E
l norteamericano John G. Wurdemann, médico de profesión, introdujo en sus Notas sobre Cuba imágenes y juicios muy favorables sobre los cafetales criollos. (…) A través de un criterio económico observó las diferencias de vida entre un caficultor y un hacendado azucarero. En este, la opulencia; en aquel, el buen pasar sin sobrecargar a los esclavos. Pero el libro de Wurdemann podrá ser recordado, en especial, por haber descrito con vehemencia un cuadro muy preciso sobre los valores estéticos de los cafetales, señalados en la campiña por sus simétricas arboledas y sus jardines. Un cañaveral producía hastío, incluso rechazo, por su falta de variedad y relieve y por el dolor humano que demandaba. En cambio –aseveró el viajero-, “el primer cuidado del plantador de café es unir su hacienda a la belleza con la ganancia”. Un cafetal “es, en verdad, un edén perfecto”.
 

___________________________________________________

Fragmento de El largo viaje del café
del periodista y escritor cubano Luís Sexto.
Las fotos pertenecen a las ruinas de un cafetal en Pinar del Rio.