Año VI
La Habana

27 de OCTUBRE al
2 de NOVIEMBRE
de 2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Diseñar(nos)

Axel Li • La Habana

 

I


"Hoy, que la vida se hace cada vez más fatigante y más destructora del sistema nervioso, es más necesario que nunca oponerle en el interior un ambiente de paz y de economía general de esfuerzo. Para conseguirlo es necesario que cada elemento componente sea estudiado y definido, y que ocupe su lugar con exactitud matemática. Proporcionándolo a su uso, el elemento adquiere valor espiritual y plástico y contribuye a crear el ambiente de tranquilidad y satisfacción compensadoras.

Y es en esta forma acabada y exacta que encontramos ahora los tres elementos principales de la decoración interior: forma, luz y color. Si hemos de darle preponderancia a uno de los tres, ha de ser a la forma, ya que el interior es, ahora, cosa de plástica esencialmente." 

Clara Porset (1931)[1] 

II

"Significativamente, la membresía inicial de la UNEAC no contaba con artistas cuya labor especializada fuera el trabajo gráfico; no será hasta pasados varios años que un cuerpo notable de creadores de trabajo sostenido y cualitativamente válido en esta rama de la plástica constituyera parte esencial del quehacer artístico de nuestro país.

Los primeros carteles cubanos de cierta calidad, al abrirse la década del sesenta, fueron los de temática cultural: el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), luego el Consejo Nacional de Cultura (CNC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y la Casa de las Américas, comienzan a introducir un nuevo lenguaje de comunicación por la imagen.

(…)

Varios organismos culturales acudieron, para la elaboración de sus carteles, a la obra de pintores de reconocida labor. A Portocarrero, por ejemplo, se le solicita el cartel del Primer Congreso de la UNEAC (1961) y el de la coproducción fílmica cubano-soviética Soy Cuba (1964). En estos casos, se trata más bien de una obra pictórica de calidad, a la cual se añade un texto informativo, sin mayor integración unitaria. En otro campo de la gráfica —el diseño de portadas de libros—, se emplea también este recurso." 

Adelaida de Juan (1983)[2] 

III

"Lamentablemente, este cartel [el de los años 90] no se caracterizará tanto por el número de receptores que perciben el mensaje, sino por las veces que el mensaje es percibido por un mismo receptor (entiéndase un receptor perteneciente a un sector muy específico de la juventud de entonces). Por tanto, su razón de ser se alcanza a media. Pasada la actividad para la cual se concibió, su corta tirada y limitada ubicuidad terminan por hacer lo suyo: el medio sobrepasa al mensaje. Luego —al otro día, tal vez—, ya es casi obra única, grata a coleccionistas o, en el mejor de los casos —como en los malos tiempos, ¡los mejores!—, propiedad de los amigos más cercanos a los diseñadores." 

Jorge R. Bermúdez (2000)[3] 

IV

"Si usted visitó el Centro Comercial La Puntilla cuando fue inaugurado, si observó de cerca el desarrollo de las tres ediciones de la Subastahabana, si es lector habitual de las revistas Artecubano y de La Gaceta de Cuba o consulta con frecuencia los catálogos de artistas cubanos, entonces habrá tenido la posibilidad de evaluar, sin proponérselo, la obra de este inquietante artista [Osmany Torres].

Me atrevo a decir que a pesar del anonimato, casi diabólico, al que se exponen nuestros diseñadores, Torres ha logrado sacudir la modorra de hora de siesta que caracteriza a los parroquianos del diseño en Cuba. No sé por qué ni cuándo, pero nos fuimos acostumbrando a un diseño sin conflicto, resuelto con la aplicación académica de la regla de oro, con la tipografía adecuada a las circunstancias y, por supuesto, para qué pensar, si todo puede ser tan evidente. Torres, por suerte, no quiere ni pretende seguir esa ruta y ha decidido inquietarnos en cada nueva empresa, ya sea con el diseño de una revista, el interior de un edificio o desde las páginas Web; no importa tampoco si los fines son de promoción cultural, social o comercial. Nunca nos deja en cueros. Vamos y entremos, Osmany nos espera, pero no es un camaleón." 

José Veigas (2005)[4] 

V

"A pesar de ese alcance representacional más que probado del diseño gráfico —dentro del que siempre ha estado vigente como condición obvia el espíritu artístico— todavía en algunos sectores de la cultura y la sociedad cubanas se continúa fomentando su valoración desde un punto de vista instrumental, dependiente, en detrimento de un análisis que distinga sus verdaderos presupuestos y cualidades creativas." 

La Gaceta de Cuba (2006)[5] 

VI

"Debemos considerar ahora cómo, entre nosotros, no es frecuente la teorización sobre el diseño; generalmente nos limitamos a recordar con nostalgia la “época dorada del cartel” o pretendemos revivirla mediante la valoración de carteles que aparecen en exposiciones cuando —en realidad— son solo proyectos, obras únicas que no llegan a plasmarse como carteles. Es hora de prestar atención a otras manifestaciones gráficas, como los diseñadores de stands para ferias comerciales, las multimedias y la identidad corporativa, que se han ido desarrollando y que, por la calidad que en muchas ocasiones presentan, son dignas de valoración por los especialistas en arte. Debemos recordar que, en los años 60 y 70, las instituciones culturales, la prensa y la crítica estuvieron siempre atentas a la valoración del diseño gráfico en sus espacios, lo que contribuyó en notable medida al desarrollo de esa disciplina.

Los realizadores de spots, como los de otros productos gráficos, están condenados a un anonimato del que debemos salvarlos, más si evidencian un talento especial, como el caso que nos ocupa [Raúl Valdés, Raupa]." 

Pedro Contreras (2007)[6] 

VII

Sobre todo fuera del ámbito del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) es donde debe primar la estrechez de debate escrito con respecto al diseño de cuanto nos rodea: objetos o soportes de disímiles naturalezas. Tomar la pluma o ponerse delante de un teclado para plasmar ideas sabidas o intuidas para así legitimar y difundir mejor un saber determinado supone la actividad intelectual. Por supuesto, ese saber o hecho que llega a ser escrito será mucho más útil si pasa a letra impresa, porque el instinto del interesado es ir primero a la búsqueda de lo publicado. Y durante varios años, nuestros libros, revistas y más tempranamente el mundo digital, han sido testigos de reflexiones —de manera fundamental— sobre el diseño gráfico de carteles. Todos esos ensayos y artículos, importantes de por sí, aluden a una circunstancia visual que durante décadas ha formado parte de nuestro panorama cotidiano, aun cuando se trate del cine, las librerías, las vidrieras, las vallas, los postes del tendido eléctrico, las paredes… en fin, del paisaje (semi)urbano cubano que es adornado tímidamente con diseños gráficos. Nuestra cartelística ha sido motivo de reflexión —y seguirá siéndolo— por encima de otros productos del diario vivir. Sobre nosotros pesa ya una tradición de juzgar y hablar únicamente del cartel o afiche cubano. O al menos, en primera instancia.

No solo profesores, escritores y críticos han tomado a la cartelística cubana para sus comentarios y exégesis, sino incluso el audiovisual ha reflejado por la senda del reportaje y la entrevista los pareceres de sus máximos comprometidos: los diseñadores. Por consiguiente, criterios documentados de diferentes épocas tenemos para suerte nuestra. Un ejemplo reciente es Poética gráfica insular (2007), documental del periodista Rolando Almirante,[7] que se hermana un tanto con un artículo de título similar[8] en el esfuerzo por la confrontación de pareceres en torno los carteles de esta Isla.

En este audiovisual intervienen algo así como dos generaciones de diseñadores cubanos que brindan sus perspectivas, ideas, vivencias sobre la cartelística: de un lado, algunos de los clásicos o maestros, Rafael Morante, Eladio Rivadulla y María Elena Molinet; del otro, los seguidores, algunos del momento: Osmany Torres, Nelson Ponce, Idania del Río y Raúl Valdés (Raupa). Con la interrelación de planos de los sujetos elegidos para reflexionar y el uso del pastiche con alguna que otra imagen de archivo —cita visual— se levanta esta nueva obra apoyada en sí y bastante intencional en la disciplina del diseño: las locaciones de los entrevistados, los efectos cinéticos, las tipografías y los colores utilizados lo atestiguan. Es un documental sobre algunos momentos del cartel cubano, como suele ocurrir en el plano literario o de la escritura referente a la gráfica insular. Está bien, es válido e imprescindible. 

VIII

En todas partes estamos acompañados del diseño. Está presente por doquier. Y cada uno de nosotros percibe y evalúa (casi) todo en materia de diseño que nos pasa ante nuestra vista. Resulta innegable, la vida es diseño en densidad.

Los frascos y cajas de perfume, el metro bus (camello), la decoración de todo tipo de espacios, los libros y las revistas impresas y digitales, algunos efectos electrodomésticos, los frascos de bebidas (refrescos, cervezas, jugos…), las vidrieras de las tiendas, los estudios televisivos, las páginas web y los boletines digitales, objetos para el hogar (vasos, ventanas, puertas, verjas…), vestuarios y calzados, letreros institucionales, etcétera, que nos circundan, son al mismo tiempo de producción nacional y/o de factura foránea. Ahondar objetiva y científicamente en ellos supone mucho más que la trivial comparación entre lo que es nuestro y lo ajeno. Los gustos y posibilidades personales buscan en equilibrio a la función y la estética que, en ocasiones, constituyen una falla, sobre todo en cuanto a estética se refiere.

Asumir un producto cualquiera en la línea industrial debiera contener en importante armonía lo funcional y lo estético. La cartelística cubana ha sabido llevarlos por décadas de modo muy digno, a pesar de las adversidades probables: carencia de colores, poca abundancia de estos, verbigracia. El diseño industrial y el gráfico en Cuba afrontan ejemplos que despiertan elogios o severos enjuiciamientos. Lo que sí es una realidad es que profesionales ya graduados, en fase de aprendizaje o a punto de graduarse del ISDI generan o archivan, aplican y logran proyectos con alta dosis de utilidad que, a la larga, nos benefici(arí)an.

Con el ISDI el contexto social ha afrontado las siguientes situaciones: diseñadores que han asumido a las artes visuales como instrumento discursivo para sus ideas, por lo cual frente a los demás, se presentan como artistas (pintores, dibujantes, fotógrafos, instalacionistas, humoristas); y diseñadores que ejercen su oficio toda una vida en distintos puestos laborales de la sociedad cubana. Mis recuerdos inmediatos se solidarizan con las estéticas del Gabinete Ordo Amoris, grupo Spam, Andy Rivero, Ramiro Zardoya, Alein Somonte, grupo Camaleón y con cuantos "anónimos" diseñadores tienen resultados que hablan en nombre de ellos. Y por supuesto, como parte del bregar diario y de una afinidad temática, con mucha regularidad disfruto y evalúo las soluciones compositivas para publicaciones periódicas de dos nombres (sonados) de estos tiempos: Pepe Menéndez y Osmany Torres.

Siempre he pensado que el talento interno, el de ciertos pupitres del ISDI, debiera ser contextualizado aún más a los ojos de una mayoría, es decir, ese ingenio debiera tomar posesión de la ciudad, sin tener que esperar a la anual Feria del Libro Cubano y ¿qué otra cosa más para enumerar? Cuesta trabajo hacerlo. Las universidades del país, cada rincón juvenil, una parada, un jardín, un barrio, un Círculo Infantil… son "soportes" idóneos para los sueños de todo joven que no forma parte (aún) de la tan mentada piñita grupal. Obvio, los sueños en ocasiones tardan, porque son costosos y exigen recursos. Pero tal vez algo importante sea el otorgamiento de una oportunidad para quienes desde las aulas hacen diseño en Cuba. Esto alienta bastante y permite que se abran de par en par los ventanales de la imaginación por tiempo indefinido.

La anterior idea, que me ronda hace mucho tiempo, viene a enlazárseme con una interrogante relacionada con un ejemplo hoy ya conocido: ¿sabríamos del grupo Camaleón de no haberse asociado con un proyecto editorial como el de La Jiribilla y La Jiribilla de papel? Amén del talento y los nuevos bríos gráficos de los jóvenes de Camaleón y de sus victorias en concursos, la penetración social de ellos, primero para los lectores de Internet, luego para los del papel —La Jiribilla de papel, carteles, libros, revistas—, sedujo sabiamente hasta redimensionar a la gráfica contemporánea cubana.

Si antes primaron los nombres o firmas individuales (Rostgaard, Muñoz Bachs, Félix Beltrán, et al.) los jóvenes de Camaleón triunfaron en grupo, mientras juntos estuvieron. Se trataba de una estrategia que dio resultados, como otras tantas veces en el terreno del arte cubano.

Las individualidades de los amigos de Camaleón y de sus integrantes en los días actuales, aun cuando estén acentuadas y aceptadas, delatan el sello de cuando el grupo estaba en pie. Todavía hoy ocurre y en muchas direcciones —cubiertas de libros, diseño de revistas, ilustraciones, spots televisivos, carteles…— se siente el tufillo de nuestro reptil gráfico, porque la estética de Camaleón ha superado las fronteras del cartel o de los impresos y porque además sus antiguos militantes no han dejado de diseñar… camaleónicamente. Esa estética está en casi todas partes. Es modelo, ejemplo, guía y debiera ser inclusive superada. Ella da sombra y toda sombra es cómoda. Pero esto no basta.

¡Qué levante la mano aquel que no sea un camaleón! Y aún más, ¡qué la baje inmediatamente aquel que quede tan solo en los reinos del modo camaleónico! Hay que pensar y diseñar, y viceversa. Como ha sido siempre: desde sí y a partir de, con los rumbos firmemente delimitados.


[1] Clara Porset: «La decoración interior contemporánea. Su adaptación al trópico», en Clara Porset. Diseño y cultura. Selección y prólogo de Jorge R. Bermúdez. Editorial Letras Cubanas, 2005, p. 76.

[2] Adelaida de Juan: «Su desarrollo en la Revolución», en su Pintura y diseño gráfico de la Revolución. Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, Ciudad de La Habana, 1983, pp. 108-109.

[3] Jorge R. Bermúdez: «La otra pared», en su La imagen constante. El cartel cubano del siglo XX. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2000, p. 235.

[4] José Veigas: «Salir del anonimato», palabras al catálogo de la exposición personal «Solución(es)» (Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, La Habana, 25 de enero- 21 de febrero, 2005), del diseñador Osmany Torres.

[5] Palabras que forman parte del preámbulo del dossier «Diseño gráfico cubano: lo que hay y lo que falta», La Gaceta de Cuba, No. 2, marzo-abril, 2006, p. 2. Los artículos que lo componen son: «Un poco de lo que hay y un poco de lo que hace falta» (Pepe Menéndez), «Encuesta» [de tres preguntas, a un grupo de diseñadores cubanos], «Conjugaciones del ser y estar. Sobremesa sobre el diseño cubano de hoy» (Carlos Zamora), «El diseño está en el limbo» (Elvia Rosa Castro) y «Una historia por contar» (Graziella Pogolotti).

[6] Pedro Contreras: «El toque de Raupa», Noticias de Artecubano, año 8, No. 8, 2007, p. 7.

[7] De acuerdo con la programación cultural brindada por el periódico Juventud Rebelde (26 de octubre de 2007, p. 6) en la Sala 1 de la capitalina Multisala Infanta —cine ubicado en Infanta y Neptuno— se proyecta en calidad de estreno este documental, al igual que la coproducción cubana-española Camino al Edén.

Dos días antes de la edición de esa publicación periódica, Rolando Almirante, para su programa televisivo semanal El triángulo de la confianza, le preguntó a uno de sus invitados si la ambientación de este programa del Canal Habana era kitsch. Recibió una respuesta afirmativa con sus correspondientes argumentaciones: quien le hablaba era un diseñador.

[8] «Una poética gráfica insular», en Ojo con el arte (Editorial Letras Cubanas, 2004, pp. 90-105), de Nelson Herrera Ysla.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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