Año VI
La Habana
2007

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Cosas de cine
Amado del Pino • La Habana

No estoy pensando en los asuntos, los dilemas, menos en las teorías del cine. Esta mañana inaugural de noviembre evoco las cosas, los utensilios que llenan el ámbito escenográfico. En las películas realistas uno supone que se trata de una casa cualquiera filmada simplemente, pero hasta en las obras más actuales hay un señor o señora —a veces todo un equipo— que se encarga de la Dirección de Arte. El lenguaje de los objetos, que en teatro plantean un discurso evidente, en cine también debe cumplir sus funciones, más allá de lo decorativo.

Cuando veo a un actor aporrear una máquina de escribir —que se parece a la que me prestó durante años mi tía Nena y en la que  trabajé menos de lo deseable (pero de ahí salieron algunas de mis tentativas juveniles)—, cuando el hombre se pone frente a su Remington pienso en cómo habrá llegado hasta los almacenes de la productora cinematográfica. Este ejemplar se salvó de la debacle general que padecieron sus hermanas, se libró del basurero y del olvido. El arte nos hace vivir la época de nuestros padres y abuelos y nos lleva más atrás en el tiempo.

En España van por la novena temporada de una serie exquisita, "Cuéntame cómo pasó". Esa evocación de la vida social del país desde la postguerra, avanzando hacia la actualidad, permite que la gente se acuerde de los ritmos, los combates, las ideas, casi mes por mes. También aparecen los muebles y los equipos que estuvieron en el hogar de muchos. De visita en casa de amigos españoles me cuentan que les parece que ese televisor en blanco y negro es el que estaba en las salas de sus viviendas de entonces. Aunque suele ser líder en audiencias a cada regreso, para los nacionales algunas zonas del programa huelen a lo ya sabido. Para los que estamos de paso o venimos de fuera es toda una lección de historia, política, costumbres; casos y cosas, parafraseando a un humorístico con el que reímos los cubanos hace un par de décadas.

Durante mi casi única, pero muy recordada aparición en el cine, me sucedió algo que no olvidaré. La tarde en que filmamos mi mejor escena en el filme, me fui tan contento y animado por el apoyo del director Fernando Pérez y del amplio equipo de trabajo que me llevé puestos los zapatos del personaje. Anduve ese atardecer por calles, bares y puede que hasta saludar a las olas en el malecón con esos “tacos” fuera de moda. Al día siguiente recibí un moderado pero firme regaño de las compañeras de vestuario. Se habían percatado de que no había robo, pues en lugar de los zapatos de la década del 50 estaban mis abnegados mocasines de cada día, pero la ropa de época es como una joya que se debe conservar con celo, no se trata de contaminarla del polvo y la prisa de los días de hoy.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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