Año VI
La Habana
2007

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La contribución de Compay Segundo
Bladimir Zamora Céspedes • La Habana
 

Escuchar música de Compay Segundo

 

Antes de llegar a la centuria de su nacimiento y de que se sucedan otros muchos años, la presencia de Francisco Repilado (Compay Segundo) en la memoria de infinidad de personas será sabrosa y nítida, sobre todo por el despliegue mundial que tuvo su desempeño artístico, desde mediados de los años noventas del siglo pasado, hasta poco antes de fallecer, trascendidas ya las puertas del nuevo milenio. 

Es buena la oportunidad para preguntarse, por qué Compay pudo convertirse en uno de los más descollantes protagonistas del resurgimiento de la música tradicional cubana, en los más importantes escenarios de Europa, Asia y Norteamérica. 

Este hombre rebosante de cubanía, nacido en 1907, creció parejo con el son cubano, de modo que, en esa gran universidad que son las calles santiagueras, aprendió de los pioneros –los que venían tocando desde los últimos años del siglo XIX– las primeras nociones del son y de la trova. Sin moverse todavía de su región aprendió a tocar guitarra y clarinete. También inventó su propio instrumento, que el llamó “armónico” (una combinación del tres y la guitarra). Esto le permitió, siendo un adolescente, comenzar a integrar diversos grupos musicales, a través de los cuales se va forjando su personalidad musical, que ya en los años cuarenta es reconocida como muy notable. Es cuando funda junto a Lorenzo Hierrezuelo el dúo Los compadres, que es sin dudas una de las más importantes agrupaciones, entre cuantas cultivaron nuestra música tradicional en el siglo pasado.

Las numerosas grabaciones de Los compadres, que afortunadamente están ya buen recaudo en soporte digital, dan fe de su trascendencia. La voz prima de Lorenzo nunca empastó mejor, que con la poderosa voz de segunda de Repilado.  Algo semejante sucedió con los instrumentos. El armónico de Repilado brilló a sus anchas en compañía de la guitarra de Lorenzo.

Otro elemento distintivo del trabajo de este grupo es su repertorio, constituido en su inmensa mayoría por composiciones realizadas por ellos mismos. Firmadas por los dos o por separado, son expresión del más recio son oriental y en su mayoría tienen una rica lírica, apegada al habla de la gente de los campos del oriente cubano. Hasta 1954 llegó la unión profesional de Hierrezuelo y Repilado. De ese fecundo período, el último se llevaría para siempre su nombre artístico: Compay Segundo.

Durante muchos años no tuvo la mejor suerte como músico. Aunque entró varias veces más a los estudios de grabación y le salía una que otra actuación, a decir verdad, se ganaba los frijoles para el sustento de él y su familia, como tabaquero. Ello no quiere decir que se apartara de la música. Cada día, tras la jornada laboral, se lo podía encontrar rodeado de familiares y amigos, tocando, cantando o componiendo.

Andando el tiempo diversas agrupaciones  y también algunos solistas interpretaban su música y no sabían a ciencia cierta cual había sido la suerte de Compay. Un guiño de reconocimiento le llegó cuando viajó a finales de los años ochenta a Estados Unidos, junto a Eliades Ochoa y el Cuarteto Patria. Pero sin dudas su merecida entrada en la fama se produce a partir de su presencia en el Primer Encuentro entre el Son y el Flamenco, que se produjo durante el verano de 1994, en pueblos de la provincia española de Sevilla.

Allí llegó, como parte de una delegación de veteranos cultores del son cubano y a pesar de su avanzada edad, enseguida dio muestras de que estaba entero. Había guardado con celo todas sus fuerzas creadoras para desatarlas por el mundo. Todo lo que necesitaba era que se le abrieran las posibilidades de entregar su inolvidable gracia y talento para todos los tiempos y “gracias a Dios o lo que exista”, como diría mi abuela, se las dieron.      

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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