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Orlando Cruzata se viste de
informalidad. Tanto que no pocas
personas cuando comenzó a realizar el
programa Lucas, hace diez años, pensaron
que duraría poco tiempo en el aire. Pero
digo mal: el nombre del espacio entonces
era Hecho en casa, luego El regreso de
Lucas, le siguió El patio de mi casa,
hasta Lucas. La razón de esas
diferentes formas Cruzata la explica:
“Porque hemos ido cambiando el formato.
Realmente, ahora se llama La técnica de
Lucas. Fíjate en lo que se dice en la
presentación. Todo eso tiene que ver con
la estética del programa, las sagas, las
segundas partes...”.
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Así de sencillo parece, pero no lo es.
El director de uno de los espacios más
polémicos y audaces de la Televisión
cubana no ha transitado por un camino de
rosas, incluso en sus primeros años de
vínculo con la TV: “En 1981 dejé la
carrera que estaba estudiando:
Licenciatura en Deportes, Educación
Física y Recreación. Estuve entonces un
tiempo trabajando en el Mercado Libre
Campesino —gané bastante dinero en
aquella época—, hasta que vino una tía
mía y me preguntó que hasta cuándo yo
iba a estar de freelance, como un
semidelincuente. Dime dónde tú quieres
trabajar, agregó. Yo, por decir algo,
contesté que en la televisión y a la
semana ya estaba allí. Entré en atrezzo
como ayudante de escenografía; tenía que
hacer de todo: el engrudo, limpiar
cuando se terminaba de trabajar,
recoger… Estuve en ese taller alrededor
de un año y aprendí mucho de papier
maché, del trabajo con yeso, gracias a
que cogí una alergia que me sacó de allí
definitivamente. Me pasaron al
Departamento de Muebles, cargando estos
casi dos años, llevándolos a todos los
programas de la televisión (teatros,
aventuras…). Ese mundo me llamó la
atención, aproveché el tiempo y pasé un
curso importante de Historia del Arte,
específicamente del mueble, hasta que un
escaparate me cayó en la espalda y me
hizo una fisura en una vértebra.
Entonces pasé al Departamento de
maticas. Era muy bonito, porque tú
llegabas a las siete de la mañana, te
entregaban un pedido e ibas en un camión
a buscarlas. Trabajé también en la nave
de pinturas y en vestuario, porque era
un ayudante y tenía que hacer esas
labores. Ya de utilero, me vinculé más
a las filmaciones, me hice miembro de la
Asociación Hermanos Saíz e hice algunos
trabajos; gracias a ellos me ofrecieron
ser asistente de dirección en prestación
de servicios. Y hasta el día de hoy”.
Fue por esa organización cultural
juvenil que Cruzata accedió a lo que
sería su destino por casi dos décadas:
“no es una deuda pero una de las cosas
de las que estoy agradecido, es la
posibilidad que nos dio a muchos de los
que empezábamos en ese momento, de hacer
las primeras cositas”.
Luego de dirigir En confianza y otros
espacios fundamentalmente juveniles, se
acercó al videoclip, al que llegó, según
confiesa por dos razones: “una, la
necesidad de expresar cuál era el
audiovisual que uno quería hacer; eso es
muy difícil a través de una película, un
tele play, sobre todo para una persona
joven. Mediante el videoclip sentía que
podía expresar diferentes formas,
diferentes sensaciones, diferentes
lenguajes, que podían ser válidos o no,
pero que uno necesitaba decirlos, en
fin, probar. El otro problema era
puramente económico, porque en 1993,
cuando hice mi primer videoclip, la
situación era muy tensa, y realizarlo
significaba una entrada de dinero
bastante importante para la época.
Descubrí que uno puede combinar la
economía con el arte”.
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Cuatro años más tarde, Cruzata
inauguraba Hecho en casa, nombre
con el que se estrenó Lucas,
entonces se hacían en Cuba unos 27
videoclip al año y muchos creyeron que
era una locura. Dos lustros más tarde ha
dejado de ser un programa semanal para
convertirse en un proyecto que incluye
los Premios Lucas con dos espectáculos
anuales, giras por diversas provincias,
un festival con encuentros teóricos y
una labor de marketing que nada les
envidia a buenas campañas publicitarias.
Este año, por ejemplo, lanzó el concurso
¿Quién tiene el 10? que durante semanas
mantuvo un excelente spot en la
televisión e hizo pensar a muchos de qué
se trataba. La respuesta estuvo en los
diez años de vida de Lucas ¿Y por qué
este nombre? Cruzata ha dicho: “Para
mí Lucas es como la posibilidad de
demostrar qué nosotros podemos hacer
dentro del mundo del videoclip, y dentro
del mundo de la creación, cosas
interesantes; que un programa de
televisión puede arrastrar masas, y a la
vez ayudar a desarrollar el videoclip;
que se pueden hacer espectáculos. Es
como una imagen corporativa. Estuve
viviendo cerca de un año y pico en
España, y había un personaje humorístico
llamado Lucas: yo me reía con él. Cuando
regresé a Cuba, comencé con el lío de
echar para adelante los videoclips. Un
día yo le dije al conductor del programa
en ese momento: —Mira chico, por qué
cuando te despides, no dices "hasta
luego, Lucas". A la semana había como
siete u ocho personas llamando,
preguntando quién era Lucas, qué cosa
era Lucas. Después lo conceptualizamos:
Lucas tiene que ser eso, la posibilidad
de crear, la posibilidad de que el
videoclip cubano tenga un espacio, un
nombre, una calidad, un respeto, y,
además, el aporte que le pueda dar. Si
tú desarrollas el videoclip, estás
desarrollando la discografía, estás
desarrollando la música, la estás
promoviendo, y la cultura cubana se
engrandece”.
Uno
de los conductores en un programa dijo:
“lo que te den, cógelo”. Reiterado
oportunamente, ha devenido frase común
en el habla popular. Casi un refrán que
no necesita su enunciado completo para
ser entendido. El espacio ha impuesto
términos como 'teleluqueños' y
'teleluquinos', y también un estilo de
conducción propio que lo diferencia del
resto de las propuestas televisivas.
La estética de Lucas se basa en el uso
del humor cubano, por eso la
apropiación caricaturesca del serial
Expedientes X o de los filmes
norteamericanos Misión Imposible,
Minority Report y The Matrix.
Por
supuesto, no todos los videoclips que se
hacen en Cuba y que trasmite Lucas son
de la misma calidad. El propio Cruzata
lo subraya “Hay fórmulas que funcionan,
y hay quienes se establecen y entonces
se repiten. Viene entonces lo que tú
decías: las locaciones que se reiteran,
las bailarinas eróticas, las mulatas. Se
empiezan a repetir porque dan resultado
para lo que quieren los productores del
video y se establece un esquematismo”. Y
también acota: “Puede haber tanto
cliché, falta de contenido,
superficialidad en una telenovela, como
en una película, como en un libro, como
en cualquier manifestación artística y
hay mucha profundidad, mucha reflexión,
mucha creatividad en películas, en
poemas, en programas de televisión como
lo puede haber en un videoclip. Estos
esquemas de que lo comercial no puede
ser profundo, no puede ser auténtico, no
puede ser artístico, es un esquema que
no es serio. He visto videoclips que me
han dejado una onda impresión emocional
y me he sentido como ser humano muy
bien. En el caso cubano se están viendo
buenos ejemplos, es verdad que hay una
meseta como te decía al principio, pero
se ven propuestas excelentes con las que
uno se siente orgulloso de que lo haya
hecho un cubano y que haya obtenido ese
nivel de realización. El videoclip ha
hecho mucho por la música cubana”.
Autor
de más de 100 piezas, en su mayoría con
Rudy Mora, el director de Lucas define
al género “una vez leí que era la
caotización de la imagen. Es un caos,
pero un caos organizado. A veces la
gente piensa que es romper por romper el
orden. El verdadero realizador, el
artista, sabe que no es romper por
romper. Cuando eso aflora, sale toda esa
caotización de la imagen. Aunque ya te
digo, hay mucho que hacer, a medida que
la tecnología se desarrolla, se
descubren nuevas formas del mundo
audiovisual. Pienso que es la gran
victoria de la imagen, me gusta que sea
así”.
Por
esa creencia Cruzata ha defendido y
engrandecido a Lucas. Su tenacidad e
indudable talento han posibilitado que
el videoclip cubano tenga su espacio, en
el que se pueden encontrar verdaderas
gemas en piezas del propio Cruzata junto
a Rudy, de X Alfonso, Santana, y Bilko
Cuervo o incursiones en el género de
Pavel Giroud, Lester Hamlet, Alejandro
Gil o Ian Padrón, por citar solo algunos
autores.
Lo
cierto es que ante un aniversario de un
programa como Lucas uno se reconforta.
Qué bien que haya durado diez años con
renovaciones constantes y con propuestas
avaladas por lo mejor del audiovisual
contemporáneo. Felicidades, entonces,
Lucas. |