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La
cantidad de películas brasileñas de alta
calidad artística y comercial,
producidas a lo largo del año 2007, se
ha reflejado en las nóminas de
competencia y otras secciones del
Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano, que tendrá lugar en los
primeros días de diciembre en La Habana.
Jóvenes realizadores (Chico Texeira,
Wolney Oliveira, Carlos Cortez, Petrus
Cariry), mujeres (Lina Chamie, Sandra
Kogut) y filmes multipremiados (El
año en que mis padres salieron de
vacaciones, Olor a caño,
El bajío de las bestias) se unen en
una embajada cinematográfica que deberá
arrasar con los Corales.
El
cine nacional presentó 49 largometrajes
durante el primer semestre de 2007. En
la segunda mitad del año, se registró un
número parecido de estrenos, pues
alrededor de 35 películas brasileñas han
ido llegando al espectador entre julio y
diciembre. Cuando concluya 2007 habrán
pasado por las pantallas unos 76
largometrajes, contra 73 del año pasado.
Brasil es el país mejor
representado, con cinco títulos en la
competencia de largometrajes de ficción.
También tiene el récord en cuanto a
premios internacionales obtenidos por su
embajada cinematográfica, pero no los
enumeramos todos para no hacer cansona
la relación.
Lina
Chamie llevó La vía láctea por
Cannes y San Sebastián, y en todas
partes agradó la historia de amor o
desamor de Heitor y Julia, quienes
pelean por teléfono, él toma su auto y
decide ir al encuentro de ella, pero de
momento se ve atrapado por esa variante
urbana de la jungla que son las calles
paulistas. La Chamie es debutante, pero
se cuenta en el concurso principal. En
cuanto a la competencia de ópera prima
destacan A Casa de Alice (Chico
Teixeira), Mutum (Sandra Kugut),
El grano (Petrus Cariry) y
Quero (Carlos Cortez).
Para
confirmar la vitalidad del cine
brasileño volvamos al concurso de
largometraje de ficción, la competencia
central del evento, o por lo menos la
más atractiva para la mayor parte del
público y de los especialistas. En esta
sección destacan los filmes realizados
en el nordeste, adonde pertenecen
directores tan prestigiosos como Marcelo
Gomes (coautor del guión de Deserto
Feliz y A
Casa de Alice), Karim Aïnouz
(Madame Satá, El cielo de
Suely), Claudio Assis (Amarillo
mango) y Sergio Machado (Ciudad
baja).
En
esta embajada nordestina llegan a La
Habana El bajío de las bestias,
segundo largo de Claudio Assis, y
Deserto feliz, de Paulo Caldas,
quien realiza este retrato de jovencita
del interior siete años después de O
Rap do Pequeno Príncipe Contra as Almas
Sebosas,
y diez años más tarde de su revelación
mediante O Baile Perfumado.
La actualización de ese tema sempiterno
en el cine brasileño que es el nordeste,
su pobreza, problemas y migraciones, se
actualiza en estas dos películas de alta
calidad que son Desierto feliz y
El bajío de las bestias.
Como
la relación de implicados en la
competencia habanera es tan extensa, más
vale seleccionar solo algunos de los
filmes mejor aspectados para quedar como
ganadores en algún renglón, dentro de la
competencia de largometrajes de ficción:
El año que mis padres se fueron de
vacaciones, Olor a caño y
El bajío de las bestias.
Distintas son las claves narrativas de
Olor a caño. Lourenço es un
misógino y un misántropo obsesionado con
el trasero de una mesera y dueño de una
tienda de objetos usados. Disfruta
rechazando los artículos que llevan los
clientes, a los cuales clasifica en un
"catálogo humano" que supuestamente lo
colocan a él por encima de sus clientes.
Y al pasado, pero con un niño de
protagonista, retrocede El año en que
mis padres salieron de vacaciones,
de Cão Hamburger, quien prefirió
discursar sobre lo que era Brasil en
1970, bajo la dictadura militar y desde
los ojos de un muchacho de 12 años,
Mauro, quien precisa del triunfo
brasileño en la discusión de la Copa
Mundial.
Una
de las que compite en La Habana es la
cinta con la que Brasil compite por
el Oscar, O ano em Que Meus Pais
Saíram de Férias (El año que mis padres
se fueron de vacaciones). El filme
logró los principales premios de la IX
Muestra Internacional de Cine de Santo
Domingo, y fue la más votada para el
Premio del Público y del jurado.
Estrenada en febrero en la Berlinale, y
adquirida para su distribución
continental por Disney, la película de
Cao Hamburger narra la historia de un
niño cuyos padres
—militantes
de izquierda—
huyen de la represión de los militares y
se ven obligados a dejarlo al cuidado de
su abuelo, residente en un barrio judío
de Sao Paulo. Sin embargo, este muere
repentinamente y el niño queda a su
merced, siendo acogido por un vecino.
Dos
años después de presentar el muy poco
visto filme titulado Nina, Heitor Dhalia
se radicaliza mucho más en Olor a
caño, aunque ambos filmes se
caracterizan por presentar un
protagonista llevado a la locura por la
soledad. Tanto Nina como Lorenzo son
personajes por el abismo que ellos
mismos construyeron para separarse del
mundo. El caño, como metáfora perfecta
del mal, de la degradación y la
pudrición que se quiere negar pero que
termina siendo dominante. Por todo eso
O Cheiro do Ralo es un filme
diferente, osado y singular, de diálogos
instigadores, flexibles y provocativos,
lo cual es también mérito del actor
Selton Mello, puesto que resulta
imposible imaginar a otro actor en el
papel de Lourenço.
El bajío de las bestias
es un símbolo de ciertas confluencias
humanas sórdidas, decadentes. Es una
pequeña comunidad atrapada en una
cultura secular y paralizada por su
autoridad y su moral. Es la decadente
cultura latifundista. En ese escenario
transcurre la historia de Auxiliadora,
una niña explotada por su viejo abuelo,
Armando, quien crea un terreno de
combate llamado O Baixio das bestas, el
centro neurálgico de la acción, símbolo
de todo el entorno.
Si
revisáramos las nóminas de cortometrajes
de ficción, de documentales y de
animación igual saltaría a la vista la
supremacía brasileña. Este año no hay
quien les arrebate los principales
Premios Coral. |