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Hace bastantes años que conozco a Arnold
Antonin, destacado intelectual haitiano,
fundador y director del centro cultural
Pétion-Bolívar, cineasta, y en la
actualidad Presidente de esa asociación
de creadores en su país. Es un ser
humano de gran sensibilidad, entendido
el término en dimensión "globalizadota"
y no solo artística. Es también hombre
de pensamiento ancho y hondo al mismo
tiempo, de inquietudes político-sociales
trascendentes, y un ecuménico sentido de
la cultura. Ha padecido la amargura del
exilio antiduvalierista y, una vez de
regreso a casa, ha seguido alentando en
él, mediante acciones, el afán
regenerador por su pueblo, consciente
como está del enorme camino que ha de
recorrer aún.
Tuve oportunidad especial de dialogar
larga y sistemáticamente con él a fines
de 1996, cuando cumplí una invitación
profesional que se me extendió para
visitar Haití con el objetivo de dictar
conferencias en la Universidad de Puerto
Príncipe y otros centros docentes y
culturales, entre ellos el
Pétion-Bolívar. Cuanto in situ
pude ver ―no poco, en verdad― a lo largo
de seis semanas intensas, aprender,
conocer y pensar de otro modo; las
experiencias, en fin, por mí vividas
(entre ellas una relectura que advertía
distinta ―desde el seno de una cultura
poderosa ya no referencial ni solo desde
el libro― de El reino de este mundo
y su emblemático prólogo); la
coincidencia de mi viaje con las
conmemoraciones por el vigésimo
aniversario de la estancia de André
Malraux y de su muerte meses después en
Francia; todo en fin, ha sido
inolvidable y enriquecedor. En tal
contexto se produjeron mis pláticas con
Arnold Antonin. Después nos hemos visto
y charlado varias veces en La Habana.
Y el pasado mes de junio sesionó aquí,
durante unos días, el Congreso Cultura y
Desarrollo, que incluyó la exhibición de
una muestra itinerante de cine caribeño.
En ella fue presentada la película
haitiana ¿Tiene SIDA el Presidente?,
largometraje de ficción (basado en
hechos reales) dirigido por Arnold
Antonin. Se encontraba él entre
nosotros, y el tema de su filme se
advertía importante e incitador tanto
por su índole, como por el escenario.
Me parece indispensable para el lector
un breve acercamiento preliminar a la
figura que nos ocupa. Entre las visitas
que nos ha hecho Arnold Antonin (Puerto
Príncipe, 1942), alguna ha sido como
Jurado en nuestros festivales de cine.
Se autodefine como militante del
socialismo democrático y su obra recoge
acentuadas percepciones sociales y
políticas, desde una perspectiva
artística cuando hace cine, y con
notable rigor analítico al exponerlas en
lúcidos ensayos. Haití, sus
circunstancias y destino, se hallan en
el centro de este quehacer y también de
sus angustias. Además de cineasta, es
profesor universitario y de la Escuela
Nacional de Artes, y un sistemático
organizador-promotor de debates. Hombre
estudioso de carreras diversas, en 1970
obtuvo un doctorado en economía y
comercio por la Universidad de Roma, y
en 1983 alcanza una maestría en derecho
económico e internacional por la
Universidad Central de Venezuela.
También en 1986, año en que regresa a
Haití luego de largo exilio, organiza el
Forum Libre du Jeudi, espacio pluralista
de reflexión en el centro
Pétion-Bolívar.
A lo largo de su extensa filmografía
Antonin ha venido madurando, y podría
decirse que ya hoy revela con firmeza
los elementos cardinales de un personal
estilo. Su primer filme, Duvalier
acusado (1974), fue un cortometraje
en blanco y negro de 20 minutos en
formato de 16 milímetros. En 1975
aparece Duvalier condenado (40
minutos) y realiza el primer
largometraje haitiano, de dos horas, en
el mismo formato: Haití, el camino de
la libertad, película de amplia
difusión en el mundo y portadora de una
fuerte denuncia contra la dictadura de
Duvalier. Al año siguiente hace su
primer filme en colores: Arte naïf y
represión en Haití (45 minutos, 16
mm). La siguiente realización será en
1980: ¿Puede un tonton-macoute ser un
poeta? (35 min, color, 16 mm), con
la cual obtiene en Venezuela el Premio
al Mejor Cortometraje. En 1982 publica
en Caracas el libro Material para una
prehistoria del cine haitiano.
Entre 1984 y 2006 se suceden numerosos
filmes. Cabe mencionar Veinte años de
trabajo con los pobres (1988, 45
min, color, video), La droga no
perdona (1989, 15 min, color,
video), Puerto Príncipe, la Tercera
Guerra Mundial ya tuvo lugar (1993,
15 min, color, video), Coraje de
mujer (2000, 17 min, color, video),
La dignidad de los ancianos
(2001, 15 min, color, video), Pirulí
y el bandido (2002, ficción, 90 min,
color, video), Carnaval de la
juventud contra el SIDA en Jacmel
(2003, 15 min, color, video),
Economía de la supervivencia (2004,
26 min, color, video) y Cojonudos
contra Atila u ¿otro Haití es posible?
(2004, 100 min, color, video). En el año
2006 fue realizado el filme motivador de
esta entrevista, ¿Tiene SIDA el
Presidente? (ficción, 123 min,
color, video).
La amplia obra de Arnold Antonin le ha
llevado a asistir a diversos festivales
donde han sido presentadas algunas de
sus películas, y también a desempeñarse
como jurado. Ha recibido varios
galardones, y fue honrado en el Festival
de Cannes 2002 por el conjunto de su
obra y por su documental Coraje de
mujer. En el presente año 2007
obtuvo el Premio Paul Robeson al mejor
filme de la diáspora africana Fespaco y
el Premio del Comité de Lucha Contra el
SIDA de Burkina Faso, así como una
mención especial del jurado del Festival
Vues d’Afrique et Images de la Caraibe
de Montreal por ¿Tiene SIDA el
Presidente?
Como se aprecia, Antonin ha transitado
un largo camino cinematográfico que
permite hablar de temas y marcas que
definen una estética propia. En la
entrevista que sigue, habrá oportunidad
de advertir ―aun dentro de respuestas
breves— una honda capacidad de
reflexión, análisis y sentimientos que,
a no dudar, son relevantes elementos
caracterizadores de su creación
artística. Valdría la pena, a mi
entender, la reposición del filme que se
comenta, para provocar miradas más
detenidas sobre él, incluyendo el
interesante componente musical y
danzario ―tan afín al cubano― que el
propio argumento se encarga de mostrar.
Me ha parecido, en resumen, de
importante interés cultural acercar a
nuestros lectores y espectadores a esta
figura, ahora en sus propias palabras.
¿Cómo ubicas esta película dentro de tu
filmografía y de tu trayectoria
intelectual?
He realizado sobre todo documentales,
entre ellos varios sobre el problema del
SIDA en Haití, que es muy serio. Quise
hacer una película que llegara a un
público más amplio y tocara cuerdas más
emocionales. Por eso me lancé en la
realización de este film.
¿Cómo surge y va tomando cuerpo la idea
de hacerla?
Hay un cantante en Haití que se
autodenominó Presidente de la música
popular de Haití, el “compas”, y que se
comportó siempre como un “Star”. A su
alrededor, aunque es un buen padre de
familia, se creó toda una leyenda
alimentada por él de ser un mujeriego
dominado por todos los vicios. Pensé que
su historia podía ser la historia de un
antimodelo a partir del cual construir
una historia positiva. Finalmente no se
pudo realizar con él como actor
principal, pero decidí seguir adelante
con la idea.
Me puse a escribir el guión con un muy
buen amigo, escritor de increíble
imaginación y conocedor de la realidad
haitiana, Gary Victor.
¿Con qué recursos contaste para su
realización?
Tuve el apoyo de la ONUSIDA, de la Unión
Europea y de empresas e
instituciones haitianas. Pude realizar
esta película con solo 105 mil dólares,
hasta la producción de los DVD.
¿Dónde filmaste los exteriores e
interiores?
Todo en Puerto Príncipe y en
Pétion-Ville. Los barrios pobres y en
los barrios altos.
¿Pudieras hablarnos de los actores y
actrices?
Todos los actores y actrices son
haitianos. Solo el actor principal vive
en Los Angeles, Jimmy Jean Louis, quien
ha trabajado en películas de Hollywood.
Los otros han trabajado en otras
películas haitianas, pero no se pueden
considerar como profesionales. Sin
embargo, la crítica y público han sido
unánimes en declarar que Jessica Geneus,
la actriz principal, y Ricardo Lefevre,
así como Chantal Pierre-Louis, Manfred
Marcelin, Nadege Telfort, Reginld Lubin,
Riche Kenskoff, eran todos muy buenos.
¿Cuál ha sido la recepción del filme por
el público haitiano, y por otros
auditorios?
La película ha tenido una gran recepción
del público en Haití, donde estuvo en
cartelera ocho semanas en el período más
cruel de la inseguridad que haya vivido
el país. Se estrenó el 14 de julio de
2006. En el exterior ha pasado por
muchos festivales y siempre he visto el
público reaccionar con mucho entusiasmo.
¿Se ha ocupado de tu película la crítica
especializada?
En Haití, siendo el cine muy incipiente,
la crítica es muy descriptiva. Sin
embargo, han tenido palabras muy
elogiosas. Por ejemplo, el escritor
Herold Jean-François llegó a decir que
era la mejor película haitiana. Laennec
Hurbon, famoso antropólogo haitiano,
escribió un artículo muy positivo sobre
el contenido y la forma de la película.
¿Te propusiste establecer una suerte de
dialéctica reflexiva “responsabilidad
social – responsabilidad individual”,
tanto cuando tratas sobre el SIDA como
en otros conflictos planteados en el
filme?
Sí, evidentemente, y más que nunca en la
sociedad haitiana de hoy, donde se han
perdido todos los parámetros, es
necesario.
¿Percibes determinado didactismo en la
película?
Puede ser, porque es una película que
hice para contribuir a luchar contra el
SIDA, pero no creo que eso la haya hecho
aburrida.
Varios personajes evidencian una
perspectiva crítica hacia las
condiciones en que vive su país. Otros,
simplemente, se aprovechan de las
circunstancias. ¿Acaso es este otro modo
de ser crítico?
La película evidentemente es también una
crítica social. En una sociedad donde
todo lleva a la prostitución y a la
corrupción, donde el dinero, la
arrogancia y la prepotencia quieren
imponerse a todo con la complicidad y la
inconciencia de todos, solo una joven
mujer resiste y dice “no”.
¿Dirías que existe una psicología naïf
en el trazado y desenvolvimiento de los
personajes? De ser así, ¿cómo
explicarla?
En Haití la psicología naif existe en la
realidad y seguramente se refleja en los
personajes y en su vida.
¿Has advertido, o te han mencionado, si
el público percibe e interpreta
correctamente los disparos en sordina,
presentes más de una vez a lo largo de
la banda sonora?
Sí, creo que entendieron que estos
disparos marcaban las circunstancias en
las cuales se rodó el filme.
¿Es compasiva la forma de mirar a tus
compatriotas?
No diría eso. Diría que más bien los
miro con lucidez y solidaridad.
Evidentemente, tengo un interés humano
por los personajes aún los negativos y
eso pasa también en mis documentales,
excepto por los fascistas y dictadores.
¿Por qué incluiste las escenas donde la
policía arresta a delincuentes comunes?
Porque a pesar de la corrupción de la
misma policía en Haití, hay que decir
que tiene que oponerse a los
delincuentes y este era un modo de
decirlo.
Eres explícita y duramente crítico al
presentar asuntos relacionados con la
corrupción y la religiosidad popular aun
en su diversidad. ¿Te introdujeron estos
abordajes en zonas demasiado
problemáticas?
En un cierto sentido sí, pero soy uno
de los que no ha creído nunca en el modo
folclórico como se tratan las cuestiones
relacionadas con la religión en un país
dominado por la mentalidad mágica y el
oscurantismo medieval. Además estas
alusiones al comportamiento de algunos
individuos en diferentes religiones
están basadas en hechos reales.
¿Ha cumplimentado la película con tus
objetivos y expectativas?
Pienso que sí y en el FESPACO, donde
ganó el Premio Especial de la Asociación
de Lucha contra el Sida de Burkina Faso,
dijeron que era una contribución
universal a la lucha contra el SIDA y en
particular en los países del Tercer
Mundo. Hay que decir que ganó también el
Premio Paul Robeson de la Mejor
Película de la Diáspora Africana,
también en el FESPACO y que el crítico
francés Olivier Barnet escribió que es
un filme que ha logrado la difícil
alianza de ser popular y comprometido a
la vez.
¿Cómo valoras el momento actual para la
cultura haitiana?
La cultura sigue siendo desde todos los
puntos de vista uno de los terrenos más
interesantes en Haití, por la
creatividad de los artistas haitianos y
por la riqueza cultural original del
pueblo haitiano. Sin embargo, es una
cultura también en crisis por la
desagregación de los estilos de vida
tradicionales y el desmoronamiento de la
economía y su contacto con el exterior a
través de la TV. La ideología dominante
se está volviendo la de los video-clips
afroamericanos.
Los creadores de bienes culturales
emigran o cambian de oficio a menudo.
Hay que decir, sin embargo, que sin gran
contenido cultural, el cine-video
haitiano, ha tenido una gran expansión.
¿Qué proyectos y planes profesionales
tienes?
Estoy haciendo un documental sobre la
figura de Aubelin Jolicoeur, un cronista
mundano haitiano, inmortalizado por
Graham Greene en su novela Los
Comediantes, como Petit-Pierre. Otro
sobre Herby Widmaier y la música
haitiana de los años ’50 - ’60. Otro
sobre la vida y obra del escritor y
político haitiano Jacques Roumain y
dentro de dos semanas empiezo a rodar
otro largometraje de ficción Los
amores de un Zombie.
¿Qué hace hoy y cuáles son las
perspectivas del Centro Pétion –
Bolívar?
El Centro Petion-Bolívar está cumpliendo
21 años en Haití. Sigue haciendo los
Forum Libres del Jueves desde hace 20
años, alentando a la gente a reflexionar
sobre los problemas vitales del país,
organizamos Talleres de Formación sobre
el desarrollo económico, político y
cultural. Somos la sede de la Asociación
Haitiana de Cineastas de la cual soy el
Presidente y producimos audiovisuales.
¿Deseas añadir algo a lo dicho?
Mando un gran saludo a todos los amigos
cubanos, cineastas y hombres de cultura
que siempre han acompañado y ayudado
con tanto interés las actividades
culturales en Haití.
La Habana, julio -
agosto de 2007
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