pero no es
suficiente.
Incluso, los trovadores debemos ser más
audaces, dejar de vernos como el tipo
que está detrás de la guitarra, un poco
frío, intentando decir. El espectáculo
ayuda a que tu propuesta, sin dejar de
ser seria, sea más atractiva para un
público más amplio que no sea seguidor
específicamente de la trova o de la
llamada canción inteligente. Alguien que
diga voy a sentarme aquí y disfrute de
un espectáculo que no esté calzado
solamente con la canción.
Son ideas sueltas que te estoy dando en
función de lo que se podría hacer en
aras de que la propuesta del trovador
llegue con más calidad a ese momento de
confluencia entre los medios y los
trovadores. Eso es imprescindible que
pase, estamos en un momento que lo
requiere ya. Lo requiere la trova, tiene
que pasar ya.
Dime qué ha logrado tu generación de
trovadores que ya nadie le pueda
arrebatar.
Creo que nadie nos puede arrebatar el
hecho de existir, de estar aquí haciendo
canciones, eso nadie nos lo va a
arrebatar. El hecho de que somos un
grupo de gente marcada por una
identidad, por un modo de pensar,
marcados por este país, por nosotros
mismos, por nuestras canciones, por
nuestras vivencias, eso no nos lo quita
ya nadie. El hecho de que nos conocemos,
de que nos queremos, de que hay
honestidad y nos llamamos, nos
convocamos a los conciertos,
compartimos. Esa lucha por ser
escuchados es lo que no nos van a poder
quitar. Esa lucha perenne, constante,
por que nos escuchen, por que sean
entendidas nuestras inquietudes, más que
nuestras canciones fíjate como te digo:
Nuestras inquietudes como cantores más
que nuestras canciones. Las canciones
viajarán y las que no sean, quedarán por
el camino; porque esto es como una
guerra y siempre mueren soldados. El
empeño de seguir, eso nadie nos lo va a
quitar.
Y desde el lado opuesto, ¿qué te parece
que no han logrado todavía?
No hemos logrado que se respete lo que
estamos haciendo. Por factores internos
y externos, por condiciones objetivas y
subjetivas que inciden, pero no hemos
logrado que se nos respete. Por ejemplo,
se organiza un espectáculo de trovadores
y desgraciadamente sucede que después de
haberlo pensado con mucho optimismo, en
el momento de hacerlo es un fiasco. Por
condiciones, a veces de uno, pero muchas
veces ajenas a uno también, pero lo más
importante es que el público no tiene
nada que ver con eso. Eso hace que el
público no respete nuestras propuestas y
se dice bueno, qué es esto que está
pasando; yo como público vine aquí a ver
un espectáculo, vine a ver algo lindo,
algo serio y de pronto no sale bien.
No hemos logrado el hecho de que no se
tome en cuenta para difundirnos. A mí de
pronto me ha llegado aisladamente alguna
propuesta para hacer televisión pero es
como una especie de plan de trabajo; hay
que pasar una tarjeta, una cruz, un
punto y de pronto caí en esa cuenta y me
tocó. No creo que seamos respetados. El
respeto que la gente de mi generación se
merece, no lo tiene. Y te repito, habría
que analizar qué elementos, que ahora
mismo no te los podría decir todos, pero
bueno, habría que ver qué elementos
sustentan este criterio.
¿Cómo te ves en tu generación de
trovadores, quién es Tony Ávila?
Esa es una pregunta dificilísima porque
no me es fácil hablar de mí. En primer
lugar soy un cubano común y corriente,
un cubano como todos los cubanos. Tengo
los pies muy en la tierra y creo que eso
hace que mi obra esté muy pegada al
piso, sin que se arrastre, claro.
No, sin broma, digo muy pegada al piso
porque está muy cerca de la gente. Me
refiero a una diversidad de temas; lo
mismo al amor que a la vida, a temas
sociales, a la convivencia, a todo lo
que me rodea. Busco la manera de hacerlo
además con una dosis de humor, porque el
cubano tiene el humor como parte de su
sangre, de su historia. Eso me ha
ayudado por lo menos a que mis canciones
sean aceptadas por la gente, que puedan
reírse un poco pero que al final se
lleven un mensaje y que eso los lleve a
reflexionar por lo que digo. Estoy
pensando en canciones como
"Científicamente negro", "Sin técnica no
hay técnica" o "Cascarilla", por decirte
algunas. Tengo la suerte que me
dio la naturaleza o quien sea, de que
dentro de la trova puedo hacer las dos
cosas: Desde la guaracha más apegada a
la canción popular, hasta la canción
digamos más lírica, más cercana a la
canción en general, a la tradición más
trovadoresca.
Me veo así. No me parece que yo sea
alguien que esté marcando una pauta en
nada, me veo como uno más de este grupo
de gente que quiere cantar y que quiere
ser escuchado. Pero con mi guitarra voy
a donde sea y me defiendo como gato
bocarriba, mi hermano. |