Año VI
La Habana

15 al 21 de
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de 2007

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Lars Von Trier de nuevo en La Habana

Paquita Armas Fonseca• La Habana
Fotos de archivo

 

Los habitantes de esta Isla que amamos el cine tenemos mucha suerte. En los últimos años aún calentitas de su proceso de producción hemos visto las películas de Lars Von Trier. En el festival anterior disfrutamos de Manderlay, la segunda de la trilogía sobre EE.UU. que completan Dogville, vista en el 2004 y Washington, aún por filmar. Antes fue Rompiendo las olas, premio del festival de Cannes de 1996 y luego disfrutamos de Bailar en la oscuridad, filmada en el 2000 y meses después aplaudida en La Habana.

Todas son cintas con grandes producciones, despliegue de actores y extras, puestas en escenas extraordinarias, en fin, unas películas inmensas por su guión, su dirección y su producción a veces hasta exuberante. No es el caso de El jefe de todo esto, deliciosa comedia que ha hecho reír a centenares de seguidores del cine en este festival 29.

Porque el genio danés ha logrado lo que parecía imposible: conseguir la carcajada en personas formadas en una cultura y con un humor diferente al del país europeo, a partir de unos pocos actores encerrados en una habitación, por demás real.

Protagonizada por Jens Albinus en el papel de Kristoffer que es secundado por Peter Gantzler (Ravn), Fridrik Thor Fridriksson (Finnur), Benedikt Erlingsson (intérprete), Iben Hjejle (Lise), Henrik Prip (Nalle), Louise Mieritz (Mette), Mia Lyhne (Heidi), Jean-Marc Barr (Spencer), Casper Christensen (Gorm), Sofie Gråbøl (Kisser) y Anders Hove (Jokumsen), la cinta se filmó y estrenó el pasado año en Dinamarca, país que la coproduce junto a Suecia y Francia.

Durante 99 minutos Von Trier cuenta una historia de mentiras en un tono que funciona espléndidamente. En una entrevista que concedió, confesó que para lograr una buena comedia “lo mejor es hacer algo que le divierta a uno y le entretenga”.

En esa misma oportunidad al comentar que había calificado de inofensiva a su última cinta afirmó: “Me apetecía decirlo. Hace demasiado tiempo que me critican por ser demasiado político y quizá yo mismo me criticaba... por ser demasiado correcto políticamente. Hemos rodado esta película muy deprisa. No es una película política y me divertí haciéndola, pero las buenas comedias nunca son inofensivas”.

El director de culto más seguido en los últimos tiempos, asegura sobre el hecho de haber vuelto a rodar en danés: “Ha sido liberador y me ha sentado de maravilla. Me sale mejor en danés. Eso no significa que me limite a hacer películas en danés, pero ha sido fantástico hacer una película pequeña con un equipo tan reducido. Era muy relajante”. Y contó: “Hace mucho que pensé en hacer una película sobre el inexistente director de una empresa, aunque al principio pensé que la rodaría otra persona. Es una vieja idea, pero escribí el guión justo antes de rodar la película”.

Para Von Trier el humor en Dinamarca tiene sus características: “Es típico de los daneses morirse de risa cuando les tratan de estúpidos. Puede que se deba a que somos un país pequeño y la gente es masoquista. En El reino (TV), les encantaba cuando hablaban de los estúpidos daneses. Y en este caso, cuando los irlandeses les gritan y les tratan de todo, están contentísimos”.

Se ha dicho que El jefe de todo esto tiene que ver con la empresa Zentropa, de la que el cineasta es su máximo responsable, “pero no se me había ocurrido. Al crear Zentropa, solo pensé que podíamos producir y controlar las películas que yo realizaría. Peter Aalbaek Jensen y yo somos un poco raros. Nos gusta pasarlo bien y hacer cosas extrañas. Creo que puede ser muy divertido trabajar en Zentropa, no es una productora al uso. No está motivada por una idea clara, es algo más intuitivo. No se nos ocurre pensar que los beneficios son los más importantes”.

Con su última película Von Trier utilizó el proceso novedoso de Automavision. Sobre ese particular declaró: “Hace mucho que ruedo mis películas cámara en mano. Se debe a que soy un obseso del control y al hecho que nadie puede controlar completamente un encuadre o una imagen. En ese caso, era mejor saltarse la parte del encuadre, rodar cámara en mano y apuntar. La técnica de Automavision me permite realizar el encuadre, luego pulso un botón en el ordenador y obtengo una serie de posibilidades aleatorias. Ya no lo controlo yo, lo controla el ordenador”. Y al interrogarlo si fue una decisión pensada o tomada a la ligera aseveró: “Muy a la ligera. Necesitaba encontrar una formula que encajase con la comedia. Me apreció un sistema muy refrescante. Soy un hombre plagado de ansiedades, pero hacer cosas extrañas con la cámara no está entre ellas”. Acerca de este método y los espectadores comentó: “Desde luego el público no huirá gritando despavorido. El 70% de la gente ni siquiera se dará cuenta. Está claro que no sirve para rodar animales en libertad. Solo estuvimos con el elefante un cuarto de hora y no dejamos de pulsar el maldito botón. Cada vez que teníamos una buena toma, el elefante ya no estaba”.

El jefe de todo esto cuenta con un guión y una dirección de actores de cinco estrellas, pero no se puede esperar una comedia convencional. Con el rejuego de un actor interpretando “al jefe de todo eso” Von Trier busca y logra complejizar la historia para que existan múltiples lecturas.

Hace unos dos años le pregunté a Fernando Pérez sobre el director danés y su respuesta fue categórica: “A veces quisiera estar dentro de la cabeza de Lars Von Trier. No solo porque cada película suya es un desafío a las leyes convencionales del cine, sino porque este cineasta danés descubre lo que nadie ve, crea lo que nadie imagina, ilumina los espacios que nadie logra penetrar. Siempre me he imaginado leyendo el guión de Dogville antes de que la película existiera: no hubiera creído en él, casi nadie hubiera creído en él. Pero Lars Von Trier sí creyó. Creyó que un relato contado por un narrador en un lenguaje de novela romántica del siglo XIX, en un escenario teatral pintado, con actuaciones simbólicas y no realistas (es decir, todo lo que se considera el anticine) podría ser una obra perturbadora, inquietante y absolutamente cinematográfica. Su documental Cinco obstrucciones es para mí una referencia de cómo me planteo el cine: los obstáculos que Trier impone no son un simple juego: son el afán de tensar la cuerda, de colocar la varilla más alto, de volar más lejos. Por eso admiro a este cineasta audaz para quien cada película es la emoción de lanzarse al vacío (sin red) en un trapecio volador”.

Esta vez de nuevo hubo un salto al vacío y el fundador del grupo Dogma 95 no se estrelló. Subió a otra soga para seguir balanceándose mientras espera volverse a lanzar. ¿Lo hará de nuevo con películas pequeñas? Así respondió a un periódico de su país: “Ahora mismo tengo ideas gigantescas, pero solo son ideas. Ya veremos en qué tipo de películas se convierten. Terminar la trilogía (Dogville y Manderlay y la que falta, Washington) está entre ellas, pero no creo que sea inmediato. De momento, sueño mientras paseo por los bosques con mi iPod”.                                             

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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