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Desde hace varias semanas anda de mano
en mano el CD promocional de Ray
Fernández, a partir de la grabación en
vivo de su concierto Entre la piedra
y el sueño, que tuvo lugar el pasado
18 de agosto en la sala Dulce María
Loynaz, del Centro Hispanoamericano de
Cultura, como cuarta edición del
proyecto Verdadero complot, que se
realiza en esta institución el tercer
sábado de cada mes.
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La cantidad de discos que la Asociación
Hermanos Saíz —principal impulsora de
Verdadero complot— apenas pasa de
los 100 ejemplares, pero aún así es un
hecho de mucho valor porque en primera
instancia da la posibilidad de crear
paulatinamente un archivo de las más
recientes voces de nuestra canción de
autor, en soporte digital y por otra
parte esa sobria cantidad de discos al
cabo vienen a resultar una suerte de
matrices, que sin duda se reproducirán
una y otra vez, mientras haya un
interesado por las canciones de Ray, y
de los otros trovadores que ya han
pasado por el complot: Eric Méndez,
Alaín Garrido, los muchachos de la
Séptima Cuerda y Rubén Lester.
En los doce tracks del CD hecho a partir
del concierto Entre la piedra y el sueño
no están, por supuesto, todas las
canciones que el público capitalino y de
otras provincias del país le conoce y le
solicita a Ray. Pero, sin duda, esta
muestra sirve para exhibir las
diferentes vertientes del trabajo de
este cantor nacido en tierra villareña y
muy pronto puesto a crecer en la comarca
habanera de Alamar.
En el disco aparecen “El obrero”, “Echa
pa’cá”, “El gerente”, “El librero” y
“Matarife”. Temas que se expresan en lo
que yo he dado en llamar, una lírica
radical, donde el cantautor critica,
reflexiona, cronica… sobre diversos
aspectos de nuestra realidad, que de no
existir, haría mucho más plena la vida
del hombre de a pie. Quienes han seguido
en los últimos años las presentaciones
Ray Fernández, saben que estas canciones
son las que más le solicita el público y
hay lógicas razones para ello, pero el
espectro de creación suyo es mucho más
amplio.
Es una verdadera pena que solo se le
pidan a Ray hasta el delirio canciones
como las que ya he nombrado y no se le
solicite mostrar otras vertientes de su
obra que son igualmente valiosas. Está
en juego también la responsabilidad del
creador, que está obligado a defender
por igual la totalidad de su obra.
Hay que tener fe que en los días por
venir alguien del público le grite al
trovar “Canta Condená”, que es un
sabroso son, una suerte de canción de
amor y desamor, llena de picaresca
criolla. Y que también le pidan a voces
sus versiones musicalizadas de textos de
nombres tan altos de la poesía en lengua
hispana como Lezama, Florit y Miguel
Hernández. De este último aparece en
este CD el poema “El hambre”.
También en contrapunto con la poesía Ray
ha acometido con éxito otro tipo de
canciones. Se trata de tomar como botón
de arranque de su discurso algunos
versos de poderoso magma y articular
luego un texto visiblemente orgánico
desde el punto de vista estético, con el
referente de los poetas consagrados. En
este CD llamado, como el concierto del
18 de agosto, Entre la piedra y el sueño
hay, en mi opinión, dos ejemplos
magníficos, “El blues de baquero” y “El
son de José”.
Están por delante muchos conciertos por
venir para Ray Fernández y como es
natural para su público creciente. De
ese conocimiento cada vez más profundo
entre ellos saldrá ganando la totalidad
de la obra de este cantor, que en este
álbum muestra muy bien sus credenciales.
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