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Limonada con par de cojones |
“el sentido de la
vivencia como vivencia
nunca puede estar más allá de la
vivencia”
G. Lukács,
Heidelberger Ästhetik,
(Des)Provistos de la misma
(sin)ingenuidad con que abordamos en la
pasada Mirada los trazos de Peter Nadin
pudiéramos acercarnos ahora al Open
Studio que realizara en su casa
Wilfredo Prieto luego de intervenir el
ya conocido como Parque Lennon con una
acción titulada Paseando al perro y
comiendo mierda, incidente
artístico al que hicimos breve
referencia en el artículo que nos
precede.
Quienes supimos y acudimos al espacio
público situado entre las calles 15, 17,
6 y 8 del Vedado habanero para
constatar en vivo las tres nuevas
acciones[2]
realizadas por el autor de la antológica
Apolítico —quien tras esta
soberbia pieza no ha cejado de abrirse
puertas en los más importantes espacios
globales del arte desde la Bienal de La
Habana hasta la Bienal de Venecia—
quedamos más a la expectativa de ¿por
qué Wilfredo nos hace esto? que
suspendidos por los aparentemente
ingenuos sucesos que ocurrieron allí. De
las tres piezas construidas sobre el
parque fue Limonada con un par de
cojones la que consiguió una mayor
atención de los pocos espectadores
avisados sobre el acto e igualmente
provocó más a los inconcientes de la
verdadera naturaleza del asunto.
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Limonada con par de cojones
(Foto cortesía del artista) |
Un poco de azúcar refino y dos limones
dejados caer cerca de un charco de agua
estancada interrumpían un tanto el
tránsito por uno de los paseos del
parque. Visualmente el simulado
accidente resultaba sugerente pero
igualmente podía no superar la
indiferencia del transeúnte a no ser de
algún que otro (existió) paseante que
se viera seducido por tomar los dos
bellos y extraviados frutos verdes.
Matemática pura,
otra de las piezas, apelaba a la
oposición estética y naturalista entre
la sofisticación del diseño industrial
de artículos para la alimentación de
caninos domésticos y el producto
escatológico y biológicamente residual
que resulta de este animal proceso. Pero
igualmente la acción se simuló como un
quehacer cotidiano de cualquier
habitante de los apartamentos que
circundan la zona (como el mismo
Wilfredo Prieto) que gusta de pasear
pública y vistosamente su perro.
Aparentemente lo del Wilfre en el parque
Lennon no pretendía superar la
insignificancia de la elemental vivencia
de acuerdo a sus más recientes teorías
de trabajo. La elaboración de la acción
jugaba a que solo encontraran en ella un
hecho o verdad Arte quienes fueran
capaces de activar los necesarios
referentes para armar la posible
trascendencia de la intervención y el
resto aportara simplemente su presencia
habitual en un espacio que obviamente
fue registrado fotográficamente por el
artista.
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Sin título
(Foto cortesía del artista) |
A partir de aquí y luego al adentrarnos
en el Open Studio comenzó a trazarse la
transformación esencial del proceso.
Volvió entonces la procedencia y el fin
del autor de los factos a desmontar
parte de su propia tesis sociológica de
partida: ingenuo todo sino se tratara de
un connotado conceptualista, suspicaz
hasta en la misma inocencia que
transpira su personalidad. Como diría un
buen cubano: ¿Qué lo compre quien no lo
conozca?
Sin embargo resulta que la ironía y el
cinismo del arte contemporáneo generado
por buena parte de su generación ha
alcanzado en él niveles muy sofisticados
de perversa expresión minimalista hasta
el punto que el artista nos condujo
después a su casa convertida en Open
Studio y allí, junto a otras de sus
reconocidas o recientes obras, nos
proyectó sobre una pared de las
habitaciones las gigantografías
digitales que ya había tomado de su
acción en el parque.
Las fotos seguro viajarán mucho más allá
del Vedado y se venderán en cualquiera
de las galerías que lo representan
dentro del mainstream o élite
artística que ha logrado penetrar a base
de un ingenio sostenido, dialogando
entre su postconceptual condición
creadora y el situacionismo del entorno
dónde interactúa. Solo que ahora le
basta cada vez con menos esfuerzo para
convencer a instituciones y
coleccionistas de que cada acto suyo es
un acontecimiento regido por un serio
conocimiento del Arte y por tanto la
interacción global con las fotos se
desarrollará cada vez más tendiendo a un
distanciamiento con la realidad y como
una vivencia estética ponderada por la
condición privilegiada de su autor que
por su verdad factual, estética e
interactiva inicial. De hecho en una de
las gigantografías mostradas (no
recibida como ilustración para este
trabajo) el parque y su modernismo
circundante parecían ser los verdaderos
protagonistas del interés visual y los
objetos que la intervinieron fueron
dejados caer en la insignificancia de
una esquina de la foto. ¡Coherentemente
a sí misma! ¿Cierto?
continuará
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Matemática pura |
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NOTAS
1
Espere a la
próxima Mirada y conocerá que es
el Cuarto Amarillo pero antes le
recomiendo pasar por la galería
La Casona y ver Variaciones
GOLBERG, la expo de Duglas
Arguelles.
2
Paseando al perro
y comiendo mierda
incluyó las acciones Limonada
con un par de cojones,
Matemática pura y una
pieza sin título, esta tercera
obra por la falta de notoriedad
comunicativa de una verdad
estética que alcanzó para quien
subscribe este texto ha sido
exceptuada de comentario alguno.
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