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El Ejército de EEUU inserta chips en
polillas para espiar
En la década de los 70, la CIA
desarrolló un juguete: el insectóptero,
un robot volador con el aspecto de una
libélula que contenía un pequeño motor
que se alimentaba de gasolina y movía
cuatro alas. El insectóptero era capaz
de volar, pero la oficina de desarrollo
tecnológico del organismo de espionaje
acabó considerándolo un fracaso porque
no podía enfrentarse a los vientos
racheados.
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Pero esto no significa que los
diferentes departamentos del espionaje
estadounidense hayan desistido de la
fabricación de pequeños robots
voladores, con la apariencia de un
insecto, con objetivos de espionaje. De
hecho, según publicó ayer The
Washington Post, la Agencia de
Proyectos Avanzados de Investigación de
Defensa (DARPA en sus siglas en inglés)
está trabajando en lo que el diario
denomina una polilla cyborg:
insertar chips de ordenador en la
crisálida para dar lugar a insectos que
puedan ser controlados a distancia.
Gandalf y la polilla
"A lo mejor recuerdan que en El señor
de los anillos Gandalf usa una
polilla para pedir ayuda aérea. Esta
visión de ciencia ficción está dentro
del ámbito de la realidad", dice The
Washington Post que afirmó en un
simposio Amit Lal, director de programas
de la DARPA, el pasado mes de agosto. El
proyecto se llama Sistemas
Microelectromecánicos de Insectos
Híbridos, y su objetivo es que los
nervios de los insectos crezcan en el
interior del chip para así poder
controlar sus movimientos.
Los experimentos, aún en fase
embrionaria, son un paso más en el
intento de los departamentos de
espionaje estadounidenses de mejorar su
tecnología. Por eso, este año se creó la
Agencia de Proyectos de Investigación
Avanzada para el espionaje (IAPA en sus
siglas en inglés), con el objetivo de
nutrir de "tecnología revolucionaria" al
conglomerado de organismos de espionaje
estadounidenses. Entre los proyectos en
los que la IAPA trabaja hay tecnologías
de camuflaje para que un objeto no sea
detectado por un radar, el desarrollo de
fuentes de energía que usan
nanotecnología y ordenadores cuánticos
que pueden acelerar el descifrado de
códigos.
La IAPA se creó a imagen y semejanza de
la DARPA, fundada por el Departamento de
Defensa en 1957 como respuesta al
lanzamiento por parte de la URSS del
Sputnik y a quien, desde entonces, se
deben avances que después han sido
utilizados en el ámbito civil, como los
sistemas de localización por satélite
(los GPS) y, sobre todo, internet, que
nació como un proyecto militar. En el
ámbito de los robots voladores, cuanto
más pequeños mejor, EEUU lleva
trabajando en diferentes proyectos desde
la segunda guerra mundial. Pero ha sido
en la última década, después de que la
ciencia haya averiguado con exactitud
cómo funciona el sistema de vuelo de los
insectos, cuando esta tecnología ha
experimentado un impulso tanto en el
ámbito de la investigación pública como
en la privada. Si las polillas cyborg
están aún en fase experimental, no
ocurre lo mismo con los insectos espías
totalmente mecánicos.
100 modelos diferentes
Según datos publicados por The
Washington Post, el Departamento de
Defensa cuenta con 100 modelos de robots
voladores, que van desde el tamaño de un
pájaro hasta el de un pequeño avión.
Durante el 2006, estos aparatos volaron
un total de 160.000 horas, cuatro veces
más que en el 2003. El abanico de usos
de los robots voladores es muy amplio:
pueden seguir a sospechosos desde el
aire, guiar misiles hasta sus objetivos
y sobrevolar las ruinas de edificios
destruidos en busca de supervivientes.
Al margen del Pentágono, en las
universidades estadounidenses también se
han dado avances. El Instituto de
Tecnología de California y la
Universidad Vanderbilt han desarrollado
un microornitóptero que vuela y cabe en
la palma de la mano. En Harvard, han
probado con éxito un robot con alas
sintéticas que aletean 120 veces por
segundo. El Instituto de Tecnología de
Georgia tiene en fase experimental un
pequeño avión que convierte gasolina en
gas caliente que mueve cuatro alas.
El artículo de The Washington Post
cita a participantes en manifestaciones
contra la guerra que afirman haber visto
extraños insectos que los observaban. El
Departamento de Defensa no habla de
estos experimentos, pero otros
científicos citados por el diario dudan
de que se haya arriesgado esta preciada
tecnología poniéndola al alcance de la
mano de manifestantes. Y es que el
tamaño es a la vez la virtud y el
defecto de estos robots, ya que si por
un lado les ayuda a camuflarse, por el
otro nada impide que un pájaro los tome
por lo que parecen: insectos. |