Año VI
La Habana

24 al 30 de NOVIEMBRE
de 2007

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Legitimación, difusión e identidad cultural

La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

¿Concebir al mercado como un ente legitimador solamente de productos de mala factura no es una visión reduccionista del asunto? ¿No cree que Cien años de soledad y El Quijote son también fenómenos editoriales? 

Doroteo Aranjuez (Estados Unidos):

Buen punto.  El mercado ha de desmistificarse en los dos sentidos.  Si me permiten aludir a Marx (perdón), él veía el intercambio en el mercado como una forma mediada de cooperación. (Para quien tenga curiosidad en verificar mi afirmación, los refiero a los pasajes de El Capital, vol. 1, en que Marx discute la división del trabajo en la manufactura y en el mercado.)  Una sociedad socialista avanzada (de esas que no existen todavía) va a tener que luchar por disolver la mediación del mercado, pero a estas alturas, lo que hay que reconocer es el aspecto cooperativo inherente al intercambio en el mercado.  Dicho lo anterior, insisto en que mucho depende del contexto más amplio en que ese mercado existe.  En particular, si hay mucha desigualdad en  la distribución de la riqueza y el poder, el mercado sólo sirve para disfrazar el abuso del débil por el fuerte. 

Luis Alvarenga (El Salvador):

Pienso en otra acepción de la expresión "El mercado como legitimador". Desde los nuevos discursos desarrollistas, el mercado aparece como el elemento legitimador de la cultura: la cultura como elemento (así se ha planteado) del desarrollo. De esta forma, ante la carencia de una fundamentación (que bien podría ser la humanidad), se erige al mercado como lo que justifica la existencia de la cultura.

Esto surge a raíz de un tema ya enunciado en este foro: el mercado como legitimador. En los discursos neodesarrollistas, aparentemente se le ha dado a la cultura un salvador, que puede legitimarla ante la crisis generalizada de legitimaciones: el mercado. De ser visto como algo suntuario, cuando no peligroso, la cultura es considerada ahora como "elemento del desarrollo". Hablar del "desarrollo" es hablar de "progreso" capitalista y ya sabemos lo que opinaba Walter Benjamin al respecto del progreso: la secuela de destrucción dejada por la Historia.

Que la cultura se convierta en instrumento del desarrollo significa vaciarla de contenido. En las concepciones neoliberales, significa que la cultura se torne en un instrumento más eficaz de lucro: reducirla, por ejemplo, a atracción turística. ¿Llegará el día -si es que no ha llegado ya- en que tengamos que tomar un "tour" por las ruinas de la cultura, con pago previo, para poder dotarla de legitimidad? 

Ambrosio Fornet (Cuba):

Desde el momento que sale a librerías para ser vendido, el libro se convierte en un fenómeno del mercado. El mercado en sí mismo no confiere ni valor (artístico o literario) ni legitimidad. El problema estriba en que el factor “mercado” empezó a adquirir un peso decisivo en la producción de libros, en su divulgación, en su valoración crítica, y finalmente en el propio tipo de lectura que hacen los lectores. Ya no estamos hablando de editoriales, libros y público lector: estamos hablando de marketing. Y es en América Latina, por ejemplo, donde los libros son caros y la taza de analfabetismo es muy alta, hablar de marketing es hablar para exiguas minorías, para los miembros de la “ciudad letrada” – como diría Ángel Rama -  y sus amigos y familiares. No, no es el “mercado”, en abstracto, lo que debe ser puesto en la picota; son los mercaderes de los productos culturales, que por definición pertenecen  - o deberían pertenecer – al conjunto de la sociedad. 


¿Cómo se tratan en la UNESCO los temas de la identidad cultural y la mercantilización de la cultura? 

Juan Luis Martín (Cuba):

La UNESCO ha reconocido la necesidad de preservar y desarrollar la diversidad cultural como un requerimiento esencial para mantener la riqueza de la cultura humana en su conjunto. La diversidad cultural es tan necesaria a la humanidad como la diversidad de las especies lo es a la naturaleza. Ese fue el espíritu originario de la Convención. La oposición a su contenido estuvo centrada, precisamente, en el argumento de que la Convención violaría los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (posición liderada por EE.UU.): otra manifestación de cómo algunos pretenden que la lógica del mercado predomine sobre cualquier otro principio.

A mi juicio, la búsqueda del consenso, no precisamente con las mayorías sino con los más influyentes, redujo la efectividad de la versión final del documento como guía para el diseño de políticas. Pese a ello, tiene el valor de ser el principal documento del Sistema de Naciones Unidas orientado a preservar la cultura como una mercancía subordinada a la demanda solvente. En el actual contexto los objetivos deben ser profundizar en su contenido y exigir su aplicación efectiva. 


Se habla mucho de la mercantilización de la cultura, pero sin un mercado a través del cual se distribuyan y comercialicen las obras, ¿cómo concebir la difusión y recepción de las mismas? 

Lillian Álvarez Navarrete (Cuba):

Ángel Antonio González, de España, plantea que se habla mucho de la mercantilización de la cultura, pero  que sin un mercado a través del cual se distribuyan y comercialicen las obras, ¿cómo concebir la difusión y recepción de las mismas?

Yo creo que dar respuesta a esa pregunta fue lo que llevó a los  hombres y mujeres preocupados por la cultura a  proponer,   discutir y aprobar la Convención para la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales  de la UNESCO aprobada el 20 de octubre de 2005. Esta reconoció el derecho de los Estados al establecimiento de sus políticas culturales y distinguió expresamente que los productos culturales son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si sólo tuviesen un valor comercial. 

Mientras más monopolizado esté -como lo está- el mercado de los productos y servicios culturales (en manos de transnacionales que cada vez abarcan más y más e invierten en las esfera de la comunicación, la publicidad, las telecomunicaciones y hasta de la industria de armamentos) los criterios de venta segura y las gigantescas operaciones mediáticas marcarán las pautas como vía para la maximización de las ganancias.

Es importante entonces, a nuestro juicio, que los Estados diseñen y ejerzan políticas culturales efectivas que garanticen ciertamente  la preservación de las expresiones culturales que  no tienen una efectiva realización en el mercado, ya sea por su carácter experimental, o por que son propios de  determinados territorios, o porque se alejan de los estándares de gustos ya impuestos. Sólo este actuar conciente puede hacer efectivos los postulados de la Convención. En la  propia Convención se incluyen algunas  de las posibles acciones a acometer por parte de los Estados para proteger las expresiones culturales y a sus creadores.

El mercado no es el  escenario idóneo para la preservación  y difusión de todas las expresiones culturales, y aunque es uno de ellos, no es  ni debe ser el único en el que pueden darse estas a conocer. Tal y como está hoy en día diseñado el acceso a las obras creativas depende de la capacidad de pago del individuo y el creador depende de la capacidad de su obra de generar ingresos. Este sistema es excluyente e injusto y arruina la diversidad cultural. 

Es necesario crear espacios de legitimación ajenos al valor comercial y  donde haya lugar  para las lenguas minoritarias,  para los ritmos y sonoridades de pueblos enteros que son ignorados hasta que a alguna empresa transnacional decide  lanzar un producto “exótico”. Las políticas públicas están obligadas a asumir este reto y a superar la herencia del modelo neoliberal que minimizaba estas responsabilidades y otorgaba a los privados una total libertad de actuación. Por otro lado el desarrollo tecnológico brinda cada vez más posibilidades para que se modifiquen las relaciones del individuo con el resultado de su  creación y  con el público receptor y este fenómeno también hay que seguirlo de cerca.

En este momento no debemos olvidar que a la Convención de la Diversidad se le ha llamado “el Kyoto cultural” ya que el mayor exportador de productos y servicios culturales no  ha suscrito la misma porque al decir de su Secretaria de Estado Condoleezza Rice “... la convención se presta al abuso por parte de los enemigos de la democracia y el libre comercio”, por lo que hay que  tener claro que el camino no es ni será, nada fácil. 

Fernando Rivarés (España):

Desde luego, pero hay varios maneras de actuar en y sobre el mercado. Hay que distinguir entre cultura y ocio (ambas cosas me parecen bien), y no dejarse engañar por esa extendida creencia peligrosa de que todo lo que no se vende es bueno, y todo lo que se vende es malo, ni lo contrario. La gran virtud de la cultura (más allá de la creación artística) debería ser hacer a las poblaciones más preparadas, libres y felices, con más instrumentos para le desarrollo humano. Y creo que hay demasiados pretendidos intelectuales inasequibles para la mayoría. Antes de leer a uno de los mejores escritores del mundo, Alejo Carpentier, hay que leer muchas otras cosas, es un simple asunto de niveles.

Y después debería ser básico el acceso de cualquiera a la cultura, por eso defiendo públicamente la piratería en la distribución, porque ¿donde se ha dicho que los artistas y creadores deban ser muy ricos? Deben poder vivir de su trabajo que es crear y pensar, y poder hacerlo en las mejores condiciones posibles. La piratería, al menos en Europa y el mundo capitalista, daña las estructuras de la industria de la venta y la distribución, pero nada más, sino que se lo pregunten a Madonna o a Alejandro Sanz.

Esto no significa, a mi entender, que impere el estatalismo en la creación y la distribución. Hay muchas vías públicas para que la cultura este a disposición de cualquiera.

Y una triste convicción más que expreso como interrogante. ¿De verdad pensáis que todo el mundo desea evolucionar y mejorar y aprender y disfrutar de la lectura o la pintura? De ser así habríamos logrado al hombre y la mujer nuevos, y no creo que estemos en es tesitura.  Pero hemos de aspirar a elevar el nivel mundial de la cultura entendida cómo conjunto de hábitos, actitudes, creencias y comportamientos que podamos considerar equitativos, solidarios y no competitivos.

La cultura en ese sentido es un fin y un medio a la vez. 



Aurelio Alonso, sociólogo cubano

Aurelio Alonso (Cuba):

En ninguna de las esferas dominadas por el mercado podemos buscar soluciones por la vía de la abolición. Pero el mercado tiene que ser acotado: por las instituciones políticas y sociales, por los creadores y por los receptores de la cultura. La primera condición de superación del imperio de la relación mercantil es la educación (que significa muchísimo más que la escuela y que exige una continuidad generacional). Y no se trata de una simple desaparición. El mercado implica un mecanismo social de selección cultural, y no ha sido generado un mecanismo que sea capaz de substituirlo consecuente con una sociedad no sujeta a su lógica.  

Gertrudis Contreras (Bolivia):

Por qué será tan necesario el mercado para la cultura??? Me hago esa pregunta porque siento que el mercado  le hace un pobre favor a la cultura, entendiendo ésta como la expresión de un pueblo.

La cultura como referente identitario de un pueblo suministra a éste los elementos que permiten su sobrevivencia ante tanta opresión, exterminio y embates seductores del poder económico a través del mercado y de la historia. Si antes era "exportar o morir" hoy es turismo a como dé lugar y nuestra cultura en Bolivia empieza a mercantilizarse y degradarse. El  pueblo originario, a pesar de ello, tendrá una nueva lucha que emprender y es la de preservar su riqueza cultural que es y fue su fuerza y su coraje para resistir. 

Jorge Alfonso García (Cuba):

Ángel Antonio, El mercado contribuye a la defunción de las almas, porque pone en contacto al curador con el receptor, el problema es que el mercado no puede ser regulador de la creación, no puede dictar las pautas de qué se crea qué estilos y formas, y qué no.

Si no hay un sistema de difusión, y una labor de promoción que privilegie al talento, y le cierra el paso al dogma, que favorezca la experimentación, se corre el riesgo de que el mercado no sólo regule lo que se comercializa o no, sino también exprese las tendencias de la creación. 

Letchezar Elenkov (Poeta y escritor búlgaro. Director del órgano de prensa de la Unión Antisfascista Búlgara y de la Unión de Escritores de Bulgaria):

La comercialización restringe y elimina la libertad en la cultura y provoca que esta se haga dependiente del interés y de la ganancia. Es sabido que los valores permanentes son ajenos al dominio de mafiosos y comerciantes, que se adueñan de las tiradas y la divulgación del arte y la literatura, en beneficio de sus propios intereses y nunca en favor de la sociedad. 

Boris Dankov (director del suplemento de cultura y literatura “Pegaso” del periódico búlgaro “Duma”):

La comercialización de la cultura es tan dañina como lo es también su ideologización. Los auténticos valores culturales se diferencian totalmente del interés y de la manufactura. Donde hay tiradas de masas es inevitable el triunfo de las ideas y la cultura de masas. Uno de los mayores males de la cultura de la globalización es la unificación, la trivial uniformidad, que rebaja los criterios y vulgariza la espiritualidad. Es muy importante que en las condiciones de la globalización se conserve la autenticidad de las culturas nacionales sin lo cual la obra de arte se convierte en mercancía y en la l unificación privada de espiritualidad. 


¿De algún modo la difusión de la cultura no implica siempre necesariamente un lado mercantil? 

Enrique Sacerio-Garí (Estados Unidos):

La estática encrucijada del mercado y la cultura en manos de las corporaciones se realiza como casa matriz de ganancias y, generalmente, para el embrutecimiento de los pueblos. Allí se descartan los valores nacionales que no encajan en el proyecto imperialista de globalización. Pero hay otros horizontes: el mercado de la memoria de todos los pueblos que negocian sus valores para enriquecerse mutuamente… en defensa de la humanidad.

Hay que resistir y afrontarlos con sus propias armas. Ver mi “Memory Market – El mercado de la memoria’’ aquí:
http://www.poeticsolutions.com/pips17.html 

Doroteo Aranjuez (Estados Unidos):

En teoría, no necesariamente. Pero en la práctica de nuestras sociedades, sí.  E incumbe a los artistas capotear los vientos del mercado con dignidad y decoro.  Las presiones del mercado en sí, no son necesariamente distorsionadoras de un arte humanizante.  Depende de las características más concretas del mercado.  Por ejemplo, si hay mucha desigualdad en la distribución de la riqueza y del poder, el mercado fomenta la producción de porquería artística e impone condiciones muy costosas entre los artistas para producir un arte genuino.  Eso creo. 

Montserrat Ponsa i tarrés (España):

Mercantil y político. Muchos países tienen "sus artistas" que muestran por estos mundos de dios. No quiere decir que sean los mejores, simplemente, los más adictos. Conozco grandes artistas a los que nadie dio nunca la mano, que su obra ha sido reconocida luego de su muerte. Hay que prestar atención a los que por no ser "conocidos" malviven en la ignorancia. 

Gertrudis Contreras (Bolivia):

Diría que eso es lo penoso, porque el sistema económico presiona para que todo lo que hacemos tenga su lado vendible. Mira aquí en Bolivia encontramos muchas riquezas culturales y el promocionar el turismo tan fuertemente, termina mercantilizando gran parte de nuestra riqueza cultural y eso duele. 

Francisco José Lacayo:
(
Director de la Oficina Regional de Cultura de la UNESCO para América Latina y el Caribe)

En primer lugar, a mí me ha servido mucho no seguir usando la palabra cultura sino tres conceptos y palabras que hacen más operativo esto de la cultura.

Esto son: patrimonio cultural material e inmaterial, diversidad cultural y creatividad cultural.

En el mundo actual, todo lo que tiene valor puede ser convertido en mercancía. Hace ya varios años que se lucha (la UNESCO es uno de esos lugares en donde se desarrolla esta lucha) para que las riquezas culturales sean protegidas por lo que los europeos han llamado "la excepción cultural" que significa que aunque puedan tener valor de mercancía no sean tratadas como cualquier mercancía.

Ya se han ganado varias batallas en este campo. Una de las últimas es la Convención sobre la diversidad de las Expresiones culturales. Te recomiendo la busques en la web

Pocas personas se dan cuenta cuánto dinero se mueve en ese espacio que llamamos cultura. No sólo en las llamadas industrias culturales como al música, el libro, las artes plásticas, el cine etc. (en algunos países esto constituye el 7% del producto interno bruto) sino también las riquezas de patrimonio, diversidad y creatividad culturales.

A las riquezas culturales les pasa como lo que le pasó al oro, cuando Europa conquistó América. Los indígenas de estas tierras le daban al oro un valor de uso pero no le daban un valor de cambio. Los europeos sí.

El problema fundamental está en la "cosificación" que genera la dinámica de la mercancía en el sistema económico imperante. Pero no sólo para la cultura sino también para cualquier valor humano. Hasta la tragedia humana se vende como mercancía.

Pero mientras estemos luchando en este contexto, hay que hacer todo lo posible para que el valor de cambio no destruya, cosifique o prostituya el valor de uso.

Las pirámides mayas son riqueza. No podemos negarlo ni renunciar a ello. Pero, no son mercancía como lo puede ser un cepillo de dientes o hasta un candidato presidencial en los USA.

La belleza del cuerpo humano es un valor que también puede ser cosificado como mercancía. 

El oxígeno de nuestras selvas es un valor. Sin oxígeno se acaba la vida. Sin convertir al oxígeno en una mercancía más, algunos países y sociedades han planteado a los poderes del capital y a los países desarrollados que se les reconozca todo esfuerzo por preservar la biodiversidad y el oxígeno (y también el ozono) a cambio de disminución o condonación de la deuda externa.

Ana Daglio (Alemania):

La cultura siempre implica necesariamente un lado mercantil, como en nuestro país y otros países capitalistas.  Esto no debe suceder en Cuba, donde el valor del artista se lo da su calidad y no el precio al que pueda venderse su obra, ya que no existe el mercantilismo en Cuba. 

Lillian Álvarez Navarrete (Cuba):

Nos han hecho creer eso. El mercado es un escenario, pero no el único ni el mejor, tal y como está diseñado el sistema hoy en día en el mundo solo tiene difusión la parte ínfima de la cultura, La que entra en el mercado y encuentra en él una satisfacción, o sea, que se realiza en éste. Los escritores no son sólo autores de best sellers, ni los autores e interpretes musicales los que reciben Granmy y discos de platino. Hay una inmensa riqueza cultural que queda al margen. Por ejemplo si hablamos de cultura, tenemos que referirnos a las expresiones culturales tradicionales de millones de seres humanos de planeta ¿no es eso cultura?, ¿no hay una inaplazable necesidad de conservarla? Pero los sistemas legales imperantes por el contrario, priorizan el saqueo de éstas por parte de las grandes empresas. Las políticas culturales tienen que jugar un papel muy importante en esto, para garantizar que no sólo la obra vendible, sea la que se difunda y permanezca, para garantizar la verdadera defensa de la diversidad cultural. Es necesario que la sociedad cuente con espacios de legitimación alejados del mercado, que favorezca expresiones minoritarias, experimentales, lenguas ignoradas por la globalización. No obstante, sin dudas, el aspecto mercantil es importante pero no cuando la cultura se utiliza para engrosar las mayores torturas del mundo y se limita el acceso a las grandes mayorías.

Aurelio Alonso (Cuba):

Es cierto, en tanto hablamos de un mecanismo que permite acceder al producto cultural, a la creación. La relación de productor a consumidor es la del creador y el que accede a la obra de creación artística o literaria. O en otras esferas de la vida espiritual, como la religión, o la armazón de normas morales. Pero asumir esta relación como mercantil por naturaleza es algo cínico, y cabe mas directamente hablar de un propósito de desmercantilizar progresivamente la creación y el consumo cultural. 

Pedro Villarruel (Venezuela):

Cualquier cosa es cultura, menos el mercado...

Y quisiera añadir, cualquier manifestación que vaya al mercado, deja de ser cultura... 

Tania García (Cuba):

El debate entre la creación y el Mercado ha estado y estará presente cada día porque es una tensión propia del entorno en que se produce el proceso creativo. Y esa tensión es mayor en los países subdesarrollados porque hoy las grandes cadenas internacionales del arte controlan los circuitos fundamentales.  En el caso de las cadenas productivas del disco, el papel que juegan los medios de reproducción y de circulación no puede ser enfrentado sin grandes y constantes inversiones que se verán recompensadas solo si existen niveles de venta. También en otras manifestaciones del arte y la literatura.   El 81,4% de las exportaciones mundiales de la discografía, el 72,8% de las exportaciones de productos editoriales están concentrada en 10 países desarrollados, más del 90 % de las exportaciones de obras arte se concentra también en 10 países desarrollados.  Ese gigante control busca imponer hábitos, gustos y valores que tributen a la revalorización de sus capitales y ejercer la dominación. Eso solo puede ser enfrentado con la unión de las fuerzas que mantenemos la esperanza en un provenir que respete la identidad y la diversidad de las culturas. 

Desiderio Navarro (Cuba):

De los numerosos aspectos de la problemática “cultura y mercado” --que, por lo demás, se plantea de formas muy diferentes en las distintas “ramas” del arte y la cultura--, hay uno que me parece central y común a todas esas ramas:  la cotidiana decisión moral del escritor y el artista, del “productor” cultural, ante el mercado nacional e internacional.

Y en ello el gran problema es si la cultura, como la mujer de Antonio, cuando va al mercado, camina así... haciendo guiños a las demandas del mercado cultural y del mercado político y abandonando así  todo compromiso intelectual. Y, justamente para lograr ese estado de cosas, en muchas sociedades actuales el mercado y la política colocan de conjunto al productor cultural ante el dilema compromiso intelectual/éxito económico que yo sintetizaría así: J’accuse o Jacuzzi. 

Michel Balivo (Venezuela):

A mi modo de ver, hablar de cultura y economía implica hablar de historia. No tanto de la  relatada en libros  sino de la viviente. De nuestra capacidad de pensar y actuar, del dolor y el placer cual móviles, de un cuerpo que en relación con su entorno pone en evidencia en cada gesto su capacidad de adaptación creciente o decreciente.

Implica hablar de lo que hemos pensado y hecho acumulativamente los pueblos, y en consecuencia de lo que somos y en que nos hemos convertido, gracias a lo cual cada generación hereda momentos temporales que nos diferencian de lo natural.

Más allá de la satisfacción de necesidades, del dolor y del placer, se pone en evidencia una intencionalidad lanzada siempre a futuro, que nos lleva a perseguir, buscar y muchas veces encontrar imposibles.

No está demás recordar y en algunos casos aclarar, que lo que concebimos, imaginamos y traemos a ser nunca existió en el mundo, y por tanto ha de corresponder a una forma mental común a la humanidad. En una coyuntura como la actual, es importante romper con esa historia economizada, acartonada, para reconocernos gestores de todo posible acontecer.

Porque nuestra capacidad de crear y elegir futuros es lo que nos ha traído hasta aquí, y es ahora imprescindible para trascender, para llevarnos más allá de esta aparente trampa sin salida en la que hemos caído. Son justamente los modelos organizativos de las funciones sociales especializadas, es decir de la economía, lo que llamamos cultura y hoy nos impone su condición.

Todos vivimos desapercibidamente dentro de tales condiciones colectivas y la libertad personal no es más que un cuento, un sueño en pos del cual hemos creado modelos de explotación social elitistas, excluyentes, que no han hecho más que generar sufrimiento innecesario. La gran mayoría de los problemas que llamamos personales y familiares, no son sino la consecuencia de esos modelos culturales que nos imponen condiciones relacionantes, económicas.

Por lo cual, bien vistas las cosas desde la altura de perspectiva que el conocimiento y la experiencia histórica nos posibilita, diríamos que la única libertad y felicidad posible es la de colaborar solidariamente unos con otros, es decir la de la justicia, la igualdad, la hermandad. Por ello necesitamos modelos sociales abarcadores e incluyentes, participativos y protagónicos, donde cada cual desarrolle por experiencia voluntaria y conciente de los frutos de sus acciones, y no por temor y castigo, la libertad de elegir y decidir colaborar para el bienestar de todos, dentro del cual se sabe inevitablemente incluido.

Han de ser los frutos de tal modelo los que nos conduzcan naturalmente hacia la trascendencia de ilusorias fronteras que no son más que sistemas de intereses y privilegios exclusivos de los menos. Porque intentar integrar o cohesionar los pueblos, es decir las culturas y las economías, desde las contradicciones del sistema imperante, no puede sino conducirnos a más conflictos y violencia.

Decir historia y futuro es decir ser humano, por lo tanto estamos en nuestra salsa y no hay motivos para temer. Avancemos con confianza en nuestras fuerzas y capacidades que solo nuevas y gratificantes experiencias económicas y culturales nos esperan. Aunque para hablar con precisión, ni el futuro nos espera ni avanzamos hacia él. Lo construimos, lo traemos a ser aquí y ahora con cada elección, con cada acción generosa o egoísta. 



Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores, visitó la sala del foro 

Xiomara Acuña (Alemania):

Una primera lectura de esa relación "natural" que hacemos del tema enunciado provoca e inquieta. Lo que recibimos como cultura esta dado o construido con una alta sensación de natural, de expresión genuina del hacer y ser del hombre: de identidades, gracias al mercado. Ese ha sido el gran logro del mercado y la mancuerna que hoy inquieta en este foro. Pregunto, este hecho histórico debe al menos transformarse, invertirse para que al menos se logre reducir o controlar esa cultura por encargo, de fechas, de audiencias estudiadas previamente, te temas de moda, usurpadora, etc., etc. y prevalezca aquella agazapada, marginada, la que a duras penas sobrevive, la que hoy al menos a logrado una denominación en el gran mercado: "productores independientes". 


¿Si no se toma en cuenta el lado mercantil de los productos culturales, cómo recuperar las inversiones y producir las ganancias necesarias para que otros productos culturales puedan a su vez ver la luz?  

Gertrudis Contreras (Bolivia):

Amigo José, claro lo entiendo en un sistema donde para sobrevivir hay que vender y vender pero me hace pensar la forma como lo plantea, pues parece que cultura resulta ser un objeto para la venta, ej. fabrico sillas, platos, paredes, bolsas de plástico, autos, aviones, etc., etc., todo es cultura…? 

Ana Daglio (Alemania):

En mi humilde opinión, creo que los productos culturales son bienes sociales, pertenecen a toda la sociedad y deben estar expuestos en galerías de arte que estén al alcance de todo el mundo.  No tienen un lado mercantil como en las sociedades capitalistas, donde unos pocos privilegiados pueden adquirir obras muy caras para tenerlas escondidas en sus casas y lo hacen como una inversión ya que con el paso del tiempo se valorizan y luego sus dueños las venden más caras. 

En Cuba que es una sociedad socialista creo que hay subsidios para los artistas y el arte no se cotiza en la bolsa como ocurre en las sociedades donde impera el capitalismo. 

Por ejemplo, en Argentina, como generalmente los artistas son muy pobres, tienen que ser financiados por empresas privadas y por ende no son libres los artistas de crear lo que quieren o sienten.  Son explotados por los mercaderes del arte. 

Tania García (Cuba):

La inversión para desarrollar la producción de bienes y servicios culturales puede tener múltiples fuentes, tanto públicas como privadas y la forma de recuperar la inversión también se alcanza por múltiples mecanismos.

Sin embargo, la utilización de mecanismos de mercado para recuperar e incrementar los recursos que se destinan a la producción cultural no debe aplicarse a costa ni justificar la banalidad o la pérdida de acceso a la cultura por toda la población, y esto  se demuestra en las acciones de los grandes capitales mediáticos que obtienen mayúsculas ganancias, tratando de homologar los consumos culturales sin la intención de revertirlo en la creación de otras manifestaciones artísticas. 

Yolotzin Saldaña Páez (Bolivia):

Como en el punto de mercado y cultura, insisto que es importante definir primero los productos culturales, o a cuales productos culturales nos estamos refiriendo. No todos entienden lo mismo de un concepto.

Se trata de analizar los productos desde su doble función: función social y función económica.  Si la función económica pesa más que la social se está hablando de mercantilzación y en el análisis y tratamiento de los productos culturales efectivamente sería un peligro, ya que hablamos de productos que son portadores de identidad, valores y significados, reconocidos por la UNESCO y repetidos en este Foro por otros compañeros. Los productos culturales no deben ser abandonados al cruel destino de la oferta y la demanda. Por este motivo el Estado y la Sociedad Civil, para romper esta cadena, deben garantizar la preservación del patrimonio cultural y coordinar acciones conjuntas permanentemente.       

 

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