Año VI
La Habana

20 al 26
de OCTUBRE
de 2007

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Una hipótesis: Caliban y Boedo

David Viñas • Buenos Aires

 
A partir del Caliban, de Fernández Retamar, notoriamente la interpretación tradicional del personaje shakesperiano y la versión de Rodó hacia 1900, giran 180 grados. Y así fue como la valoración canonizada del Ariel -la figura angelizada antagónicamente en relación con la negatividad portada por Caliban- entró en crisis.

Se asistía (ante el libro de Retamar) a un giro copernicano, a una inversión significativa, a un proceso análogo -hacia 1900- a la “inversión de la dicotomía de Sarmiento”. Esto es, al deslizamiento desde la “negatividad” simbólica adscripta a la llamada “barbarie” (con toda la colección vinculada al campo y a lo rural), en detrimento de la ciudad y de la cultura urbana. Y a la inversa: lo “ciudadano” exaltado por el romanticismo hacia 1850, convertido en un espacio siniestro. La “Atenas del Plata”, por ejemplo, trocada en “la Babilonia rioplatense” a contar del 1880 en dirección al fin del siglo XIX.

El arrabal, sobre el filo del 1900, se empezó a poblar de figuras negativas. Símbolos literarios, particularmente, que fueron corroyendo los bordes de la ciudad. Los procedimientos provenientes del naturalismo coadyuvan en este proceso.

Cambaceres (mediante, sobre todo, En la sangre, 1885), y Francisco Sicardi con su Libro extraño, 1900, subrayan semejante itinerario en el escenario de Buenos Aires. Con marginales, deformes, condenados, sumergidos como protagonistas principales. Y, más aún, con putas y anarquistas.

Desde ya que este neonaturalismo literario se vincula tanto con el proceso inmigratorio, como con las leyes opresivas (“de residencia”, 1902 y “de defensa social”, de 1910). De manera correlativa -acotando el espacio literario-, es posible, ya en la década de los 20, especialmente en la franja narrativa de Boedo (Castelnuovo, Yunque, Barletta) recuperar lo que podríamos llamar “andarivel de los calibanes” a través de la serie de “los de abajo” -marginales, enfermos, grotescos y rufianes y prostitutas-, que no son más que las figuras cargadas de negatividades urbanas que pueblan en los años 20 tanto a Larvas, de Castelnuovo o Los pobres, de Leónidas Barletta. Rescatados, por cierto, a través de cierto filantropismo, de la negatividad que “zolianamente” había caracterizado a esos “barrios negativos”.

Y para poner a foco nuestra hipótesis: Abel Rodríguez, escritor vinculado a Boedo y publicado en Claridad, pone en circulación Los bestias, colección de cuentos que pueden situarse “en la izquierda” de Boedo. Los bestias, cuentos boedianos (por su revalorización positiva) puede ser considerado -legítimamente- como un antecedente del ademán “procalibanesco” planteado por Fernández Retamar.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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