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¿Concebir al mercado como un ente
legitimador solamente de productos de
mala factura no es una visión
reduccionista del asunto?
¿No cree que Cien años de soledad y
El
Quijote son también fenómenos
editoriales?
Doroteo Aranjuez
(Estados Unidos):
Buen punto. El mercado ha de
desmistificarse en los dos sentidos. Si
me permiten aludir a Marx (perdón), él
veía el intercambio en el mercado como
una forma mediada de cooperación. (Para
quien tenga curiosidad en verificar mi
afirmación, los refiero a los pasajes de
El Capital, vol. 1, en que Marx discute
la división del trabajo en la
manufactura y en el mercado.) Una
sociedad socialista avanzada (de esas
que no existen todavía) va a tener que
luchar por disolver la mediación del
mercado, pero a estas alturas, lo que
hay que reconocer es el aspecto
cooperativo inherente al intercambio en
el mercado. Dicho lo anterior, insisto
en que mucho depende del contexto más
amplio en que ese mercado existe. En
particular, si hay mucha desigualdad en
la distribución de la riqueza y el
poder, el mercado sólo sirve para
disfrazar el abuso del débil por el
fuerte.
Luis Alvarenga
(El Salvador):
Pienso en otra acepción de la expresión
"El mercado como legitimador". Desde los
nuevos discursos desarrollistas, el
mercado aparece como el elemento
legitimador de la cultura: la cultura
como elemento (así se ha planteado) del
desarrollo. De esta forma, ante la
carencia de una fundamentación (que bien
podría ser la humanidad), se erige al
mercado como lo que justifica la
existencia de la cultura.
Esto surge a raíz de un tema ya
enunciado en este foro: el mercado como
legitimador. En los discursos
neodesarrollistas, aparentemente se le
ha dado a la cultura un salvador, que
puede legitimarla ante la crisis
generalizada de legitimaciones: el
mercado. De ser visto como algo
suntuario, cuando no peligroso, la
cultura es considerada ahora como
"elemento del desarrollo". Hablar del
"desarrollo" es hablar de "progreso"
capitalista y ya sabemos lo que opinaba
Walter Benjamin al respecto del
progreso: la secuela de destrucción
dejada por la Historia.
Que la cultura se convierta en
instrumento del desarrollo significa
vaciarla de contenido. En las
concepciones neoliberales, significa que
la cultura se torne en un instrumento
más eficaz de lucro: reducirla, por
ejemplo, a atracción turística. ¿Llegará
el día -si es que no ha llegado ya- en
que tengamos que tomar un "tour" por las
ruinas de la cultura, con pago previo,
para poder dotarla de legitimidad?
Ambrosio Fornet
(Cuba):
Desde el momento que sale a librerías
para ser vendido, el libro se convierte
en un fenómeno del mercado. El mercado
en sí mismo no confiere ni valor
(artístico o literario) ni legitimidad.
El problema estriba en que el factor
“mercado” empezó a adquirir un peso
decisivo en la producción de libros, en
su divulgación, en su valoración
crítica, y finalmente en el propio tipo
de lectura que hacen los lectores. Ya no
estamos hablando de editoriales, libros
y público lector: estamos hablando de
marketing. Y es en América Latina, por
ejemplo, donde los libros son caros y la
taza de analfabetismo es muy alta,
hablar de marketing es hablar para
exiguas minorías, para los miembros de
la “ciudad letrada” – como diría Ángel
Rama - y sus amigos y familiares. No,
no es el “mercado”, en abstracto, lo que
debe ser puesto en la picota; son los
mercaderes de los productos culturales,
que por definición pertenecen - o
deberían pertenecer – al conjunto de la
sociedad.
¿Cómo se tratan
en la UNESCO
los temas de la identidad cultural
y la mercantilización de la cultura?
Juan Luis Martín
(Cuba):
La UNESCO ha reconocido la necesidad de
preservar y desarrollar la diversidad
cultural como un requerimiento esencial
para mantener la riqueza de la cultura
humana en su conjunto. La diversidad
cultural es tan necesaria a la humanidad
como la diversidad de las especies lo es
a la naturaleza. Ese fue el espíritu
originario de la Convención. La
oposición a su contenido estuvo
centrada, precisamente, en el argumento
de que la Convención violaría los
acuerdos de la Organización Mundial del
Comercio (posición liderada por EE.UU.):
otra manifestación de cómo algunos
pretenden que la lógica del mercado
predomine sobre cualquier otro
principio.
A mi juicio, la búsqueda del consenso,
no precisamente con las mayorías sino
con los más influyentes, redujo la
efectividad de la versión final del
documento como guía para el diseño de
políticas. Pese a ello, tiene el valor
de ser el principal documento del
Sistema de Naciones Unidas orientado a
preservar la cultura como una mercancía
subordinada a la demanda solvente. En el
actual contexto los objetivos deben ser
profundizar en su contenido y exigir su
aplicación efectiva.
Se
habla mucho de la
mercantilización de la
cultura, pero sin un mercado a través
del cual se distribuyan y comercialicen
las obras, ¿cómo concebir la difusión y
recepción de las mismas?
Lillian Álvarez Navarrete
(Cuba):
Ángel
Antonio González, de España, plantea que
se habla mucho de la mercantilización de
la cultura, pero que sin un mercado a
través del cual se distribuyan y
comercialicen las obras, ¿cómo concebir
la difusión y recepción de las mismas?
Yo
creo que dar respuesta a esa pregunta
fue lo que llevó a los hombres y
mujeres preocupados por la cultura a
proponer, discutir y aprobar la
Convención para la protección y
promoción de la diversidad de las
expresiones culturales de la UNESCO
aprobada el 20 de octubre de 2005. Esta
reconoció el derecho de los Estados al
establecimiento de sus políticas
culturales y distinguió expresamente que
los productos culturales son portadores
de identidades, valores y significados,
y por consiguiente no deben tratarse
como si sólo tuviesen un valor
comercial.
Mientras más monopolizado esté -como lo
está- el mercado de los productos y
servicios culturales (en manos de
transnacionales que cada vez abarcan más
y más e invierten en las esfera de la
comunicación, la publicidad, las
telecomunicaciones y hasta de la
industria de armamentos) los criterios
de venta segura y las gigantescas
operaciones mediáticas marcarán las
pautas como vía para la maximización de
las ganancias.
Es
importante entonces, a nuestro juicio,
que los Estados diseñen y ejerzan
políticas culturales efectivas que
garanticen ciertamente la preservación
de las expresiones culturales que no
tienen una efectiva realización en el
mercado, ya sea por su carácter
experimental, o por que son propios de
determinados territorios, o porque se
alejan de los estándares de gustos ya
impuestos. Sólo este actuar conciente
puede hacer efectivos los postulados de
la Convención. En la propia Convención
se incluyen algunas de las posibles
acciones a acometer por parte de los
Estados para proteger las expresiones
culturales y a sus creadores.
El
mercado no es el escenario idóneo para
la preservación y difusión de todas las
expresiones culturales, y aunque es uno
de ellos, no es ni debe ser el único en
el que pueden darse estas a conocer. Tal
y como está hoy en día diseñado el
acceso a las obras creativas depende de
la capacidad de pago del individuo y el
creador depende de la capacidad de su
obra de generar ingresos. Este sistema
es excluyente e injusto y arruina la
diversidad cultural.
Es
necesario crear espacios de legitimación
ajenos al valor comercial y donde haya
lugar para las lenguas minoritarias,
para los ritmos y sonoridades de pueblos
enteros que son ignorados hasta que a
alguna empresa transnacional decide
lanzar un producto “exótico”. Las
políticas públicas están obligadas a
asumir este reto y a superar la herencia
del modelo neoliberal que minimizaba
estas responsabilidades y otorgaba a los
privados una total libertad de
actuación. Por otro lado el desarrollo
tecnológico brinda cada vez más
posibilidades para que se modifiquen las
relaciones del individuo con el
resultado de su creación y con el
público receptor y este fenómeno también
hay que seguirlo de cerca.
En
este momento no debemos olvidar que a la
Convención de la Diversidad se le ha
llamado “el Kyoto cultural” ya que el
mayor exportador de productos y
servicios culturales no ha suscrito la
misma porque al decir de su Secretaria
de Estado Condoleezza Rice “... la
convención se presta al abuso por parte
de los enemigos de la democracia y el
libre comercio”, por lo que hay que
tener claro que el camino no es ni será,
nada fácil.
Fernando Rivarés (España):
Desde
luego, pero hay varios maneras de actuar
en y sobre el mercado. Hay que
distinguir entre cultura y ocio (ambas
cosas me parecen bien), y no dejarse
engañar por esa extendida creencia
peligrosa de que todo lo que no se vende
es bueno, y todo lo que se vende es
malo, ni lo contrario. La gran virtud de
la cultura (más allá de la creación
artística) debería ser hacer a las
poblaciones más preparadas, libres y
felices, con más instrumentos para le
desarrollo humano. Y creo que hay
demasiados pretendidos intelectuales
inasequibles para la mayoría. Antes de
leer a uno de los mejores escritores del
mundo, Alejo Carpentier, hay que leer
muchas otras cosas, es un simple asunto
de niveles.
Y
después debería ser básico el acceso de
cualquiera a la cultura, por eso
defiendo públicamente la piratería en la
distribución, porque ¿donde se ha dicho
que los artistas y creadores deban ser
muy ricos? Deben poder vivir de su
trabajo que es crear y pensar, y poder
hacerlo en las mejores condiciones
posibles. La piratería, al menos en
Europa y el mundo capitalista, daña las
estructuras de la industria de la venta
y la distribución, pero nada más, sino
que se lo pregunten a Madonna o a
Alejandro Sanz.
Esto
no significa, a mi entender, que impere
el estatalismo en la creación y la
distribución. Hay muchas vías públicas
para que la cultura este a disposición
de cualquiera.
Y una
triste convicción más que expreso como
interrogante. ¿De verdad pensáis que
todo el mundo desea evolucionar y
mejorar y aprender y disfrutar de la
lectura o la pintura? De ser así
habríamos logrado al hombre y la mujer
nuevos, y no creo que estemos en es
tesitura. Pero hemos de aspirar a
elevar el nivel mundial de la cultura
entendida cómo conjunto de hábitos,
actitudes, creencias y comportamientos
que podamos considerar equitativos,
solidarios y no competitivos.
La
cultura en ese sentido es un fin y un
medio a la vez.
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Aurelio Alonso, sociólogo cubano |
Aurelio Alonso (Cuba):
En
ninguna de las esferas dominadas por el
mercado podemos buscar soluciones por la
vía de la abolición. Pero el mercado
tiene que ser acotado: por las
instituciones políticas y sociales, por
los creadores y por los receptores de la
cultura. La primera condición de
superación del imperio de la relación
mercantil es la educación (que significa
muchísimo más que la escuela y que exige
una continuidad generacional). Y no se
trata de una simple desaparición. El
mercado implica un mecanismo social de
selección cultural, y no ha sido
generado un mecanismo que sea capaz de
substituirlo consecuente con una
sociedad no sujeta a su lógica.
Gertrudis Contreras (Bolivia):
Por
qué será tan necesario el mercado para
la cultura??? Me hago esa pregunta
porque siento que el mercado le hace un
pobre favor a la cultura, entendiendo
ésta como la expresión de un pueblo.
La
cultura como referente identitario de un
pueblo suministra a éste los elementos
que permiten su sobrevivencia ante tanta
opresión, exterminio y embates
seductores del poder económico a través
del mercado y de la historia. Si antes
era "exportar o morir" hoy es turismo a
como dé lugar y nuestra cultura en
Bolivia empieza a mercantilizarse y
degradarse. El pueblo originario, a
pesar de ello, tendrá una nueva lucha
que emprender y es la de preservar su
riqueza cultural que es y fue su fuerza
y su coraje para resistir.
Jorge Alfonso García (Cuba):
Ángel
Antonio, El mercado contribuye a la
defunción de las almas, porque pone en
contacto al curador con el receptor, el
problema es que el mercado no puede ser
regulador de la creación, no puede
dictar las pautas de qué se crea qué
estilos y formas, y qué no.
Si no
hay un sistema de difusión, y una labor
de promoción que privilegie al talento,
y le cierra el paso al dogma, que
favorezca la experimentación, se corre
el riesgo de que el mercado no sólo
regule lo que se comercializa o no, sino
también exprese las tendencias de la
creación.
Letchezar Elenkov (Poeta y escritor
búlgaro. Director del órgano de prensa
de la Unión Antisfascista Búlgara y de
la Unión de Escritores de Bulgaria):
La
comercialización restringe y elimina la
libertad en la cultura y provoca que
esta se haga dependiente del interés y
de la ganancia. Es sabido que los
valores permanentes son ajenos al
dominio de mafiosos y comerciantes, que
se adueñan de las tiradas y la
divulgación del arte y la literatura, en
beneficio de sus propios intereses y
nunca en favor de la sociedad.
Boris Dankov (director del suplemento de
cultura y literatura “Pegaso” del
periódico búlgaro “Duma”):
La
comercialización de la cultura es tan
dañina como lo es también su
ideologización. Los auténticos valores
culturales se diferencian totalmente del
interés y de la manufactura. Donde hay
tiradas de masas es inevitable el
triunfo de las ideas y la cultura de
masas. Uno de los mayores males de la
cultura de la globalización es la
unificación, la trivial uniformidad, que
rebaja los criterios y vulgariza la
espiritualidad. Es muy importante que en
las condiciones de la globalización se
conserve la autenticidad de las culturas
nacionales sin lo cual la obra de arte
se convierte en mercancía y en la l
unificación privada de espiritualidad.
¿De algún modo la difusión de la cultura
no implica siempre necesariamente un
lado mercantil?
Enrique Sacerio-Garí (Estados Unidos):
La
estática encrucijada del mercado y la
cultura en manos de las corporaciones se
realiza como casa matriz de ganancias y,
generalmente, para el embrutecimiento de
los pueblos. Allí se descartan los
valores nacionales que no encajan en el
proyecto imperialista de globalización.
Pero hay otros horizontes: el mercado de
la memoria de todos los pueblos que
negocian sus valores para enriquecerse
mutuamente… en defensa de la humanidad.
Hay
que resistir y afrontarlos con sus
propias armas. Ver mi “Memory Market –
El mercado de la memoria’’ aquí:
http://www.poeticsolutions.com/pips17.html
Doroteo Aranjuez (Estados Unidos):
En
teoría, no necesariamente. Pero en la
práctica de nuestras sociedades, sí. E
incumbe a los artistas capotear los
vientos del mercado con dignidad y
decoro. Las presiones del mercado en
sí, no son necesariamente
distorsionadoras de un arte
humanizante. Depende de las
características más concretas del
mercado. Por ejemplo, si hay mucha
desigualdad en la distribución de la
riqueza y del poder, el mercado fomenta
la producción de porquería artística e
impone condiciones muy costosas entre
los artistas para producir un arte
genuino. Eso creo.
Montserrat Ponsa i tarrés (España):
Mercantil y político. Muchos países
tienen "sus artistas" que muestran por
estos mundos de dios. No quiere decir
que sean los mejores, simplemente, los
más adictos. Conozco grandes artistas a
los que nadie dio nunca la mano, que su
obra ha sido reconocida luego de su
muerte. Hay que prestar atención a los
que por no ser "conocidos" malviven en
la ignorancia.
Gertrudis Contreras (Bolivia):
Diría
que eso es lo penoso, porque el sistema
económico presiona para que todo lo que
hacemos tenga su lado vendible. Mira
aquí en Bolivia encontramos muchas
riquezas culturales y el promocionar el
turismo tan fuertemente, termina
mercantilizando gran parte de nuestra
riqueza cultural y eso duele.
Francisco José Lacayo:
(Director
de la Oficina Regional de Cultura de la
UNESCO para América Latina y el Caribe)
En
primer lugar, a mí me ha servido mucho
no seguir usando la palabra cultura sino
tres conceptos y palabras que hacen más
operativo esto de la cultura.
Esto
son: patrimonio cultural material e
inmaterial, diversidad cultural y
creatividad cultural.
En el
mundo actual, todo lo que tiene valor
puede ser convertido en mercancía. Hace
ya varios años que se lucha (la UNESCO
es uno de esos lugares en donde se
desarrolla esta lucha) para que las
riquezas culturales sean protegidas por
lo que los europeos han llamado "la
excepción cultural" que significa que
aunque puedan tener valor de mercancía
no sean tratadas como cualquier
mercancía.
Ya se
han ganado varias batallas en este
campo. Una de las últimas es la
Convención sobre la diversidad de las
Expresiones culturales. Te recomiendo la
busques en la web
Pocas
personas se dan cuenta cuánto dinero se
mueve en ese espacio que llamamos
cultura. No sólo en las llamadas
industrias culturales como al música, el
libro, las artes plásticas, el cine etc.
(en algunos países esto constituye el 7%
del producto interno bruto) sino también
las riquezas de patrimonio, diversidad y
creatividad culturales.
A las
riquezas culturales les pasa como lo que
le pasó al oro, cuando Europa conquistó
América. Los indígenas de estas tierras
le daban al oro un valor de uso pero no
le daban un valor de cambio. Los
europeos sí.
El
problema fundamental está en la
"cosificación" que genera la dinámica de
la mercancía en el sistema económico
imperante. Pero no sólo para la cultura
sino también para cualquier valor
humano. Hasta la tragedia humana se
vende como mercancía.
Pero
mientras estemos luchando en este
contexto, hay que hacer todo lo posible
para que el valor de cambio no destruya,
cosifique o prostituya el valor de uso.
Las
pirámides mayas son riqueza. No podemos
negarlo ni renunciar a ello. Pero, no
son mercancía como lo puede ser un
cepillo de dientes o hasta un candidato
presidencial en los USA.
La
belleza del cuerpo humano es un valor
que también puede ser cosificado como
mercancía.
El
oxígeno de nuestras selvas es un valor.
Sin oxígeno se acaba la vida. Sin
convertir al oxígeno en una mercancía
más, algunos países y sociedades han
planteado a los poderes del capital y a
los países desarrollados que se les
reconozca todo esfuerzo por preservar la
biodiversidad y el oxígeno (y también el
ozono) a cambio de disminución o
condonación de la deuda externa.
Ana Daglio (Alemania):
La cultura siempre implica
necesariamente un lado mercantil, como
en nuestro país y otros países
capitalistas. Esto no debe suceder en
Cuba, donde el valor del artista se lo
da su calidad y no el precio al que
pueda venderse su obra, ya que no existe
el mercantilismo en Cuba.
Lillian Álvarez Navarrete (Cuba):
Nos
han hecho creer eso. El mercado es un
escenario, pero no el único ni el mejor,
tal y como está diseñado el sistema hoy
en día en el mundo solo tiene difusión
la parte ínfima de la cultura, La que
entra en el mercado y encuentra en él
una satisfacción, o sea, que se realiza
en éste. Los escritores no son sólo
autores de best sellers, ni los autores
e interpretes musicales los que reciben
Granmy y discos de platino. Hay una
inmensa riqueza cultural que queda al
margen. Por ejemplo si hablamos de
cultura, tenemos que referirnos a las
expresiones culturales tradicionales de
millones de seres humanos de planeta ¿no
es eso cultura?, ¿no hay una inaplazable
necesidad de conservarla? Pero los
sistemas legales imperantes por el
contrario, priorizan el saqueo de éstas
por parte de las grandes empresas. Las
políticas culturales tienen que jugar un
papel muy importante en esto, para
garantizar que no sólo la obra vendible,
sea la que se difunda y permanezca, para
garantizar la verdadera defensa de la
diversidad cultural. Es necesario que la
sociedad cuente con espacios de
legitimación alejados del mercado, que
favorezca expresiones minoritarias,
experimentales, lenguas ignoradas por la
globalización. No obstante, sin dudas,
el aspecto mercantil es importante pero
no cuando la cultura se utiliza para
engrosar las mayores torturas del mundo
y se limita el acceso a las grandes
mayorías.
Aurelio Alonso (Cuba):
Es
cierto, en tanto hablamos de un
mecanismo que permite acceder al
producto cultural, a la creación. La
relación de productor a consumidor es la
del creador y el que accede a la obra de
creación artística o literaria. O en
otras esferas de la vida espiritual,
como la religión, o la armazón de normas
morales. Pero asumir esta relación como
mercantil por naturaleza es algo cínico,
y cabe mas directamente hablar de un
propósito de desmercantilizar
progresivamente la creación y el consumo
cultural.
Pedro Villarruel (Venezuela):
Cualquier cosa es cultura, menos el
mercado...
Y
quisiera añadir, cualquier manifestación
que vaya al mercado, deja de ser
cultura...
Tania García (Cuba):
El
debate entre la creación y el Mercado ha
estado y estará presente cada día porque
es una tensión propia del entorno en que
se produce el proceso creativo. Y esa
tensión es mayor en los países
subdesarrollados porque hoy las grandes
cadenas internacionales del arte
controlan los circuitos fundamentales.
En el caso de las cadenas productivas
del disco, el papel que juegan los
medios de reproducción y de circulación
no puede ser enfrentado sin grandes y
constantes inversiones que se verán
recompensadas solo si existen niveles de
venta. También en otras manifestaciones
del arte y la literatura. El 81,4% de
las exportaciones mundiales de la
discografía, el 72,8% de las
exportaciones de productos editoriales
están concentrada en 10 países
desarrollados, más del 90 % de las
exportaciones de obras arte se concentra
también en 10 países desarrollados. Ese
gigante control busca imponer hábitos,
gustos y valores que tributen a la
revalorización de sus capitales y
ejercer la dominación. Eso solo puede
ser enfrentado con la unión de las
fuerzas que mantenemos la esperanza en
un provenir que respete la identidad y
la diversidad de las culturas.
Desiderio Navarro (Cuba):
De
los numerosos aspectos de la
problemática “cultura y mercado” --que,
por lo demás, se plantea de formas muy
diferentes en las distintas “ramas” del
arte y la cultura--, hay uno que me
parece central y común a todas esas
ramas: la cotidiana decisión moral del
escritor y el artista, del “productor”
cultural, ante el mercado nacional e
internacional.
Y en
ello el gran problema es si la cultura,
como la mujer de Antonio, cuando va al
mercado, camina así... haciendo guiños a
las demandas del mercado cultural y del
mercado político y abandonando así todo
compromiso intelectual. Y, justamente
para lograr ese estado de cosas, en
muchas sociedades actuales el mercado y
la política colocan de conjunto al
productor cultural ante el dilema
compromiso intelectual/éxito económico
que yo sintetizaría así: J’accuse o
Jacuzzi.
Michel Balivo (Venezuela):
A mi
modo de ver, hablar de cultura y
economía implica hablar de historia. No
tanto de la relatada en libros sino de
la viviente. De nuestra capacidad de
pensar y actuar, del dolor y el placer
cual móviles, de un cuerpo que en
relación con su entorno pone en
evidencia en cada gesto su capacidad de
adaptación creciente o decreciente.
Implica hablar de lo que hemos pensado y
hecho acumulativamente los pueblos, y en
consecuencia de lo que somos y en que
nos hemos convertido, gracias a lo cual
cada generación hereda momentos
temporales que nos diferencian de lo
natural.
Más
allá de la satisfacción de necesidades,
del dolor y del placer, se pone en
evidencia una intencionalidad lanzada
siempre a futuro, que nos lleva a
perseguir, buscar y muchas veces
encontrar imposibles.
No
está demás recordar y en algunos casos
aclarar, que lo que concebimos,
imaginamos y traemos a ser nunca existió
en el mundo, y por tanto ha de
corresponder a una forma mental común a
la humanidad. En una coyuntura como la
actual, es importante romper con esa
historia economizada, acartonada, para
reconocernos gestores de todo posible
acontecer.
Porque nuestra capacidad de crear y
elegir futuros es lo que nos ha traído
hasta aquí, y es ahora imprescindible
para trascender, para llevarnos más allá
de esta aparente trampa sin salida en la
que hemos caído. Son justamente los
modelos organizativos de las funciones
sociales especializadas, es decir de la
economía, lo que llamamos cultura y hoy
nos impone su condición.
Todos
vivimos desapercibidamente dentro de
tales condiciones colectivas y la
libertad personal no es más que un
cuento, un sueño en pos del cual hemos
creado modelos de explotación social
elitistas, excluyentes, que no han hecho
más que generar sufrimiento innecesario.
La gran mayoría de los problemas que
llamamos personales y familiares, no son
sino la consecuencia de esos modelos
culturales que nos imponen condiciones
relacionantes, económicas.
Por
lo cual, bien vistas las cosas desde la
altura de perspectiva que el
conocimiento y la experiencia histórica
nos posibilita, diríamos que la única
libertad y felicidad posible es la de
colaborar solidariamente unos con otros,
es decir la de la justicia, la igualdad,
la hermandad. Por ello necesitamos
modelos sociales abarcadores e
incluyentes, participativos y
protagónicos, donde cada cual desarrolle
por experiencia voluntaria y conciente
de los frutos de sus acciones, y no por
temor y castigo, la libertad de elegir y
decidir colaborar para el bienestar de
todos, dentro del cual se sabe
inevitablemente incluido.
Han
de ser los frutos de tal modelo los que
nos conduzcan naturalmente hacia la
trascendencia de ilusorias fronteras que
no son más que sistemas de intereses y
privilegios exclusivos de los menos.
Porque intentar integrar o cohesionar
los pueblos, es decir las culturas y las
economías, desde las contradicciones del
sistema imperante, no puede sino
conducirnos a más conflictos y
violencia.
Decir
historia y futuro es decir ser humano,
por lo tanto estamos en nuestra salsa y
no hay motivos para temer. Avancemos con
confianza en nuestras fuerzas y
capacidades que solo nuevas y
gratificantes experiencias económicas y
culturales nos esperan. Aunque para
hablar con precisión, ni el futuro nos
espera ni avanzamos hacia él. Lo
construimos, lo traemos a ser aquí y
ahora con cada elección, con cada acción
generosa o egoísta.
|

Felipe Pérez Roque, Ministro de
Relaciones Exteriores, visitó la
sala del foro
|
Xiomara Acuña (Alemania):
Una
primera lectura de esa relación
"natural" que hacemos del tema enunciado
provoca e inquieta. Lo que recibimos
como cultura esta dado o construido con
una alta sensación de natural, de
expresión genuina del hacer y ser del
hombre: de identidades, gracias al
mercado. Ese ha sido el gran logro del
mercado y la mancuerna que hoy inquieta
en este foro. Pregunto, este hecho
histórico debe al menos transformarse,
invertirse para que al menos se logre
reducir o controlar esa cultura por
encargo, de fechas, de audiencias
estudiadas previamente, te temas de
moda, usurpadora, etc., etc. y
prevalezca aquella agazapada, marginada,
la que a duras penas sobrevive, la que
hoy al menos a logrado una denominación
en el gran mercado: "productores
independientes".
¿Si no se toma en cuenta el lado
mercantil de los productos culturales,
cómo recuperar las inversiones y
producir las ganancias necesarias para
que otros productos culturales puedan a
su vez ver la luz?
Gertrudis Contreras (Bolivia):
Amigo
José, claro lo entiendo en un sistema
donde para sobrevivir hay que vender y
vender pero me hace pensar la forma como
lo plantea, pues parece que cultura
resulta ser un objeto para la venta, ej.
fabrico sillas, platos, paredes, bolsas
de plástico, autos, aviones, etc., etc.,
todo es cultura…?
Ana Daglio (Alemania):
En mi
humilde opinión, creo que los productos
culturales son bienes sociales,
pertenecen a toda la sociedad y deben
estar expuestos en galerías de arte que
estén al alcance de todo el mundo. No
tienen un lado mercantil como en las
sociedades capitalistas, donde unos
pocos privilegiados pueden adquirir
obras muy caras para tenerlas escondidas
en sus casas y lo hacen como una
inversión ya que con el paso del tiempo
se valorizan y luego sus dueños las
venden más caras.
En
Cuba que es una sociedad socialista creo
que hay subsidios para los artistas y el
arte no se cotiza en la bolsa como
ocurre en las sociedades donde impera el
capitalismo.
Por
ejemplo, en Argentina, como generalmente
los artistas son muy pobres, tienen que
ser financiados por empresas privadas y
por ende no son libres los artistas de
crear lo que quieren o sienten. Son
explotados por los mercaderes del arte.
Tania García (Cuba):
La
inversión para desarrollar la producción
de bienes y servicios culturales puede
tener múltiples fuentes, tanto públicas
como privadas y la forma de recuperar la
inversión también se alcanza por
múltiples mecanismos.
Sin
embargo, la utilización de mecanismos de
mercado para recuperar e incrementar los
recursos que se destinan a la producción
cultural no debe aplicarse a costa ni
justificar la banalidad o la pérdida de
acceso a la cultura por toda la
población, y esto se demuestra en las
acciones de los grandes capitales
mediáticos que obtienen mayúsculas
ganancias, tratando de homologar los
consumos culturales sin la intención de
revertirlo en la creación de otras
manifestaciones artísticas.
Yolotzin Saldaña Páez (Bolivia):
Como
en el punto de mercado y cultura,
insisto que es importante definir
primero los productos culturales, o a
cuales productos culturales nos estamos
refiriendo. No todos entienden lo mismo
de un concepto.
Se
trata de analizar los productos desde su
doble función: función social y función
económica. Si la función económica pesa
más que la social se está hablando de
mercantilzación y en el análisis y
tratamiento de los productos culturales
efectivamente sería un peligro, ya que
hablamos de productos que son portadores
de identidad, valores y significados,
reconocidos por la UNESCO y repetidos en
este Foro por otros compañeros. Los
productos culturales no deben ser
abandonados al cruel destino de la
oferta y la demanda. Por este motivo el
Estado y la Sociedad Civil, para romper
esta cadena, deben garantizar la
preservación del patrimonio cultural y
coordinar acciones conjuntas
permanentemente. |