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Nuevamente el Centro Cultural Dulce
María Loynaz auspició un encuentro de
intercambio, confrontación,
discernimiento y construcción desde
nuestra Historia. En esta ocasión,
sirvió de pretexto el panel “La
República, ¿angelical?”; que
evidentemente situó sobre la mesa el
abordaje de una etapa pletórica de
contradicciones, tergiversaciones,
aciertos y silencios.
La amplitud del período abordado en el
Panel, desde la perspectiva temporal y
la profundidad de los procesos
desarrollados en esas primeras seis
décadas del siglo XX, orientaban hacia
una metodología que potenciara la
apertura de temas y el establecimiento
de sus conexiones durante la etapa.
En este sentido, los panelistas se
refirieron a los antecedentes del
período republicano y el primer
gobierno, estableciendo como un
interesante motivo de conexión al primer
presidente Don Tomás Estrada Palma. En
la lógica de entender la dinámica de los
procesos históricos desde su nacimiento,
resulta de mucha utilidad detenerse en
la propaganda estructurada que sitúa a
Estrada Palma como heredero de José
Martí, fórmula a través de la que se
toca por transitividad al Héroe Nacional
cubano y que pudiera tener la doble
lectura de exaltar la condición
revolucionaria de Estrada Palma o
identificar la República nacida en 1902
con el proyecto del Apóstol. De igual
forma, el acercamiento a dos
problemáticas vistas en la dinámica del
período por los panelistas Esteban
Morales y Juan Marrero conecta con la
idea expresada de abrir temas, en este
caso el problema racial en la República
con el reclamo de ir llenando el vacío
existente de una historia social del
negro en Cuba y el tema del periodismo
en la etapa. Sin duda, en consonancia
con lo expresado por el público
asistente, las potencialidades de estos
espacios se aprecian en las líneas que
se abren.
La historia de la República no solo
obedece al determinismo de la política
de los EE.UU., los hombres de la
República nacieron en ella y algunos,
nacieron a pesar de ella. Cuba es sus
hombres, con sus condicionantes internas
y externas. Por ello, el reto está en
llenar los vacíos, profundizar y traer
lo oculto-existente a la vista de todos
y sabernos a la ofensiva, más que nada,
por nosotros mismos.
A manera de provocación (leído en la
introducción al Panel)…
En 1992 cerraba mi primera década de
vida como espectador de recurrentes
debates hogareños sobre lo ocurrido en
octubre de 1492. Ahora lo entiendo
mejor, quizá la causa primera de mi
incomprensión estaba en la diversidad de
términos con que se denominaba el mismo
suceso. Algo así me pasó un tiempo
después, cuando se trataba de plantear
una duda escolar a la familia e
interrogarlos sobre los acontecimientos
que se ubicaban (generalmente) en las
primeras seis décadas del siglo XX. Mi
falta de “disciplina nominal” extrañaba
a algunos cercanos colaboradores del
horario de las tareas, sorprendidos de
la facilidad con que cambiaba de
"Neocolonia" para "República", de
"República" para "protectorado", de
"protectorado" para la agrupada
"República Neocolonial".
No entendía entonces que cada
denominación era expresión de un
conjunto de conclusiones y certezas a
partir de miradas diversas al período
—así lo veían los adultos— surgidas en
ocasiones por la jerarquización de
determinadas características del mismo.
Han pasado 10 años, afortunadamente ya
no tengo que responder a esas tareas
escolares y quizá se ha tejido una
suerte de visión historiográfica con un
mayor carácter propositivo. Nuestro reto
radica en la capacidad de estructurar un
programa, llenar los vacíos, seguir
develando la lógica de los procesos,
profundizar y traer lo oculto-existente
a la luz; en fin, situar a quienes
apuestan a la reconstrucción y
tergiversación de la Historia de Cuba en
la perspectiva de actuar desde la
defensa, de reaccionar apenas con un
antiprograma.
Confío sea este panel un paso. |