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He
hecho una selección de apuntes que
puntualizan algunos aspectos
fundamentales sobre la naturaleza y
función del periodismo cubano en la
República neocolonial.
Voy a
apoyarme, en primer lugar, en algunos
documentos del Primer Congreso Nacional
de Periodistas que se efectuó en
diciembre de 1941, entre ellos el
discurso de clausura que pronunció el
entonces senador Jorge Mañach, culto
hombre de pensamiento que se movió
activamente en muchas décadas en la
política, en las aulas universitarias y
en los diferentes medios de
comunicación.
En
ese discurso vamos a encontrar conceptos
y definiciones, a mi juicio, bastante
exactos de lo que fue el periodismo
cubano antes del triunfo de la
Revolución.
Partiendo del criterio de que la
improvisación caracterizó el nacimiento
y evolución de la República, Mañach
expresó que “improvisó su aparato
político, su aparato constitucional,
atendiendo más a los antecedentes y a
los ejemplos venidos de afuera que a sus
propias realidades entrañables, no
obstante el consejo reiterado hasta la
saciedad por nuestro José Martí,
improvisó su economía sobre bases
falsas…sustanciada a través de
empréstitos y trabas burocráticas…y una
cultura —agregaba— basada en esquemas
utilitaristas, desecada de todo sentido
ideal y profundamente humano…y una
política no de abnegación, de servicio
social…sino una política frívola, de
cínico desenfado y de oblicua
explotación”.
Y en
ese ambiente —también decía Mañach—
campeaba el individualismo que no
propiciaba que ninguna institución de
carácter cultural, el periodismo entre
ellas, se sintiera ambientada por un
sentimiento de solidaridad y de
responsabilidad o sentido real de los
problemas cubanos.
Y
agregaba el reconocido intelectual:
“El
periodismo en gran medida compartió en
esa etapa los excesos y los defectos de
todo aquel vivir nacional. En el
periodismo hubo, como en la política,
hombres que se vieron agobiados y en
muchas ocasiones frustrados por el
ambiente general de frivolidad, de
irresponsabilidad y de improvisación. Lo
que hemos tenido es un periodismo de
negociantes. Si de algo ha padecido la
prensa no ha sido de la conducta misma
de los periodistas, sino de los pecados
de las empresas.”
Muchos en realidad fueron esos pecados.
En ese Congreso de periodistas de 1941
varios delegados expusieron algunos de
ellos.
Rafael Soto Paz, periodista que trató
los temas de la historia en El Mundo
y Bohemia, por ejemplo, dijo:
“Por el camino que vamos todos los
periódicos terminarán siendo mitad
periódicos y mitad casas de juego. Por
ley fatal, el reportero será sustituido
por el agente de los diversos planes de
regalo que se ofertan”. De tal manera,
se refería a la proliferación de rifas y
sorteos a que acudían los dueños de
publicaciones para aumentar las
suscripciones.
Otro
delegado comentó sobre el control que
ejercía en la prensa la Asociación de
Anunciantes de Cuba, integrada, dirigida
y orientada por un trust de
comerciantes e industriales, en su
mayoría extranjeros o representantes de
intereses extraños. En el documento
final de ese congreso se expresó que “el
funcionamiento de la Asociación de
Anunciantes de Cuba es atentatorio a la
libre emisión del pensamiento” y
reclamaba “de los poderes nacionales se
declare ilegal el funcionamiento de la
misma”.
Los
periódicos no solo entregaban sus
páginas a los anunciantes, sino que para
ellos eran negocios los espacios de la
crónica social de la aristocracia
criolla o, incluso, las páginas
deportivas donde el deporte profesional
era promovido en contubernio con sus
empresarios para llenar estadios de
béisbol y boxeo, o para promover
carreras de caballos, de perros u otras
competencias donde se apostaba
fuertemente. El dinero era lo que movía
al periodismo.
Existió, además, el Bloque Cubano de
Prensa, que agrupaba a los directores de
los principales medios, quienes
controlaban la asignación de las
importaciones de papel a las
publicaciones. Para los grandes
periódicos grandes cuotas y a precios
ventajosos. Por eso, podían algunos
tener ediciones de 60 y 80 páginas, un
70 % de las cuales eran consagradas a la
publicidad comercial. Para los
periódicos pequeños, por lo general, lo
que hoy conocemos como prensa
alternativa, cuotas de papel reducidas y
a precios no siempre justos. Así también
de desigual era el ejercicio de la
libertad de prensa.
Mañach, en su discurso ya citado,
caracterizaba aquello con estas
palabras: “Así como tuvimos y tenemos
una política demasiado costosa,
ostentamos una prensa de lujo. Más
periódicos y con más páginas de los que
podemos sostener. Y como los periódicos
quieren a todo trance vivir y el pueblo
no puede sostener tales ni tantos
periódicos, tienen que agenciarse medios
ocultos de subvención a sus necesidades,
establecer conductos turbios entre sus
arcas y las arcas del erario público.
Así se ha producido en la prensa ese
ambiente mercenario…”
Cierto era que los propietarios de los
medios aceptaban subvenciones de los
gobiernos de turno y, a la vez, pagaban
salarios de hambre a los periodistas, 22
pesos semanales. A algunos lograban
sobornarlos convirtiéndolos en
botelleros de dependencias estatales.
Estas prácticas se hicieron más
escandalosas en los años que siguieron
al 10 de marzo de 1952, cuando una gran
parte de los propietarios de los medios
se puso al servicio de la tiranía de
Batista.
Subvencionados por Palacio Presidencial
estaban dueños de publicaciones,
directores, subdirectores y otros
directivos de la prensa. Joaquín Claret,
de Información, recibía 24 000
pesos mensuales; Ramón Vasconcelos, de
Alerta, 17 000; Gastón Baquero,
de Diario de la Marina, 16 000;
Raoul Alfonso Gonsé, de El Mundo,
16 000; Alfredo Hornedo, de El Crisol,
12 000…y muchos más. El monto para pagar
a estos campeones defensores de la
libertad de prensa que, a su vez, eran
ilustres personajes reconocidos por la
Sociedad Interamericana de Prensa (la
SIP) era de 250 mil pesos mensuales,
extraídos de fondos de la Lotería
Nacional, es decir, tres millones de
pesos anuales. Y estaban, además, las
botellas: Diario de la Marina,
por ejemplo, tenía 14 puestos en
Hacienda, 14 en Comunicaciones, 19 en
Agricultura, 21 en Obras Públicas y
otros en Justicia, Educación y el Banco
Nacional.
Toda
esta estafa generalizada trajo consigo
numerosos casos de autocensura,
silencio, lacayismo, y políticas
editoriales a favor de latifundistas,
terratenientes y patrones y, por
supuesto, en contra de obreros,
campesinos y de otras capas populares.
La
mercantilización convirtió al periodismo
en un negocio y no en una obra de
pensamiento y de utilidad social. La
libertad de prensa, por eso, se
identificó con libertad de empresa.
Claro, es oportuno señalar que toda
regla tiene sus excepciones. Y en el
periodismo cubano, en diferentes
momentos, las hubo. Hubo prensa
defensora de los obreros y los humildes
como lo fueron Alma Máter,
Justicia, Bandera Roja, La
Palabra, Línea, antecedentes
del periódico Hoy y La Calle,
periódicos clausurados al producirse el
ataque al Moncada. Hubo prensa digna
como lo fueron Ahora, nacido en
1933, periódico donde Pablo de la
Torriente escribió algunos de sus
reportajes, y Bohemia, en
particular a partir de 1943 cuando hace
una verdadera revolución en el
periodismo con la Sección en Cuba, en la
cual expone las desvergüenzas y males de
la república, y cuyo personal, a cuyo
frente estuvo Enrique de la Osa,
resistió las dádivas y sobornos de los
personeros de la politiquería. Poco
antes de morir, Enriquito de la Osa
concedió una entrevista al colega Luis
Báez, que está incluida en su libro
Los que se quedaron, en la cual
señala los casos concretos de Anselmo
Alliegro y Genovevo Pérez Dámera que
intentaron comprar el silencio de la
sección enviándole cheques con sumas
fabulosas, lo cuales fueron devueltos.
En fin, la dignidad también existió en
aquella república corrupta.
Era
de nuestro interés hablarles de otras
situaciones importantes relacionadas con
el periodismo cubano en aquella
república, entre ellas:
*De
los avances tecnológicos introducidos en
la prensa —modernos sistemas de
impresión a principios del siglo XX, el
telégrafo, el teléfono, el desarrollo de
las comunicaciones marítimas y aéreas—
que determinaron cambios en la manera de
hacer periodismo;
*De
la irrupción de la radio y la televisión
como medios que hicieron posible que en
el proceso de comunicación la mayoría
del pueblo, entonces analfabeta, pudiera
integrarse al proceso de comunicación.
Recordemos que teníamos una tasa de
analfabetismo bien alta. En 1924, por
ejemplo, un año después de los inicios
de la radio en Cuba, Ramiro Guerra
escribió un ensayo titulado “Un cuarto
de siglo de evolución cubana”, donde
señalaba que había menos escuelas que 20
años antes, era menor el número de niños
inscriptos, había más bajo promedio de
asistencia a los escuelas y era menor el
presupuesto dedicado a la educación
pública;
*De
las agencias cablegráficas
norteamericanas, la historia de su
penetración en Cuba, y cómo se
convirtieron en una de las fuentes
principales de los periódicos, de la
radio y la televisión para desinformar y
desorientar al pueblo cubano.
Y
también hubiera deseado hablarles de dos
periódicos importantes: Diario de la
Marina y El Mundo, que
tuvieron un papel sobresaliente en los
años de la República neocolonial. Pero
el compromiso de ajustarnos al tiempo
asignado hace que debamos aplazar esos
propósitos.
Muchas gracias.
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