Año V
La Habana
2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Luisa Molina
(Matanzas, 1821-1887)
 


Amor ideal 

 

    ¡Imposible! No puede su dulzura

 retratar mi pincel, ni hallo colores

 que coloren y adornen mis amores

 ni contornos que pinten su figura.

 

    Está clara, perfecta, dulce y pura

 en mi mente su imagen entre flores,

 y no hay voces, suspiros, ni rumores

 que remeden su acento y su ternura.

 

    Él no existe, ¡ay de mí!, sobre la tierra,

 y aunque la luz de mi razón reclamo,

 en mí vive este amor, y me da guerra.

 

    Mi consuelo, mi bien, así le llamo;

 una heroica lealtad mi pecho encierra,

 y un ardor y un suspiro es lo que amo.

 


 

El árbol seco

 

 

    ¿Por qué estás entre dudas, esperanza,

 y abandonas mi frágil corazón?

 Ya tu voz no me ofrece la bonanza,

 tristes sombras ofuscan mi mansión.

 

    Un rayo de tu luz el alma implora

 que refleje un momento en mi vergel,

 como el tibio reflejo con que dora

 el ocaso la copa de un laurel.

 

    Una chispa de luz fúlgida y bella

 como el rayo que arroja en derredor

 de su trono de záfiro una estrella

 y refleja en el cáliz de una flor.

 

    ¿Por qué alcanzar algún consuelo dudo?

 En la margen inculta de un raudal,

 yo vi un roble, ya seco, negro y rudo,

 azotado del recio vendaval.

 

    Era una tarde bella y despejada:

 ya en occidente reflejaba el sol,

 y en su rama ya seca y deshojada

 derramaba su vivo tornasol.

 

    Inclinando a las aguas, carcomido,

 sin verdor, ya rendida su altivez,

 entre el cieno y la yerba sumergido,

 como un triste indigente en su vejez.

 

    Claras ondas, azules, sosegadas,

 brota un limpio y fecundo manantial

 junto al roble, corrientes esmaltadas,

 transparentes cual diáfano cristal.

 

    En su espejo retrata los matices

 de las flores del margen, sin rumor;

 forma olas del roble en las raíces

 y de espumas lo cubre en derredor.

 

    A su tronco desnudo reclinada,

 comparando a su vida mi existir,

 mi alma triste, marchita y desolada,

 compadeció su estéril porvenir.

 

    Otro día, pensando en mis martirios,

 en la misma ribera, al reflejar

 la postrimera luz sobre los lirios,

 me llegué el seco roble a contemplar.

 

    Y suspensa quedé... Sola en el mundo

 me contempla con íntimo dolor,

 que a una rama de roble ya fecundo

 hojas verdes le vi... ¡le vi una flor!

 

    ¿Tú brotaste esas hojas, por ventura,

 y esa flor sonrosada con desdén,

 porque a ti me comparo en mi amargura

 y en ti reclino mi agitada sien?

 

    ¡Ay! te he visto morir en el sombrío

 de este bosque, has tornado a verdecer,

 al frescor de las aguas de tu río,

 y hoy disfrutas, ¡oh, roble!, nuevo ser.

 

    Te levantas florido y vigoroso

 agravando mi vida y mi dolor;

 junto a ti el corazón suspira ansioso

 contemplando tus hojas y tu flor.

 

    Flor solitaria, con primor vestida,

 hija bella de inculta soledad,

 ¿dó gozarás de placentera vida

 dando al margen olor y amenidad?

 

    Así clamé con agitado acento,

 y llorando mi suerte tan contraria,

 contemplé con dulzura y sentimiento

 aquella flor silvestre y solitaria.

 

    Inclinada a la límpida corriente

 y bañada de un aura mansa y pura,

 triste agitaba su modesta frente,

 rodeada de ramas y frescura.

 

    Brote, ¡oh, Dios!, un consuelo a mis dolores,

 como brota en el campo, entre malezas,

 una planta marchita algunas flores,

 que mitiguen mi pena y mis tristezas.

 

    Mi esperanza, Señor, grata y hermosa

 bien puede renacer, si Tú me amas,

 como un tronco en la margen escabrosa

 que se vuelve a cubrir de verdes ramas.

 

    Yo siempre esperaré mientras respire

 el aire perfumado en las riberas,

 mientras el cielo refulgente mire

 y el verdor de los bosques y praderas.

 

    Mientras libre mi vaga fantasía

 pueda escaparse de vulgar cadena,

 y por región de flores, te sonría

 al concebir una ilusión amena.


 

 

Luisa Molina. Poetisa. Nació cerca del río Moreto en Matanzas el 21 de Julio de 1821. De educación autodidacta. Cultivó la décima y el soneto. Se dio a conocer en la revista El Artista (1848). También publicó en El Almendares, La Piragua, Brisas de Cuba, El Yumurí, Revista de la Habana, El Archivo y Cuba Poética (1861). Autora del libro Al recreo familiar de Sabanilla. Murió en Sabanilla del Encomendador, Matanzas, el 20 abril de 1887.
 

 

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