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Receta para construir una mujer global:
• Tome unas gotas de Amarige de
Givenchy.
• Un poco de crema antiarrugas de
Clinique.
• Una porción de extracto revitalizante
para el cabello de L Oreal.
• Mézclelo cuidadosamente para que no
haga grumos.
• Distribúyalo sobre un cuerpo femenino
de 1. 80 metros con 90, 60, 90
centímetros de pecho, cintura y caderas
respectivamente, preferiblemente blanco
y rubio.
• Si no encuentra fácilmente este
producto en el mercado, puede recurrir
sin remordimientos a silicona y
colágeno, extraer algunas costillas o
realizar lipoescultura.
• Salpimiente con algo exótico a gusto.
• Cueza a fuego lento en un caldo con
algo de consumismo, fin de las
ideologías y la historia u otras
hierbas...
• Sirva enfundada en Dona Karan, Agata
Ruiz de la Prada, Dior, Armani… de
acuerdo a su presupuesto.
Aunque mi propuesta de “receta” pueda
parecer solo un ejercicio irónico, no
está muy alejada del paradigma que los
centros hegemónicos androcéntricos de
poder económico, político y mediático
presentan como modelo de lo femenino en
tiempos de globalización neoliberal y
postmodernidad. Y expresa,
metafóricamente, como ese paradigma se
explicita simbólicamente en la
publicidad, una de las expresiones de la
comunicación masiva que propició el
nacimiento en EE.UU de los mass media
research, a principios del siglo XX,
investigaciones que se consideran
iniciadoras de los actuales estudios de
comunicación.
Pero no me voy a detener en el modelo ni
en las imágenes con el que se presenta,
o en la manera en que también se diseñan
los cuerpos masculinos porque lo
abordaré más adelante. La intención de
mis reflexiones iniciales es provocar el
debate sobre la investigación
comunicológica con enfoque de género en
los contextos mediáticos globalizados.
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Se habla con entusiasmo de los
kilómetros de fibras óptica que recorren
el mundo, de los satélites que permiten
chatear en tiempo real con desconocidos
en el otro extremo del planeta, de la
transmisión en directo de la invasión
estadounidense a Iraq como si se tratara
de una saga de la taquillera Guerra de
las Galaxias de George Lucas. La
comunicación masiva despierta pasiones
encontradas: se etiqueta nuestro tiempo
como el de la sociedad de la información
y se ponderan los mass media como la
expresión cultural por excelencia de
nuestros días, o por el contrario, se le
demoniza como la culpable de la
violencia y la enajenación que priman en
el planeta. En lo que sí coinciden tanto
los apocalípticos como los integrados es
en la centralidad de los medios.
En este contexto se presentan a las y
los investigadores de la comunicación en
América Latina varios retos, en primer
lugar desmarcarse del discurso teórico
homogenizador, generado desde los
centros tradicionales de poder, y situar
de qué modo la globalización
comunicacional tiene lugar en el
continente y cómo se involucran las
audiencias, los públicos, los
receptores, los perceptores,
consumidores o usuarios según los
definen las diferentes escuelas. Entre
estas posibles líneas de investigación
me interesa particularmente la
incorporación del enfoque de género a
los estudios comunicológicos no
simplemente como un concepto tomado de
la sociología para hacer investigaciones
instrumentales o estar a la moda. Se
impone eludir lo que se ha denominado el
autismo epistémico y abrirse a otras
dimensiones de las ciencias sociales.
Aunque nacidas en dos momentos
diferentes del siglo XX, la Teoría de la
Comunicación y la Teoría del Género
entraron en las Ciencias Sociales
marcadas por la polémica acerca de su
cientificidad y provocando la
desconfianza y la ojeriza de la academia
más ortodoxa.
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Solo en los últimos años han ido
ocupando un espacio en ese ámbito porque
sus respectivos objetos de estudio han
ganado protagonismo en el mundo
contemporáneo. En el caso de la
Comunicación, por la necesidad de
comprender la producción, distribución y
recepción del conocimiento y la
información que se produce en el ámbito
mediático, que en apenas 100 años ha
multiplicado sus soportes y lenguajes
hasta hablarse hoy de una sociedad de la
Información, y en el de la Teoría de
Género, por la urgencia de entender la
manera en que se estructuran y sostienen
las relaciones entre los individuos
sexuados. Los medios de comunicación y
la teoría de género se han convertido en
elementos clave para explicar y
explicarnos el mundo en que vivimos.
Las confluencias entre la Teoría de la
Comunicación y la del Género no se
remiten a su condición de marginales
para ciertos estudiosos, ni a
coincidencia temporal o al azar
concurrente, sino que se constituyen en
dos saberes que pretenden analizar la
construcción social de sentido y que se
interrelacionan en los ámbitos de las
edificaciones simbólicas.
La comunicación masiva se ha
transformado en industria pesada , en
una posición que puede resultar ambigua, pero que se considera hoy estratégica.
Se ha constituido en un espacio desde
donde se construye y negocia el poder.
El género ha sustentado movimientos
sociales, cátedras universitarias,
ministerios, organismos de Naciones
Unidas y se ha incorporado incluso a lo
considerado “políticamente correcto.” Su
emergencia coincide con la llamada
crisis de los paradigmas que ha
provocado un cuestionamiento profundo
del sujeto y de sus referentes, por lo
que se han constituido en preocupación
de las ciencias sociales las formas y
procesos a través de los cuales se
produce la construcción de lo femenino y
lo masculino y las relaciones entre
ellos. Por supuesto, que el sujeto es
una construcción que no se reduce al
género, pero es esta la dimensión
principal que consideraré en este
ensayo.
Estudiar entonces los nexos entre la
teoría de la comunicación y la teoría de
género se constituye, por una parte, en
una necesidad de ambos saberes, pues las
investigaciones comunicológicas que
utilizan o pretenden utilizar el enfoque
de género abundan cada vez más, al igual
que proliferan las investigaciones que
desde el género estudian procesos
comunicacionales. Gurúes de las últimas
tendencias en los estudios de
comunicación como Jesús Martín Barbero o
Pierre Bourdieu han dedicado dentro de
su obra una mirada a los estudios de
género; el español con una investigación
de imagen de trascendencia en la
sociedad española y el francés con un
título imprescindible en los estudios de
género, en general, y en los de
masculinidad en particular .
Por otra parte, coincido con Barthes y
Derrida quienes postularon que “deben
abandonarse los actuales sistemas
conceptuales basados en nociones como
centro, margen, jerarquía y linealidad y
sustituirlos por otras de
multilinealidad, nodos, nexos y redes.”
En los últimos tiempos expertos y
expertas en las dos materias han
coincidido en el carácter
interdisciplinario de estas teorías y en
las posibilidades de enriquecimiento de
su aparato conceptual e instrumental al
cruzarse con otras áreas del
conocimiento. Juan Carlos Volnovich
afirma que entre los desafíos actuales
de la teoría de género está precisamente
el desafío interdisciplinario para
eludir el esencialismo. Ana Sánchez
profesora de Filosofía y Lógica de la
Universidad de Valencia sostiene que la
ciencia occidental es un reflejo de la
forma de concebir el mundo por parte de
una fracción de la población
representada en el varón occidental,
blanco, de clase media alta… y que las
consecuencias de esto es una
construcción dicotómica que contempla la
separación entre sujeto y objeto, entre
la naturaleza y la cultura, entre
objetivo y subjetivo…construcción que se
halla en la base epistemológica del
reduccionismo de la ciencia hasta
finales del siglo XX. Por ello señala
que la respuesta ante esta postura
androcéntrica y occidentalcéntrica sería
proponer modelos interactivos con otros
conceptos de la causalidad, casi nunca
lineal sino múltiple, donde cuenten las
diversas relaciones de dominación entre
las partes y el todo y más interesada en
la comprensión que en la explicación.
Ester Massó de la Universidad de Granada
en esta misma dirección postula que “las
reflexiones acerca del género y sus
vinculaciones están poblando multitud de
campos teóricos y generando hipótesis
novedosas constantemente.”
Por su parte, en relación con la
comunicación Miguel de Moragas ha
apuntado la necesidad de una visión que
involucre criterios conceptuales de
otras ciencias sociales al defender que
“la investigación sobre comunicación de
masas es, propiamente, un conjunto de
investigaciones aplicadas que, son el
resultado de irregularidades y
descompensadas aproximaciones a un
objeto que, de hecho, es común a
diversas ciencias sociales”. María
Inmaculada Vasallo asegura que la teoría
de la comunicación se plantearía “no tan
solo como verificación de hipótesis,
sino principalmente de la construcción
de enunciados originales sobre los
fenómenos comunicacionales.” Nicolson
escribe que la “perspectiva metodológica
para la investigación de la comunicación
debería emplear de manera integrada
métodos, técnicas y criterios
conceptuales procedentes de diversas
áreas del conocimiento.”
Javier Esteiman en un análisis sobre la
CIESPAL y la formación de imaginarios de
comunicación en América Latina asevera
que las investigaciones de comunicación
quiebran sus fronteras teórico
metodológicas tradicionales que analizan
la comunicación desde sí misma e inician
una gradual ruptura conceptual a partir
de la lenta asimilación de los aportes
de la economía, la historia, la
antropología.
Sin embargo, la incomprensión nacida del
desconocimiento acerca de los postulados
del feminismo y de la Teoría de Género,
la burla esgrimida como defensa ante
esta mirada que cuestiona elementos
clave constitutivos de nuestra
subjetividad como seres sexuados, y el
reduccionismo que hiperboliza
determinadas aristas de este enfoque
para desvirtuarlo son algunas de las
reacciones que todavía despierta la
Teoría de Género en el mundo de los
medios de comunicación, e incluso, en
ciertos sectores de la academia.
La “generofobia” que a veces se
encuentra entre algunos estudiosos de la
comunicación se contextualiza en la
resistencia, que de manera general
provoca la renovación epistemológica que
el género propone, al reconocer el papel
de la subjetividad en la elaboración del
saber científico. La objetividad y
neutralidad que la concepción ilustrada
de la ciencia postuló, y que luego la
modernidad asumió plenamente, es
cuestionada por el feminismo académico
que devela que esa supuesta neutralidad
se fabricó desde vivencias masculinas.
La comunicación de masas por su parte,
hizo de la objetividad y neutralidad un
pilar para sustentar su lugar en la
sociedad contemporánea y aunque hoy, ese
mito, esta cayendo por su propio peso,
sigue constituyendo uno de los puntos
neurálgicos en las diferentes escuelas
de comunicación. Objetividad versus
subjetividad para ser, para muchos, la
cuestión.
Sin embargo, como afirma Canclini “en
las ciencias sociales es particularmente
grave, aunque no solo en ellas, la
omisión de la diversidad de
experiencias, de rutas cognitivas y
discursivas.” Jesús Martín Barbero va
más allá al situar a la comunicación
como un ámbito en el que
gnoseológicamente se entrecruzan las
ciencias sociales ante la ya mencionada
crisis de los modelos del siglo XX al
sostener que “la razón comunicativa
aparece en el centro de la reflexión
social llenando el vacío, la orfandad
epistemológica producida por la crisis
de los paradigmas de la producción y la
representación, y proveyendo a la
sociedad un potencial de resistencia y
orientación del que se alimentan los
nuevos movimientos sociales desde los
étnicos y ecológicos hasta los
feministas.”
He repasado e invocado todo este arsenal
de pensadoras y teóricos de ambos
saberes, para formular lo que tal vez se
considere una herejía en ciertos ámbitos
de los medios de comunicación que
todavía discuten si el periodismo es un
oficio, que se adquiere por osmosis en
las redacciones, o una “profesión
liberal”, que se estudia en las
universidades. Estableciendo una
dicotomía excluyente entre la práctica y
la sistematización científica, no solo
en lo que se refiere a la Teoría de la
Comunicación propiamente dicha, sino a
otras disciplinas en las que se incluye
la Teoría de Género.
Más allá de los fundamentalistas, me
interesa reivindicar la
interdisciplinariedad de estas dos
teorías y los nexos que se establecen
entre ellas, pues sostengo que la Teoría
de la Comunicación y la del Género
establecen una relación sinérgica. En mi
opinión, estos nexos e interrelaciones
se centran principalmente en los ámbitos
empírico, teórico conceptual,
metodológico y epistemológico.
A TRAVÉS DE LAS ENCRUCIJADAS
El género ha sido abordado desde
diferentes saberes y se ha utilizado
para analizar la organización social de
las relaciones entre hombres y mujeres
(Rubin, 1975; Barrett, 1980; MacKinnon,
1987); para investigar la reificación de
las diferencias humanas (Vetterling
Braggin, 1982; Hawkesworth, 1990;
Shanley y Pateman, 1991); para
conceptualizar la semiótica del cuerpo,
el sexo y la sexualidad (Folcaut; De
Lauretis, 1984; Suleiman, 1985; Doane,
1987; Silverman, 1988); para explicar la
distribución de cargas y beneficios en
la sociedad (Walby, 1986; Connell 1987;
Boneparth y Stoper, 1988); para ilustrar
las microtécnicas del poder (De
Lauretis, 1987; Sawicki, 1991); para
iluminar la estructura de la psique
(Chodorow, 1978); y para explicar la
identidad y la aspiración individuales
(Epperson, 1988; Butler, 1990), para
ilustrar la división social y sexual del
trabajo vinculada a la célula básica de
la sociedad (Engels). Las discusiones
sobre el género en historia, lenguaje,
literatura, artes, educación, medios de
comunicación, política, psicología,
religión, medicina y ciencia, economía,
antropología, derecho y otras se han
convertido en temas del debate
contemporáneo.
Por mi parte, defino la Teoría de Género
como el saber que devela que el ser
mujer u hombre más allá del hecho
biológico es el resultado de una
construcción simbólica que se erige
sobre los cuerpos y las subjetividades
de sujetos sexuados que se constituyen
en la historia y que adquieren su
identidad en un movimiento relacional y
complejo de interacciones sociales, a la
vez que constituyen un ethos particular.
Este proceso sociocultural y subjetivo
denota relaciones jerárquicas de poder,
en contextos concretos e históricamente
determinados, y signa el proceso de
interacción entre los seres humanos en
el ámbito doméstico, privado y público.
Esa construcción de sentido esta a su
vez condicionada por la raza, la clase,
la etnia, la diversidad sexual, la
discapacidad y otras tipificidades de la
condición humana.
Sobre las diferencias biológicas entre
hombres y mujeres se elaboró un discurso
apoyado en mitos, creencias, asignación
de roles, normas, leyes, teorías
científicas que refrendó y naturalizó
como inferior a las mujeres y lo
considerado femenino. La diferencia
biológica se constituyó en desigualdad y
discriminación en las prácticas
culturales, políticas, económicas,
sociales y en el quehacer cotidiano Joan
Scott es de las primeras teóricas que
evidenció este aspecto del género al
señalar que es un elemento constitutivo
de relaciones sociales basadas en
diferencias percibidas entre los sexos,
y es también una manera primordial de
significar relaciones de poder. Al
explicar el género como un elemento
constitutivo de las relaciones sociales,
Scott enfatiza que el género opera en
múltiples campos, incluidos los símbolos
culturalmente disponibles que evocan
múltiples representaciones, los
conceptos normativos que exponen
interpretaciones de los significados de
los símbolos, las instituciones y
organizaciones sociales y la identidad
subjetiva. Según Scott, el género es una
herramienta útil de análisis porque
"proporciona una manera de decodificar
el significado y de entender las
conexiones complejas entre varias formas
de interacción humana”.
Y he aquí, en mi opinión, uno de los
nexos teórico conceptuales del género y
la comunicación a partir de la relación
que se establece en el ámbito simbólico
entre el discurso mediático y el sujeto,
el estatus de este sujeto en la
producción de sentido de lo que
consideramos masculino y femenino, y en
la posterior representación social y
mediática de ser hombre o ser mujer.
Pero veamos esta relación no solo desde
de las definiciones de género y
detengámonos en las del proceso
comunicativo, que se ha tratado de
explicar desde el funcionalismo, el
estructuralismo, el interaccionismo
simbólico, la teoría crítica y los
estudios culturales, entre otras
escuelas de pensamiento. Con elementos
provenientes tanto de la lingüística
como de la cibernética, del materialismo
histórico o la psicología, la Teoría de
la Comunicación ha configurado un bagaje
semántico híbrido que se remonta a las
visiones organicistas del siglo XIX.
La historia de los estudios de
comunicación está signada por el
predominio de paradigmas que, sin duda,
han ido marcando hitos en la evolución
de esta Teoría.
¿Dónde me sitúo yo? ¿Funcionalista?
¿Apocalíptica o integrada?
¿Culturalista? ¿Neofrackfurtiana? Les
confieso que me afilio a las
definiciones de Teoría de la
Comunicación que potencian que es una
práctica cultural y un espacio de
producción y negociación de sentido
condicionada y a su vez condicionante de
procesos y contextos socioculturales,
políticos y del devenir cotidiano.
Los procesos comunicacionales se
articulan a nivel individual, grupal y
de toda la sociedad y se establecen como
un eje plural de matrices culturales y
espacio donde se explicita el poder
hegemónico.
Reivindico esta atribución de sentido
como una relación dialéctica efectuada
en los nodos de la integración social y
signada por un entramado complejo de
mediaciones.
Asumo entonces la teoría de la
comunicación en el proceso complejo de
articulaciones con todas las
manifestaciones de la superestructura
social de la cual es una manifestación a
la vez que uno de los elementos que la
presupone.
Si coincidimos en que los medios son
reproductores del pensamiento dominante
en cada realidad específica,
constructores del universo simbólico, y
que van más allá de la utilización de
determinados recursos expresivos o
técnicos, para resultar esencialmente un
proceso de producción compartida de
significados a través de los cuales los
individuos dotan de sentido sus
experiencias; coincidiremos también en
la influencia de los medios en la
conformación de lo femenino y lo
masculino y, a su vez, en el
condicionamiento que estas visiones
ejercen en la construcción, emisión,
resignificación, apropiación y rechazo
de los mensajes.
Vuelve a evidenciarse el nexo teórico
conceptual entre la Teoría de Género y
la Comunicación que ya señalaba cuando
nos deteníamos en las definiciones de
género. No olvidar que toda relación
social se estructura simbólicamente, y
todo orden simbólico se estructura a su
vez discursivamente. La comunicación
masiva se constituye en constructor de
las subjetividades que el poder
hegemónico requiere para perpetuarse.
Michelle Mattelard destaca que “hoy en
día el debate interno del feminismo se
une al debate que se desarrolla, desde
hace ya algunos años, sobre la arena de
la teoría crítica de los medios de
comunicación. Las implicaciones de tal
debate se articulan alrededor de la
cuestión del poder de los medios, del
poder de las imágenes, de los modelos
que ellos hacen pasar…”
Aunque sé que existe cierta moda
comunicacionista, no me afilio a ella,
opino que la comunicación es un ámbito
articulador entre diferentes saberes que
tratan de estudiar los comportamientos
humanos y sociales.
Epistemológicamente considero que se
imbrica con la Teoría de Género porque
se sostienen en los mismos paradigmas
teóricos-críticos y culturales como ya
hemos visto en el análisis teórico y han
bebido del materialismo dialéctico, la
antropología, la sociología, la
psicología y la lingüística en la
conformación de su propio corpus.
Coinciden también en que se enmarcan
dentro de los saberes que estudian el
comportamiento humano y se detienen
particularmente en los expresivos más
que en los ejecutivos, o sean viajan a
través de las construcciones de sentido
y sus representaciones contextualizadas
en la red de interacciones sociales, por
lo que ineludiblemente, se entrelazan de
manera dialéctica.
En el plano metodológico la comunicación
que nació muy marcada por la visión
funcionalista y por los métodos
cuantitativos para determinar
efectividad ha transitado a reivindicar
la metodología cualitativa y en los
últimos tiempos se aprecia una tendencia
a la triangulación metodológica. Lo cual
se debe a la apertura y asunción de la
dimensión cultural a la hora de abordar
los procesos comunicacionales.
Los estudios de género postulan la
metodología cualitativa de manera
preferente, y algunas técnicas como las
historias de vidas han sido un aporte a
estas metodologías. Recordemos que una
de las revolucionarias propuestas
epistemológicas del género es asumir que
lo vivencial forma parte de la realidad,
que la objetividad es subjetividad y
viceversa. Confluyen de nuevo ambos
saberes en este caso en los nodos
metodológicos.
En el plano empírico los actuales
estudios de género y comunicación
generalmente no rebasan una visión
funcionalista e instrumental que sirve a
la denuncia y la sensibilización. Una
revisión de los estudios e
investigaciones, de los temas de los
debates en congresos internacionales y
de las publicaciones arroja un
predominio de trabajos de tipo
empírico-pragmático, que no subestimo
pero que resultan parciales.
Estas investigaciones de género y medios
de comunicación a las que me he referido
se detienen en tres asuntos básicos:
imagen, la presencia como
comunicadores/as, y por último los
procesos de recepción.
Los estudios que más abundan son los
relacionados con la imagen, sobre todo
imagen de la mujer en los medios
noticiosos, en la publicidad, los
audiovisuales, internet y otros
soportes. Mi propia obra investigativa
no escapa a esta tendencia.
Varias pudieran ser las razones del
predominio de la relación mujer y
medios: los womem studies iniciaron los
análisis de género —incluso en
determinados contextos erróneamente
género se utiliza como sinónimo de
mujer— al ser ellas los sujetos que
sufrían la opresión recurrieron a todas
las herramientas que les permitiera
evidenciar ante la sociedad las formas
en que se legitima culturalmente la
subordinación.
Desde el punto de vista de las
investigaciones de comunicación prima
aún el uso instrumental de análisis de
los mensajes y como la teoría de género
es deudora de los pensadores de la
Teoría Crítica, lo que en los medios
tuvo uno de sus máximos exponentes en la
Escuela de Frankfurt y la denuncia de
las industrias culturales, encontraron
un terreno de confluencias e
identificaciones que tributaba a sus
intereses.
Otra posible causa debe verse en el
poder de sensibilización que permite el
proceso de deconstrucción de las
imágenes mediáticas, pues resultan un
referente conocido popularmente con
códigos asentados en la llamada cultura
de masas, a diferencia del lenguaje
académico.
Los estudios de imagen han sido además
de gran utilidad para la denuncia de la
discriminación de las mujeres que han
permitido entre otras acciones la
creación de observatorios de
comunicación y la instrumentación de
regulaciones sobre el uso de
determinados recursos expresivos
peyorativos o denigrantes de las mujeres
en las leyes y los códigos de ética de
las empresas de comunicación.
La madurez y experiencia alcanzada en
este sentido hace necesario asumir
análisis sobre la imagen y presencia
masculina, pues recordemos que género no
es sinónimo de mujer, y abordar otros
aspectos como el proceso de construcción
de los mensajes, las rutinas
productivas, el proceso de recepción y
el complejo fenómeno de las mediaciones.
En el caso cubano los estudios son pocos
y la mayoría se ha realizado en los
últimos cinco años. Al igual que en el
resto del mundo predominan los estudios
de imagen. Precisamente una de las
recomendaciones del Plan de Acción de la
República de Cuba a la Conferencia de
Beijing en el acápite de Medios de
Comunicación es aumentar las
investigaciones en este campo.
Todo ello señala que urge sistematizar
un saber teórico que permita a las y los
investigadores de ambos campos
relacionar estos aparatos conceptuales
para lograr salir de la descripción y
poder establecer relaciones, indagar en
la causalidad, realizar predicciones,
señalar tendencias.
Asumir la dimensión comunicacional y la
de género no es sencillamente un dilema
intelectual es un imperativo en el
propósito de hacer nuestro mundo menos
ancho y ajeno.
NOTAS
[1] Jesus Martín Barbero ha afirmado
que el autismo epistémico pretende
aislar a los estudios de comunicación de
las ciencias sociales construyendo una
pseudo-especificidad basada en saberes
técnicos, taxomanías psicológicas y
estrategias organizacionales. En Martín
Barbero, Jesús. Tecnicidades,
identidades, alteridades:
des-ubicaciones y opacidades de la
comunicación en el nuevo siglo. Diálogos
de la Comunicación en http://
www.infoamerica.org/teoria/martin
barbero 1.htm
[2] Eco Humberto. Para una guerrilla
semiológica.Enhttp://www.nombrefalso.com.ar/materias/apuntes/html/eco_2.html
[3] Martín-Barbero. Jesús. La
comunicación, centro de la modernidad.
Una peculiar relación en América Latina.
En Telos No 34. 1996.
http://www.campusred.net/telos/anteriores/num_036/index_036.html?opi_perspectivas5.html
[4] Martín Barbero, Jesus. Nosotras y
vosotros según nos ve la televisión.
Imágenes de las mujeres y los varones en
los programas y anuncios
televisivos(1992-1994) En Instituto de
la Mujer. Síntesis de Estudios e
Investigaciones del Instituto de la
Mujer. Madrid, 1994.
[5] Me refiero a La dominación
masculina. París. 1998. Igualmente
importante en los estudios de género
resulta su obra El sentido Práctico.
Taurus. Madrid, 1991.
[6] Citado por Antonio Pasquali, Roberto
Hernández Montoya, Jorge Gómez e Ivan R.
Méndez en el texto escrito para el Foro
El idioma en la Internet, organizado por
el Celarg el viernes, 23 de abril de
2004.
http://www.cip.cu/webcip/servicios/estasem/articulos/2004/octubre/29/Cie/1029Cie3.html
oct 2004
[7] Volnovich. Psicoanálisis, estudios
feministas y género. Ponencia presentada
en las II Jornadas de Actualización
Feminidad, masculinidad, nuevos sujetos
y sus prácticas. Foro de psicoanálisis
y Género de la Asociación de Psicologos
de Buenos Aires. 2 de noviembre 1996.
[8] Sanchez, Ana. La cuestión del género
desde la perspectiva de la construcción
del conocimiento.
http://www.imim.es/quark/num27/027077.htm
9 Masó, Esther. Citado por Trejo, Raúl
en Apreciar y estudiar a los medios:
Quimeras e insuficiencias en la era de
la globalidad. Revista Etcétera 2002.
http://www.etcetera.com.mx/ensayoslist.esp
[10] Moragas, Spa M, Teorías de la
comunicación, Barcelona, Gustavo Gili,
1990
[11]Citado por Trejo, Raúl en Apreciar y
estudiar a los medios: Quimeras e
insuficiencias en la era de la
globalidad. Revista Etcétera 2002.
http://www.etcetera.com.mx/ensayoslist.esp
[12] Idem
[13] Esteiman, Javier. CIESPAL y la
formación de imaginarios de la
comunicación en América Latina. En
Revista Razón y Palabra. Feb-marzo 2002.
http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n25/jesteino/html
[14] García Canclini,
[15] Martín-Barbero. Jesús. Idem.
[16] Ver Hamkesworth, Mary: Confundir el
género, Cendoc-Cidhal, mar. 2001. Este
ensayo apareció originalmente en Signs:
Journal of women in Culture and Society,
1997, v. 22, n. 3.
[17] Scott, Joan: El género una
categoría útil para el análisis
histórico, American Historical Review,
1986.
[18] Esta definición es hija de los
estudios culturales, de teóricos como
Jesús Martín Barbero, Néstor García
Canclini, Elizabeth Osorio, Eliseo
Verón. Mi definición es deudora también
de los trabajos de Armand y Michelle
Mattelard , de Gramsci entre otros.
[19] Mattelard, Michelle. Mujeres,
Poder, Medios; aspectos de las crisis en
Mujer y Medios de Comunicación. Centro
de la Mujer Peruana. Flora Tristán,
1994.
[20] Editorial de la Mujer. Plan de
Acción Nacional de Seguimiento a la
Conferencia de Beijing. República de
Cuba.1999. |