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En el prefacio de Los dioses de
Pegana, de Lord Dunsany hay un texto
que anuncia: “En la niebla anterior al
Principio, el Destino y el Azar echaron
suertes para decidir de quién debía ser
el juego (…)”. El mito, como reflejo de
la estructura vivencial del hombre, se
ha creado infinitamente múltiple, y a
veces, en la perentoria necesidad de
explicar lo cosmogónico, las culturas
diferentes han portado gérmenes
literarios de gran envergadura a sus
códigos mitológicos, de lo cual es
ejemplo brillante el Popol Vuh.
Esenio,
Premio Calendario en poesía del año
2003, es un breve e intenso libro
publicado por la Casa Editora Abril y su
autor es el joven Leonardo Sarría, quien
incursiona en la vertiente
lírico-religiosa, de tal forma que no
hay extemporaneidad, pues indagando
desde las oquedades de la interioridad,
nos proyecta un espectro en el que la
insistencia poética no cae por vados
marginales sino, yendo al centro de la
cristalización temática, dimensiona con
exactitud las calidades del género, y
nos plantea el aire contemporáneo en
medio de urbes capitalinas y grandes
descubrimientos tecnológicos.
No se trata de un enfrentamiento entre
ateísmo y religiosidad, sino que se
emparienta más bien la búsqueda del
replanteo temático con la misma
experimentación de las poéticas
narrativas, teniendo en cuenta que la
diafanidad del verso, el empaque formal
que atesora cada pieza, pone en escena
primaria la validez de sus
preocupaciones humanas, que referidas a
un sosiego, a veces taciturno, crean un
descarte cuyos asombrosos resultados
están en la propia orfebrería con que se
trabajan los poemas.
Ajeno a la frenética incursión de alguna
poesía actual en el desmantelamiento de
la propia jerarquización de la palabra,
él crea una especie de equipotencia
entre sensibilidad y ficción, de tal
forma que inaugura una época en la que
las referencias bíblicas, la María
Zambrano, la monja que se corta el pelo,
no parecen más que muescas de nuestro
devenir diario, y trasladado todo con
una fuerza de icosaedro que vivifica el
sentido lírico de los poemas.
Habiendo obtenido premio en el Nosside
Caribe del 2001, y mencionado en La
Gaceta de Cuba de 2003, ya Leonardo
Sarría traspone con esta muestra las
primicias de un joven escritor, para
mostrar solidez estructural en la
argamasa sanguínea de sus
encabalgamientos.
Tal vez la brevedad del poemario nos
deja con deseos de verlo especular sobre
aspectos, todavía más polémicos, que
contiene esta temática, pero la poesía
llega sin anorexia, con plenitud, a
comentar por escritos bellos lo que es
reflexión del esenio, el que se va al
desierto a buscar una especie de
conjunción con los espacios, el Universo
y Dios. Su poética es rica, ajena a lo
anovulatorio, y se expande como
progresión de líneas abiertas,
conducentes a una conciliación con el
Universo y sus contradicciones. Cuando
en el poema que titula el libro él
define: “Bajo los lentos abanicos/
Herodes sueña con el húmedo vientre/
mientras se van hundiendo las columnas/
y los ancianos que creyeron/ oír
palabras eternas/”, vemos que Leonardo
es un cuidadoso lector del evangelio
según San Juan, y la referencia poética,
lo explícito, alcanza también esa
excelencia de la escritura hebrea.
No se trata de un cántico. Esenio,
de Sarría, culmina la proyección
sensitiva de una conmoción abrasiva,
desde el lexema de la “luz” interior.
Libro de utilidad invaluable para época
de pérdida de valores. Hay códigos para
seguir, caminos que encontrar en este
muestrario —como diría Chaucer— en el
que la flexibilidad, la belleza y la
decantación forman, más allá de una
Babel, la fórmula necesaria de la
comunicación.
Noviembre de 2007
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